HISTORIA DE GUINEA

 
   

 

 

 

 

 

Capítulo 10. EL AMIGO DEL TIRANO

No se puede separar el nombre de Antonio García—Trevijano y Forte de Guinea Ecuatorial. El notario en situación de excedencia fue acusado de ser el asesor de Macías antes y durante su Presidencia. Luego, su nombre volvió a sonar en aquellos turburlentos tiempos de la interminable agonía y muerte de la dictadura y el titubeante nacimiento de la democracia en España. 

Cuando se levantó la consideración de materia reservada para los asuntos guineanos en octubre de 1976, y al caer el tirano, tres años después, García—Trevijano reapareció en los medios de comunicación, igual que ocurrió cuando el régimen franquista clausuré el diario Madrid y al aparecer como miembro destacado de la Junta Democrática de España, atacado ferozmente por el PSOE.

Se vivía en Madrid el áspero proceso de discusiones entre los dirigentes políticos guineanos y la Administración española. La gran noticia estaba fechada en Nueva York, la firmaba José María Carrascal y la publicó el diario Pueblo, que dirigía Emilio Romero, el 9 de julio de 1968. El corresponsal del periódico de los sindicatos verticales recogía las palabras de un guineano, quien aseguró en la ONU que el 26 de mayo anterior habían sido citados varios participantes en la Conferencia Constitucional en un  despacho  situado en el paseo de  la  Castellana  106, "para ponernos sobre la mesa 216.000 pesetas, con objeto de que boicoteásemos la Conferencia”. Esta acusación la hicieron Saturnino Ibongo y Atanasio Ndongo, ambos del MONALIGE y los dos asesinados unos meses más tarde por el ya presidente Macías. Pueblo denunciaba la “maniobra” de “unos colonialistas, al servicio de intereses internacionales, que trabajaron a un grupo de guineanos en Madrid, con objeto de crear problemas al Gobierno español y apoderarse económicamente de Guinea después de la independencia”.

Pueblo publica el día 19 de julio una larga carta dirigida Emilio  Romero   que  este  titula  a  toda  plana  "El  notario (excedente)  se descubre" (1) . "Y en  efecto,  soy  yo,  Antonio García-Trevijano y Forte, notario excedente, residente en Madrid, abogado en ejercicio, con bufete en el Paseo de la Castellana, 106,  quien se ha ocupado de la independencia de Guinea”, decía el autor de la carta. Explica que si su nombre había quedado oculto era por la decisión del Gobierno de tratar los asuntos de la independencia de Guinea bajo la Ley de Secretos Oficiales. Afirma que  unos  guineanos  acudieron a su  despacho  para  solicitarle ayuda económica para su grupo político y para subsistir mientras permanecían en Madrid, cosas a las que accedió. 

García—Trevijano se reúne en variar ocasiones con políticos guineanos para estudiar el proyecto presentado por el Gobierno español. ”Después de haberme aislado cuatro días y haber elaborado el proyecto de enmienda total ...me reuní con los catorce miembros que me habían proporcionado los acuerdos básicos de este proyecto para comentarlo y someterlo a su aprobación. Fue unánimemente comprendido y aceptado y, luego, he tenido conocimiento de que fue firmado por veintitrés miembros de la delegación guineana y presentado a la Mesa de la Conferencia Constitucional como enmienda total al proyecto del Ministerio de Asuntos Exteriores. Al explicar los motivos que le llevaron a colaborar en esta tarea, hace una crítica implícita al proceso descolonizador español, desmiente las afirmaciones de soborno y otras acusaciones y asegura que su trabajo es una obra limpia realizada en servicio de España y de la paz en un pequeño país de África”.

En las amplias páginas del vespertino, junto a la larga carta todavía cabían una nota de José María Carrascal y un editorial que derrochaba autosuficiencia fascista, al gusto oficialista de la época, y expresaba su extrañeza porque un abogado en su labor de asesoramiento» no sólo no cobrara, sino que encima pagase a sus clientes. Le parecía a Pueblo "indeseable” la conducta crítica de un abogado contra el Gobierno y consideraban que en ese asunto “únicamente las Cortes representativas de la nación... deben estimular o limitar, tras la autorización para negociar, la acción del Gobierno”.

