| |
|
"El
curioso alzamiento en Guinea" de José Luis Vila-San Juan
José Luis Vila-San Juan publicó en 1974 en Ediciones Nauta el
libro "Enigmas de la Guerra Civil española" uno de cuyos
capítulos (entre las páginas 175 y 188) trata de las
condiciones del levantamiento militar de 1936 en Guinea
Ecuatorial.
El escrito de
Vila-San Juan queda a medio camino entre el reportaje
periodístico y el ensayo histórico. Refleja casi
exclusivamente la visión de aquellos acontecimientos de una de
las partes en conflicto: la de las personas que el autor
califica como gente de orden. Faltan los otros.
Los otros son, por una parte, las gentes del Frente
Popular, a los que en términos de estricto franquismo se
retrata unas veces como los fracasados de la colonia y
otras como peligrosos revolucionarios; faltan también los
ecuatoguineanos, a los que sólo se alude cuando se habla de
los integrantes de las unidades de la Guardia Colonial.
A pesar de todo, se
trata (creemos) de un trabajo con interés y que, pese a los
años, sigue siendo el único que trata de este tema.
EL CURIOSO
ALZAMIENTO EN GUINEA
1.
— La Historia abandona a Guinea.
En 1936, el actual territorio de la Republica de Guinea
Ecuatorial era una colonia española formada por la isla de
Fernando Poo (unos 2.000 km2, situada a 35 Km del continente),
la propiamente llamada Guinea Continental (entre Camerún, Gabón
y el golfo de Guinea, 26.000 km2) y las pequeñas islas de
Annobõn (muy distante), Corisco, Elobey Grande y Elobey Chico.
La capital de la isla de Fernando Poo, era, y es, Santa Isabel.
La del continente, Bata.
Muy poco, casi nada, se ha escrito sobre lo ocurrido en
Guinea en aquellas fechas de julio de 1936 que conmovieron a
toda España. Y Guinea, aunque distante y en África, también era
España. Era mucho más España que Marruecos, porque Guinea era
una colonia, mientras Marruecos (exceptuando las plazas
de soberanía) era un protectorado. (1)
Sin embargo, siempre que se habla de África en nuestra
guerra, de oficiales africanistas, etc., los autores se
refieren a Marruecos, y en todo caso, aunque en menor escala, al
Sahara Español o Río de Oro, nunca a Guinea. Entre los vanos y
múltiples trabajos que he estudiado sobre la Guerra Civil
española, sólo he encontrado una breve referencia en Crónica
de la Guerra de España (Edit. Códex) y aún en ella, hay
algunos conceptos que no encajan con cuanto he indagado
directamente de personas cuya veracidad me merece la más
absoluta confianza. Estas personas a que aludo, no me permiten
publicar sus nombres, dado que en la actualidad continúan
manteniendo contactos comerciales, e incluso personales, con el
territorio guineo, y cualquier palabra o frase, mal interpretada
por el Gobierno del Presidente Macias, podría dar lugar a serios
disgustos. Hoy, en la República de Guinea Ecuatorial no está
el horno para bollos. Si la Historia ha abandonado a
Guinea y se ha despreocupado por cuanto sucedió en Guinea el 36,
no es menos cierto que España tampoco superó su paternidad
respecto a los españoles que estaban en Guinea el 36 y el 68.
2.
— República, Gobierno del Frente Popular y 17 de julio
—Los españoles que fuimos a Guinea —me dice uno de mis
comunicantes— podíamos ser cualquier cosa, menos políticos... Yo
llegue el 33. Aquellos españoles habían ido allí, sencillamente,
por ambición. Por un correctísimo deseo de lucro: buenos sueldos
(aunque dificilísimas condiciones de trabajo, habitabilidad,
clima y salubridad), largos permisos o vacaciones retribuidas,
posibilidades de ascensos y de independizarse, etc.
Lógicamente, como en todo este tipo de emigración, se
barajaban muy distintos caracteres: el trabajador formal, el
vago, el aventurero, el que tiene suerte y el que no la tiene.
