HISTORIA DE GUINEA

 
   

 

 

 

 

 

 

Capítulo 20. PRIMER ANIVERSARIO DEL GOLPE

Un año después del golpe que derrocó a Macías, Graullera seguía diciendo que a España le correspondía un protagonismo especial en las tareas de reconstrucción de Guinea, por "un deber histórico", aunque ya participaban en ellas otros países e instituciones internacionales y comenzaba a dudarse de la capacidad de la cooperación española.

En aquel verano de 1980, el embajador de España expresaba su satisfacción por lo logrado, aunque planteó a Madrid la necesidad de apretar las clavijas a los guineanos para conseguir que los asesores españoles tuvieran más capacidad de decisión. Estaban en marcha una serie de proyectos generales importantes para levantar los "pilares del Estado", como el que llevaban adelante dos jueces españoles para enderezar el ordenamiento jurídico guineano, y en julio se había promulgado un decreto-ley definido por Graullera a Fernando Reinlein, de Diario-l6, como "un programa de liberalización que supone una economía de libre mercado quizá como no existe en ningún país de África", elaborado con la colaboración de una delegación del Fondo Monetario Internacional. España lo apoyó con la concesión de créditos para el envío de alimentos, adquisición de bienes de consumo y ayuda al fondo de reservas de Guinea Ecuatorial. En esa misma entrevista, el embajador decía que en el plano militar el objetivo era prestar asistencia, sin intervención, y en el económico la creación de empresas mixtas.

Para Graullera esto era "la tercera vía de la cooperación en África, que nada tiene que ver con el colonialismo", y aseguraba que esta idea de cooperación estructural "a la española" se impondría en África. Ya estaban trabajando en Guinea 130 docentes, 40 médicos y otros tantos enfermeros, así como casi un centenar más de cooperantes en diversas áreas. También fue importante la elaboración de un presupuesto general, cosa que se hacía por primera vez en muchos años, tras superar las reticencias de las autoridades del Consejo Militar Supremo que no acababan de ver la necesidad de sujetarse a unos gastos, y menos programarlos con varios meses de antelación.

Graullera, quizá un tanto asustado de lo mucho que mandaba entonces en Guinea, decía que a principios de 1981 debería sustituirle un diplomático profesional. Todavía se respiraba optimismo, incrementado por el triunfo de la selección guineana de fútbol frente a la de Gabón en el campeonato de África. Aquella fue una victoria deportiva, en la que tuvo mucho que ver el entrenador español que llevó Graullera, Sanchís, y política, al derrotar a los gaboneses, país protegido por Francia.

Sin embargo, las cuantiosas ayudas donadas por España y otros países no habían supuesto mejoras visibles para los guineanos, que seguían en la miseria. La economía no acababa de recuperarse, debido en buena medida a que faltaba mano de obra en las plantaciones de cacao -donde los guineanos siempre se han negado  a  trabajar- y a que "los cerebros fugados" no se habían convencido de las ventajas que podría suponer un regreso al país, que todas sabían estaba en manos de los "hermanitos" de Mongomo. La especulación y la corrupción asfixiaba los intentos de ayuda y retraía a posibles inversores. A principios de 1980 el salario mensual medio de un trabajador no superaba los 5.000 bikuele (todavía un ekuele equivalía oficialmente a una peseta española, pero ya estaba devaluado), el precio de dos latas de cerveza. En aquel momento se calculaba que cada guineano necesitaba para su alimentación diaria unos 1.500 bikuele.

Rafael Fraguas, posiblemente el periodista que siguió más de cerca aquellos primeros meses del Gobierno de Obiang, afirmaba,. el 2 de agosto de 1980, que "formalmente, la Administración española ha seguido pasos correctos, con cautela, para dejar patente que Guinea Ecuatorial constituye un estado soberano. Sin embargo, pese a la abnegada tarea de gran parte de los diplomáticos, los cortocircuitos, las instrucciones contradictorias y las líneas de acción divergentes, cuando no antagónicas, se siguen sucediendo con regularidad". El periodista señalaba en El País que Presidencia y Exteriores no se ponían de acuerdo sobre Guinea y también criticaba el proceso de selección de algunos cooperantes, pues afirmaba que se había rechazado a muchos con experiencia en Guinea. Es posible que el ejemplo de Guinea sea el más gráfico para mostrar la carencia de una política exterior de España a medio y largo plazo.

