HISTORIA DE GUINEA

 
   

 

 

 

 

 

Capítulo 1: HASTA 1900. LOS EXPLORADORES ESPAÑOLES.

España nunca demostró tener excesivo interés por poseer una colonia en África negra. Los españoles, dedicados al esfuerzo colonizador americano, se olvidaron del enorme continente que se prolongaba hacia el sur a unos quince kilómetros de Gibraltar.

La historia de las exploraciones españolas en África comienza con Edrissi, un geógrafo hispano—árabe nacido en Ceuta y que estudió en Granada. Edrissi descubrió Tombuctú, hoy la capital del desierto sahariana de Malí, siete siglos antes de que el conocido explorador Rene Caillé llegara hasta allí remontando el curso del río Níger, en 1826. Pero nuestros navegantes, viajeros y exploradores se quedaron por lo general en la parte norte del continente. Mientras las naves españolas cruzan una y otra vez el Atlántico, en su ruta hacia el poniente, los portugueses se lanzan hacia el sur, costeando el continente negro, aunque en los primeros siglos apenas si se atreven a penetrar en las verdes selvas. Diego Caro, en 1484, alcanza la desembocadura del río Congo, Bartolomé Díaz llega algunos años más tarde hasta el Cabo de Buena Esperanza y Vasco de Gama se. atreve a virar hacia el este y, tras navegar junto a las costas de Angola y Mozambique, cruza el océano hasta la India.

Los países europeos no se plantean un reparto del "botín" africano hasta la Conferencia de Berlín, en 1885. A finales del siglo XIX están de moda las expediciones que pretenden abrir nuevos caminos en África y descubrir esos territorios defendidos por una muralla verde que parecía hacerlas inexpugnables. Junto a nombres como Stanley, Livingstone o Brazza, debemos recordar a los españoles Gatell, Fernández Duro. Cervera, Quiroga o Bonelli, que recorrieron las costas de África Occidental, e Iradier, Ossorio, Montes de Oca y D´Almonte, exploradores del África Ecuatorial.

España vive un mal momento en las postrimerías del siglo XIX. Se ha consumado la independencia de casi toda la América hispana y nuestro país sólo es capaz de hacerse con las migajas del reparto de África. Gran Bretaña y Francia se distribuyen la mayoría del continente. Bélgica logra el control del actual Zaire, estableciendo un imperio que es 78 veces mayor que la metrópoli, y Portugal consigue importantes territorios. El 36 por ciento del territorio africano queda en poder de Francia, un 34 por ciento corresponde a Gran Bretaña, el 11 por ciento a Italia, el 9 por ciento a Bélgica, el 7 por ciento a Portugal y el uno por ciento a España (1). Nuestro país recibe territorios dispersos en cinco lugares distintos una zona de Marruecas que queda como protectorado, el enclave de Ifni y el Sahara atlántico, la Guinea continental española y la isla de Fernando Poo y otras que casi no aparecen ni en los mapas.

La justificación histórica esgrimida por España para, obtener Fernando Poo, isla descubierta en 1472 por un marino portugués que le dio su. nombre, la isla de Annobón, la Guinea continental y otros islotes adyacentes, se fundó en una cesión portuguesa, realizada  el  24  de marzo de 1778,  mediante el tratado  de  El Pardo, a cambio de ciertas compensaciones en América;, concretamente la colonia del Sacramento y la isla de Santa Catalina. Pero originalmente Portugal había cedido a España una extensión en al continente de unos 300.000 kilómetros cuadrados, entre el o Campo por el norte y la línea del Ecuador por el sur, desde la costa atlántica hasta el río Ubangui.

Para tomar posesión del territorio entregado a España, el 21 de octubre de 1778 llegó a Fernando Poo la primera expedición, mandada por el brigadier conde de Argelejo.

El interés de España por sus colonias africanas es tan relativo que en 1827 un grupo expedicionario inglés, mandado por el capitán Owen, ocupa las islas de Fernando Poo y Corisco. En la primera fundan Clarenes City, origen de lo que luego sería Santa Isabel» El regente Espartero, en 1839, piensa que puede ser un negocio vender las islas a los ingleses y se las ofrece por 60.000 libras. Has tarde, al frustrarse la operación, España debe iniciar unas negociaciones con los británicos para recuperar sus posesiones africanas.

