HISTORIA DE GUINEA

 
   

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 9. MACÍAS SE VUELVE LOCO, 1976-1979

 

El 20 de octubre de 1976 se abre una nueva etapa en las relaciones entre Guinea y España, debido a que se levanta la calificación de materia reservada sobre las informaciones relacionadas con la ex-colonia. La aparición de denuncias en la prensa provocan la indignación de Macías, quien ataca con más virulencia, a España. Madrid se ve obligada a romper relaciones y este puede ser el germen del golpe de estado que acabó definitivamente con la persona del dictador.

"España debió adoptar una política de mano blanda ante las amenazas y las represalias que el régimen del señor Macías ejerció sobre los compatriotas que residían en aquella ex colonia", justificaba un editorial de El País el 20 de octubre de 1986. "La vida y los bienes de unos 300 españoles dependían hasta ahora de la discreción de la prensa, lo que no deja de ser insólito y dramático". Pero la oposición guineana y los demócratas españoles siempre criticaron esta actitud, pues afirmaban que ocultar lo que ocurría en Guinea sólo beneficiaba a quienes seguían obteniendo provecho económico por unos u otros cauces, un abanico de personas que incluían mentalidades tan lejanas como la de García-Trevijano, el asesor del dictador loco o Carrero Blanco, con grandes intereses en Guinea. Cuando Adolfo Suárez decidió que Guinea Ecuatorial dejara de ser materia reservada, además de servirle en sus esfuerzos por presentar una imagen más aperturista, tuvo que pensar que Carrero ya había muerto y que no venía mal “matar políticamente” a García-Trevijano, en ese momento uno de los líderes de la oposición democrática española todavía semiilegal.

Lo cierto es que "mientras la prensa no hablaba de Guinea ni del señor Macías, el poder no se ocupaba de Guinea ni del señor Macías, con lo cual la materia reservada se extendía a todos los órdenes y no solamente al periodístico" añadía El País. El diario afirmaba que España debería asumir "con todas sus consecuencias el papel que le toca jugar con la antigua colonia". Curiosamente, un mes antes, dos funcionarios españoles Pan de Soraluce llamado por su experiencia en Guinea aunque entonces era jefe de Protocolo del Ministerio de Asuntos Exteriores, y Emilio Cassinello, subdirector general de África, viajaron a Guinea para hablar con Macías. Al parecer, le ofrecieron ampliar la ayuda, española. Durante 1976 España importó de Guinea unas 4000 toneladas de cacao y madera, por valor de unos 140 millones de pesetas, y exportó productos por valor de 248 millones de pesetas, básicamente alimentos y algo de maquinaria.

Marcelino Oreja, ministro de Asuntos Exteriores, se ve obligado a responder en televisión al editorial de El País. Asegura que España tiene una política con relación a Guinea, desde su independencia, de colaboración y cooperación. Afirma que hay una serie de españoles “que realizan una excelente labor" y “una cooperación que lleva a cabo el Ministerio de Asuntos Exteriores con relación a determinados productos". Señala que España proyecta ayudar en las obras de suministro de agua a Bata y en reparar la pista del aeropuerto de esta ciudad y argumenta que todo esto se hace por el mantenimiento del idioma castellano y “la presencia de España”. Por último, profetiza que “a partir de hoy, Guinea estará en la prensa y en los medios de comunicación españoles, pero subraya que "en todo momento ha estado en la labor y en la acción del Ministerio de Asuntos Exteriores”.

Justo el día 20, coincidiendo con el levantamiento de la medida restrictiva para las informaciones, pasan por Las Palmas el ministro de Información de Guinea, Mba Oyono Ayingono, y el gobernador general del Banco Popular, Damián Ondó Mañé, quienes dijeron al corresponsal del diario Ya que ellos no se oponían al levantamiento de la materia reservada, medida que a su juicio fue adoptada para ocultar la implicación en el golpe del 1969 de sectores españoles con intereses en el cacao y la madera, así como funcionarios del Gobierno como Castiella, Fraga Iribarne, López Rodó, Blas Piñar y Carrero Blanco.