Pero García—Trevijano no sólo recibe críticas desde diversos sectores del arco ideológico español. El grupo opositor ANRD le acusa de haber asesorado a Macías, antes y después de ser Presidente,  de  haber financiado su candidatura presidencial con 50 millones de pesetas, de ser responsable del monopolio de exportaciones e importaciones de Guinea y el mayor accionista  de todas las empresas que funcionaban con capital extranjero. La ANRD aseguraba que cuando la policía española quitó el pasaporte a García-Trevijano, en 1975, Macías le concedió un pasaporte diplomático guineano.

García-Trevijano remite una carta al director de Le Monde, en la que protesta por una información enviada desde Madrid por José Antonio Nováis, corresponsal del diario francés en España. Según García—Trevijano, Nováis le profesa un “odio personal” desde que él denunció ante Macías lo que consideraba una estafa cometida por un grupo de personas, entre las que se encontraba el periodista, que pretendían fundar el Banco Nacional de Guinea como parte de los negocios de la Financiara Guineana de Desarrollo S. A. (FININGUINEA). En la carta asegura que jamás ha recibido retribución del Gobierno de Guinea “por los trabajos exclusivamente jurídicos que me ha pedido”.

El notario excedente dice más tarde, en declaraciones a Ramón García Domínguez publicadas en Diario-16, que se declara materia reservada, a los asuntos de Guinea para tapar el golpe de estado de Castiella en 1969 y para cubrir los negocios montados por la familia Carrero Blanco relacionados con el cacao, el café y la madera. Luego rechaza las acusaciones de la ARND, que le habían imputado 52 encargos del gobierno de Macías, desde la preparación de discursos hasta leyes. Niega también otras acusaciones, como la que se difundió en Pueblo en 1968, pero reconoce que “apoyé, favorecí y di coherencia ideológica al famoso grupo de los 23, o Secretariado Conjunto, que llevó a Macías al poder”. Explica que planeó una estudiada campaña a nivel popular” que sirvió para que Macías ganara las elecciones y denuncia una serie de tramas y maniobras del Gobierno español para evitar la victoria de Maclas.

Unos  días después, el  17 de  octubre  de  1976,  García-Trevijano  dice a Octavio Cabezas para El País, que de lo que se sentía más orgulloso en su vida política era "haber  contribuido, de  una  manera decisiva,  a la independencia de Guinea  y  haber influido  en  la  formación de un nuevo Estado  independiente  en África”. Tenía mérito decir esto a esas alturas,  cuando ya todo el  mundo sabía de los horrores del régimen creado con  la  ayuda del abogado.

La ANRD afirmaba también que su mujer, Francine Chouraki, de nacionalidad   francesa,  y su  nuera,  Simone,  habían  realizado negocios en Guinea, especialmente de comercio. Le acusan de haber cobrado  comisiones por asuntos tan dispares como la acuñación de moneda,  que hacía la empresa italiana “Italcambio”  o series de sellos  de  correos,  incluidos algunos en los que  aparecía el equipo  de  fútbol  del  Barcelona.  Es  cierto  que  los  sellos guineanos  tenían  un valor filatélico grande,  por ser  un  país joven  y  porque  estaban muy bien  hechos.  García—Trevijano  se querelló contra Diario—16 porque este periódico publicó el 19  de octubre  de 1976 que el notario había obtenido un beneficio de 45 millones  de  pesetas  por actuar como mediador  en  un  contrato firmado  por  el ministro del Interior  de  Macías,  Ángel  Masié Ntutumu,  y  el  empresario griego Dragomir Prorodanov,  para  la edición  y  venta de sellos,  negocio que se  realizó,  según  la publicación, el 22 de junio de 1971.

En ese momento, García-Trevijano se ve atacado por los sectores conservadores españoles, debido a su participación en la Junta Democrática, y por el PSOE, que no le reconocía “catadura moral ni política" para representar a ese organismo en las negociaciones con la Plataforma de Convergencia Democrática. El abogado denuncia,  en el diario Ya del día 21 de octubre de 1976, que  el Grupo opositor ANRD le ha amenazado  de  muerte.

