HISTORIA DE GUINEA

 
   

 

 

 

 

 

Capítulo 18. OBIANG VIAJA A ESPAÑA

El teniente coronel se moría de ganas por viajar a España. Las relaciones con Graullera eran muy buenas, pero el guineano sentía que un jefe de Estado debía tratar con una persona similar en  categoría. También quería conocer a Adolfo Suárez e intentar que España le prestara más ayuda.

Obiang reconocía que se había avanzado mucho en los campos de la sanidad y educación, pero "todavía existen ciertas dificultades en el orden de la cooperación y me parece necesario hablar directamente de ellas con las máximas autoridades españolas para dialogar y pedir al Gobierno español que aumente esta cooperación", dijo Obiang a unos periodistas de ABC que le entrevistaron en vísperas de su viaje.

En otra declaración Obiang reconocía que es mucho más difícil construir que destruir. Afirmaba que, aunque se habían dado pasos adelante "todavía el Gobierno está buscando la forma de llevar a cabo la tarea de la reconstrucción". Habían pasado ya ocho meses del golpe que derrocó a Macías.

Graullera consideraba importante el viaje para que las autoridades guineanas se convencieran de que el apoyo español se iba a mantener y, sobre todo, para impulsar sus proyectos de crear dos empresas estatales mixtas que se esperaba podían tener una gran rentabilidad, una petrolera y otra minera. El mandatario guineano quería más ayuda, pero alguien le había convencido de que era necesario dar algo a cambio, "estamos seguros de que podremos responder a esa ayuda en el futuro, cuando se ponga en marcha el mecanismo del aparato estatal, es decir, cuando arranquemos económicamente".

Obiang, que todavía no se había atrevido a realizar un viaje oficial a Nigeria, el tercero de sus vecinos y el más poderoso, anhelaba poder firmar de nuevo un convenio laboral con las autoridades de Lagos, para que pudieran regresar los trabajadores nigerianos a las plantaciones de cacao de la isla. Aunque los problemas económicos de la población nigeriana eran, y son, enormes, el Gobierno de Lagos recordaba la expulsión de los trabajadores durante el tiempo de Macías y, además, no veían condiciones para su regreso, sobre todo porque el ekuele seguía siendo una moneda sin cotización internacional. Para Guinea era una cuestión mucho más vital que para Nigeria, país al que le resuelve poco "colocar" a unos 20000 trabajadores pues su población ronda los 90 millones de habitantes. Sin embargo, antes de viajar a España. Obiang Nquema asistió en Lagos a la Conferencia Económica de la OUA, el día 27 de abril.

Dos días después, el militar inició la primera visita de un gobernante de Guinea Ecuatorial a la "Madre  Patria", como le gustaba repetir a Obiang en las entrevistas que concedía, formalmente en devolución de la que habían realizado los Reyes de España a Guinea en diciembre pasado.

La visita no tuvo grandes contratiempos. Todavía era un momento de optimismo y esperanza. Una serie de cooperantes estaban ya situados en puestos clave de la Administración guineana y algunos habían logrado un buen nivel de entendimiento con su ministro correspondiente. En España se había creado un grupo especial de funcionarios de diversos ministerios para coordinar las ayudas a Guinea, dirigido por Alberto Recarte desde La Moncloa. El País dedicó un editorial sobre la visita, de cinco días de duración, y constataba que en Guinea se había producido "un aumento del bienestar y una disminución del terror, aunque todavía quede casi todo por hacer y aunque en ocasiones la continuidad de la corrupción e ineficacia maciista de una parte de la Administración provoque el desánimo de los empresarios y de los cooperantes españoles y extranjeros". También había esperanzas de que se produjera una devolución de los bienes españoles expropiados por el régimen anterior, como había repetido Obiang en varias ocasiones.