Seis directores generales de otros tantos ministerios viajaron a Guinea con el fin de hacer un nuevo esfuerzo para mejorar las relaciones con Guinea. El dictador les dice que le parecía óptimo el intento de mejorar las relaciones y la cooperación que prestaba España, pero que él no iba a aguantar insultos de la prensa. Ven a Macías obsesionado con las posibles críticas en los medios informativos. Poco tiempo después, Macías prohibió la circulación de los periódicos y revistas españolas en el país.

Castiella muere unos días después de levantarse la ley de materia reservada. Ya liberado de sus responsabilidades de Gobierno, unos días antes de fallecer dice a Diario-16 que desde el momento de su acceso al Ministerio de Asuntos Exteriores, en 1957, ”me doy cuenta de que la actitud de Carrero Blanco y su acción en Guinea respecto a la ONU, al mundo, es falsa, insostenible. Y desde ese arranque estuvimos siempre enfrentados Carrero y yo en lo referente a Guinea Ecuatorial”. Fue la primera vez que una persona de ese nivel realizaba un comentario tan claramente acusatorio contra Carrero sobre su responsabilidad con lo ocurrido en Guinea. Habían pasado dos años de la muerte del delfín de Franco.

En la prensa aparecen noticias sobre lo que ocurre en Guinea, llegadas por los caminos mas extraños, dado el aislamiento del país africano.

Algunos medios de comunicación, como la revista española Cambio-16 o el diario francés Le Monde, según una información de su corresponsal en Madrid, José Antonio Nováis, dan a conocer, a finales de 1976 la muerte a palos de varios altos funcionarios guineanos, supuestamente implicados en un intento de golpe de estado. Un grupo de ministros se reúne con el entonces comandante Teodoro Obiang Nguema, jefe de la Guardia Nacional y sobrino del presidente Macías, para ver la mejor forma de presentar un escrito al Presidente solicitándole que modifique su política debido a la grave crisis que sufre el país. Obiang se encarga de hablar con Macías, pero cuando regresa es para detener al resto de las personas implicadas en el asunto. Según Radio Bata, Buenaventura Ochaqa, ministro de Educación y Jesús Alfonso Oyono, secretario de la Presidencia, se suicidaron dos días después de ser encerrados en la cárcel de Bata, donde se encontraban junto con un centenar de otros "traidores autores de un complot contra el Presidente de la República, inspirado por el Gobierno imperialista español". Cada vez que alguien mostraba cierta tibieza, cometía un error o era acusado por algún soplón, Macías ordenaba su ejecución para desbaratar los intentos de golpes de estado que veía por todas partes.

Por esas fechas, el semanario norteamericano Guardian informaba de que unos 26000 "esclavos" estaban trabajando en las plantaciones de cacao y café de Guinea Ecuatorial y citaba un informe de la Sociedad Anti-esclavitud, con sede en Londres, que aseguraba que la isla de Fernando Poo era un gran campo de trabajos forzados. Según la información del semanario, incluido en uno de los boletines La Voz del Pueblo de la ANRD, Macías había obligado a la población a trabajar en las plantaciones, debido a la. salida de los braceros nigerianos. De más de 40.000 toneladas de cacao que se habían recogido en 1968 se había pasado a unas 10.000 en 1974. Tras la salida de los nigerianos llegó a descender hasta las 4000 toneladas.

Unas cien mil personas, más de una, cuarta, parte de la población, habían abandonado el país. Otras fuentes hablan de "razzias” por toda Guinea para recolectar hombres y llevarlos a los cultivos de cacao. En la Navidad de 1976 arribó un barco a Annobón. Los isleños pensaron que por fin llegaría algún médico y ayudas. Cuando se dieron cuenta de su equivocación, los que pudieron escaparon hacia las cuevas que hay en el centro de su pequeña isla y que sólo ellos conocen. Los guardias de Macias capturaron a todos los hombres que encontraron entre los 16 y los 40 años.