—En los años 34 y 35, el Gobierno seguía preocupándose mucho
y muy bien por la población de Guinea. Tanto por los nativos
como por nosotros. Especialmente, en cuestiones de Sanidad
colonial: uno de los grandes triunfos fue la batalla contra la
mosca tse-tse, transmisora de la enfermedad del sueno
que, al revés de lo que la gente cree, no produce sueño, sino
que lo impide...
—Hablemos más de política.
—Esto era política.
—Si claro, pero, había lucha entre los partidos políticos?
—No. No es que hubiese o no lucha, es que no había partidos
políticos.
—Pero Vds. bien tendrían ideologías distintas...
—Nosotros habíamos ido allí a trabajar y a luchar por ganar
dinero. La Península, Madrid y el Congreso, quedaban muy lejos.
La política empezó al final del periodo inmediatamente anterior
al 17 de julio.
La potencialidad económica de Guinea, en aquellos tiempos, era
baja. Existían sólo cuatro o cinco Compañías fuertes. No podían
dar buen trabajo a cuantos habían llegado allí en busca de un
Eldorado. Quien no servia, quien no resistía, quien no se
superaba en esfuerzo y en tesón, quedaba marginado. Entonces se
empezó a hablar del Frente Popular. Se adherían los fracasados,
los descontentos con su situación, que no habían sabido elevar.
—En las elecciones de febrero de 1936, ¿qué resultados hubo?
—No hubo elecciones.
— ¿No votaron Vds. o no se efectuaron allí elecciones?
—No se efectuaron.
El llamado Presidente del Frente Popular —único
partido existente en Fernando Poo— había ido reclutando a
sus adeptos casa por casa (como quien hace seguros), ya
que en el Casino —una especie de club privado— sólo tenían
entrada los propietarios y apoderados, lo que significaba que,
aun en la eventualidad de que hubiera podido hacer allí su
propaganda, poca clientela hubiese conseguido...
—En total logró reclutar unos 150 hombres. Pero, nunca fueron
extremistas. Era un Frente Popular muy moderado.
De todas formas, el Gobernador General, Luis Sánchez Guerra,
el 5 de junio declara el estado de excepción, que,
prácticamente, ni se notó. Asimismo, solicitó a Madrid un barco
de guerra, como medida preventiva. El crucero «Méndez Núñez»
llega a Santa Isabel el 24.
—El Gobierno, ¿era muy izquierdista?
—Luis Sánchez Guerra era un caballero de arriba abajo.
Ingeniero de Caminos, fue el quien había ya realizado el puerto
de Alicante. Era hijo del ex ministro José Sánchez Guerra. (2)
El 14 de julio, la población de Guinea se enteró del asesinato
de Calvo Sotelo. «Aquello» ya causó cierto malestar en el Casino
y entre la gente de orden. Sin embargo, cuando el 18 se
anuncio el levantamiento en Marruecos, la noticia se comentó
frívolamente, sin serle concedida la importancia y trascendencia
que tendría.
Tanto es así que, pese a los sucesos del «Méndez Núñez» que
relataré a continuación, gente de orden (de los del
Casino) me afirman unánimemente que, desde el 17 de julio hasta
mediado agosto, la vida allí transcurrió dentro de la más
absoluta normalidad.
3.
— Desde el 18 de julio hasta el 18 de septiembre
«En la Estación de Comunicaciones Radiotelegráficas de la
Marina, instalada en Madrid, el radiotelegrafista Benjamín
Balboa detuvo al Jefe de los Servicios, complicado en la
sublevación, y consiguió establecer diálogo directo con los
operadores de los buques, advirtiéndoles que vigilasen a sus
mandos. Para impedir que se cerrasen las estaciones de radio y
se aislase a la marinería, se dio a los Comandantes la orden de
comunicar cada dos horas la situación geográfica de los barcos.»