Un mes después dice que ha llegado el momento de defenderse. En una rueda de prensa que concede en Madrid, afirma que no estaba enterado de que en Guinea se produjeran muertes y violencia. "El régimen del presidente Macías está en la línea histórica  de África de la lucha por conseguir  la  independencia económica. Esta lucha económica es la causa africana, por delante de la copia de los sistemas políticos europeos”, explica el abogado, de origen granadino.

Lo más curioso es cómo justifica García-Trevijano la actuación de “su” Presidente. “Yo pienso y aseguro que no me he equivocado con Macías. En el momento de la independencia, el único que tenía el carácter, la fuerza, la energía, el orgullo, para poder mantener a Guinea unida y no ofrecerla al reparto y rapiña de las potencias vecinas, ese era Macías”. El abogado afirma que luego “las fuerzas internacionales y capitalistas se confabulan para derrocarle y, en marzo de 1969, el Gobierno español, con Castiella, intenta un golpe de estado... La reacción de Macías es lógica y comienza a desconfiar de todos sus colaboradores y a concentrar en su persona poderes y funciones administrativas”.

Por mucho cariño que García-Trevijano sintiera hacia Macias, o por bien que le fueran reconocidos sus trabajos como asesor, sorprende  que  el  notario  afirmara que "ni en Guinea se da genocidio alguno, ni ha habido asesinatos”.

"Vuelvo a negar que haya ganado un sólo céntimo en Guinea”, decía García-Trevijano en la rueda, de prensa, que terminó, según el corresponsal de La Vanguardia en Madrid, asegurando que "el último proyecto técnico que envié al presidente Macías fue en el 74. Desde entonces no he vuelto a tener ningún contacto con él, hasta hace quince días que me envió una carta, lamentando la campana contra mi”.Fidelidad correspondida.

García—Trevijano desaparece de escena unos meses ”por la campaña que el PSOE y otros sectores hicieron para alejarme del terreno activo de la oposición", pero a finales de marzo de 1977 anuncia que aprovechó el aislamiento para preparar dos libros, uno sobre Guinea y otro sobre la transición política española. En unas declaraciones» realizadas justo unos días después de la ruptura de relaciones diplomáticas, reitera que volvería a apoyar a Macías, aunque supiera que se le iba a atacar, como le ocurrió posteriormente. Lamenta que no se analicen las causas de la independencia guineana, la implicación de personalidades y empresas y el que España haya mantenido su Embajada abierta en Guinea.

De todas formas, García—Trevijano asegura que "hace cuatro años que no veo a Macías. Nunca he sido amigo personal de él; tampoco he sido amigo político. Me identifiqué con la causa de la descolonización de Guinea por ser una causa progresista que la izquierda española tenía que asumir. Y cuando yo arriesgo mi libertad y mi vida,  porque estuve amenazado desde el año 68 por ayudar a los guineanos que venían sin un céntimo y ante una causa tan lejana y tan difícil de creer, como era triunfar en su país cuando Bonifacio Ondó y Atanasio estaban apoyados con todo el dinero del Estado español, con todo el dinero del colonialismo y todos los favores del régimen — a los más impotentes es a las que yo ayudo- en ese momento ni el PSOE estaba a mi lado, ni ningún otro partido de la oposición democrática. Estuve solo. Por eso yo no admito ninguna crítica de ningún partido, con relación a Guinea, porque su deber era haber estado entonces al lado de la oposición. Su actitud demuestra que desconocen la realidad y lo que entraña la descolonización de un pueblo africano".

Nada más producirse el derrocamiento de Macias, la revista Cambio-16 difunde el rumor de que el nuevo régimen guineano ha pedido  a España la extradición de García—Trevijano por supuestos negocios realizados durante el período que termina. Fuentes diplomáticas  del Ministerio de Asuntos Exteriores niegan que  se haya  recibido  ninguna petición de extradición y  el  interesado precisa que en 1973 se opuso a Macías y rompió sus relaciones con él cuando modificó la Constitución y modificó la Constitución y  tomó  poderes  absolutos, aboliendo los derechos de los guineanos.  "Por otra parte –añade- mis  relaciones  con el actual régimen son  excelentes".  Eso  es tener  amigos en todas partes...  o que las cosas habían cambiado poco en Guinea. 