La desaparecida revista Cuadernos para el Diálogo publicó en febrero de 1977 un interesante reportaje sobre Guinea elaborado por un guineano que no quería dar su nombre por miedo a que tomaran represalias. Aseguraba que había tres tendencias en el Gobierno, una "tercermundista", otra "pro-occidental " y la última "pro-soviética". Dentro de la primera encuadra al presidente Macías y a Daniel Oyono, ministro de Información y Turismo. Macías era nacionalista y se declaraba socialista, pero actuó con gran personalismo acaparando poder político y económico. Durante las elecciones de 1968 "fue un gran líder” tenía suficiente capacidad de arrastre y sus ideas estaban más cercanas. al pueblo que las de los demás candidatos”, pero “como jefe de Estado le faltaba todo”.

Daniel Oyono, según el anónimo autor del informe, era “más realista y coherente”, quería transformar a Guinea llevando al país hacia “un socialismo suave”, era contrario a la URSS, propugnaba las relaciones con todos los países y deseaba el regreso de los exilados. Oyono, hijo de una hermana de Macías, había caído ya en desgracia en 1977. Luego se tuvo que exilar y se estableció en París, desde donde criticó las últimas acciones de Macías y el ascenso de su sucesor.

La tendencia “pro-occidental", algunos les llamaban los "pro-españoles"» Era una amalgama de personalidades de diversa procedencia. "La mayoría del pueblo llano se inserta dentro de esta corriente, porque piensa, de una forma simplista pero real, que durante el colonialismo español comían y había de todo y que ahora pasan hambre y les falta lo mas necesario". El artículo de Cuadernos, añadía que esta tendencia estaba prácticamente eliminada, con sus máximos representantes muertos, encarcelados o exilados.

El último sector era “el único que quedaba dentro del Gobierno, que ejerce un poder dictatorial y de grupo”. Sus representantes se han formado en la URSS o países socialistas, a los que viajan a menudo. El autor facilita los nombres de Felipe Ondó y el comandante Teodoro Nguema, único militar que seguía en activo de los que se había formado en España, posiblemente por ser familiar de Macías.

Este guineano asegura que había unos 500 prisioneros en cárceles y varios miles condenados a realizar trabajos forzados, que las mujeres eran violadas por los guardianes y que a los prisioneros no les daban comida y muchas veces tampoco les pasaban la que les llevaban sus familiares. "La tortura está a la orden día”, dice el autor del artículo, quien añade que unos 10000 guineanos, reclutados por todo el país, estaban obligados a trabajar en los cultivos de cacao de la isla. “La España oficial a lo largo de estos años, no ha tenido una política coherente con respecto a Guinea. Su única preocupación ha sido la de mantener a toda costa la representación diplomática en Malabo y apenas se ha preocupado de los 300 españoles residentes en Guinea, que al ver algunos de sus derechos violados, han tenido que actuar por su cuenta”, opina el guineano.

La Oficina de Información Diplomática (OID) anuncia el 23 de marzo de 1977 que España había decidido romper relaciones diplomáticas con Guinea Ecuatorial. ”El Presidente de la República de Guinea Ecuatorial pronunció un discurso en Bata, en el que incurría en repetidos ataques, conceptos calumniosos e injurias contra España y el Gobierno español. El Gobierno ha llamado a consulta al encargado de Negocios de España en Malabo, quedando temporalmente en suspenso la presencia diplomática española en la República de Guinea Ecuatorial”, decía la nota de la OID.

Sólo se quedó en Malabo un canciller, Fermín Cano, cuando se marchó de allí Antonio Sánchez Jara, el último encargado de negocios español en Guinea. Las autoridades españolas consideraron que ya no se podía aguantar más. Desde que la prensa informaba de lo que ocurría en Guinea, Macías estaba molestísimo y no paraba de insultar a España, al Gobierno y al Rey. Para los diplomáticos que seguían en Malabo la situación era insostenible. Aseguran que cuando se tomó esa decisión no había otra opción, aunque luego pudiera causar problemas el hecho de la salida española, en beneficio de Francia, cuyo embajador fue el único de Occidente que no se marchó. La retirada de la última bandera española que quedaba en Malabo supuso un golpe durísimo para Macías y para su régimen. En la mente de muchos guineanos apareció la idea del hundimiento definitivo del país, el caos total, la imposibilidad de intervención de España, el adiós definitivo a la esperanza de que la antaño odiada Guardia Civil les liberara del tirano, de “papá Masié". como se hacía llamar por la población. Masié Nguema Biyogo Ñegue Ndong, como firmaba en los documentos oficiales utilizando sólo sus apellidos africanizados y olvidando su nombre de orinen español.