(3)
A los radiotelegrafistas se les cursó el siguiente radio: «El
Jefe de los Servicios de Comunicaciones del Ministerio de Marina
ha sido detenido por complicidad con la rebelión. En su poder
encontramos claves que también poseen los Comandantes de los
buques. Desde este momento, y para que no seáis sorprendidos, si
los conjurados alegan cumplir órdenes del Ministerio, no
aceptéis ningún telegrama en clave. Todos los que partan de esta
Nación serán transmitidos en lenguaje corriente. Considerad
facciosos los que así no vayan.» (4)
El 21 de julio, Matres, Comandante del «Méndez Núñez», pide
permiso a Madrid para efectuar, con el Gobernador, un recorrido
por las Islas. Pero Madrid le ordena el inmediato regreso a la
Península. El 23, la marinería envía el siguiente mensaje: «U.M.R.A.
vigilante. ¡Viva la Republica!» (5)
«U.M.R.A.» son las iniciales de «Unión Militar Republicana
Antifascista». El radio de Benjamín Balboa (6) había sido
captado, y los marineros estaban a la expectativa, aunque, de
momento, al observar que sus oficiales cumplían las órdenes del
Gobierno de Madrid, se abstienen del uso de la fuerza. El
crucero, en ruta de regreso a España, hace escala, el 28 de
julio, en Freetown (Sierra Leona) para repostar. Allí, el
Comandante recibe un telegrama de Canarias en el que se le
propone unirse al Alzamiento. Pero la «U.M.R.A.» ha dicho que
estaría vigilante, y lo está. ¿Por qué no se amotina? Quizá no
tuviese seguridad en el triunfo. Posiblemente era una marinería
más moderada que la de otros barcos, como después lo demostró.
Pero está vigilante y avisa a Madrid. En el Ministerio,
enterados de los probables planes de los oficiales de unirse a
la sublevación, ordenan la vuelta a Fernando Poo. Es el 15 de
agosto, y el crucero estaba ya en Dakar.
El buque cumple, otra vez, las órdenes. Quizá, también, los
oficiales eran más moderados que los de otros barcos.
Anclan en Fernando Poo el 14 de agosto. Allí, la situación
empieza a ponerse tensa. Eligen como Jefe al teniente de navío
Bone, y destituyen al Comandante y a los demás oficiales.
Planean un desembarco en Santa Isabel, pero el gobernador
Sánchez Guerra, enterado, sube al buque, les arenga y consigue
restablecer la calma.
Todos los oficiales —excepto Bone— pueden bajar a tierra. Y
el 30 de agosto el «Méndez Núñez» emprende de nuevo el regreso a
la Península. Los oficiales desembarcados, de acuerdo con un
agricultor simpatizante que se había puesto en contacto con un
bananero alemán, se trasladan a él en una lancha, fugándose a
Victoria (Camerún británico), y de allí a Las Palmas de Gran
Canaria, «donde se encuentran con Bone que había
conseguido escapar a nado.» (7) (No tengo confirmación
sobre este último detalle. Supongo que, de ser cierto, Bone se
escaparía a nado cuando el barco estuviese anclado en algún
puerto).
4.
— Sublevación en Fernando Poo: un tiro
Según la Crónica de la Guerra de España, de Códex, la
noticia de que el vapor «Fernando Poo» iba a llegar a Santa
Isabel con un cargamento de armas para el Frente Popular y una
tripulación revolucionaria, fue la que decidió la sublevación.
Sin embargo, reconoce que cuando llegó (el 30 de septiembre, a
Bata) únicamente portaba 6 fusiles y 1 pistola. O sea, la
munición corriente de un mercante. Según las personas que
vivieron aquellos días, que se sublevaron (también
moderadamente) y que me han informado, la sublevación no tuvo
relación alguna respecto a la llegada del «Fernando Poo».
Todo lo contrario, pues el «Fernando Poo» arribó a Bata, en
vez de a Santa Isabel que era su puerto de destino normal,
precisamente por haberse insurreccionado la Isla.
Como ya se ha indicado, la vida en Guinea había sido normal
hasta mediado agosto. Por esas fechas, entre las idas y
venidas del «Méndez Núñez» y su proceder respecto a la
oficialidad, las escasas noticias que, con dificultad, se oían
por radio, el principio de escasez de suministros y el bloqueo
de cuentas en los bancos (el único banco, el Exterior de España)
impulsaron la tensión latente entre los dos bandos que, hasta
aquellos momentos sólo bahía sido ligera incertidumbre.
