HISTORIA DE GUINEA

 
   

 

 

 

 

 

 

Capítulo 28. EL ULTIMO INTENTO DE LLEVAR TROPAS ESPAÑOLAS

En septiembre de 1981, a pesar de toda lo que había ocurrido y al enfriamiento de las relaciones, España realiza un último intento de reconducir la situación y resurge la idea del envió de tropas, posiblemente con el convencimiento ya de que sin resolver esta cuestión no podía tener éxito la cooperación integral que se pensaba realizar en Guinea. Martínez Pujalte da a los guineanos un primer "ultimátum". Seguirían otros. El general José Sáenz de Santamaría, inspector de la Policía Nacional, y Agustín Hidalgo de la Quintana, subsecretario de Comercio, debían viajar a Malabo para dejar bien claras las líneas generales de actuación en las dos áreas consideradas básicas, la militar y de seguridad y la económica. El objetivo es que todo quedara encarrilado antes del 12 de octubre. 

"La URSS ya tuvo su oportunidad en Guinea. Esta es la hora de España y no la vamos a desaprovechar", decía Martínez Pujalte en un derroche de optimismo. El director de la Oficina de Cooperación con Guinea Ecuatorial reconocía que las ayudas españolas a Guinea, por valor de unos 6.000 millones de pesetas en dos años largos, no habían servido para sacar el país adelante, pero aseguraba que el Gobierno español estaba dispuesto a realizar otro intento, "tal vez el último". En una entrevista concedida a Cambio-16, el funcionario decía que la ayuda no había sido eficaz por la carencia, de una infraestructura administrativa en Guinea, por titubeos en la toma de decisiones y por la falta de claridad en el cometido de los asesores españoles, que entonces eran 356, incluyendo a 32 policías nacionales. "No vamos a tolerar ninguna vejación más contra España y los españoles, como ocurrió con Macías", decía Martínez Pujalte, la persona que más tuvo que aguantar este tipo de cosas.

Claro que, por aquellas fechas, Martínez Pujalte no estaba todavía muy enterado de lo que era Guinea. Según contaba Interviú, un grupo de finqueros españoles le visitaron en su despacho del Palacio de Santa Cruz para quejarse de la falta de soluciones por parte española y el incumplimiento de las promesas de las autoridades guineanas. Pujalte les dice que todo se va a arreglar. "Sonriente, el joven y pispoleto director general pone como ejemplo el mencionado Hotel Bahía que afirma ya está en manos de españoles y va muy bien. Uno de los asistentes a la reunión, Amilivia, se encara entonces a Pujalte: ¿sabe usted de quién es ese hotel?... pues mío, y Obiang no quiere devolvérmelo". 

El director general quería formar una unidad de guineanos en España para que, mandados por jefes y oficiales españoles, se encargaran de la escolta personal del presidente y desplazaran a los marroquíes. En el plano económico, consideraba necesario solucionar la convertibilidad del ekuele con un respaldo de la peseta, ordenar y organizar los mecanismos financieros y presupuestarios del Estado guineano y dotar al país de la máxima capacidad  productiva  posible.   Parece  que  los   funcionarios españoles  habían  aconsejado incluso al  presidente  Obiang  que realizara una purga y remodelara en profundidad su Gabinete.

La operación española se inició al regreso de las vacaciones. Calvo Sotelo estaba harto del grano de Guinea y quería intentar solucionarlo. El primero en viajar a Malabo fue Martínez Pujalte, con la misión de presentar al presidente Obiang la propuesta española. El responsable de la cooperación en Guinea planteó al gobernante de Malabo dos opciones, la primera, que España adoptara una actitud más pasiva, aunque siguiera prestando ayuda humanitaria, sobre todo en la educación y sanidad, y la segunda, proseguir con la idea de la cooperación integral, para lo cual España consideraba imprescindible garantizar la seguridad en Guinea Ecuatorial, lo que suponía una reestructuración de la cooperación en este campo, el envió de asesores ejecutivos para los principales organismos de responsabilidad económica y, finalmente, impulsar el desarrollo político del país africano, con la creación de una estructura de Estado y de Gobierno constitucional.

Pujalte expuso este plan a Obiang el sábado 12 de septiembre y el presidente guineano, sin pensarlo apenas, respondió en favor de la segunda opción. La entrevista que mantuvo con el funcionario español fue "franca y cordial", según círculos diplomáticos españoles, calificativos que para el periodista Carlos Mendo equivalían a "amistosa, pero dura".

