Capítulo
3. LAS
PROVINCIAS AFRICANAS Y LA AUTONOMÍA 1959-1968.
La
consideración de provincias y la concesión de la plenitud de
derechos a sus habitantes no convenció ni a los guineanos,
ni a
la comunidad internacional. Un grupo de guineanos envió a
la ONU
una protesta y anunciaban su intención de oponerse. Ya existía
entonces el movimiento clandestino "Cruzada Nacional de
Liberación".
La Guardia Civil practicó nuevas detenciones, incluida
la de Federico Ngomo, después nombrado presidente de la Asamblea
General. Muchos dirigentes optan por exiliarse.
En
el seno del Gobierno español se plantea una polémica sobre
el futuro de Guinea. El ministro de la Presidencia, Luis Carrero
Blanco, combate la idea del ministro de Asuntos Exteriores,
Fernando María Castiella, de conceder la autonomía a Guinea
Ecuatorial, como se llamaba desde 1959. Castiella argumentaba
que se debía conceder la independencia a Guinea lo antes
posible, pues esta acción daría cierto prestigio a España,
país
todavía muy aislado en el concierto internacional, y sería
una
ayuda en los esfuerzos para recuperar Gibraltar.
Posiblemente ya
entonces Carrero no sólo defendía un proyecto de Estado,
sino que
miraba por sus intereses materiales en Guinea.
Fue
el delfín de Franco quien en 1962, durante una visita a Guinea,
reconoció el derecho de autodeterminación de los guineanos,
que como ciudadanos españoles estaban representados por
seis procuradores en las Cortes de Madrid. Según afirma Castiella
en una entrevista concedida a Cambio-16 en noviembre de 1976,
un mes antes de morir, se decidió que un ministro del
Gobierno fuera a Guinea para pulsar la realidad, pero
Carrero dijo
que él le acompañaría. Castiella piensa que entonces no merecía
la pena que fuera nadie más y considera que aquella visita
se preparó "al estilo de los tiempos", con
manifestaciones y
pancartas preparadas en favor de que los guineanos siguieran
siendo
españoles. "Desde luego, logró seguir adelante con su
terca
política que no aceptaba la realidad objetiva del
mundo", se
lamentaba Castiella de la falta de visión política de
Carrero.
Muy
poco tiempo después, el 28 de noviembre de 1963, las Cortes
Españolas aprueban una ley de autonomía para Guinea, sometida
a referendum el 15 de diciembre de 1963. Según Rafael Fernández
(1), España siempre trató de jugar con Guinea un papel que
le sirviera para lograr cierto reconocimiento Internacional encaminado
a sacar a la luz la cuestión de Gibraltar. Finalmente, el
territorio africano colonizado por España se divide en las provincias
de Fernando Poo y Río Muni. Esa ley fue votada por unas
Cortes en las que daban "color" los seis
procuradores guineanos,
tres en representación de cada provincia.
Es
curioso el interés que desde muy joven demostró Carrero por
Guinea. En un discurso pronunciado ante
el Pleno de las Cortes convocado para aprobar la ley de autonomía,
que recoge Rafael Fernández en su "Guinea, materia reservada".
Carrero asegura que "la verdadera obra de España
en la
Guinea Ecuatorial data realmente de la terminación de
nuestra Guerra
de Liberación".
Para afirmar esto se basa en lo que
él mismo vio en 1927, como oficial del Cánovas
del Castillo, cuando permaneció
varios meses levantando el mapa del estuario del río Muni,
y sus impresiones recogidas en el viaje que realizó en 1962.
"La obra de España en Guinea, aunque bastante
desconocida para la mayoría de los españoles, es,
sin eufemismos, una de las mejores
realizaciones del Movimiento Nacional", dice con
evidente poca objetividad. En este largo discurso,
plagado de párrafos de exaltación
al "Caudillo", asegura que, entre otros logros,
"ha desaparecido
el clásico desnudismo tropical", porque sus habitantes
van "perfectamente vestidos y calzados".
Carrero
dice que "en Río Muni y Fernando Poo, ni hay ninguna injusticia
que corregir, ni mucho menos ninguna reivindicación que
ejercer", y asegura que con el nuevo estatuto,
"España ofrece a los naturales de Guinea Ecuatorial
una generosa ayuda técnica y económica
que ellos mismos han de administrar, y el ser españoles,
que, como dijo José Antonio, es una de las pocas cosas serias
que se puede ser en este mundo".
El
almirante planteaba aquello como una bicoca para los guineanos,
pues aseguraba que no se les pedía nada y continuarían "exentos
de tener que contribuir por ningún concepto a las atenciones
del Estado". Su única obligación era "que
trabajen unidos,
en orden y en paz, puesto que sólo así podrán
asegurar su bienestar".