Obiang fue recibido por los Reyes y por Adolfo Suárez. En el Ayuntamiento de Madrid, donde el alcalde Enrique Tierno Galván le entregó las llaves de oro de Madrid, Obiang dijo que los guineanos eran “los benjamines de la comunidad hispánica, un vértice del triángulo que forman los pueblos hispánicos". En una cena ofrecida por Obiang a los Reyes de España en el Hotel Ritz, por supuesto pagada por el Ministerio de Asuntos Exteriores español, Obiang aseguró que "el pueblo de Guinea Ecuatorial desea ser la imagen y reflejo de la Hispanidad en el vasto continente africano". En el Parlamento, el jefe del Estado ecuatoguineano expresó su esperanza de que las distintas fuerzas españolas apoyaran la causa, de Guinea Ecuatorial. "Queremos seguir —dijo— el ejemplo de España como un hermano mayor, para poder crear una democracia de libertades". Felipe González, uno de los dirigentes de la oposición que se entrevistaron con Obiang,, aseguró que si se producía un debate parlamentario sobre la ayuda española a Guinea Ecuatorial, el PSOE daría una respuesta "absolutamente positiva". Algo parecido le prometieron Santiago Carrillo y Manuel Fraga.

En cada lugar donde paraba solicitaba la ayuda de todos los españoles "para hacer una Guinea mejor", palabras que se habían convertido en el lema oficial del régimen, y recordaba que se había decidido otorgar "un trato preferencial a España”. Por el momento, y como muestra de agradecimiento, Obiang regaló un elefante de tres años y mil kilos de peso a los Reyes de España, que tuvo que transportar desde Guinea un Hércules de la Fuerza Aérea Española. También agradeció la ayuda ya recibidas "todo elogio es poco para calificar el papel que él pueblo español y su Gobierno han desempeñado desde el 3 de agosto de 1979 para a ayudar a nuestro país".

Puesto que la visita de Obiang coincidía con la presencia de los cancilleres andinos en Madrid, Adolfo Suárez invitó al presidente guineano a un desayuno de trabajo con los ministros latinoamericanos.

Tras desarrollar estas actividades oficiales, Obiang inició una especie de "visita privada". Aprovechó para, hacer algunas compras, tarea en la que le ayudó su esposa, Constancia, y visitó la Academia General Militar de Zaragoza, donde recordó los tres años que pasó allí como cadete, entre 1963 y 1965, y dijo que se le había, quedado "un trocito del corazón" en ese lugar. Visitó el centro acompañado por el ministro de Defensa, Agustín Rodríguez Sahagún, y le mostraron una exhibición de los cadetes de la Academia y otra de una unidad de la recién creada GEO de la Policía nacional, porque entonces se había generado un interés entre los altos funcionarios españoles por retomar en serio el asunto de la seguridad de Guinea y formar a sus Fuerzas Armadas y Policía. Obiang quedó deslumbrado por la forma de actuar de los GEO y lamentó, una vez más, que España no se hubiera decidido a enviar tropas nada más dar el golpe contra Macías.

El embajador Graullera precisaba que "la cooperación de España en el sector militar y en seguridad es estrictamente de formación y no de intervención. Lo que interesa fundamentalmente al presidente Obiang y al pueblo guineano es tener cuadros propios". Según declaró el diplomático durante la visita, España había conseguido un avance muy importante al enviar a Guinea oficiales del Ejército, instructores y Policía Nacional,  "que están realizando una función puramente formativa con gran agrado del presidente Obiang y del Consejo Militar Supremo".

Aquella primera, visita de Obiang, acompañado por un nutrido séquito de unas 60 personas, incluidos algunos marroquíes de su escolta personal que ya no se separaban nunca de su lado, tuvo resultados esperanzadores. Se había logrado que la opinión pública española conociera al nuevo dirigente guineano y sus "buenos" propósitos e intenciones. Todos los partidos políticos expresaron su apoyo a la ampliación de las ayudas, quedaron satisfechos por las promesas que hizo Obiang de seguir poniendo orden y encauzar su política económica según criterios liberales y abierta a la iniciativa privada. Ya se hablaba del respaldo al ekuele y se decía que tendría una paridad de dos a uno con relación a la peseta.