—El Jefe de nuestra casa comercial —sigue informándome uno de
mis comunicantes— había logrado huir de Barcelona y trasladarse
a Lisboa. Desde allí nos explicó todo lo que significaba el
Alzamiento: El terror impuesto en Barcelona por el proletariado
dominante, y que aquello no era un pronunciamiento
más., sino una verdadera guerra civil.
El capitán Ayuso (de la Guardia Civil) propuso al teniente
coronel Luis Serrano (de la Guardia Colonial) la insurrección
para ganar la isla a la causa nacional. Como el capitán Ayuso
(que más tarde llegó a ser Director General de la Guardia Civil)
era, entonces, Administrador Territorial en Santa Isabel, el
mando militar, lógicamente, correspondía al teniente coronel
Serrano, Jefe de la Guardia Colonial.
—
¿Era muy numerosa la Guardia Colonial? —pregunto.
—Una compañía en Santa Isabel y dos en el continente. Estaba
formada por soldados indígenas del continente (pamúes) en
su casi totalidad. Los bubis (indígenas de la Isla), más
instruidos, tenían, casi todos, ocupaciones civiles o pequeños
negocios; la mayoría eran propietarios agricultores.
En estas condiciones, naturalmente, los dos militares tenían
que contar con la gente de orden, aglutinándoles a
favor de la sublevación pro-nacional.
—La consigna fue presentarnos a las 12 de la noche del 18 de
septiembre. Nos reunimos unos cincuenta. Ninguno de nosotros
pertenecía a ningún partido político. Pero el Frente Popular
tampoco se había dormido, aunque siempre siguiendo la línea
moderada que marca todo el proceso de la guerra en
Fernando Poo. El mismo 18 de septiembre, destituye a Sánchez
Guerra y nombra Gobernador a un medico-cirujano de mucho
prestigio y potencialidad económica. Uno de los «triunfadores»,
no de los «fracasados», como hubiese sido lo lógico. (No me
quieren dar su nombre. Yo lo he averiguado, pero quiero respetar
el significativo silencio de mis comunicantes como
correspondiente cortesía por los muchos otros datos que me han
proporcionado.) El nuevo Gobernador ostentó su cargo sólo una
noche (la del 18 al 19 de septiembre). Hoy es General de la
reserva del Ejército español.
—Se nos dio orden de detener, casa por casa, a los individuos
del Frente Popular.
— ¿Hubo mucha resistencia?
—No. Fue sencillísimo. ¿No ve que todos nos conocíamos?
Llamábamos, entrábamos y le decíamos: «Oye, Fulano,
quedas detenido; tienes que venir conmigo.» El
hombre se vestía y me acompañaba.
—Así, ¿no se disparó ni un tiro?
—Si. Se disparó un tiro. Sólo uno. Se hirió en la pierna a
uno de ellos. Era uno que tenia un bar en la Plaza España (el
«Chiringuito»). Más bien creo que fue un accidente.
En la madrugada del 19, la isla de Fernando Poo ya es
nacional. El teniente coronel Serrano se hace cargo del Gobierno
y declara el estado de guerra, tal como habían hecho varios
Generales dos meses antes. En realidad, era innecesario, puesto
que el general Miguel Cabanellas, como Presidente de la Junta de
Defensa Nacional, ya había firmado y proclamado en Burgos, el 28
de julio de 1936, un Bando cuyo articulo 1.° era:
«El Estado de Guerra declarado ya en determina-das
provincias, se hace extensivo a todo el territorio nacional.»