Luego  se  suceden  las  expediciones de  Juan  José  Lerena(1843), Nicolás de Manterola (1845), Rafael de Cargas (1854) y la primera expedición misionera, encargada a los jesuitas por un decreto aprobado el 23 de mayo de 1857,  siempre con el objetivo de consolidar la presencia de España en la zona.

Algunas de estas expediciones se toparon en las costas de los territorios pertenecientes a España con extraños veleros, sobretodo bergantines y polacras, que. especialmente durante la primera mitad del siglo XIX, transportaban esclavos desde esa zona a Cuba y a otros lugares de América (2).

En 1858 llega a Guinea el primer gobernador residente, el capitán de fragata Carlos Chacón, tras navegar por toda la costa africana en un buque de guerra acompañado por una flotilla de veleros, y Julián Pellón explora la parte continental. En la isla de Fernando Poo ya estaba Manuel de Iradier, quien posteriormente, en 1875, pasó tres años en la zona recopilando información muy diversa sobre la geografía, habitantes, fauna, flora, etc.

Durante el siglo XIX el puerto de Santa Isabel es uno de los más activos de la zona. Numerosos veleros y vapores llegan a la ensenada natural formada por el cono volcánico sumergido que delimitan punta Fernanda y punta Cristina. Los barcos cargan aceite de palma, marfil y otros productos y dejan tabaco, armas, pólvora y utensilios que necesitan los expedicionarios allí destacados. También da refugio a los buques y muchos fondean para "hacer carbón y agua". A mitad del siglo XIX la importancia económica y estratégica de Santa Isabel era. ya muy grande.

Las dos expediciones más relevantes enviadas a Guinea, desde un punto de vista etnológico y antropológico, son la de Amado Ossorio y Manuel Iradier, entre 1884 y 1886, y la de José Valero Berenguer, en 1890 y 1891. Según Pilar Romero de Tejada, directora del Museo Nacional de Etnología, de estas dos expediciones, especialmente de la primera, procede la colección más completa de cultura y objetos de los indígenas de Guinea que se conserva en España (3), y numerosas explicaciones de los nativos, sus costumbres, ideas y religiones.

Sobre la expedición de Ossorio e Iradier, en un momento  en que comienzan a ponerse en duda las propiedades españolas en la zona, nos han quedado numerosos testimonios de gran valor como uno referido a la economía del río Muni, "magnífica red de comunicaciones". Ossorio asegura que de este río "sale en muy grandes proporciones goma, marfil, aceite y hueso del fruto de palma y hermoso ébano"» El médico-explorador llama la atención acerca de la importancia de la isla de Corisco y los dos islotes Elobey, la primera por la riqueza del suelo y los otros por su resguardada situación, ideales para establecer centros comerciales y depósitos de víveres. Como era habitual en la época, considera a los negros inferiores a los europeos, pero denota una gran sensibilidad cuando afirma que "la desconfianza con que mira al blanco, proviene en mi sentir, de la imprudencia y falta de tacto con que de ordinario se ha procedido por parte del europeo con el negro... nada exacerba tanto el carácter del bubi, como el que arranquen sus palmeras, que mira con veneración religiosa y constituyen su única fuente de riqueza".

Los franceses trataban de incrementar sus posesiones en la zona y obligaban a los españoles a arriar sus banderas entre los ríos Campo y cabo San Juan, ligeramente al norte del estuario del Muni, tierra concedida a España por el Tratado de Berlín. Ossorio, que, como Iradier, realizó una muy meritoria empresa sin apenas medios y casi olvidado por su Gobierno» tuvo que escuchar al comandante francés Rogey, en marzo de 1885, ordenar desde su cañonero Basilic al teniente Espinosa, de la Marina de guerra. española, que arriaran su bandera en el plazo de treinta minutos "Esta tierra quieran ustedes o no y hagan lo que hagan, será de Francia" (4), dijo el militar francés, cien años antes de que Guinea Ecuatorial, país soberano e independiente, formara parte de la Unión Aduanera y Económica de África Ecuatorial (UDEAC)_, una suerte de mercado común de países francófonos de la zona» controlado por Francia.

