HISTORIA DE GUINEA

 
   

 

 

 

 

 

Capítulo 13. LA OPOSICIÓN DESCONFÍA DE OBIANG.

Antes de iniciarse la segunda mitad de agosto la  oposición había expresado muchas más críticas que alabanzas sobre el comandante Teodoro Obiang Nguema. No era fácil olvidar que el sobrino del dictador, también un fanq esangui, había sido mano derecha de Maclas durante muchos años, seguramente los peores, y cuando ya incluso sus primeros colaboradores habían  buscado el camino del exilio.

Teodoro Obiang nació en 1941 en el seno de una familia numerosa, diez hermanos. Tuvo la suerte de ser seleccionado para estudiar bachillerato en el Instituto de La Salle de Bata y luego fue designado, en 1964, entre los aspirantes a cursar estudios militares en la Academia General de Zaragoza, de donde salió con el grado de alférez, pero el último de su promoción. En ella también se encontraban Eulogio Oyó, número uno entre  los guineanos, y Salvador Elá.

Sus biografías oficiales ocultan el periodo que más airean sus enemigos políticos y la oposición, es decir su actividad durante la dictadura de Macías. Lo cierto es que sólo se decide a dar el golpe cuando ve que su vida corre peligro. En aquel mes de agosto de 1979, uno de los españoles que mejor conocía el entorno de Macías, Antonio García-Trevijano, dice en Informaciones que Obiang “es un hombre de carácter implacable, sin nervios, muy tranquilo, creo que poco ambicioso". El notario que hizo subir al poder, a Macías,  y siguió asesorándole varios años, decía que la carrera de Teodoro había sido "fulgurante", pues llegó hasta el cargo de vicepresidente al menos de facto como jefe del Ejército.García-Trevijano, sin duda dolido por su experiencia durante la transición española, afirma que "el proceso  político de Guinea Ecuatorial tiene cierta similitud con el proceso español. Lo mismo que en España han sido los franquistas los que instauran la democracia, en Guinea son los antiguos partidarios de Macías los que pretenden desmontar la dictadura”.

Lo cierto es que Obiang fue nombrado jefe de la  Guardia Nacional en 1975, cuando el teniente coronel Juan Manuel Tray fue sometido a prisión domiciliaria y confinado en su aldea. Como viceministro de Defensa tenía gran poder y control en el país.

El nuevo presidente tiene dos mujeres oficiales, la primera es Constancia y la segunda, Celestina. Cuando accedió al  poder era padre de cinco hijos reconocidos. En una entrevista reconoció que le gustan las mujeres guapas y sinceras, "como  Dios manda".

El mismo Obiang, en su libro "Guinea Ecuatorial, país joven", procura ocultar sus actos durante la dictadura al explicar lo que fue el mandato de Macías: "Mencionar y  relatar estos hechos físicos con el detalle de una película, tal como se conoce y recuerda por el país entero, no nos parece oportuno, ni como hijo ni como presidente de esta República, porque muchos han sido protagonistas directos e indirectos de los males del régimen dictatorial". Según Obiang, en 1985 todavía estaban en  activo muchos guineanos "que contribuyeron y participaron en el clima de rivalidades que se dibujó antes de la independencia, demasiados ciudadanos violaron los derechos de los demás y conspiraron contra las vidas ajenas". Al finalizar el capítulo en el que habla del proceso de la independencia y de Macías afirma que es mejor callar "para no herir susceptibilidades, pues la reconstrucción nacional, definida por el eslogan "Por una Guinea Mejor", impide un nuevo clima de rencores". (1)

Max Liniger afirmaba en el Journal de Geneve, el 10 de agosto, que el golpe había sido "una revuelta palaciega", pues "a la cabeza de la junta figura Obiang Nguema, el servil sobrino del ex-presidente, responsable directo de centenares de ejecuciones sumarias”. El profesor suizo recuerda que fue Obiang quien denunció y detuvo, en diciembre de 1976, al último centenar de altos funcionarios y magistrados que quedaban en el país por haber pedido al presidente que "modificara su desastrosa política económica". Menciona algún otro suceso de sangre en el que participó Obiang y dice que el nuevo hombre fuerte guineano forma parte de un grupo de "jóvenes lobos", de unos 35 años, que se mantuvieron junto al "tío demente". Liniger era extremadamente duro en su juicio inicial, sin haber tenido tiempo de saber cómo iba a actuar el nuevo régimen. Finalizaba su artículo en el periódico suizo asegurando que "los sufrimientos de Guinea Ecuatorial no han terminado, pues los guardianes del "gulag", a excepción de Macías Nguema, están mejor situados que nunca".

