HISTORIA DE GUINEA

 
   

 

 

 

 

 

 

Capítulo 12. CONFUSIÓN Y MIEDO

Sánchez Jara, López Aguirrebengoa, Mariano Uriarte y José Luis Pera salen el 4 de agosto en el primer vuelo a París. Acude al aeropuerto un diplomático destinado en la capital de Francia para entregarles francos franceses y centroafricanos. Se quedan helados cuando les dice que las radios francesas han informado de que Macías ha sido derrocada por un golpe de estado. Algo ha ocurrido para que Obiang haya tenido que adelantar los acontecimientos. Apenas tienen tiempo para comentar las noticias, pues unos minutos después de las diez de la mañana despega el vuelo de Camerun Air Lines hacia. Duala, la principal ciudad del país africano, aunque la capital es Yaundé, Duala se encuentra en las orillas del golfo de Biafra o de Guinea. a poco más de 30 kilómetros de la antigua isla de Femando Poo.

En Camerún nadie sabe nada con seguridad, aunque hay rumores para todos los gustos. Las comunicaciones con Malabo están cortadas y las autoridades camerunesa no permiten que ningún avión despegue hacia la isla. Los diplomáticos preguntan hasta por la calle si alguien sabe algo de Guinea. Sánchez Jara se encuentra en su esquina habitual a un viejo “hausa” que le vendía objetos de artesanía africana en la época en que estaba destinado en Guinea. Su nombre era Baba, pero él le llamaba Alí Baba porque le decía que era muy ladrón. Nadie sabe cómo, pero tenía buena información de lo que ocurría en Guinea y les dio los primeros datos.

Finalmente consiguen hablar desde el aeropuerto de Duala con la torre de control de Malabo. La conversación entre José Luis Pera y el técnico español de Page Ibérica, Paco Maqueda, casi en clave, la ha contado Manuel Leguineche en su historia novelada del golpe (1).

-          Soy Pera, ¿quien es ahí?

-          Buenos días, aquí Paco.

-          ¿Está Teodoro?

-          Si.

-          Pero, ¿está bien?

-          Si, está en su silla.

 

Las autoridades camerunesas permiten a José Luis Pera viajar en una pequeña avioneta “Cessna” en alquiler. Es ya casi el mediodía del 5 de agosto, lunes. El resto de los  diplomáticos españoles deciden quedarse en Duala. Marcelino Oreja llama una y otra vez a López Aguirrebengoa desde Río de Janeiro, quien no le da ninguna noticia que pueda comunicar al presidente Suárez. Es un momento de tensión y nervios. Pasan las cinco horas que habían dado a Pera para que regresara si todo iba bien. Por fin, a las siete de la tarde, ya casi de noche, aparece la avioneta.

- El teniente coronel controla la situación, les espera, dice José Luis Pera a los excitados diplomáticos.

Pero  ya es muy tarde para volar a Malabo. Las luces de la pista no funcionan desde hace años. Hay que esperar al día siguiente.

Es muy temprano cuando salen del Novote! hacia el moderno aeropuerto de Duala. Al llegar ven la avioneta alquilada que rueda hacia la terminal de viajeros. Despegan cuando se apagan las últimas luces de la noche. Hay nubes grises que amenazan lluvia. Sobrevuelan el estuario del río Camerún, el Camaroes que bautizaron los portugueses. Selva parcelada por ramales color chocolate del río. Nada más salir al mar ya se ve la isla. Allí está el pico Santa Isabel, bautizado ahora Malabo, de tres mil metros, que suele estar cubierto de nubes durante todo el  día. Muchas madrugadas aparece en toda su belleza, como si quisiera compararse con el monte Camerún, aunque este le supera en mil metros. Forman  parte de la misma cadena montañosa, de origen volcánico, que desciende siguiendo la línea fronteriza entre Camerún y Nigeria y continua sumergida en dirección noreste—suroeste con cumbres que emergen de las aguas en lo que hoy  llamamos las islas de Bioco, Sao Tomé y Príncipe y Annobón, esta última a casi 2000 kilómetros de las costas de Camerún.

