HISTORIA DE GUINEA

 
   

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo 5. MACIAS

"La libertad es uno de los atributos más profundos del hombre. Partimos del más absoluto respeto a la libertad de la persona", dijo el presidente Francisco Macías Nguema al iniciar su primer discurso al pueblo guineano, una vez transmitidos los poderes e izada la bandera verde, blanca y roja, con seis estrellas que representan a cada uno de los territorios del desmembrado país. Macías reiteró su gratitud a España y dedicó párrafos muy elogiosos al "Caudillo", por quien conservó una gran veneración durante todo su mandato, de casi 11 años. Ese día llegó decir, parafraseando a Franco: "habéis puesto el destino de la Patria en mis manos, y os aseguro que mi pulso no temblará". Poco duró el optimismo.

¿Quién era ese primer gobernante del único territorio colonizado por España en el África negra? Francisco Macías nació el día 1 de enero de 1924 en la aldea de Nsegayong, perteneciente al distrito de Mongomo, en lo más profundo de Río Muni, cerca ya de la frontera con Gabón. Las biografías del personaje aseguran que cursó sus primeros estudios con aprovechamiento en Mongomo, por lo que fue becado para ampliar conocimientos en Bata. Tras superar las pruebas para ser "emancipado", en 1950, logró el diploma de auxiliar administrativo, se hizo funcionario de la Administración colonial, y regresó a Mongomo, donde consiguió trabajar como intérprete del fang al español de las autoridades coloniales. Poco a poco pudo organizar y sacar adelante una pequeña finca para el cultivo del café.

Su carrera política se inició en 1961, cuando resultó elegido alcalde de Mongomo de Guadalupe en las primeras elecciones municipales celebradas en Guinea, al declarar el Gobierno español provincias a los territorios del África ecuatorial. Su primer viaje a España, en 1963, lo realiza como miembro de una comisión especial que fue a Madrid para testimoniar la adhesión de los habitantes de Guinea a Franco, formada por procuradores en Cortes y miembros del Consejo Autónomo de Gobierno. Metido de lleno en la actividad política -aunque nunca militó en los movimientos de liberación- formó parte de la comisión que debía negociar el régimen autonómico que se concedía a Guinea. En unos comicios muy poco limpios, y reservados para los más fieles, resultó elegido por su municipio diputado de la Asamblea General y el 20 de mayo de 1964 fue incluido en la terna de la que resultaría nombrado vicepresidente del Consejo de Gobierno Autónomo y consejero de Obras Públicas. Participa en la Conferencia Constitucional que se celebra en Madrid, donde muestra unas ideas radicales. Hasta ese momento, Macías había vivido siempre en Guinea, y no había tenido ningún problema con las autoridades españolas, a diferencia de la mayoría de los dirigentes nacionalistas, por moderados que fueran, muchos de los cuales tuvieron que pasar temporadas en el exilio. Es más, desde 1938 trabajó, de una u otra forma, para la Administración española.

Macías era un producto típico de las misiones españolas en Guinea, con una capacidad superior a la normal, a quien un proceso patológico unido a la torpeza de las autoridades de Madrid le hizo alejarse progresivamente de todo lo que suponía relación con lo hispano, incluida la religión católica.

Mantuvo relaciones estables, más o menos prolongadas, con cinco mujeres. Abandonó a su primera esposa, una joven bujeba con la que se había casado por la Iglesia, al descubrir que le había sido infiel. Mientras vivía con Clara, su segunda esposa que le dio tres hijos, se enamoró de Mónica Bindang, una mulata de gran belleza hija de un colono de Bilbao. Dejó a Clara en Mongomo y convivió con Mónica en Bata y en Santa Isabel. Mónica tenía dos hijos de uniones anteriores con un comerciante "hausa" nigeriano, Teonesto, y con un guardia civil español, Maribel, de piel muy clarita. Con Mónica, Macías tuvo a su hijo Paco, nacido en 1970, y Moniquita, nacida en 1972. Se cuenta que Mónica escapó en una ocasión de Guinea y Macías, temiendo que fuera a Suiza y dispusiera del dinero que tenía allí, envió para perseguirla a Damián Ondó, gobernador del Banco Central de Guinea. Cuando se enamoró de otra mulata, Frida Kroner, no dudó en asesinar a su marido, Felipe Pedro Esono, el primer director de Seguridad. Frida, de profesión enfermera, llegó a ocupar altos cargos en el área de Sanidad. Hubo otra mujer en la vida de Macías, Rita Flores Berlicon, viuda de Abilio Balboa que fue alcalde de Santa Isabel y militante del MONALIGE, con la que también tuvo un hijo, que al parecer vive todavía en España.