Un año después del golpe, todavía había interés en parte de la Administración española por reconducir la asistencia militar en Guinea y dar una nueva perspectiva a la cuestión militar en la cooperación española, como prueba el hecho de que la delegación que viajó desde Madrid para participar en los actos conmemorativos del primer aniversario del "golpe de libertad" estaba encabezada por el vicepresidente primero del Gobierno para asuntos de la Defensa, teniente general Manuel Gutiérrez Mellado, a quien acompañaba Robles Piquer.

Las intensas y apasionadas relaciones de Graullera con Obiang sufrían altibajos y pasaban por algunos enfrentamientos y conflictos, que solían arreglarse. Cuando llegó allí Gutiérrez Mellado, el embajador había utilizado términos muy duros para criticar a determinadas autoridades guineanas que no hacían más que poner inconvenientes y trabas a los asesores y cooperantes españoles y criticaban la influencia que ejercía el embajador español sobre Obiang. Los elementos del clan, de Mongomo, muchos de ellos colaboradores de Macías, no se resignaban a modificar sus comportamientos y renunciar a las prebendas a las que estaban acostumbrados. No acababan de aceptar que las normas o leyes establecidas también les afectaban a ellos. Obiang no se atrevía a llevar la contraria al embajador, pero luego no quería, o no podía, cumplir las cosas a las que se comprometía.

Las quejas de los cooperantes al embajador eran continuas. Casi todos afirmaban que sus trabajos eran boicoteados y los más responsables estaban preocupados por amparar con su presencia una serie de decisiones tomadas exclusivamente por funcionarios guineanos, en muchos casos en su provecho particular. También habían surgido problemas en los hospitales, pues se dieran muchas casos de entrega de medicinas o material que desaparecían inmediatamente. Los directores guineanos de los centros contradecían a los médicos españoles. Era imposible trabajar en esas circunstancias, los cooperantes de sanidad exigían el control de los centros o que se planteara la cooperación de manera distinta, sin que pareciera que los españoles eran los responsables del funcionamiento del hospital, sino simplemente unos médicos que intentaban curar a los enfermos.

Graullera utiliza la visita de Gutiérrez Mellado, un teniente general ante quien Obiang se sentía muy impresionado, para hacer un planteamiento drástico. O se hace caso a los cooperantes que actuaban como asesores en los ministerios en los temas de su especialidad, o se paraliza la cooperación española, excepto en educación, sanidad y ayuda alimenticia. O se enderezaba la situación, y Guinea acepta el plan militar y de seguridad elaborado por España, o Madrid abandona la idea de la cooperación integral.

Gutiérrez Mellado se ve obligado a hacer de hombre bueno. Trata de limar asperezas y de que se suavice la tensión.

Obiang afirma que los asesores españoles ponen en peligro la soberanía de Guinea y que un guineano debía decir siempre la última palabra. Un diplomático español asegura que al teniente general le dio pena la cara de ternero degollado que puso Obiang en el momento más dramático y entonces comenzó a darle la razón, a decir que todo se arreglaría, con buena voluntad y que había que confiar en que las cosas iban a mejorar. Esta fue una de las primeras cesiones de España en un conflicto con los guineanos.

Obiang pidió a Gutiérrez Mellado que no se paralizara la ayuda española y el militar se creyó todas las promesas que le hizo el guineano. El vicepresidente español declaró a los periodistas que "ni hemos enviado, ni vamos a enviar fuerzas militares a Guinea", aunque señaló que España seguiría asesorando por medio de oficiales, para él "cooperantes de uniforme".

Aquella visita pasó por momentos muy tensos y difíciles. Los funcionarios españoles que viajaban desde Madrid se dieron cuenta de que las cosas eran mucho más complicadas de lo que parecía en un principio. A la falta de experiencia española en tratar con los dirigentes africanos y entenderlos se unió el recelo que sentían muchos guineanos por la antigua potencia colonial y la presión que ejercían todos los "mongomitas" educados en los países socialistas. A España le faltaba, además, fuerza para imponer sus criterios y decisión para abandonar si el entendimiento no era posible.