Media hora de reflexiones matutinas sólo sirven para que crezca la inquietud entre los diplomáticos españoles. Pero no dura más el trayecto. Sobrevuelan Malabo. Todavía no se ha cubierto el pico, que parece muy cercano a la costa. La ciudad se despierta. La belleza del paisaje que se divisa desde el aire y el  maravilloso emplazamiento de Malabo hacen olvidar la miseria que sufren sus habitantes. Lo que mejor se ve es la bahía natural protegida por punta Fernanda y punta Cristina. El antiguo cono volcánico era un estupendo emplazamiento para fundar la ciudad. Así pensaron los ingleses. La avioneta deja atrás a Malabo, se aparta un poca hacia el mar e inicia la maniobra de aterrizaje.

En el aeropuerto les espera un coche oficial de la  Embajada española con la bandera, desplegada. La población se vuelve loca de alegría cuando ve pasar el vehículo. Muchos bubis empiezan a creer que, par fin, las cosas han cambiado y se les iluminan los ojos al recordar el periodo español, antes de la  llegada del odiado fanq. Preferían mil veces el rigor y los caprichos incomprensibles del blanco a la crueldad sin límites y la miseria que han conocido mientras mandaban sus hermanos de raza.

Teodoro Obiang y Salvador Elá reciben a los funcionarios españoles con grandes abrazos. Dicen que necesitan todo lo que pueda enviar España y? por supuesto, ayuda diplomática. López Aguirrebengoa regresa cuatro horas después a Duala para informar a Adolfo Suárez. Como encargada de negocios provisional se queda en Malabo Sánchez Jara, quien había tenido que salir de allí dos años y pico antes. Según Aguirrebengoa, su entrevista con Obiang fue “más que positiva”.

En Madrid Robles Piquer recibe también una llamada telefónica del director de África y se da cuanta de que las cosas han  cambiada definitivamente en Guinea.  Para el  experimentado diplomático quedaba claro que se abría una gran  posibilidad  de diálogo y de cooperación entre España y la antigua colonia, tras un largo período de incomunicación casi total. El secretario de Estado comienza a organizar una primera expedición de ayuda, como si hubiera ocurrido un terremoto y fuera necesario llegar cuanto antes para salvar a las víctimas. Realmente todo estaba por hacer en Guinea. Busca a funcionarios por el desierto Ministerio – entre las vacaciones de agosto y el viaje del presidente Suárez se había vaciado casi completamente- y encarga a su mujer, Elisa Fraga, que corra a unos grandes almacenes para comprar todo lo que pueda ser necesario en una situación de miseria absoluta, especialmente comida y medicinas.

El siete de agosto, mientras todavía se escuchaban intercambios de disparos y Macías huía por la selva, El País publicaba que “el Gobierno español conocía y apoyó, el golpe de Estado en Guinea”. Si hubiera sido así, posiblemente el director general de África no se habría marchado de vacaciones.

Cuando España ofreció su apoyo a Obiang ya había pasado lo peor. Fue el 6 de agosto, al llegar allí los diplomáticos españoles. Oreja da una rueda de prensa en Río de Janeiro, felicita al nuevo régimen guineano y asegura que "España se encuentra en la mejor disposición para prestar toda la ayuda, que Guinea precise”, con lo que Madrid se convierte de hecho en el primer Gobierno en reconocer al nuevo régimen guineano. Suárez desmintió "rotundamente" la participación española en el golpe, España no interviene, no prepara y no ejecuta ninguna, clase de golpe de estado. Quien así lo afirma está equivocado o tiene una mala información. Eso en el mejor de los supuestos" dijo el presidente del Gobierno en Sao Paulo. Parece que Suárez no mentía. aunque no hubiera sido deshonroso intentar derribar al tirano.