Asesorado por García Trevijano, consigue aglutinar a una serie de militantes que se separan de sus formaciones políticas y se presenta a las elecciones generales como candidato de la Coalición Tripartita. Por su enfrentamiento con Bonifacio Ondó se gana la simpatía de algunos nacionalistas, pese a que sabían de su carácter desequilibrado y su comportamiento cruel con la población. Mediante una campaña muy hábil, aprovechando la estructura de los tres partidos y el apoyo dividido de España a sus adversarios, se hace con el poder tras mentir con promesas que nunca cumpliría. Pese a formar parte de la administración colonial y tener a un asesor español, no dudó en criticar durante la campaña a la metrópoli. Quienes conocieron a Macías afirman que poseía una gran fuerza interior, carisma y poder de convicción que utilizaba para arrastrar y subyugar a sus compatriotas, aunque su carácter era inestable y había momentos en los que parecía perder la lucidez.

"El carácter de Macías, desequilibrado, cambiante, tornadizo.,., que le hace estallar en exaltaciones de inusitada violencia, a las que siguen luego intervalos de gran equilibrio y lucidez, tenía que estar muy relacionado con un agudo sentimiento basado en un larvado complejo de inferioridad", pensaba el periodista Ramón García Domínguez, quien vivió entre 1972 y 1974 en Guinea trabajando como profesor (1).

Una persona con intereses en Guinea desde antes de la independencia asegura que durante la Conferencia Constitucional de 1968 el doctor López Ibor trató a Macías y diagnosticó que era paranoico y esquizoide. Durante los dos años anteriores a la independencia, cuando Macías era vicepresidente del Gobierno autónomo,  se  trató de una gastritis y dolencias estomacales que le agriaban el carácter,  en el hospital Ruber de  Madrid,  donde trabajaba López Ibor.

Su sucesor, Teodoro Obiang Nguerna, retrata a su tío Macías con gran dureza, sorprendente en una persona que ocupó altos cargos militares casi durante los once años que duró el mandato del primer gobernante guineano. "Los que de cerca conocieron a Macías años anteriores a su subida al poder, afirman con unanimidad que su conducta social de entonces guarda gran afinidad con su conducta posterior; se sabe que, siendo auxiliar administrativo e intérprete de los jueces coloniales, se enfrenta con frecuencia con otros funcionarios del Gabinete, los cuales, después de la independencia serían asesinados". Tras asegurar que denunciaba a sus propios vecinos ante las autoridades españolas, Obiang afirma que "muchas personas se preguntan por qué había llegado a la cumbre del poder, siendo como era él de maniático" (2).

En la medida en que iban transcurriendo los actos de la ceremonia de independencia, Fraga ocupaba posiciones menos relevantes, en beneficio de otros delegados africanos. Tras el Tedeum y el desfile "empezó el desmadre", como relata Luis Jiménez, director de Radio Santa Isabel. En el centro de la hasta entonces plaza de España se alzaba una estatua del gobernador español Ángel Barrera, obra de Benlliure. "Un nativo llegó hasta ella y le propinó un sonoro bofetón. El bronce hueco retumbó en toda la plaza y eso causó el jolgorio del público. El improvisado abofeteador repitió su hazaña con más fuerza. Todos rieron... con aquello empezó el alboroto. Nada importante. Gritos y algunas patadas a los coches. Yo contemplaba la escena desde el palacio donde había transmitido los actos y miraba de soslayo el rostro de nuestro representante español. Fraga sufría como español... Salió del palacio sólo. Cruzó entre la muchedumbre alborotadora y se dirigió caminando hacia punta Fernanda, donde se hallaba la Embajada española. No sé porqué actuó de esa forma. Pudo haber recibido alguna de las bofetadas que ya no se atrevían a propinar a la estatua. Y eso habría creado una situación difícil. Pero creo que por una vez en su vida actuó dejándose llevar por sus sentimientos".