Ya estaba logrado el objetivo y el director general informó por radio a España del éxito de su misión y de la aceptación del plan por el presidente guineano. Entonces se convocó al general Saénz de Santamaría al Palacio de Santa Cruz, para explicarle el planteamiento diseñado por los responsables de Exteriores.

El mismo Obiang había solicitada la presencia de un alto militar español para aclarar la situación y parece que durante su viaje a España le causó muy buena impresión el general Saénz de Santamaría, con quien intercambió algunas palabras, un militar que entonces tenía una aureola de buen profesional y persona comprometida con el procesa democrático español. Según Carlos Mendo, la presencia efectiva de policías españoles -los 40 que había se limitaban a custodiar, sin armas, la Embajada y la residencia del embajador y a impartir algunos cursas para la policía guineana— "podría servir de base a Obiang para llevar a cabo una profunda reorganización de la Administración pública de su país, cuyos puestos las ocupan los antiguos miembros del clan de Mangomo". Obiang era un miembro muy destacado de ese clan, pero él encabezaba el ala más prooccidental y proespañola, enfrentada a los que habían recibido formación, durante el mandato de Macías, en la URSS o en otros países socialistas.

De todas formas, no quedaba claro si los mismos policías españoles participarían en la seguridad de Obiang, serían los mandos de una unidad de guineanos, quizá formados en España, o se limitarían a realizar tareas de asesoramiento. Ante las informaciones que circulaban en España, un portavoz oficial guineano dijo a EFE que era falso que se preparara la llegada de una compañía de policías españoles para sustituir a los marroquíes y apuntaba más bien por la creación de una unidad de guineanos, formada previamente en España y con mandos españoles. Para  concretar  este  plan se esperaba la llegada a  Malabo  del general Saénz de Santamaría, el lunes 21 de septiembre. Hasta ese momento más de dos centenares de guineanos habían viajado a España para seguir distintos cursos relacionados con el área de seguridad o defensa, aunque el esfuerzo apenas había servido para mejorar la situación castrense o policial en el país africano.

Por parte guineana había también una aparente buena disposición ante la ofensiva española. "Queremos emprender una nueva etapa de colaboración que nos ayude a sanear la economía y a armonizar definitivamente la sociedad guineana", declaró el director general de Europa y América del Ministerio de Asuntos Exteriores, Pedro Nsue. En Malabo, según una información de EFE, se esperaba discutir la propuesta española para la cooperación militar y policial, que incluía el traslado a Guinea de dos lanchas de la Marina de Guerra española y dos Aviocar, además de los que prestaban servicio entre Malabo y Bata, para formar los embriones de la Armada y la Fuerza Aérea de Guinea Ecuatorial. No menos interés tenían las autoridades guineanas en la visita de Hidalgo de la Quintana, prevista para el 5 de octubre aunque se tuvo que atrasar más de un mes, con la idea de trazar un esquema macroeconómico para ordenar y organizar la administración financiera del país.

La llegada del general Saénz de Santamaría llenó de alegría a los bubis de la isla, quienes al ver tanto uniforme español y escuchar los acordes de la marcha de Infantes en honor del militar pensaron que, por fin, se había hecho realidad el sueño del regreso de las tropas españolas. Para ellos eso significaba volver a la época dorada de su isla de Fernando Poo, cuando apenas si veían fang en su territorio.

La primera entrevista de Obiang con el general fue muy provechosa y ambos cambiaron impresiones sobre cómo orientar la cooperación militar de seguridad y defensa. Estaban de acuerdo en fortalecer sustancialmente la presencia española y reducir el peso y la influencia, todavía notable, de los diplomáticos soviéticos en Guinea. Aquella reunión tuvo lugar en el Palacio Tres de Agosto, donde Fraga concedió la independencia a Guinea aquel 12 de octubre de 1968, edificio que se había preparado para alojar al general español, situado en la plaza de la catedral y a escasos metros de la entrada a la "ciudad prohibida", la zona de punta Fernanda, donde residen Qbiang y sus allegados más cercanos. En aquel primer encuentro estuvieran presentes el embajador de España, Vicente Fernández Tréllez, y el inspector general de las Fuerzas Armadas guineanas y encargado de los asuntos de la Defensa, el poderoso y ambicioso teniente coronel Fructuoso Mbá Oñana, formado en Corea del Norte.

Aunque Obiang compartía los planteamientos del general Saénz de Santamaría y estaba de acuerdo en que era necesario contar con una eficiente estructura de seguridad y defensa para garantizar la construcción del Estado y el éxito de la cooperación económica, esto no quería decir "que las cosas en Guinea vayan a cambiar rápidamente", opinaba el corresponsal de EFE en Malabo.