Posiblemente esta medida aceleró la gestación del golpe que llegaría dos años después. Quizá si esta decisión se hubiera tomado antes, Guinea no habría caldo tan bajo, pero durante el franquismo la consigna era, que no pasaba nada.

La ruptura de relaciones diplomáticas coincidió con la aparición del libro "Guinea: Macías, la ley del silencio” (1). Su autor, Ramón García Domínguez, pensaba que Macías era “un hombre absolutamente desquiciado, cuyo único objetivo es su supervivencia personal”. En una entrevista publicada en Interviú en abril de 1977? Ramón García, dice que el discurso de Macías que motivó la ruptura de relaciones debió ser insultante, pero se pregunta por qué se tardó tanto, si antes había insultado en repetidas ocasiones a España, al Gobierno y a Franco.

Ramón García siempre creyó que España iba a intervenir, a hacer algo antes de que decidiera romper las relaciones, pues en 1973 “Macías ya no era Presidente, aunque él derogase la Constitución, se "fabricase” una propia, creara el Partido Único Nacional de Trabajadores (PUNT) o masacrase gente. España ha, estado apoyando a Macías en contra de la propia seguridad de sus súbditos, pudiendo contarse casos concretos que incluso se han estado "aguantando" por la diplomacia española. El mismo pueblo se sigue preguntando por qué España no ha intervenido... Pienso, a pesar de todo, que ya era hora de que se diese el paso, si no de ruptura, sí al menos de ponerse en frente, pudiendo congelarse los acuerdos bilaterales y cancelando los tratados económicos”.

Guinea era entonces "algo alucinante, un caos", decía el periodista, quien aseguraba que la URSS estaba construyendo una base naval en la antigua ciudad de San Carlos. Ramón Garcia era, poco optimista respecto al futuro de Guinea, pues aunque se diera un golpe contra Macías, no veía un sucesor capaz: “Ya no quedan intelectuales". Incluso temía que Gabón, Camerún o Nigeria se anexionaran Guinea. En esas fechas tomaron fuerza estos temores y algunos aseguraron que ya se habían repartido a Guinea. Nigeria se quedaría con la isla, Camerún con parte de Río Muni y Gabón con el resto y con los islotes de la desembocadura del Muni, de gran valor petrolero.

Al presentar el libro, en el Club Internacional de Prensa de la capital de España, Ramón García señaló que "en Madrid existe gente importante que estuvo presente en el momento de la independencia y del supuesto golpe de estado de 1969 que se niegan, muchas veces por miedo, a hablar de lo que allí ocurrió. Tengo muchos testimonios sobre unas personas muy concretas y conocidas por todos, pero no los puedo hacer público sin una prueba última que me permita defenderme de ellas. En estos momentos tengo una querella puesta por la familia Carrero”.

Arrecian los ataques contra España. El economista Juan Velarde Fuentes reproduce en Ya un texto editado en la imprenta del PUNT, en Malabo, en 1977. Con una pésima utilización del castellano, define la línea revolucionaria de las "Juventudes en Marcha con papá Masié”: ”Guinea Ecuatorial no pertenece a la Hispanidad como la llaman en la misma España fantoche. Somos africanos y seguiremos siendo africanos y nos preguntamos que entiende España por Hispanidad, porque sabemos perfectamente que ha sido un nombre que el imperialismo y fascismo español han impuesto a fuerza de engaños y mentiras a un grupo de naciones aprovechando su debilidad de entonces, cuando llegó a dichas tierras en plan de reconquista, que estuvo caracterizada por sus inhumanos métodos de saqueos, raptos. sabotajes, rapiñas, pillaje y una explotación bárbara, criminal, vergonzosa y desmesurada, pisoteando cruel e impunemente las verdaderas y auténticas culturas y costumbres de dichos pueblos indefensos en aquella época. quienes sufrieron en su propia carne la barbarie más atroz, suicida (sic) y criminal jamás conocida por el hombre en la historia".