El primer Gobierno de Macías es un modelo de generosidad política, o de gratitud por los servicios prestados, pues nombra vicepresidente a Edmundo Bosio, un bubi, y premia a Atanasio Ndongo con la cartera de Exteriores. El único que entonces decide marcharse al exilio fue el conservador Bonifacio Ondó. Más tarde, comete el error de regresar, tras una promesa de Macías de que le respetaría su vida, pero muere asesinado en la cárcel de Santa Isabel. Otras fuentes aseguran que fue el presidente Bongo de Gabón quien entregó a Ondó a Macías.

Tres días después de la proclamación de independencia, Macías preside la primera sesión de la Asamblea Nacional de Guinea Ecuatorial en el precioso palacio de la Cámara Agrícola. Pastor Torao Sicara resultó elegido presidente de la cámara, Antonio Eworo vicepresidente y Armando Balboa secretario de actas. "Como ya he dicho en el solemne discurso del día 12, hemos de aspirar a que nuestra joven nación sea un Estado de derecho, por el que todos luchamos y lucharemos", dijo Macías en aquel acto. Luego dedicó una mención especial al  embajador español, hizo que  los diputados le dedicaran un aplauso.  Finalizó su intervención con vivas a Guinea Ecuatorial, España y África.

Al término de la sesión, Macías, acompañado por sus ministros de Exteriores, Atanasio Ndongo, y de Interior, Ángel Masié, recibió al subsecretario de Estado norteamericano para Asuntos de África, Josef Palmer, a quien solicitó ayuda.

España seguía recibiendo muestras de felicitación "porque ha abierto un nuevo capítulo de sus buenas relaciones con África", como dijo en la Asamblea General de la ONU el ministro de Asuntos Exteriores de Kenia. Su colega de Dahomey (actual Benin) expresó su "satisfacción por la actitud cooperadora y progresiva que España muestra en materia de descolonización".

Macías prodigaba sus alabanzas a España, que "ha comprendido a los africanos y ha reconocido su madurez política para ser independientes, y hemos conseguido esa independencia sin derramamiento de sangre", dijo el 8 de noviembre en un recorrido por poblados de Río Muni. El gobernante manifestó que en alguna ocasión en la que había intervenido en la ONU causó gran admiración el hecho de que se expresara en español, pues muchos delegados no sabían que hubiera un país africano de lengua castellana. "Yo reafirmé entonces mi cultura española, mi idioma, que me permitía hablar con puertorriqueños, argentinos, etc". En esos primeros momentos, Macías animaba a los empresarios españoles a que siguieran invirtiendo en Guinea para elevar el nivel de vida y crear nuevos puestos de trabajo. "Yo y mi Gobierno no tenemos ningún temor de golpe de estado, estamos seguros de nuestro pueblo, y por ser educados por España seguiremos la política de treinta años de paz del Generalísimo Franco".

Una semana después, un cable de EFE informa de que, durante una visita a la localidad isleña de Zaragoza, Macías dijo que "el 12 de octubre terminó la colonización española, pero, en cambio, la presencia de los españoles se prolongará, tanto por su trabajo como por estar identificados mediante el mismo idioma, la misma cultura y la misma religión". En esa misma ocasión hace una advertencia a los braceros nigerianos empleados en las fincas de cacao. Había unos 50000, buenos trabajadores, pero seguramente para Macías demasiado radicales en sus ideas nacionalistas. Les aconsejó que no hicieran política, "pues quienes vinieron a trabajar deben dedicarse a esto". Ni los trabajadores nigerianos, ni los residentes españoles suponían que muy poco tiempo después las cosas se iban a complicar extraordinariamente.

La felicidad y las buenas relaciones duraron hasta que se acabó el dinero, exactamente dos meses después del acceso a la independencia. Cuando España comienza a poner dificultades para sufragar gastos imprevistos, desembolsos no presupuestados y se atrasan unas ayudas prometidas, Macías empieza a atacar a España. El director de la emisora de Santa Isabel dice que el 21 de enero Macías declara que "el único problema que tenemos es que España no nos ha dado un céntimo desde que obtuvimos la independencia".