A su regreso de España, Obiang pasó muy pocos días en Guinea antes  de emprender una significativa visita a Marruecos, para agradecer a Hasán II aquel otro tipo de "cooperación" que el monarca marroquí le estaba, prestando, al parecer a plena satisfacción por las dos partes. Como resultado de esta visita se inauguró  una línea aérea entre Rabat y Malabo, que en realidad era una prolongación, una vez por semana, del vuelo que unía a la capital marroquí con Libreville.

El Gobierno mauritano se vio obligado a rectificar unas palabras de Obiang, que en su celo por alabar a sus anfitriones repite que Marruecos ha comprendido siempre los territorios incluidos entre el Mediterráneo y el río Senegal. La agencia France Presse reproduce unas durísimas declaraciones de la mauritana AMP, realizadas nada más terminar la visita del militar guineano a Rabat. Recuerda que Obiang es "sobrino e hijo espiritual del antiguo dictador, al que traicionó después de haberle venerado", y afirma que esas palabras dan "la medida de sus verdaderas cualidades de hombre de Estado al mostrar públicamente su ignorancia de la historia". Los mauritanos expresan su extrañeza de que una persona así pueda dirigir los destinos de Guinea Ecuatorial. La agencia de prensa AMP recuerda, por último, que el río Senegal delimita la frontera sur de Mauritania desde tiempo inmemorial.

Aquel primer año de gobierno, Obiang no asistió a la cumbre anual de jefes de Estado africanos que organiza Francia, pero si envió una delegación a la ciudad de Niza, donde se celebré, en el mes de mayo. Comenzaba una disputa soterrada entre España, que tenía unas profundas relaciones con Guinea gracias a la colonización del país africano, y Francia, nación mucho  más poderosa, que ejercía una gran influencia en la zona y se aprovechaba de su gran experiencia en cooperación africana.

Pese a las repetidas declaraciones aperturistas de Obiang, muy pocos exiliadas habían decidido regresar al país en aquellos primeros meses de 1980. La oposición insistía en que seguían gobernando Guinea las mismas personas del entorno de Macías. La ANRD difundía que "los pocos exiliados políticos que se han atrevido a volver al país, confiando incautamente en los decretos de amnistía de 1979, han pagado duramente su error". Según el movimiento opositor, Ángel Nguema Edu y Sebastián Edu, exiliados desde 1976  por haber tratado de derrocar a Macías, fueron detenidos al regresar.

También en España se habían alzado algunas voces que cuestionaban los avances democráticos experimentados en la antigua colonia. Dos meses antes del viaje del presidente Obiang a Madrid, Marcelino Oreja tuvo que defender a Guinea en el Parlamento, pues varios diputados, especialmente los socialistas Moran, Lisón y Armas, expresaron sus dudas sobre el grado de libertad alcanzado en Guinea y el respeto a los derechos humanos. Oreja dijo que creía en "las buenas intenciones" de Obiang y aseguraba que España  no deseaba practicar una política neocolonialista en Guinea.

El principal teórico de las política internacional del PSOE, y primer ministro socialista de Asuntos Exteriores, Fernando Moran, estaba muy preocupado por una posible actuación neocolonialista del Gobierno de la UCD en Guinea. Moran conoce bien el continente negro, pues Sudáfrica fue uno de sus primeros destinos diplomáticos.

En dos artículos que aparecieron en Diario—16, a finales de marzo de 1980, Moran analiza el caso de Guinea Ecuatorial, con el título "La descolonización pendiente". Tras criticar el proceso descolonizador de España, señala que el golpe de agosto del 79 fue "absolutamente endógeno al sistema", debido a "una reacción espontánea del pueblo que los militares interpretaron y consumaron". Moran afirma que Macías impidió la formación de una burguesía nacional guineana, lo que explica que se produjera un regreso al tribalismo y que reaccionara la estructura más formal de la sociedad, los oficiales del Ejército. El problema que planteaba esta cuestión es el reencuentro entre España y Guinea, según Moran, es que el país europeo no se encontraba con una situación  neocolonial, sino con una estructura colonial, y en ciertos aspectos precolonial. Según la argumentación de Moran, esto planteaba unas perspectivas muy poco optimistas porque "la relación neocolonial es indirecta, difusa, centrada en el control de las articulaciones comerciales y financieras esenciales", mientras que la relación con una situación precolonial es "forzosamente más directa, omnipresente".