Las autoridades .españolas insistían en que los fundamentos de la cooperación en Guinea eran el "no proteccionismo, no paternalismo, no colonialismo, ni neocolonialismo". Los posibles beneficios que se obtuvieran por los hallazgos de petróleo -la empresa Guinea-española de Petróleos (GEPSA) había finalizado su primera campaña de sondeos sísmicos en las aguas del país africano- o de minerales se repartirían al 50 por ciento.

Durante la visita de Gutiérrez Mellado apareció el primer ejemplar del diario Ébano, tras once años de ausencia pues a Macías no le gustaban los medios de comunicación, dirigido por un guineano que contaba con el asesoramiento de técnicos y periodistas españoles, además de los servicios de la Agencia EFE. Aquel primer ejemplar del Ébano, que aunque siempre se le llamaba "diario" jamás logró aparecer con esa periodicidad, tenía 16 páginas y un suplemento en color. En sus mejores momentos Ébano salió a la luz semanalmente. Se editaba con una vetusta máquina plana, que había pertenecido a un periódico canario de la cadena del Movimiento. El periódico dejó de publicarse con regularidad a finales de octubre de ese mismo año, nada más salir de Malabo los técnicos españoles que habían enseñado a los guineanos el funcionamiento de la maquinaria.

Ébano, que apareció mucho después de que funcionara la televisión guineana, jamás contó con una ayuda similar a la de la televisión, cosa que muestra la incoherencia de los planteamientos de la cooperación, mucho más pensada para dar una apariencia que gustara al Gobierno guineano que para fomentar un verdadero desarrollo de Guinea. Se prefería mantener en funcionamiento una televisión que tenía un coste exagerado y desproporcionado en relación con su utilidad y que necesitaba a un mínimo de diez técnicos españoles, en un país en donde incluso en las dos ciudades principales faltaba la luz eléctrica y no había más de un centenar de aparatos receptores. Jamás se tomó en serio la publicación de un medio de comunicación impreso.

A pesar de todo. Robles Piquer notó un cambio notable en el país en el año que había transcurrido. Aseguraba que Guinea "ha salido de su etapa de miedo, y hoy se le puede ver alegre y con ganas de vivir". Además, los españoles estaban muy esperanzados con los resultados que ofrecía la primera campaña de sondeos sísmicos realizados por Hispanoil.

Un mes después, a mediados de septiembre, el vicepresidente primero de Guinea, Florencio Mayé, viaja a España y reconoce que durante el primer año de cooperación han surgido "algunas dificultades entre España y Guinea". A juicio del guineano, se habían producido una serie de incidentes "personales", entre cooperantes españoles y guineanos, pero consideraba más graves los problemas relacionados con la distribución de la ayuda oficial hispana y la insuficiente respuesta del sector privado a las ofertas de inversión realizadas desde Malabo. En una entrevista que concede a Diario-16, Mayé se muestra dolido con el trato que la prensa española da a su país y aconseja que se vea a Guinea no como si fuera una provincia española, "sino que es una parte de una España por lazos de cultura, pero es un estado independiente y soberano".

Según el ministro guineano, la mayoría de los inversores privados españoles se dedicaban al comercio y casi todos hacían grandes negocios con la venta de alcohol. "Estamos confusos, la verdad es que no sabemos por qué no vienen los inversores privados a Guinea", se lamentaba. La respuesta era. fácil. No había leyes, no había seguridad de ningún tipo, la Administración seguía casi paralizada y los únicos inversores que se arriesgaban eran comerciantes de productos con los que podían obtener elevada rentabilidad. En las épocas de mayor escasez de alimentos se podía encontrar en cualquier lugar botellas de whisky o el famoso coñac Tres Cepas, fabricado en Canarias. Para eliminar cualquier duda sobre la cuestión de la Defensa y Seguridad, Mayé aseguraba que su país no deseaba que España enviara trapas o policías "con un status similar al de los soldados marroquíes".

 

 

Editado y distribuido por ASODEGUE

 

 

Volver a "La dictadura de Obiang"