Según explicó luego Obiang Nguema, "a los graves errores de los antiguos colonos hay que añadir la falta de cuadros intelectuales que ostenten un liderazgo político cualificado, para entender por qué Guinea Ecuatorial se desmoronó después de la independencia".  A juicio de Obiang,  "los colonos se muestran tercos y poco realistas ante el cambio político producido, dando la impresión de querer bloquear la independencia y el nuevo orden civil establecido" y cunde el descontento entre la población "por su bajo nivel de vida" y por "el miedo a las numerosas fuerzas de la Guardia Civil española, omnipresente en el país" (3).

A finales de febrero, Macías tiene un enfrentamiento con el cónsul español en Bata y le declara persona non grata. Ordena a la Guardia Nacional que entre en el Consulado y arríe la bandera. Todos los que vivieron aquel periodo reconocen que tras la independencia, en lugar de disminuir las banderas españolas en el nuevo estado africano, surgieron como hongos, no sólo en los cuarteles o edificios oficiales, sino incluso en casas particulares. La situación se deteriora con mucha rapidez.

El embajador Durán-Lóriga se traslada a Bata y trata de hablar con Macías. Al perecer, este sufre una de sus habituales crisis y se niega a conversar con el diplomático español, pero le comunica por carta que debe abandonar el país a la mayor brevedad posible. Firma una orden por la que limitaba el número de banderas españolas que debían ondear, dice al embajador que la Guardia Civil está formada por "asesinos" y critica a los oficiales españoles de la Guardia Nacional, a quienes acusa de complicidad en supuestas maquinaciones con industriales españoles, especialmente madereros, para dar un golpe de estado y derrocarle. Unos días después declara también al embajador persona non grata. Desde ese momento, Macías repite cada vez con más insistencia que los españoles preparan un golpe.

La Guardia Civil queda acuartelada y monta vigilancia en una serie de lugares importantes o estratégicos, incluida por supuesto la Embajada de España y el aeropuerto de Santa Isabel. Llegan a intervenir para reprimir algunos disturbios y corre el rumor de la muerte de un guineano. En aquel momento había 260 guardias civiles en Guinea.

Esto molesta sobremanera a las nuevas y susceptibles autoridades, así como la actitud de Durán-Lóriga, "que se ha comportado, según los guineanos, como sí fuese todavía comisario general de la época colonial", dice Le Monde el 2 de marzo. Macías declara el estado de excepción en todo el territorio nacional. Franco, en un mensaje que envía a Macías, asegura que "las iniciativas de algunas fuerzas de orden público destacadas en Guinea Ecuatorial no son un atentado contra la independencia de Guinea, ni intervención alguna en la política interior de ese país soberano y amigo. Estas acciones tienen como único fin asegurar la integridad de los ciudadanos españoles y deberán cesar tan pronto como esta exigencia ineludible sea satisfecha".

Jamás se aclaró quien disparó la bala que causó la muerte del español Juan José Birria, alcanzado en la cabeza cuando navegaba por el estuario del río Benito hacia un carguero que esperaba a un grupo de blancos que escapaban.

Macías pide al secretario general de la ONU, U Thant, que envíe "cascos azules" y que se retiren las fuerzas españolas, temeroso de que estas den un golpe contra su persona. Se inicia el acoso a la población blanca, especialmente en Bata. Algunos incluso llegan a parar a la cárcel y reciben malos tratos. Los barcos de la Compañía Trasmediterránea Ciudad de Pamplona y Ciudad de Toledo comienzan a admitir refugiados. Castiella afirma que las tropas españolas no saldrán hasta que haya sido evacuado el último español que lo desee. Los rumores y las exageraciones se confunden con las noticias verdaderas» Los españoles duermen con la pistola debajo de la almohada. Algunos tienen miedo de hacerlo es sus propias casas. Es especialmente preocupante la situación de los que viven lejos de las ciudades, no en Fernando Poo, donde los bubis están tan asustados como los blancos, sino en Río Muni, donde los fang se van calentando progresivamente, inflamados por las proclamas que escuchan. Madrid llama a su embajador "a consulta".