Macías se ve cada día mas aislado. Recurre a sus amigos y les nota distantes. Los cubanos han decidido que retiran a sus médicos. El embajador soviético se muestra molesto cuando le llama a Palacio. Pero la URSS aguanta, pues Guinea se ha convertido en una, escala obligada en el trayecto de los aviones y barcos hacia Angola. García-Trevijano tampoco responde a sus mensajes. El dictador, aunque amplió el recinto que sólo podían traspasar las personas autorizadas en Malabo construyendo altos muros que delimitan una “ciudad prohibida", pasa cada vez temporadas más prolongadas en Nzangayong su lugar de nacimiento cerca de Mongomo donde habita en un palacio construido por la empresa española Escuder y Galiana, que algunos llamaron "bunker" para dar sensación de aislamiento y protección y ha ordenado a los habitantes sospechosos que se alejen de la zona.

Desde 1975 Macías no se sentía seguro en Malabo. Se había creído la historia relatada por Forsyth y pensaba quo en cualquier momento podría aparecer por allí el Albatros cargado de mercenarios. Primero trasladó su residencia presidencial a Bata, donde creía que podría tener más escapatoria, y posiblemente confiaba más en la fidelidad de los fang. Desde allí le resultaba más sencillo viajar a Nzangayonq. La mayoría de los ministros pasaron a residir en Bata, más cerca de sus poblaciones de origen pero algunos se quedaron en Malabo, bien por atender las fincas que se habían apropiado. o para despachar algunos asuntos oficiales, pues no se había producido ningún traslado de las dependencias administrativas. De todas formas. las oficinas estaban vacías casi siempre, pues Macías había ordenado a los funcionarios que trabajaran en las plantaciones de cacao. Al cabo de un tiempo, Macías se trasladó a Mongomo cabeza de distrito de su provincia y donde empezó a trabajar como funcionario de la administración colonial española. Finalmente, se retiró a Nzangayong "donde la jefatura del Estado termina adquiriendo el carácter de autoridad tribal. Unos ministros permanecen al lado de Macías, parte en Bata y parte recluidos en las fincas de Malabo. No hay administración pública ni Gobierno", dice Obiang Nguema (2).

España había reducido el nivel de sus relaciones, pero continuaba abierta la Embajada y proseguían algunos de los programas de cooperación en curso. Se consideró vital que Iberia siguiera volando a Malabo, al menos una vez por semana, y, durante los primeros años un Convair Coronado de Iberia, pintado con el emblema de la Líneas Aéreas de Guinea Ecuatorial (LAGE), unía la isla con el territorio continental, hasta que fue reemplazado por un Antonov-24 y un Yak-40 soviéticos.

En junio de 1978, el Grupo Parlamentario Socialista del Congreso de los Diputados presentó, ante la Secretaría de la Cámara, una proposición no de ley relativa a las relaciones de España y Guinea Ecuatorial y la constante trasgresión de los más elementales derechos de la persona en este país. Los socialistas pedían al Gobierno español que adoptara las medidas necesarias para controlar todo tipo de ayuda económica y técnica enviada a Guinea y que se suprimieran en el supuesto de que no existieran garantían para una correcta utilización de las mismas en beneficio del pueblo guineano.