En una jugosa entrevista que realiza Nativel Preciado a finales de agosto del 79, García-Trevijano dice que de nuevo se habla de él “por el temor a que vuelva algún día a la política, porque si fuera un hombre anulado no se meterían conmigo”. Afirma que perdonaría la vida a Macías “porque tienen un proceso patológico y requiere atenciones psiquiátricas”. Reitera que cuando "colaboré" con el Gobierno guineano “no hubo, que yo sepa, ninguna sentencia de muerte Los únicos políticos guineanos que murieron fueron los que fracasaron en el intento de golpe de estado” de marzo de 1969, dice el notario, quizá la única persona que desconocía lo que ocurría en Guinea. Niega haber financiado la campaña de Macías, pero reconoce que en total entregó alrededor de un millón y medio de pesetas (en 1968) a partidarios de Macías y a otros grupos para sus campañas electorales. Nada más triunfar Macias? García—Trevijano ya le asesorabas “le advertí quo Atanasio Ndongo le traicionaría y así fue. El 5 de marzo de 1969 él y Saturnino Ibongo intentan un fallido golpe de estado con el apoyo del Ministerio español de Asuntos Exteriores”.

Aunque afirma que cuando conoció a Macías no tenía el menor síntoma de desequilibrio, inmediatamente después cuenta unos divertidos sucesos sobre el guineano. “En el recibidor de mi casa hay un espejo quo ocupa, una pared entera y casi todo el mundo confunde el espejo con un pasillo y choca, Macías fue uno de ellos, pero el único que hizo varios intentos de salir a través del espejo: luchó contra él y no se dio por vencido mas que al cabo de un rato. Me impresionó su obstinación, era un hombre que no aceptaba la realidad. Otro detalle sintomático es que se negaba siempre a trabajar en la terraza de mi casa – estábamos en verano y solíamos reunirnos allí para estar más frescos – porque temía le disparasen desde cualquier edificio”. Luego recuerda otros incidentes y discusiones y manifiesta que Macías tenía un carácter muy irascible. 

Si no se tratara do asuntos tan sangrientos, seria casi de sainete la escena cuando la periodista  pregunta si no se enteró de que se producían matanzas, en Guinea. En la entrevista estaban presentes los ex-ministros Ángel Masié y Pedro Ekog? junto con el sanguinario ex—jefe de la policía Ciriaco Mbomío -por cierto, luego reintegrado en la policía española— y a ellos consulta acerca de cuantas personas murieron tras el golpe de 1969. Los antiguos sicarios del dictador empiezan a recordar nombres, García-Trevijano les interrumpe y asevera: “no más de ocho o nueve personas”. Asegura que no pueden ser ciertos los informes que hablan de asesinatos, torturas y otras atrocidades “porque después del golpe de Atanasio el país vive dos años felicísimos. Durante 1971 y 1972 había en Guinea una alegría tremenda”.

  A finales de 1972 comienzan a producirse algunas detenciones, precisa Ángel Masié.

-   ¡Ah!  ¿En  el  72 había detenciones?, interrumpe  García-Trevijano con asombro.

-   ¿Cómo  es  posible  que usted  no  lo  supiera?,  pregunta Nativel Preciado.

-   Si  se produjeron esas detenciones,  desde  luego,  me  lo ocultaron.  Mis  amigos  guineanos,  los  ministros»  tenían  una delicadeza tremenda conmigo,  aunque en este caso era mas bien un defecto,  y  no  me  advertían de las cosas que  estaba  haciendo Macías en contra de mis ideas. Por eso yo me enteré sólo de los hechos consumados y no tuve tiempo de decirle a Macías que estaba cometiendo un error.

García-Trevijano reconoce que en octubre de 1972 nota "una tristeza  tremenda  en el pueblo”.  Afirma que se  lo  comenta a Macías y este le responde: “sus amigos le llevan a las fiestas de los bubis, que son muy tristes; sus amigos no conocen bien Guinea”

La entrevista está plagada de contradicciones. Tras decir que no interrumpió su relación con Macías hasta finales de 1973 y que hasta  finales  de 1972 “había en Guinea una  alegría  tremenda",reconoce que en 1971 tuvo un áspera discusión con Macías, cuando decidió crear el PUNT, "y yo ya perdí la ilusión y la  esperanza sobre Guinea". Pero siguió dos años más al lado de Macías (en una entrevista anterior reconoció que le había mandado un proyecto en 1974) “porque quedaban asuntos muy graves pendientes y yo no podía negarme a resolverlos, a dejar sola a aquella gente que necesitaba  elaborar  unas leyes muy difíciles y no  tenían  otra persona  que les pudiera, asesorar". A partir de ahí, dice que “por amistad, porque no quería que cometiera aún más  crímenes, tuve que guardar silencio. Gracias a mi actitud, muchos políticos guineanos están vivos y pudieron escapar de Macías”. Antes había afirmado que no supo de muertes hasta finales del 73. 