Atanasio Ndongo y Saturnino Ibongo, el inteligente periodista que había sido nombrado representante de Guinea ante la ONU, viajan a Bata el día 4 de marzo. Esa noche los acontecimientos se precipitan. Una veintena de años después no está aclarado lo que ocurrió entonces. Parece que Macías descubrió que se estaba preparando un golpe, instigado desde la sombra por Carrero Blanco y Castiella, con la complicidad de algunos destacados "finqueros" y un pequeño , grupo de personalidades guineanas consideradas como pro-españoles. Ndongo murió arrojado por una ventana, se dijo que empujado por el mismo Macías, tras sufrir una pavorosa tortura. Otras fuentes aseguran que él mismo se tiró por la ventana al verse solo y sin el apoyo de la Guardia Civil, que no le respaldo como estaba previsto. Ibongo pereció a culatazos y golpes. También fueron asesinados Pastor Torao, compañero de los anteriores del MONALIGE y presidente de la Asamblea Nacional, Enrique Gori, del MUNGE y vicepresidente del Consejo Provincial de Fernando Poo, el médico Gustavo Watson, de la Unión Bubi, y Armando Balboa, alcalde de Santa Isabel. Bonifacio Ondó Edú5 el vicepresidente del Gobierno, obligado a regresar del exilio gabonés, fue confinado en su domicilio y más tarde ejecutado sin juicio.

Un télex de EFE dice que en la noche del 4 al 5 se produjo un intento de asalto al palacio presidencial de Bata por fuerzas políticas y militares próximas al ministro de Asuntos Exteriores, Atanasio Ndongo, quien tres días antes había hecho escala en Madrid, al regresar de una sesión de la ONU celebrada en Adis Abeba.

Este desgraciado incidente motivó un rompimiento casi total de relaciones con España y, desde este momento, Macías comenzó a estrechar lazos con la URSS, China y otros países comunistas. Cualquier occidental se convirtió en un conspirador para el mandatario. Esto supuso que la estructura colonial, que como en otros países africanos podía haber servido como base para la construcción del nuevo estado, e incluso para la formación y afianzamiento de una nueva burguesía nacional, fuera completamente eliminada. Guinea quedó totalmente desasistida por las personas que conocían el funcionamiento de su economía. La descolonización, que los españoles llevaban adelante con toda la lentitud que podían, se produjo de una forma traumática.

Macías tampoco se fiaba de sus colaboradores. Fue el inicio de la locura, el comienzo de una época de violencia, oscuridad, terror y aislamiento que duró diez años, hasta el 3 de agosto de 1979.

"Macías asume el poder absoluto en Guinea Ecuatorial", titula  el matutino ABC el 9 de marzo en primera  página.  Luego asegura que, "después de desembarazarse por todos los medios de sus adversarios políticos, ha iniciado una purga de sus colaboradores más directos" y añade que "con las armas requisadas a los extranjeros, el presidente armó a sus partidarios que han sembrado el terror en el país". ABC afirma que Macías "logró sofocar el golpe de Estado, y al intentar detener personalmente a Ndongo durante el asalto al palacio presidencial, el ministro de Asuntos Exteriores cayó por una ventana produciéndose las graves heridas que permitieron su captura".

La revista "Newsweek" publica un reportaje sobre los sucesos e incluye una imagen patética, en la que aparece el cadáver de Atanasio. Según relata el reportero del semanario, "Macías me dijo, mostrándome una fotografía que sacó del bolsillo, "mire esta fotografía del traidor, que yo mismo tomé después de que saltó por la ventana". En la fotografía, el cuerpo ensangrentado de Ndongo está rodeado de látigos y palos partidos." Parecía ser más la víctima de un grupo de linchamiento que alguien que se hubiera tirado por la ventana desde un segundo piso".

España pide a la Cruz Roja Internacional que envié en forma urgente equipos sanitarios para relevar a sus médicos, quienes, "debido a las circunstancias, no pueden desempeñar su humanitaria labor con eficacia, además de peligrar su seguridad, por la campaña antiespañola que están llevando a cabo las autoridades guineanas".