La reunión del general español con el teniente coronel guineano tuvo una segunda fase, en la que ambos quedaron completamente a solas, Saénz de Santamaría transmitió a Obiang un mensaje del Rey, respuesta del monarca español a otro remitido antes  por el gobernante guineano.  Juan Carlos aceptaba el envío de un teniente coronel español a Guinea, solicitado por Obiang, y que finalmente no llegó a desplazarse al país africano. Nunca se ha sabido el nombre de este militar español de quien, al parecer, Obiang guardaba un especial recuerdo de su época de cadete en la Academia General Mílitar de Zaragoza, pero aquello ponía en situación delicada la figura del teniente coronel Jaime Ríos, responsable máximo del área de seguridad y defensa en la Embajada española. Saénz de Santamaría expresó también al mandatario guineano la idea del Gobierno español de que era absolutamente necesario que se profesionalizara el Ejército guineano, como paso previo para la normalización política y económica del país. Era una forma suave de exigir el fin de los desmanes de los militares, de la indisciplina sistemática y, por supuesto, un intento de neutralizar a limitar las presiones de los sectores educadas en los países aliados de la URSS.

España proponía a Guinea asumir la responsabilidad completa de la defensa y seguridad de Guinea Ecuatorial, incluida la escolta del presidente y el reciclado de todos los oficiales guineanos con cursos en España, así como la formación de los nuevos mandos. Otro acuerdo previo fue reforzar la presencia policial española en Guinea, aunque esto parece que fue entendido de manera distinta por las das partes, como se vería tres semanas después.

Acompañaban al general Saénz de Santamaría el jefe de Estado Mayor de la Policía Nacional, comandante David Cervera Estévez, el jefe de los Grupos Especiales de Operaciones (GEOS), comandante Carlos Folgado Martín, el teniente coronel Manuel Estrada Tuset, ayudante personal del general Saénz de Santamaría, el teniente coronel Edmundo Pérez Iñigo, jefe de Administración de la Policía Nacional, el capitán de corbeta Jasé Carlas Pérez Moreira, de la Junta de Jefes de Estado Mayor (JUJEM), y el comandante Francisco Laguna Sanquirico, destinado en Guinea durante los primaros meses tras el "golpe de libertad".

"He encontrado al presidente Obiang en una magnífica disposición para acometer la cooperación con España en todos los órdenes", declaró Saénz de Santamaría apenas terminó su entrevista con el presidente guineano. Según dijo el militar español al corresponsal de El País, Obiang responsabilizaba de la situación guineana a "la falta de capacidad de gestión de su joven Administración". En aquellos tiempos, el mandatario guineana no se recataba de insultar en público a los funcionarios de su Administración, a quienes llamaba ineptos e inútiles, y les amenazaba con sustituirles por extranjeros, quizá preparando el camino para dar mayores atribuciones a los asesores españoles.

En aquella visita, que duró cinco días, el general Saénz de Santamaría tuvo suficiente tiempo, en varios encuentros, para presentar al presidente Obiang el plan español, cuya primera parte consistía en el aumento de la cooperación en los temas de seguridad y defensa, con la creación de una compañía de cadetes guineanos formada en academias y centros policiales de Madrid y Guadalajara, con un "papel preponderante" de la Policía Nacional española, según anotaba Carlos Mendo. Esta compañía, "que sustituiría en un futuro a la actual guardia presidencial, formada par marroquíes, tendría oficiales y suboficiales de la Policía Nacional española",  decía el enviado especial de El País a Malabo. Otra compañía, igualmente formada en España y mandada por un capitán, tres tenientes y nueve suboficiales de las Fuerzas Armadas españolas, se establecería permanentemente en la región continental de Río Muni . También se pensaba que Guinea debía mandar a sus mandos militares medios a recibir cursos de reciclado a España y suspender los proyectos de formación de sus cadetes en academias de países socialistas. España prometió el envío de vehículos y material para el ejército y la policía de Guinea, así como la visita de algún buque de la Armada, posiblemente una corbeta, para demostrar cierto apoyo a Obiang, y la entrega de un par de aviones, dos lanchas patrulleras y diverso material bélico, especialmente armas ligeras.

Mendo pensaba que aquella era. la última oportunidad que tenía España para consolidar su presencia en Guinea y ayudar a su antigua colonia a salir de la situación en que se encontraba. Algunos diplomáticos veían el panorama con "moderado optimismo", no tanto por la falta de buena fe de Obiang como por la resistencia que preveían iban a plantear los miembros del clan de Mongomo.