José Valero Berenguer, que viaja con el fin de "introducir el comercio, fomentar la agricultura y establecer el tráfico mercantil entre nuestras posesiones y la metrópoli", tiene problemas con los franceses en los intentos de establecer factorías. Afirma que España tiene tan abandonada la región que sus habitantes creen que pertenecen a Francia» Cien años después, los guineanos no acaban de comprender el alejamiento de España y no son conscientes de que Francia controla las principales actividades del país.

Es muy curioso el análisis que hace Valero sobre los problemas de la colonia. Afirma que el clima insalubre de Santa Isabel produce fiebres y propone el cambio de la capital a un lugar mas elevado. Otro problema que observa es la falta de mano de obra para las plantaciones y factorías, debido a que los-isleños "se niegan a trabajar". Critica la forma de colonizar-aquellos territorios, al haberse enviado colonos sin ningún tipo de conocimientos prácticos, que en poco tiempo iban cayendo enfermos. Afirma que es necesario convertir a los braceros negros traídos del continente en colonos y llevar a españoles que ya estén aclimatados al ambiente tropical, por residir en lugares como Cuba o Puerto Rico, además de expertos en cultivos aptos para la zona. Tienen gran valor sus descripciones y estudios sobre los bubis y pamúes.

Alemania se queda en 1885 con una porción de Guinea, al norte del ría Campo,, y al año siguiente Francia nos deja con una décima parte del territorio continental original. El Tratado de París, en 1900, sirve para precisar los territorios que corresponden a Francia y a España. Uno de los miembros de la Comisión Delimitadora de las Fronteras, abrumado por el despojo que había presenciado, se suicida de un pistoletazo cuando regresaba a España a bordo del vapor Rabat. España no consigue ni siquiera que sea el río Utambóni, que desemboca en el estuario del Muni, el que sirva de límite en la parte sur y esta vía de comunicación vital es alternativamente guineana o gabonesa, dando lugar a una extraña línea fronteriza que sigue en ocasiones el curso del río y otras veces la línea imaginaria marcada por el paralelo de un grado al norte del Ecuador.

Por tanto» merced al tratado firmado en la capital francesa, quedan establecidas las fronteras que han delimitado a Guinea Ecuatorial hasta nuestros días, aunque hay algunas lagunas que no se trataron, pues se habla de islotes adyacentes a Corisco, pero no se menciona expresamente a las islas de Conga, Mbañé y los Cocoteros, mucho mas cercanas a las castas continentales de lo que luego sería Gabón, bajo dominio francés, que a las de Río Muni. Un párrafo del tratado parece también premonitorio de lo que ocurriría casi un siglo mas tarde. Los firmantes reconocen a Francia un "derecho de compra" o de acceder a la propiedad en caso, de que España abandone este pequeño territorio.

Sobre la época colonial que termina en 1900 Pilar Romero de Tejada, al término de su interesante estudio de las expediciones españolas del siglo XIX en África, determina que la colonización africana española fracasa estrepitosamente por una serie de causas, entre las que destaca el escaso interés del Estado y de la opinión pública, el hecho de que el Gobierno de las colonias quede en manos del Ejército y la Armada, con un aparato administrativo prácticamente nulo, y el que el Ministerio de Ultramar dé más importancia a las últimas colonias americanas y a Filipinas. Debido a un presupuesto muy reducido, apenas si se pueden emprender obras de infraestructura en las colonias africanas.

En 1901, el geógrafo Enrique D'Almonte, miembro de la Comisión de Límites, dibuja el primer mapa de la zona continental española. Un Real Decreto del 11 de junio de 1904 reglamenta la administración de los territorios españoles del Golfo de Guinea y se inicia así la etapa de la colonización propiamente dicha, que durará hasta 1959, sobre un territorio de 28.000 kilómetros cuadrados, muy lejos de los 300.000 cedidos por Portugal.  

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(1). Díaz de Villegas, J., y otros autores “España en África” Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1949.

 

(2) Vicens Vives, J. “Historia de España y América social y económica”. Barcelona, Ediciones Vicens Bolsillo, 1972.

 

(3). Romero de Tejada, P. “Los españoles del siglo XIX en África y las colecciones del Museo Nacional de Etnología” Actas del I Congreso Español de Antropología.

 

(4). Unzueta y Yuste, A. “Guinea Continental española” Madrid, Instituto de Estudios Políticos, 1944.

 

Editado y distribuido por ASODEGUE

 

 

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