El éxodo de los españoles se ha convertido en una desbandada, pero muchos dudan entre escapar del infierno o quedarse para salvar sus propiedades. Los de Bata se ven en peor situación y bastantes salen con lo puesto, que en ese clima es bien poco: un pantalón corto y una camisa. Hay casos dramáticos de personas que llevan toda su vida en Guinea. Los guineanos no consideran españoles a los hijos de los matrimonios mixtos nacidos allí y prohíben su salida. Otros no tienen ni siquiera las 12000 pesetas que costaba el billete a España. Algunos prometen pagar en la península y consiguen que Iberia les "fíe".

Las "Juventudes en Marcha con Macías", creadas y armadas unas pocas semanas antes, someten a humillaciones y vejaciones a los españoles que encuentran aislados. La Guardia Civil prefiere no intervenir, por miedo a que aumente la violencia. "A veces es más difícil estarse quieto que dar la cara", afirma el comandante José Moya, capitán de la fragata Pizarro que fue destacada a Santa Isabel y que pidió a sus hombres "el sacrificio del propio pundonor para salvar a nuestros compatriotas". Tras superar un rosario de trámites para poder salir del país, los españoles reciben en el aeropuerto los últimos insultos. Sus equipajes son revisados con minuciosidad. Los guineanos están como borrachos y hasta los más pacíficos parece que desean vengarse de las muchas humillaciones recibidas de los blancos. Ha llegado su hora. Los barcos salen cargados hasta los topes. Quienes los abordan en Bata tienen que llegar hasta las naves en lanchas o cayucos. Deben dejar casi todos sus bienes en sus casas. Muchos presienten que jamás volverán a recogerlos. Aquel mes de marzo fue inolvidable para muchos españoles que habían hecho su vida en Guinea, que tenían allí a sus muertos más queridos.

La colonia estadounidense fue la primera en ser evacuada al completo. Camerún ofreció facilidades a los extranjeros (blancos) que desearan entrar en su territorio por las fronteras de Río Muni. Las compañía Mobil Oil Corporation fletó un avión en el que salieron de Guinea 55 personas, en su mayoría norteamericanos y británicos, dejando un mínimo de personal en sus oficinas.

Llegó a Guinea una misión de la ONU para analizar la situación. Presidía el grupo el diplomático boliviano Marcial Tamayo, director de la Oficina de Información de la ONU en Washington, acompañado por los funcionarios José Machado (Brasil) y Armand Gauto (Gabón). Tamayo resultó ser de gran utilidad, especialmente como mediador, pues Macías se negaba a hablar con los españoles. Madrid había enviado, en calidad de encargado de negocios, al diplomático Pan de Soraluce.

El secretario general de la OUA, Mohamed Sahnoun, visita 8ata a mediados de marzo. Luego viaja a Madrid y pide a Castiella que la retirada de los españoles no se haga en forma apresurada, para evitar que el joven país se quedara sin técnicos y empresarios, se paralizara la economía, se perdiera la cosecha de cacao de ese año y quedaran en situación difícil los 40000 braceros nigerianos, pero el 22 de marzo Franco rechaza cualquier sugerencia de disminuir el ritmo del éxodo.

A finales de marzo, Tamayo comunica al secretario general de la ONU que España iniciaba la repatriación de sus fuerzas en Guinea Ecuatorial, cuando ya ha salido casi toda la colonia. El boliviano añade que "el presidente de Guinea ha pedido a la población africana que se mantenga alejada del lugar donde se ha de efectuar la retirada de las tropas y ha dado garantías de seguridad a los súbditos españoles que quieran quedarse".

Pero ya sólo quedaban allí unos 300 españoles, la gran mayoría en Santa Isabel. Una semanas antes eran unos 7000. En ese largo mes habían regresado a España unas 3500 personas, algunos en aviones de Iberia y otros en barcos de la Trasmediterránea, como el Ciudad de Pamplona, el Ciudad de Toledo y el Ernesto Anastasio. En la travesía del primero nació una niña, que fue bautizada María del Mar. Su madre viajaba con otros dos hijos. El marido se tuvo que quedar en Bata con los dos mayores, según informaba EFE desde Santa Cruz de Tenerife, primera escala española del barco que, aunque sólo tenía capacidad para setenta pasajeros, transportó hasta las islas Canarias a un total de 470 personas, casi todas mujeres y niños.