Y sin embargo, inmediatamente, se viola el articulo noveno de
ese mismo bando («Queda prohibido, hasta nueva orden, el
funcionamiento de todas las estaciones radio-emisoras de onda
corta o extracorta, considerándose a los infractores como
rebeldes, a los fines del Código de Justicia Militar»)
precisamente para comunicar a Burgos la incorporación de la Isla
al Bando nacional. Pero es que, naturalmente, ellos no conocían,
todavía, tal Bando; y, aunque «el desconocimiento de la
ley no exime el cumplimiento de la misma», la guerra es
una cosa especial, Guinea es también algo especial, y la
guerra en Guinea, como puede verse, fue
extraordinariamente especial, Efectivamente, en contra del
citado articulo noveno del Bando de Cabanellas, a uno de mis
comunicantes se le ordenó el envío de un radio cifrado a Lisboa,
al jefe de su casa comercial, informándole de los
acontecimientos. Por mediación del Sr. Farina (más tarde
Director del Banco de Crédito Local) que llevó el mensaje a
Burgos, se enteraron allí de la victoria isleña.
5.
— Fracaso de la sublevación en el continente
En Bata, el Subgobernador (del Frente Popular) se negó a
unirse a los sublevados de Santa Isabel. Quedaron, pues,
incomunicados Isla y Continente. El 22 de septiembre hubo un
pequeño intento de sublevación en Kogo (en plena selva) y se
intentó una marcha sobre Bata, pero fue rechazada por las
fuerzas gubernamentales. La mayoría de los madereros, sobre todo
en las explotaciones forestales de Río Benito, huyeron al
Camerún, y, muchos de ellos, desde allí se trasladaron a Santa
Isabel en una lancha.
Mientras tanto, el «Fernando Poo», buque de la
Trasmediterránea que establecía el normal contacto comercial con
la Península, se ha puesto en ruta hacia Santa Isabel.
Y en Canarias, se ha constituido una fuerza de unos 200
voluntarios (8) que al mando del capitán Fontán, y como
lugarteniente el capitán Hernández, se embarcan en un buque
mercante, el «Ciudad de Mahón», al que se ha armado de un cañón.
De estos dos hombres tan distintos, más tarde, el capitán Fontän
será Gobernador de Guinea.
.6.
— Minibatalla naval
Cuando, el 30 de septiembre, el «Fernando Poo» se encuentra
en aguas intermedias entre la Isla y el Continente, no sabe a
donde dirigirse, pues tanto desde Santa Isabel como desde Bata
le están radiando que ellos son los gubernamentales y los otros
los sublevados. Los primeros lo hacen con el propósito de
apoderarse del barco (lo que de-muestra que no es cierta la
circulación de la noticia de que iba a llegar con una
tripulación revolucionaria bien armada, pues en tal caso
seria suicida atraerlo) y los del Continente, porque era la
verdad.
En la duda, el radiotelegrafista del barco se comunica con
Madrid, desde donde le aclaran la verdadera situación. (¡Si
todos los militantes del Frente Popular hubiesen sido
radiotelegrafistas quizá hubiesen podido ganar la guerra!)
Ese mismo día, atraca en Bata. Y, al igual que el «Uruguay»
en Barcelona, es destinado a prisión flotante. La habitarán unos
pocos sacerdotes y otros sospechosos de «auxilio a la rebelión».
En Santa Isabel han perdido la presa. Lo estaban esperando con
la Guardia Colonial armada y un suplemento de bombas de
fabricación casera. Pero el «Ciudad de Mahón», salido de
Canarias, le ha seguido a distancia. Y se presenta a los pocos
días (9) frente a Bata. Dispara contra el puerto y contra el
«Fernando Poo». Los elementos gubernamentales huyen.
El «Ciudad de Mahón» ha ganado la minibatalla naval.
7.
— Dos desembarcos y dos sorpresas
Al desembarcar los voluntarios canarios, toman fácilmente la
ciudad, y liberan a los presos del «Fernando Poo». Sólo hay que
lamentar la muerte de un sacerdote ahogado durante la breve
lucha, probablemente al intentar escapar. La sorpresa se produce
al día siguiente de la minibatalla. Alguien observa que el
«Fernando Poo» está cambiando su silueta. Efectivamente, está
escorando. En pocos momentos, se hunde. Había sido alcanzado en
algún punto vital bajo la línea de flotación, pero nadie se
había apercibido de la gravedad.