El final del discurso es de verdadera antología. Carrero
termina así sus palabras ante las Cortes: "Quizá
alguno, de primera impresión, pueda pensar, empleando una
frase poco académica
en gracia de su claridad, si esto no será "hacer el primo".
No; que nadie tenga ese temor. Esto es, simplemente, cumplir
un deber con nobleza y desinterés y legislar con el espíritu
católico que establece el segundo de los Principios del Movimiento
Nacional. Si dais vuestro voto favorable a la Ley que hoy
se somete a vuestra decisión, no haréis sino ser fieles a
la tradición
española, porque...¡España es así!".
Unas
semanas antes, el ministro de Asuntos Exteriores del
Gobierno de Franco manifiesta, en la XVIII Asamblea de
Naciones Unidas,
que la Ley "concede la autonomía más amplia a los naturales
de los territorios africanos para la gerencia propia de sus
asuntos y entrega el Poder Ejecutivo a una organización que
se llamará Consejo de Gobierno, a la cabeza de la cual
figurará un
presidente y que estará integrado totalmente por naturales
del territorio".
Castiella anotaba que "una Asamblea General, representativa
de la población, ostentará el Poder Legislativo en materias
de interés específico de los territorios y un Poder Judicial,
independiente, atenderá a la administración de justicia...
Este esquema de gobierno autónomo queda abierto, naturalmente,
a la evolución que el tiempo aconseje y a las decisiones
que los interesados tomen en virtud de ese principio de
autodeterminación de los pueblos en que está
fundamentado".
Lo
cierto es que regresan bastantes exiliados y Bonifacio Ondó
Edú, un político muy conservador que acababa de fundar el Movimiento
de Unión Nacional de Guinea Ecuatorial (MUNGE), es nombrado
presidente del Consejo de Gobierno. El MUNGE permanece en el
poder desde octubre de 1964 hasta la independencia, el 12 de
octubre de 1968.
El
alto comisario general de España sustituye al gobernador general
y las Diputaciones Provinciales se convierten en Consejos Provinciales.
Tras
la proclamación de la autonomía se vivió un tiempo idílico
durante algunos meses, o al menos así lo recuerdan tanto viejos
guineanos, especialmente los bubis de la isla, como los colonos
españoles. Santa Isabel era una de las ciudades más bonitas,
divertidas y surtidas del golfo de Guinea, donde acudían a
pasar sus vacaciones los europeos que vivían en los países
vecinos.
En la isla de Fernando Poo había de todo, los hoteles ofrecían
un servicio inigualable y la población se aprovechaba de una
educación primaria muy extendida y una sanidad bastante
bien organizada,
con personal competente y numerosos centros hospitalarios.
Mientras en 1961 la tasa africana de mortalidad infantil
estaba entre el 150 y el 200 por mil, en Guinea era del 40,1
por mil. La tasa de escolarización en la colonia española era
del 90 % y en la isla de Fernando Poo casi se había
eliminado el
analfabetismo (La escolarización en Camerún rondaba el 64
% y en
Nigeria el 34 %), La renta per cápita de Fernando
Poo era de 332
dólares en 1966, la mayor del África negra, a excepción
de Sudáfrica.
Para el conjunto de los dos territorios la renta per cápita
era de 183 dólares, pues la de Río Muni era menor (133 dólares).
Cuatro años antes la renta de la colonia era de 132 dólares,
según cifras oficiales del Gobierno español.
Según
un informe del Ministerio de la Cooperación de Francia,
publicado en 1980, "España había decidido, desde
finales de
los años 50, implantar sólidamente su cultura y su lengua
en Guinea, abandonando oficialmente las teorías de algunos
de sus funcionarios coloniales que consideraban a los
africanos como incapaces
de asimilar una enseñanza europea".