Radio Malabo captada en Librevi11e, lanzaba proclamas: "Ciudadanos de Guinea Ecuatorial acabamos de pasar una sombría página de la historia...”. Los exiliados no podían evitar sentirse eufóricos, pero no acababan de creerse que había desaparecido “el Tigre".

Una información de EFE señalaba que, por primera vez en varios años, las iglesias de Guinea habían abierto sus puertas. Ante ellas se formaron colas de personas que querían bautizar a sus hijos. Añadía que "en todo el país se producen manifestaciones espontáneas y pacíficas de júbilo".

Los guineanos que viven en el exilio empiezan a reaccionar poco a poco. En Madrid ofrecen ruedas de prensa los ex-ministros Ángel Masié y Pedro Ekong, junto con el ex-jefe de la policía Ciríaco Mbomio. También hacen declaraciones Justino Mbe, dirigente del MUNGE, y Antonio Ondo y Miguel Ona Eyenga, sobrinos del asesinado Bonifacio Ondó. Los más espabilados fueron los ex-ministros de Macías, quienes dan su versión del golpe y antecedentes inmediatos y expresan su apoyo al Consejo Supremo Militar. Dijeron que Obiang es un "militar nacionalista sin ideas políticas" y, le justifican con un argumento que les sirve a ellos también, al decir que no tenía ninguna responsabilidad en la política rspresiva, "porque era Macías quien lo ordenaba todo". Es un caso de obediencia debida a la guineana.

La verdadera oposición se mostró mucho más cauta y sus líderes recordaron que Obiang había sido el brazo derecho de Macías durante muchos años. Ondó y Ona afirmaban que sólo creerían  en la. democratización del país cuando Obiang  convocara unas elecciones libres.

Un grupo de guineanos, militantes de ANALIGE, ANRD, FAM, ONOGE, PANDECA, URGE y otras asociaciones, expresaron su satisfacción por el golpe que había derrocado a Macías e hicieron un llamamiento a las nuevas autoridades de Guinea para que desmantelaran las estructuras represivas y dialogaran con la oposición del exterior. Estos guineanos denunciaron a portavoces "no representativos" de la oposición, en clara alusión a la rueda de prensa que habían concedido los ex-ministros de Macías, que "son de la misma ideología que el dictador, del que no se apartaron hasta 1975 por luchas intestinas". El incomprensible retraso de la oposición en ofrecer estas declaraciones se debió a lo muy divididos que estaban. Aprovecharon la ocasión para recordar que no habían recibido facilidades de las autoridades españolas durante su exilio."Tampoco hemos tenido  una  ayuda clara por parte de los partidos políticos españoles", dijeron los opositores a Diario—16.

Estados Unidos da señales de cautela en los primeros momentos. El Departamento de Estado declara que "están observando muy de cerca la situación en Guinea Ecuatorial en orden a un eventual cambio de política respecto a ese país africano,  según como  se  desarrollen los acontecimientos". Un portavoz del Departamento de Estado dijo a la agencia Reuter que "la situación está  todavía poco clara” y que lo único que sabían es que  había habido un golpe, "dado por un tal comandanta Teodoro, que recibió entrenamiento militar en España".

El rey Juan Carlos y el presidente Suárez envían mensajes de felicitación a Obiang, el ocho de agosto, y le anuncian el deseo de restablecer las relaciones diplomáticas y la cooperación.