Según Moran. debido al gran deterioro de Guinea y a la destrucción de las estructuras básicas, "España tendría que tener mayor presencia que la que soportan los valores políticos y culturales de un pueblo que desea su identidad nacional independiente. Una presencia indirecta, prudente y reclamada en cada caso, quizá no cubra el mínimo que la situación socioeconómica requiere", pero "una acción decidida creará a corto plazo el rechazo de quienes han de constituirse en clase burguesa nacionalista".  Había que mantener un equilibrio casi imposible, complicado por la inexperiencia española en una misión de este tipo, el desorden de la ayuda, la incapacidad de muchos cooperantes y la corrupción de otros.

El análisis del diplomático socialista, que más tarde fue quien cedió la responsabilidad de la cooperación básica a Francia, tiene aspectos muy interesantes. Consideraba que España debía "evitar una reconstrucción económica conforme al modelo de 1968", manteniendo un monopolio de importaciones y exportaciones y practicando un imperialismo cultural. Asimismo, juzgaba necesario ayudar sin buscar criterios de rentabilidad individuales.

En los textos de Moran, extraídos de su obra "Una política exterior para  España", se advierte que considera difíciles de lograr estos objetivos y plantea como algo casi insuperable la sombra de Francia, en África.  Aunque es un poco largo, merece la pena incluir su análisis ante una posible integración de Guinea en la órbita francesa. El entonces diputado socialista decía que "en África existe un sistema de poder basado en la coordinación de Francia con un número importante de países, con intereses comunes, con instituciones de cooperación multilateral y con una común adscripción ideológica conservadora. La política de  poder en el Tercer Mundo es costosa, arriesgada y exige una coincidencia entre el factor esencial - y extraafricano- y un número vario de países. La política de poder con un sólo país cobra inevitablemente el carácter de una posición de dominación política. Esta posición entra en conflicto con las potencias hegemónicas o termina por integrarse en el sistema de estas potencias".

Moran mantiene un planteamiento teoricísta, al justificar su opinión contraria al envió de fuerzas militares o de  seguridad españolas a Guinea. Según el diplomático, esas fuerzas podrían convertirse en defensoras de un régimen no deseado por el pueblo, y crearse una difícil situación al entrometerse con facilidad en la política interna guineana, o tener que enfrentarse a otros países africanos en el caso de un conflicto con estados vecinos. Esta, posibilidad podría enfrentarnos a Francia, por el apoyo que presta a Gabón y Camerún, o a una gran potencia africana como es Nigeria. Moran señala que en Francia hay un consenso mayor respecto a lo que él llama "la convivencia de la  implicación", una política exterior clara y decidida, asumida por todas las fuerzas políticas mayoritarias, muy conservadora y que trata de controlar a los países africanos con los que "coopera", empezando por las principales estructuras de poder, entre las que naturalmente está el Ejército y la figura del presidente y su seguridad. El político anotaba que en España no existía ese consenso suficiente, pero  esto se debía a que el PSOE no lo deseaba, pues tanto la UCD como la derecha de Fraga sí estaban de acuerdo en enviar las fuerzas militares o policiales.

Moran desaconseja el envío de tropas a Guinea, aunque sí acepta que algunos mandos actúen como instructores militares o policiales, por la falta que tiene España de una concepción política global en el continente, a diferencia de Francia. Teme que nuestro sistema defensivo destacado en Guinea pasara en un futuro a ser una pieza del sistema francófono, aunque piensa ya que es necesaria la cooperación militar con Francia en el Mediterráneo, quizá porque él no preveía la inclusión de España en la OTAN, como ocurrió muy poco tiempo después.

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Moran, F, Una política exterior para España. Madrid, Editorial Planeta, 1980.

 

 

Editado y distribuido por ASODEGUE

 

 

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