Asegura en la entrevista que su preocupación por Guinea “cuando vinieron a pedírmelo  unos guineanos nacionalistas”, fue desinteresada y “por un ideal político”. Afirma que Angel Masié le contó que antes de acudir a él para que les ayudara, los guineanos pidieron asesoramiento a Tamames, Tierno Galván y Ruiz Jiménez, quienes se negaron, excepto “uno de ellos que pidió un millón de pesetas por desempeñar el trabajo de asesorarles”.

García-Trevijano no se arrepiente de sus actividades en Guinea y de su apoyo a Macías. Lo único que reconoce haberse preguntado algunas veces es “si hice bien rompiendo con Macías en el 73, si no debería haber seguido más tiempo para evitar que cometiera más crímenes, porque yo era, en cierta medida un freno para Macías”.

Unos días después en unas declaraciones a la revista Interviú, García-Trevijano repite que en Guinea le enseñaron pruebas concluyentes de la participación del Ministerio de Asuntos Exteriores y de las Fuerzas Armadas españolas estacionadas en Guinea” en el golpe de 1969. Luego, sin embargo, dice que advirtió a Macías, pues a finales de 1972 se dio cuenta de que “el sistema de promoción política y social de ciertos colaboradores de Macías consistía en preparar falsos complots contra el presidente, que ellos mismos denunciaban después, y se encargaban de la represión. Pero Macías estaba dispuesto a creer cualquier tipo de denuncia, y esto fue aprovechado para desahogar las venganzas entre familias, tribus, clanes políticos...”

El filántropo notario reitera que no ha ganado nunca ni una peseta con Guinea, “ni siquiera como abogado”. Afirma, por el contrario, que ha tenido que poner en total unos 4.500.000 pesetas y que se el costeó el mismo hasta los viajes. Reconoce que hizo de intermediario para la emisión de sellos denunciado por la oposición guineana, pero precisa que no recibió ninguna cantidad por ese asunto.

He  sido yo —afirma— quien en 1976 informé a la prensa de que la única actividad económica que podía indirectamente relacionarse conmigo, fue la de la empresa “Simed”, formada entre Eduardo Muñoz Seca y mi cuñada Simone, pero también informé entonces con documentos que el origen de esta actividad se produjo sin mi conocimiento, estando ausente de Guinea y por un favor personal que mi cuñada quiso hacer al primer represaliado de Guinea, Pedro Ekong, quien recibió una partida de cemento que luego no pudo pagar. Las pérdidas económicas de alrededor de cinco millones de pesetas que sufrió mi cuñada y Eduardo no fue cubierta por mi, sino por el padre de Eduardo Muñoz Seca. . Para pagar esta deuda, mi cuñada aceptó de los miembros del gobierno de Macías actuar de gestora en España para las compras de artículos de primera necesidad que se necesitaban en Guinea  y que los exportadores enviaban a precios falseados. La empresa “Simed” hizo estas gestiones cobrando una pequeña comisión  hasta que se pagó la deuda. Después no he vuelto a intervenir en ningún tipo de actividad”.

García—Trevijano  finalizaba  sus declaraciones  a  Interviú afirmando que sus acusadores perseguían diversos  intereses. En 1968 era para ocultar el  fracaso de la Conferencia Constitucional, en 1976 para romper la unidad de la oposición democrática y en 1979 “por parte de ciertos organismos gubernamentales, como la Oficina de Información Diplomática, sirve de cortina de homo para cubrir la intervención española en el golpe de estado contra Macías”. Se refiere al parecer, al golpe que encumbró a Obiang en el poder.

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(1) La palabra “excedente” aparece entre paréntesis porque estaba en un tamaño mucho menor que el resto del titular.

 

Editado y distribuido por ASODEGUE

 

 

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