Ese día es miércoles y en el aeropuerto de Barajas hay más movimiento del habitual. Está a punto de despegar el  DC-8 de Iberia que vuela semanalmente a Malabo. Algunos antiguos propietarios viajan a Guinea, unos diplomáticos y un grupo bastante numeroso de periodistas, "la tribu" de Manu Lequineche. Los gráficos llevan las cámaras colgando y sus chalecos con mil bolsillos. Tras viajar toda la  noche, harán apresuradas averiguaciones durante la mañana del jueves para poder enviar unas crónicas urgentes y que los diarios del viernes tengan unas informaciones de primera mano y relativamente completas de lo que ocurre en Guinea, donde poco a poco se va restableciendo el orden y la tranquilidad, aunque hay gran preocupación por la huida de Macías. Todos hablan de sus poderes mágicos. "El Tigre" es capaz de escapar por la selva, con la colaboración de sus ancestros. Algunos temen su regreso, quizás ayudado por mercenarios a los que podría contratar con el dinero que ha ido robando de  las arcas del Estado. Obiang ha encargado al teniente de navío Florencio Mayé que persiga y capture al tirano, que parece se encuentra en algún lugar entre Mongomo y Ebebiyin. Luego toma el mando de la operación el comandante Fructuoso Mbá Oñana.

Robles Piquer ha conseguido llenar un avión de Iberia con 33 toneladas de alimentos, medicinas y algunos otros productos, como cuadernos escolares. El objetivo de esta apresurada expedición era realizar un primer gesto de ayuda, ante los propios guineanos y también destinado a la comunidad internacional, y que un alto funcionario  pudiera inspeccionar la situación y  analizara  la disposición del nuevo mandatario guineano.

El aparato aterrizó en Malabo a media mañana del día 11. Los productos son cargados en unos camiones que ceden varios propietarios españoles y les ponen unos rótulos en los que se lee "Donativo del pueblo español a Guinea Ecuatorial", Mientras termina de descargarse el avión y se llevan los productos a unos almacenes, Obiang recibe a Robles Piquer, que llega acompañado por el subsecretario de Comercio, Blas Camacho? único alto funcionario relacionado con el área de economía que estaba disponible en Madrid en agosto, y un pequeño grupo de diplomáticos, algunos con la misión de organizar la Embajada. Entre estos llega Juan Bautista de Andrada, quien apenas tres semanas después sería nombrado primer embajador español en Guinea. También les acompañaba un equipo de televisión y un técnico que debía comprobar el estado de las instalaciones y equipos entregados por Manuel Fraga once años antes. Luis Ezcurra, director de Relaciones Exteriores de TVE, se volcó desde el primor momento para ayudar a Guinea.

Aquella primera misión estuvo en Guinea apenas un día. Justo el tiempo de mantener una entrevista con Obiang y celebrar dos reuniones de sendas comisiones mixtas, organizadas sobre la marcha, para averiguar las necesidades más urgentes.

Con el fin de romper el hielo —es un decir, pues fue imposible encontrar unos cubitos para enfriar un poco las bebidas que ofreció Obiang a los funcionarios españoles, cedidas por el capitán de un carguero español que se encontraba en el puerto- Robles Piquer entregó a Obiang una magnífica silla de montar a caballo. Era un regalo que le enviaba el ministro de Defensa, Agustín Rodríguez Sahagún, en nombre del Gobierno español. No era lujosa, pero sin duda era una buena silla de montar que hubo de ser buscada apresuradamente en una. de las pocas talabarterías quo estaban abiertos en Madrid en agosto. A Obiang le gustó pues él es de Caballería. Lástima que el régimen de Macías hubiera acabada también con todos los caballos quo había en el país? aunque el teniente coronel, muy aficionado al deporte, tenía un potro en el valle de Moka que montaba de vez en cuando.

Robles Piquer se dio cuanta, inmediatamente de que a Obiang no se le había pasado el miedo que le obligó a dar el golpe que derrocó a Macías. Además, como todavía andaba huido, nadie se atrevía a celebrar demasiado ruidosamente su caída. Muchos pensaban que tenía poderes sobrenaturales y que podría aparecer en cualquier momento y lugar. Observó también que Obiang, que había logrado el apoyo de unos cuantos oficiales con poco esfuerzo, todos de acuerdo en cortar con la situación de locura y muchos temerosos porque pensaban que a ellos les había llegado también la hora, no se fiaba de nadie. Robles Piquer con gran experiencia de tratar con estadistas en su larga carrera de diplomático, vio que a Obiang le faltaban tablas, por una parte, y ambición de poder por otra. En definitiva, un hombre sin demasiada vocación de líder y, por el contrario, lleno de preocupaciones y miedo.