Noticias procedentes de Nueva York afirmaban que el nuevo representante de Guinea en la ONU, Tomás Malango, pidió ayuda técnica y económica urgente para su país. El guineano aseguró a U Thant que la mayor preocupación de su Gobierno era la situación sanitaria y escolar, así como la escasez de víveres.

El diario Informaciones aseguraba el 28 de marzo que las unidades españolas se retiraban en perfecto orden, embarcando sus hombres, armamento, material y demás pertrechos en el Villa de Bilbao. Aunque Tamayo había logrado un acuerdo por el que Macías permitía que la evacuación total durara dos meses, el gobernante africano pidió a Franco en un télex enviado el día 21 de marzo que para el 23 debían estar todas las tropas fuera. Sin embargo, hasta el día 5 de abril no finalizó completamente la evacuación de las fuerzas militares, mandadas por el coronel Alarcón, acompañados por los últimos civiles que salieron de Guinea. Los últimos  barcos  en  zarpar  fueron el  Ernesto Anastasio  y  el Francolí, este último cargado con una partida de cacao. Antes lo habían hecho el Villa de Bilbao y el Ciudad de Toledo. A pesar de todo, un pequeño grupo de españoles decidió quedarse allí.

Según un análisis realizado por el diario Ya el 4 de abril, toda la culpa la tenía Macías. El matutino fundaba la crisis de Guinea en los siguientes aspectos; "la psicosis del nuevo Presidente, que veía conspiraciones y enemigos en todas partes; el caos financiero que, debido a su ignorancia absoluta y consecuente incapacidad para manejar la Hacienda guineana, condujo a una situación financiera insostenible. Entre ambos extremos vinieron a insertarse determinados grupos de españoles, con quienes Macías mantuvo estrecho contacto durante la Conferencia Constitucional y que, por razones económicas, se erigieron en asesores del Presidente y asumieron la triste misión de minar el terreno y desacreditar a la representación diplomática de su país", en clara alusión a García Trevijano.

Rafael Fernández, en su documentado "Guinea, materia reservada", incluye un interesante texto del "Keesing's Contemporary Archives", que da una versión más neutral del conflicto. Según este informe, las causas inmediatas de la crisis fueron los sucesos ocurridos durante la última semana de febrero en Bata, "continuación de los discursos del presidente Macías clamando por la independencia económica, como un complemento necesario de la independencia política, y de la petición del Gobierno de Guinea para que el número de banderas españolas quedara reducido a una cantidad igual a las de otros países extranjeros". El informe explica que Ndongo intentó, el 4 de marzo, persuadir a Macías de que interrumpiese sus discursos por radio, pues incitaban al pueblo, y especialmente a los militantes del movimiento juvenil, a atacar a los blancos. Macías se niega y entonces Ndongo se rodea por algunos miembros de. la Guardia Nacional, ordena volar el transmisor de radio de Bata y ocupa el edificio del Gobierno Civil. En el contraataque, al verse acosado, Ndongo se arroja por una ventana. En el suelo le rematan de un disparo.

El informe británico añade que Macías, en su primera aparición en público tras el fallido golpe, el día 9 de marzo, declaró que el Gobierno español había apoyado el intento de matarle y de derrocar a su Gobierno. Mas tarde, afirmó que Ndongo había recibido tres millones de libras esterlinas de "intereses españoles" (4).

Para Guinea comenzaba un período oscuro, una larga noche de angustia y locura. Para los españoles que tuvieron que escapar de ese rincón de África, un largo rosario de dificultades para que el Estado español les indemnizara, lo que jamás lograron. Lo único que recibieron fueron mantas y comida al llegar a España en el frío mes de marzo de 1969. 

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(1). García Domínguez, R. Guinea: “Macías, la ley del silencio”. Barcelona, Plaza-Janés, 1971.

(2). Obiang Nguema, T. “Guinea Ecuatorial, país joven”. Madrid, Ediciones Guinea, 1985.

(3). ídem.

(4). Fernández, R, “Guinea, materia reservada”. Madrid, Sedmay Ediciones, 1976.

 

Editado y distribuido por ASODEGUE

 

 

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