El ministro de Asuntos Exteriores, Marcelino Oreja, declara unos días después, nada menos que en China, que España y Guinea Ecuatorial podrían normalizar sus relaciones en fechas cercanas. Oreja explicó a los periodistas que le seguían en ese viaje, según una información de EFE, que España había decidido modificar su política africana y era natural que este cambio comenzara por una mejor relación con Guinea Ecuatorial. ¿Había variado algo en Guinea desde que se rompieron las relaciones un año antes? ¿O es que Oreja recibía presiones de quienes seguían interesados en que España continuara con una presencia plena en Guinea, aunque tuviera que permanecer allí con los ojos tapados, para no ver lo que ocurría, y los oídos sordos, para no escuchar los insultos del dictador loco? El Gobierno de Adolfo Suárez invoca "razones de Estado" para no tratar el asunto en el Parlamento. Parece que se seguían temiendo represalias de los países africanos con relación al asunto de las islas Canarias.

Guinea se encontraba incluida en una lista confidencial de la ONU de países acusados de graves violaciones de los derechos humanos, informaba en verano de ese año Adrián Mac Liman, corresponsal de La Vanguardia en Ginebra. La ANRD organizó unas jornadas para denunciar estos hechos y recordar la existencia de campos de trabajo forzado, métodos esclavistas, falta de alimentos y medicamentos y múltiples abusos cometidos por el régimen de Macías, en medio del caos económico.

No sólo no se normalizan las relaciones, sino que viaja a Malabo a finales de octubre, una delegación española para anunciar a Macías la suspensión de los vuelos Malabo-Bata que realizaba el Convair de Iberia. Formaban parte de la delegación Mariano Uriarte, subdirector general de África, el embajador de España en Camerún, Jesús Ezquerra Calvo, y el técnico de Iberia Guyón. El Pais aseguraba que fuentes diplomáticas españolas se habían declarado optimistas por el resultado de la misión, "bien acogida” por los guineanos. No se sabe quien los atendió tan bien, pues no consiguieron ver ni a Macías, ni a su ministro de Exteriores y la noticia añadía que un alto funcionario con el que se entrevistaron se mostró disconforme con la idea do aplazar el servicio, para luego renovarlo si el Parlamento español concedía un crédito superior a los 600 millones de pesetas. Técnicos españoles de Aviación Civil seguían encargándose del mantenimiento de los aeropuertos guineanos, especialmente el de Malabo que era el único quo recibía vuelos internacionales, incluido el semanal de Iberia desde Madrid.

La revista Cambio-16 explicaba que los diplomáticos españoles habían querido hacer comprender a Macias que España no podía enviar nuevos aviones, ni asfaltar las pistas de Malabo y Bata, sin que el Parlamento aprobara un nuevo convenio de cooperación. El primero de noviembre había caducado el vigente y era necesario aprobar un nuevo presupuesto que alcanzaba los 800 millones de pesetas, fundamentalmente para reparar las pistas y entregar dos o tres Aviocar C—212 para reponer los tres Convair de LAGE, cedidos por España un poco antes de la independencia y ya absolutamente inservibles. Según Cambio 16, la visita de los diplomáticos hizo que el Ministerio de Defensa "desempolvara los viejos planes de evacuación” de españoles de la ex-colonia, pues se temía que Macías tomara represalias contra el medio centenar de españoles que seguían viviendo allí.

Iberia quería suprimir su vuelo a Malabo, pero continuó "porque el Estado español paga el déficit monstruoso de esta línea, hace la vista gorda a los billetes que nos dejan a deber los ministros de Macías y nos ha dado garantías de que las pistas se van a asfaltar", dijo un miembro de la compañía. Cambio-16 al explicar que Guinea estaba ya empobrecida hasta límites extremos, publica una cita del periodista guineano Donato Ndongo "los diez años de poder absoluto por parte de Macías han servido para que una producción cercana a las 50000 toneladas de cacao se reduzca a las 3000 actuales; para que el café haya pasado de las 8000 a las 1000 toneladas; para que 160000 guineanos hayan tomado el camino del exilio, otros 4000 estén en las cárceles de Guinea y 30000 personas estén condenadas a trabajos forzados".