Salvador Elá produjo una mejor impresión a los funcionarios españoles. Al menos parecía tener más agilidad mental e incluso mayor capacidad de decisión. Elá, que había sufrido mucho más que otros militares alzados contra Macías, no representaba el papel de Jeremías tan habitual en los guineanos. Si, se lamentaba de la situación, pero además trataba de aportar ideas y buscar soluciones. Tenía cierta altura que le impedía sentir vergüenza cuando los diplomáticos españoles se quedaban mirando los desconchones de la Cámara Agraria de Malabo, donde se celebraron las reuniones de la primera comisión mixta. El abandono y el deterioro que reinaba en Malabo parecía. no importarle, quizá porque a él aquello le parecía lujoso, tras su experiencia en Blabich. Para él era natural utilizar las velas, si había, cuando anochecía, porque la ciudad carecía de luz eléctrica.

Cuando se encendieron las velas los españoles ya habían visto que las necesidades eran enormes. Hacía falta de todo. La producción de cacao se había reducido a tres mil toneladas anuales, de una calidad regular, la extracción de madera estaba casi paralizada, el país no tenía moneda y las divisas habían desaparecido. Las escuelas llevaban muchos años cerradas y los maestros que no fueron asesinados habían escapado. Los hospitales no funcionaban porque no había ni médicos, ni medicinas. Era necesario partir de cero, reconstruir el país sobre sus cenizas.”Es inexplicable que esta situación haya durado tanto tiempo”, comentaba Robles Piquer a Blas Camacho cuando se colocaban los cinturones de seguridad, casi de noche, para despegar del aeropuerto de Malabo.

En aquel primer encuentro, Obianq, ya presidente del Consejo Militar Supremo de Guinea Ecuatorial, insistió en la necesidad de que España respaldara al ekuele, la moneda creada por Macías en sustitución de la peseta guineana, y que mediara ante Washington para que los Estados Unidos restablecieran sus relaciones diplomáticas con Guinea. Robles Piquer dijo que la ayuda española se iba a basar en aquel primer momento en un apoyo al comercio exterior guineano, reconstrucción de la estructura sanitaria, telecomunicaciones y educación. Para superar la situación de aislamiento de Guinea. Obiang y Robles acordaron que España organizaría una gira de un alto funcionario guineano por varias capitales de Iberoamérica. Unos meses después, el vicepresidente primero y comisario militar de Asuntos Exteriores:: Florencio Mayé realizó el recorrido, invitado por EsoaKa? que comenzó en Madrid, donde fue recibido por el rey Juan Carlos y el presidente Adolfo Suárez.

Robles Piquer recordó a Obianq que un número elevado de españoles habían tenido que abandonar sus posesiones, debido a la situación anterior, y que reclamaban la devolución de los bienes. Según una crónica, de Salvador López do la Torre, enviado especial de EFE, Obianq prometió ocuparse de resolver aquella situación tan pronto como le fuera posible.

Dos días después, el 13 de agosto, Obianq decide que la antigua isla de Fernando Poo, hasta entonces llamada “isla del Presidente Macías” cambie de nombre y pase a llamarse "Bioco”, Ya había sido borrado también el nombre del dictador sobre el casco del barco vendido por los chinos. Apresuradamente se escribió encima "Ciudad de Bata”, reflejando una clara influencia española, pues casi todos los barcos que antes de la independencia atracaban en los puertos guineanos tenían nombres de ciudades españolas. Luego se llamó al barco “Acacio Mañé Elá”, en recuerdo de uno de los primeros independentistas. 

 

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          (1) Leguineche.M, La tribu,Barcelona, Editorial Argos Vergara, 1980

 

Editado y distribuido por ASODEGUE

 

 

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