El «Ciudad de Mahón» y sus voluntarios zarpan para Santa
Isabel. Allí se les espera entusiasta y alegremente, no como
liberadores (pues la isla ya es nacional y vive en paz,
prácticamente sin problemas), sino como confraternizadotes de la
causa común.
Serrano como ya he dicho, se ha hecho cargo del Gobierno. Al
ex gobernador Sánchez-Guerra se le ha embarcado en un barco
holandés con destino a Europa, recomendándole:
—Desde el sitio al que arribe, trasládese Ud. a Burgos y
preséntese a las autoridades (lo cual cumplió al pie de la
letra).
Solo están custodiados algunos elementos del Frente Popular
(de los que se entregaron sin resistencia el 19 de septiembre).
En Santa Isabel, no hay tribunales de mayor instancia. Ni los
había antes, porque a los delincuentes se les enviaba a
Canarias, ni los hay de nuevo cuño (ni tribunales populares, ni
militares, ni de represión, nada).
La tranquilidad reina eh la Isla.
Hasta que llega el «Ciudad de Mahón».
Desembarcaron airosos los voluntarios canarios, uniformados
con unos monos blancos.
—No recuerdo ni camisas azules ni boinas rojas. Tampoco
uniformes del Ejército —me aseguran. Y en aquel momento, los
canarios asimilan la segunda sorpresa guinea. Se les recibe con
indiscutibles muestras de amistad y aplauso, pero con la bandera
republicana, roja, amarilla y morada. Una banda de música
entona, solemnemente, el Himno de Riego. (10)
8.
— La tercera sorpresa
Dice «Cödex» (11) que «aunque no tardaron en surgir raros
celos contra los expedicionarios de Canarias, algunos de los
cuáles acabaron por asentarse definitivamente en la colonia,
los nacionales habían incorporado a su Alzamiento los lejanos
territorios de Guinea».
Es cierto lo de que «algunos acabaron por asentarse
definitivamente». Respecto a la incorporación al Alzamiento, no
puede negarse que, por lo menos en la Isla, ya había sido
efectuada casi un mes antes.
En cuanto a los «raros celos» hay que subrayar que los elementos
de la fuerza expedicionaria, a los que se esperaba como amigos,
se comportaron en líneas generales, como ocupantes.
Inmediatamente después de una Misa de Campaña, que coincidió
con la Fiesta de la Raza, el 12 de octubre de 1936, los canarios
se hicieron cargo de cuanto significaba mando. Los presos, hasta
entonces respetados, fueron maltratados y apaleados. Los que se
habían sublevado (la gente de orden) tratados casi como
«nacionales de 2ª clase» o «semirrojos».
Nada me han dicho en contra del Jefe de la expedición (el
capitán Fontän). Si, en cambio, respecto a otro oficial, al que
apodaron «Mi caballo murió» pues siempre iba con una
fusta de montar (¿o de pegar?) aunque no tenia caballo.
Puede decirse que hubo represalia. No cruenta, no como la de
Badajoz, pero si saliéndose algo de la línea moderada que hasta
entonces había prevalecido.
Esta tercera sorpresa fue, sobre todo, para los que se habían
sublevado el 19 de septiembre. Aquellos hombres que querían
trabajar en paz, que ninguno de ellos estaba afiliado a ningún
partido político, pero que les gustaba el orden. Y, que
al fin y al cabo, cuando aquella madrugada fueron, casa por
casa, a buscar a los del Frente Popular, no sabían como iban a
reaccionar estos. Y, sin embargo, a pesar de esta sorpresa,
deciden, a través de la cámara Oficial Agrícola y Forestal de
Bata y del Sindicato Maderero, donar el 20% del producto bruto
realizado aquel año, a favor de 1a causa nacional. Esta
aportación, en su lógica relatividad, fue de las más generosas
(o la más) de las que pudieran contarse en otras provincias
sublevadas.
-Esta donación, ¿fue espontánea? —pregunto.
-Totalmente.
— ¿No hubo coacción?
—Ninguna, en absoluto.
Como empezaban a escasear los víveres, se pidió
aprovisionamiento a la Península (a la zona nacional,
naturalmente). Les enviaron el buque «España nº 5» cargado entre
otras vituallas de higos secos. Quizá no estaban previamente
seleccionados o quizá se estropearon en ruta, pero hubo que
tirarlos.