En aquellos momentos se pensaba que finalmente España había planteado con claridad su postura en Guinea Ecuatorial, por vez primera tras dos años de vacilaciones. Según las informaciones aparecidas en la prensa española, Obiang y Saénz de Santamaría estaban de acuerdo en que no era posible una cooperación bilateral efectiva sin tener garantías de seguridad física para las personas y sin tener establecida una estructura de defensa sólida en el Estado al que se está ayudando. Lástima que las autoridades españolas tardaran tanto tiempo en ver esto.

Saénz de Santamaría, según EFE, convenció a Obiang de la necesidad de que se tomaran decisiones sin mediatizaciones de ningún tipo, para lo cual tenía que encontrarse con fuerza ante el poderoso clan, cuyos elementos le habían puesto en el sillón presidencial y le mantenían allí, y ante los representantes de otras potencias. Finalmente se acometía la empresa de potenciar la formación de una nación-estado, en lugar de la nación-tribu que todavía perduraba en Guinea. Una vez lograda una estabilidad militar y política se podría esperan la llegada de inversores privados, si estos encontraban garantías y un marca jurídico en el que actuar.

Las tres publicaciones españolas prohibidas en Guinea casi dos meses antes podrían circular de nuevo libremente en el país africano desde el día 12 de octubre, según dijo el general Saénz de Santamaría. Un portavoz de la Presidencia guineana precisó a EFE que aquella medida era una "muestra de la buena voluntad de Obiang hacia la Prensa", pero añadió que "no admitiremos las injurias personales al jefe del Estado".

Saenz de Santamaría regresó a Madrid, el 26 de septiembre, entusiasmado por el "éxito" de sus gestiones y declaró que España iba a intentar "garantizar la seguridad interior y exterior de Guinea Ecuatorial". Según el militar, todo estaba dispuesto para ponerse en práctica un ambicioso plan de reestructuración y organización de las Fuerzas Armadas de Guinea, con una duración prevista de tres años, en el que se preveía la formación de tropas y mandos, incluidas pilotos de aviones (ya había un pequeña  número  de  guineanos  en la Academia  murciana  de  San Javier), entrega de material bélico, construcción de cuarteles y apoyo logístico con un presupuesto de unos 3.000 millones de pesetas.

"Los malentendidos que surgieron entre Madrid y Malabo se han roto por fin", decía Saénz de Santamaría a los periodistas que le acompañaban en su regreso a la capital española. El militar pensaba que el Gobierno guineano estaba dispuesto a potenciar la relación con España, "incluso en detrimento de la cooperación con otros países como la URSS, China o Francia". El general decía que el hecho de que la misión que encabezaba estuviera formada por militares, y teniendo en cuenta que la mayoría de los gobernantes guineanos habían recibido formación castrense en Zaragoza, "ha facilitado nuestra labor" y "quizá por eso se hayan abierto más a la misión militar de esta semana que a anteriores civiles".

Al dar cuenta de estos hechos e informar del plan español de hacerse cargo de la defensa y seguridad de Guinea, el diario francés Le Monde señalaba que entre las misiones de las lanchas patrulleras solicitadas por Malabo estaba la de "garantizar la seguridad de las plataformas españolas de prospección petrolera", que estaba previsto se instalaran unos meses después.

Los Estados Unidos se adelantaron a la idea española de enviar un buque de guerra. En los primeros días de octubre atracó en el puerto de Malabo el "Kalamazoo", en misión de buena voluntad, con medicinas y víveres para repartir entre la población.

"Parece que el Gobierno de Madrid se ha decidido por fin a adoptar en sus relaciones con Guinea Ecuatorial una actitud clara y coherente", decía El País en un editorial publicado al regreso de la misión militar española del país africano. Tras expresar la esperanza por una mejora de las relaciones que se tradujera en un avance en las condiciones de vida de los guineanos, dejaba en claro que persistían algunas dudas sobre el éxito futuro de las relaciones bilaterales. El diario afirmaba que podría ser "que todo se tratara de una nueva estratagema de la actual "clique" gobernante en Malabo, que se ve con el agua al cuello y trata desesperadamente de ganar tiempo mientras consigue un incremento sustancial de la ayuda española". Si esto fuera así. el periódico proponía como "única salida" para España "la retirada total de la cooperación, pese a que la República Ecuatorial de Guinea es el único país de habla española del continente".

 

 

Editado y distribuido por ASODEGUE

 

 

Volver a "La dictadura de Obiang"