La infraestructura financiera y administrativa estaba destruida completamente. La situación económica era crítica. Apenas si había alimentos en los mercados y ya no se podía cazar, porque Macías había mandado entregar las armas a toda la población, ni pescar porque había ordenado destruir los cayucos y botes, para evitar huidas. Las exportaciones de Guinea en 1978 fueron cinco veces inferiores a las del inicio de los años 70, prácticamente limitadas al poco cacao que se producía. La aceptable red de carreteras del país iba deteriorándose, por falta de mantenimiento,: y en algunos lugares la selva se había comido los caminos.

En el banco no había dinero, pues Macías se lo llevaba en maletas a su refugio de Río Muni, especialmente las divisas. Entonces, el propio Macías, o cualquier autoridad militar, empezaron a secuestrar españoles para pedir rescates a cambio de su liberación. Tuvieron que salir de Guinea los últimos misioneros españoles que allí quedaban, acusados de espiar para el Gobierno español por medio de la confesión. Todos los testimonios aseguraban que en Guinea morían numerosos detenidos a palos o por maltratos y hambre. Según Cambio-16 a finales de 1978 solo quedaban en Guinea unos 50 españoles, de la Embajada, Iberia, Aviación Civil, Escuder y Galiana, Mallo, Tok, Fleitas, Sampaka, Cabanillas y San Cristóbal.

Los hospitales estaban en ruinas y no había medicinas en el país. La mortalidad infantil pasó de ser una de las más reducidas de África a una de las más elevadas. La situación de la enseñanza era catastrófica, con las escuelas cerradas y los maestros huidos o asesinados. El Gobierno guineano no dedicaba ni un céntimo a la enseñanza o la sanidad.

En estas circunstancias llegamos al año 1979. Se repiten los informes de los organismos internacionales sobre la situación en Guinea. La oposición, especialmente la ANRD, multiplica sus actividades denunciando las atrocidades que comete Macías. Amnistía Internacional señala en Washington, a mediados de abril, que uno de cada 500 habitantes de Guinea “ha sido ejecutado durante la pasada década”, la mayoría sin juicio previo. Cientos de guineanos permanecen en las cárceles, se han producido miles de ejecuciones y numerosos asesinatos y torturas, decía el informe de Amnistía Internacional citado en una información de EFE, que añadía que muy pocos presos con largas condenas pueden salvar su vida.

Según datos proporcionados por Max Liniger, uno de los mejores conocedores europeos de Guinea Ecuatorial, experto en asuntos africanos de la UNESCO y miembro de la Sociedad Suiza de Estudios Africanos, el régimen de Macías había causado unas 10000 muertes y habían tenido que salir del país unos 120000 guineanos, cifras que suponían casi un refugiado de cada dos habitantes y un asesinado de cada 40.

Eyá Nchama, secretario general de ANRD, dice al Daily News de Tanzania, en un viaje a Dar el Salam, que “no hay ley en Guinea Ecuatorial, lo único que cuenta es la ley de la selva. La policía tiene el poder de detener arbitrariamente a cualquier sospechoso de ser un opositor a Macías”. A continuación, el veterano político opositor afirmaba que los niños en Guinea han tenido que aprender que “Dios creó Guinea Ecuatorial por mandato de Macías”. El guineano, que realizaba una gira por África para intentar hacer "incómoda" la participación de los representantes de Guinea en las reuniones de la OUA, aseguraba que el "primor objetivo” de su partido era "derrocar al régimen fascista de Macias que es una continuación del fascismo practicado en España bajo el Gobierno del general Franco".

La situación era penosa, pero nada hacía suponer que pudiera haber un cambio rápido. La oposición era. débil y estaba dividida. Los países de la OUA, enfrentados ya por mil conflictos, preferían no “interferir en los asuntos internos de los estados”, la URSS obtenía provecho del aislamiento internacional de Guinea. Francia hacía jugosos negocios y España seguía una política extraña, errática, absurda.   
 

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(1) García Domínguez, R. Guinea: Macías, la ley del silencio. Barcelona. Plaza—Janés, 1977.

(2) Obiang Nguema, T,  Guinea Ecuatorial, país joven Madrid. Ediciones Guinea, 1985.

 

 

Editado y distribuido por ASODEGUE

 

 

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