La Alianza Nacional de Reconstrucción Democrática (ANRD) puso una serie de condiciones para colaborar con el nuevo régimen. Pedía que se respetaran los derechos fundamentales de la persona y los derechos democráticos de la población, que se establecieran plazos para la convocatoria de elecciones democráticas y el desmantelamiento del régimen militar. "Creemos que es necesaria una etapa militar que prepare el país para afrontar una etapa constituyente, pero hay que tener en cuenta que la mayoría de los actuales miembros de la junta militar fueron colaboradores directos del derrocado Macías y eso resulta sospechoso", declaraban los dirigentes de ANRD en Ginebra.

Un comentario en Ya de José María Gómez-Salomé aseguraba que en los medios diplomáticos estaba considerado como un hombre moderado, pragmático y realista y resaltaba que había anunciado a la URSS que debían ser revisados todos los tratados firmados con Macías, incluido el que permitía la creación de la base de Luba o la pesca indiscriminada de los buques soviéticos. Esto último ya no importaba demasiado, pues esas aguas estaban casi esquilmadas.

El nuevo presidente declaraba al periodista Leguineche que deseaba mantener relaciones con los países del Este y del Oeste “por una razón muy sencilla; necesitamos la ayuda de todos". A mediados de agosto Obiang derrochaba optimismo. Pedía al pueblo que aguantara el corto periodo de tiempo que él necesitaba para arreglar la "catastrófica" situación, y aseguró que "en menos de un año transformaremos el país". Manifestaba que podían regresar los exiliados que lo desearan,, pero sin formar partidos políticos "para que no se repitan los errores del pasado".

Además de anunciar que no permitiría la existencia de partidos, "porque el pueblo guineano está escarmentado ya con las ideologías", Obiang aseguró que el poder sería ejercido por un Gobierno militar. Aunque en algunas carteras se nombraran responsables civiles, dijo que siempre un militar lo "supervisará todo". "Durante once años los políticos lo han embarullado todo", añadió Obiang con ese acento característico de los guineanos que no acaban de dominar la diferencia entre la "r" débil y la "r" fuerte. El 15 de agosto, en un discurso a la población guineana, pidió a los funcionarios que participaran en la reconstrucción del país.

Obiang dijo a Rafael Fraguas, enviado de El País, que su pueblo deseaba que el rey Juan Carlas visitase Guinea lo antes posible. Aseguró que "las relaciones con España van a ser de prioridad y excelentes". Manifestó que iba a hacer lo posible porque se potenciara el desarrollo económico de Guinea, facilitando la. inversión de quien quisiera hacerlo y que deseaba “que nuestro país se llene de turistas. Que el que quiera venir a espiarnos, que venga, que nos da igual".

Todavía mostraba una notable ingenuidad, que por otra parte perdió en muy poco tiempo. Decía que Macías estaba loco y que debía pasar "por un centro psiquiátrico antes de ponerse ante los jueces". Pensaba, o quizá deseaba, que si no lograba atravesar la frontera en su huida hacia Gabón —en ese  momento  estaba  en paradero  desconocido— se podría suicidar. Cuando Fraguas le comentó que todavía vivía en Malabo, en la amplísima zona amurallada para uso exclusivo del tirano y sus allegados más cercanos, Clara, la. esposa del dictador, embarazada y con dos hijos, Obianq responde que "no me interesa el palacio. Vivo tranquilamente en las casas de los cuarteles y los palacios se convertirán en museos para el pueblo. Abriré "la ciudad prohibida" a todos, y todos serán aquí libres". Sin embargo, a la hora de la verdad, el teniente coronel sólo destruyó una parte de la muralla que dividía a Malabo en dos, pero muy pronto se instaló en punta Fernanda, donde vivía el gobernador español, y casi toda esa parte siguió cerrada, al pueblo.

En esa misma entrevista, publicada el 17 de agosto, Obiang dijo que ya se había producido el reconocimiento diplomático de España, Camerún, Gabón y la URSS. Francia y China, que siempre mantuvieron sus relaciones a nivel de embajador, guardaron un prudente silencio durante los primeros días. Francia simplemente observaba la situación, mientras los chinos trataban de superar un momento muy delicado debido a su apoyo a Macías hasta última hora, incluso dirigiendo la resistencia armada. Sin embargo, aquello se olvidó pronto, pues la población les estaba muy agradecida, debido a que realizaban varias obras civiles y una cooperación altamente beneficiosa para Guinea Ecuatorial, más desinteresada que la de la URSS.

Obianq era el líder de un pueblo ilusionado, dispuesto a olvidar su pasado para comenzar la reconstrucción. Todo estaba en ruinas, Malabo pareció a Manuel Lequineche "una ciudad pocas horas después de haber sufrido el paso de un severo tornado. Techos arrancados, paredes despintadas con la oxidación, podredumbre, la basura acumulada, la ruina y el abandono por doquier. Miseria y plagas bíblicas, una capital casi devorada por la selva". 

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(1) Obiang Nguema, T. Guinea Ecuatorial, país joven, Madrid, Ediciones Guinea, 1985.

 

 

 

Editado y distribuido por ASODEGUE

 

 

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