Al poco tiempo, fue nombrado Gobernador, Manuel de Mendibil y
Elío. Eficiente, de amplia nobleza y comprensivo, Guinea empezó,
otra vez, a funcionar normalmente.
Y los hombres que se habían sublevado y que habían conseguido
la Isla para la nueva España, volvieron tranquilamente a su
trabajo. Sin apetencias políticas que no les interesaban para
nada. Estos son los que la Historia había abandonado. Estos, y
otros, son los que allí estaban cuando España abandonó Guinea en
1968.
------------------------------------------------------------------
(1)
En el intento de España para demostrar su descolonización,
Guinea pasó a ser parte integrante de España, en 1959, dividida
en dos provincias españolas (como Tarragona o Valladolid)
que se denominaron Prov. de Fernando Poo y Prov. de Río Muni.
Esto sirvió únicamente, para entorpecer, más de lo que estaban,
las relaciones entre: españoles y guineos, entre guineos
españolizantes y guineos independentistas, y entre españoles
residentes en Guinea y burócratas españoles residentes en
Madrid. Nueve años después, España no tuvo más remedio que
conceder la independencia a Guinea. ¡Y así les fue a los guineos
españolizantes y a los españoles guineos!
De todas formas, esta transmisión de poderes se
efectuó dentro de la más aséptica legalidad española. No así de
los guineos. Caso más extraño, en cambio, es el de Marruecos del
- que, oficialmente, aún no se ha notificado a los españoles que
lo hemos perdido.
(2)
D. José Sánchez Guerra, ex ministro y ex Presidente del Consejo
con Alfonso XIII, declaro en su mitin, en el teatro de la
Zarzuela, de Madrid, el 27 de febrero de 1930: “Yo he sido
siempre hombre monárquico, constitucional y parlamentario (...)
No soy republicano, pero conozco el derecho que España tiene de
serlo, si quiere." En resumen, repudia al Rey. No abraza
claramente la Republica, ni se adherirá al "Pacto de San
Sebastián" pero, prácticamente, se sitúa junto a Miguel Maura y
Alcalá Zamora, quienes intentaban crear una Republica moderada.
(3) D. Ibarruri y colabs., Guerra y Revolución en España;
Edit.
Progreso, Moscü 1967, tomo I, päg. 135.
(4) Manuel D. Benavides, La Escuadra la mandan los cabos;
México 1944, pág. 135.
(5) Crónica de la Guerra de España; Edit. Codex, II,
191.
(6)
Benjamín Balboa llegó a Subsecretario de Marina. ¡Buena carrera
desde telegrafista! Más tarde, con motivo del hundimiento del
Jaime I —y no siendo ya Subsecretario—, incluso se permitió
destituir personalmente al contralmirante Valentín Fuentes, Jefe
de la Base Naval de Cartagena, al que dio 24 horas para
abandonar la plaza. (N. del A.)
(7)
Crónica de la Guerra de España;
Códex II, 191.
(8)
Crónica...,
de Códex, añade que también iban Tiradores de Ifni (Ejercito
Regular). Mis comunicantes lo niegan. Los Tiradores de Ifni
llegaron en 1940 (acabada ya nuestra guerra), cuando, al socaire
de la II Guerra Mundial, se preveían posibles expansiones
españolas colonialistas.
(9)
Crónica...,
de Códex, dice "el 14 de octubre". No puede ser, porque el 12,
Fiesta de la Raza, ya estaba en Santa Isabel, después de haber
bombardeado Bata. (N. del A.)
(10)
Este despiste, dadas las circunstancias de incomunicación,
aunque en aquel momento pudiese extrañar a los expedicionarios,
no es comparable con el sucedido a los voluntarios de la
División Azul al llegar a Alemania en 1940. También les
recibieron con el Himno de Riego, ¡cuatro años después de tener
relaciones formales los gobiernos de Franco y de Hitler!
(11)
Crónica...;
II, 192.
Volver
a "La Colonia""
|
|
|