En
la década de los 60 se alcanzan las 40.000 toneladas de cacao,
de una calidad extraordinaria, y la explotación de madera adquiere
también un gran desarrollo. En 1966 y en 1968 la madera enviada
a España superó las 360.000 toneladas, También tenía cierta
importancia la producción de café (8.000 toneladas) y la pesca,
especialmente la artesanal pues los guineanos eran grandes
consumidores
de pescado. A pesar de la debilidad del mercado local,
la actividad industrial era floreciente, especialmente la dedicada
a la transformación de los productos agrícolas, y Guinea tenía
la cifra más elevada de exportaciones por habitante de África,
135 dólares en 1960 (en Gabón era de 105 dólares), aunque
por supuesto la riqueza estaba muy mal repartida,
como en toda economía
de corte colonial en la que la explotación de recursos está
enteramente en manos extranjeras. En Guinea no sólo los
patronos eran extranjeros, españoles básicamente, sino que
una gran parte de la mano de obra era también nigeriana,
por lo que el
dinero salía del país por arriba y por abajo,
Además,
una situación política anómala en la metrópoli tenía que
verse reflejada en la colonia. Si no había libertad en España,
difícilmente las autoridades coloniales, o los gobernadores
provinciales de esos territorios meridionales, en su mayoría
militares, podían conceder el más mínimo respiro político
a
los guineanos. Posiblemente aquí se sentaron las bases del fracaso
de la descolonización. Los políticos guineanos se habían curtido
en un miserable exilio en Camerún y Gabón, donde los franceses
los controlaban para evitar cualquier contagio revolucionario,
o en las Cortes españoles, donde los más sumisos asistían
a las sesiones que tenían lugar en la parodia de Parlamento
franquista.
Otro
elemento diferenciador del caso guineano era la carencia
de una educación superior. España organizó una aceptable
enseñanza básica, un bachillerato muy extendido -aunque
los niños guineanos
tenían que aprenderse la lista de los ríos que desembocan
en cada una de las vertientes de la península Ibérica antes
que la geografía de su país o de su continente- pero no fomentaba
el ingreso de los guineanos a la Universidad y los contados
que cursaron estudios superiores eran vistos con malos ojos
y, además, tenían difícil colocación en Guinea.
Desde
tiempo antes ya habían surgido nuevos partidos políticos
que se mantenían en la clandestinidad. Atanasio Ndongo Miyono,
aunque estaba exiliado en Gabón, es nombrado secretario general
del Movimiento Nacional para la Independencia de Guinea (MONALIGE).
Un grupo de exiliados en Camerún fundan la Idea Popular
de Guinea Ecuatorial (IPGE), formado fundamentalmente por fang
y a la que posteriormente se suma Francisco Macías. Varios dirigentes
políticos plantean, desde 1965, sus anhelos independentistas
en los principales foros internacionales, mientras
critican al MUNGE, que consideran vendido a las autoridades
españolas e inútil para satisfacer los intereses
guineanos. Nutrían sus filas consejeros del gobierno autónomo
y procuradores
en Cortes.
Muy
pronto surge el problema étnico. Aunque todos los guineanos
proceden del tronco bantú, los bubis de Fernando Poo tienen
menos en común con los fang de Río Muni que un sueco con un
español. Los bubis tenían miedo de un gobierno guineano en
el que
formaran parte los fang, mucho más aguerridos, y preferían
la formación de dos entidades distintas, quizá dos países,
o incluso mantenerse
bajo la dependencia de la metrópoli, situación que no les
disgustaba pues se habían acostumbrado a vivir y servir a
los blancos.
Los isleños habían sufrido una colonización y cristianización
más antigua y profunda que la que se había producido
en la zona continental. Los fang eran cazadores nómadas y
sólo se establecían temporalmente en poblados que los
hombres abandonaban,
al casarse, para fundar otros asentamientos. También se
diferenciaban de los bubis por el odio profundo que sentían
por
el blanco.
Muchos
colonos y las autoridades españolas fomentaban la división
entre bubis y fang, para desprestigiar al movimiento independentista
guineano. El 1967 se crean la Unión Bubi y la Unión
Democrática Fernandina, formada esta última por descendientes
de negros traídos en la primera mitad del siglo desde
otros lugares de la costa occidental africana, como Liberia,
Sierra Leona o Ghana, y de otras islas españolas del Caribe,
ya entonces asentados en Fernando Poo.
Las
autoridades españolas habían dispuesto que se alternaran en
la presidencia de la Asamblea General los presidentes de la diputación
de Fernando Poo y de Río Muni, Enrique Gori Mombubela y
Federico Ngomo, para tratar de establecer un equilibrio
entre la isla
y el continente.
Cuando
comenzó a hacerse difícil la ocultación de los creciente
problemas guineanos en España, el embajador en la ONU, Jaime
de Piniés,
comunicó al secretario general, U Thant, que su país
había decidido convocar una Conferencia Constitucional, en
septiembre de 1967. Para controlar su formación y revisar
la situación
viaja a Guinea una misión de la Comisión Descolonizadora
de la ONU, presidida por Kolier, delegado de Sierra
Leona. Empezaba así el desgraciado proceso que terminó con
la
abrupta ruptura con la metrópoli, pocos meses después del acceso
de Guinea a la independencia.
____________________________
(1).
Fernández, R. “Guinea, Materia Reservada”. Madrid,
Sedmay Ediciones,
1976