HISTORIA DE GUINEA

 
   

 

 

 

 

 

Geografía económica de la Guinea española

POR  EL

EXCMO. SR. D. JUAN BONELLI Y RUBIO Gobernador General de los Territorios españoles del Golfo de Guinea.

Señores: Cuando me cupo el honor, hace hoy quince días, de ocupar esta tribuna para hablaros por primera vez en ese ciclo sobre el África española que ha organizado la Real Sociedad Geográfica en su constante anhelo de marchar siempre en vanguardia de cuantos problemas geográficos puedan tener interés científico o actualidad en la opinión de nuestra Patria, hice lo que yo buenamente pude y supe para poner ante vuestros ojos un cuadro de la morfología geográfica de la Colonia y para daros una impresión del sello característico que presta a ese cuadro la presencia de los hombres que allí nacieron y viven.

Pero con eso no habíamos hecho más que dar un primer paso —todo lo importante que se quiera, pero primer paso nada más— para llegar a adquirir un concepto claro de lo que es la Guinea. En aquella conferencia yo quise contestar a la posible pregunta: ¿ Cómo es la Colonia ?; pero una vez contestada surge una segunda, tan lógica como la anterior, y no menos importante para nuestro conocimiento : ¿ Para qué sirve hoy la Colonia ? Y una tercera después: ¿ Para qué más puede servir? Cuando las contestemos —y vamos a ver si Dios me ayuda y las contesto— habremos conseguido formarnos un: concepto general, pero claro, de la Guinea, y estaremos en condiciones de adentrarnos, si queremos, en cuantos problemas de tipo particular plantea o tiene planteados aquellos pedazos de suelo español que conservan el recuerdo de una nación noble y generosa en el corazón mismo del África ecuatorial.

Puestos a contestar a las anteriores preguntas y con objeto de proceder con método, es cosa conveniente considerar dividida la Colonia en dos regiones: la isla de Fernando Póo y la Guinea continental; división que hacemos no tanto en atención a la diferencia que pueda haber entre lo que se cultiva y produce en uno u otro sitio, sino a la disparidad que existe entre los presentes y los futuros de ambas zonas. En el presente, por cuanto la isla tiene una historia colonial mucho más antigua. En el futuro, porque la diferencia entre la extensión territorial de una u otra ofrecen perspectivas incomparables.

En realidad, hasta ya bien entrado nuestro siglo los territorios españoles del Golfo de Guinea puede decirse que estaban limitados a Fernando Póo. En el continente no había más que unos cuantos puestos que pudiéramos llamar "cabezas de puente" o "de desembarco", establecidas en los Elobeyes, Cabo San Juan, Kogo y Bata, y que han sido la base de la penetración y desarrollo actual. No así en Fernando Póo, en donde desde hace casi un siglo la acción de la metrópoli ha sido ininterrumpida y sólo ha sufrido los vaivenes de atención y olvido propios de la inestabilidad política de la vida española en esos tristísimos tiempos. Y como la puesta en valor de la Colonia se dejó por completo en manos de la iniciativa privada —porque para algo estábamos viviendo liberalismo por los cuatro costados— y la iniciativa privada busca, como es natural, la línea de mínimo esfuerzo, cuando encontró un cultivo que le reportaba ventajas se entregó alegremente, y la agricultura de la Colonia vino así a caer, prácticamente, en un monocultivo. Es justo reconocer que la iniciativa privada creó riqueza, y que Dios la bendiga, porque lo que hay a ella se debe, pero no es menos cierto que todo se hizo desde un punto de vista particular y sin una visión completa y /de conjunto de lo que es colonizar.

Esto nos explica que la producción de cacao de Fernando Póo —que es el monocultivo a que antes hacía referencia— se encuentre acumulaba en los alrededores de Santa Isabel y San Carlos, que fueron los primeros centros de colonización, de tal forma que las más ricas se encuentran en la zona de Santa Isabel —Basilé, Banapá, Sampaka , Bonyoma y Basupú—, y las mas antiguas en San Carlos. A la producción de estas dos zonas se une la producción indígena, diseminada por toda la isla y cuyas plantaciones van alcanzando alturas sobre el nivel del mar cada vez mayores, lo que hace suponer que no podrán conseguir un discreto rendimiento.

Después del cacao, los productos más importantes que produce la isla son, hoy por hoy, el café y el aceite de palma. El primero ha hecho su aparición en la Colonia como cultivo importante hace relativamente pocos años, cuando los cacaotales no protegidos por sombra llegaron a su decrepitud y hubo que pensar en sustituirlos; pero como entonces el cacao tropezaba con dificultades en el mercado, creyeron los agricultores encontrar una panacea en el café, y café plantaron. Nacieron también, entonces, dos grupos cafeteros bien definidos, cuyo origen no fue la sustitución de cacaotales: los de Basaká y San Carlos, con la diferencia de que así como el segundo se desarrolla satisfactoriamente, el primero no prospera con igual lozanía a causa de la excesiva humedad y la niebla tan características de la región donde se haya enclavado.

La producción indígena de café es punto menos que despreciable. El aceite de palma es explotado únicamente en Bococo, al sur de San Carlos, y, en consecuencia, la cantidad que se produce y exporta apenas tiene importancia. Sin embargo, las posibilidades de producción son mucho mayores, pues existe una masa pura de palmeral en Boloco y abundantísimas palmeras repartidas por toda la isla. Bien explotadas estas palmeras, que no lo están porque al bubi no le interesa, la producción de aceite de palma de Fernando Póo podría alcanzar una cifra interesante.

Después de estos tres productos hay para la exportación algo de banana, un poco de látex —de extraordinario interés en estos momentos para España, y que proviene de algunas heveas que prestan sombra a los cacaos en dos fincas tan sólo de la isla—, y algunos cocos que sé explotan en las cercanías de Santa Isabel. Prácticamente, ya no produce más Fernando Póo, pues la vainilla y la canela que se cultivan en el Servicio Agronómico, la nuez de cola, el bitter hola, la pimienta negra y el alcohol de caña, figuran en las estadísticas de exportación, pero en cantidades despreciables por completo.

Con esto termina la rápida ojeada que convenía lanzar sobre la economía actual de la isla, y que puede resumirse así: Fernando Póo produce bastante cacao, algo de café, un poquito de aceite de palma... y apenas nada más.

¿ Y qué ocurre en el continente ? Pues veréis:

Según os decía un poco antes, hasta hace poco más de veinte años, en la Guinea continental sólo había unos cuantos establecimientos, principalmente en la región S. O., el trozo de costa comprendido entre Cabo San Juan y Kago, y las islas enclavadas en la bahía de Corisco. Los bengas que habitaban aquellos lugares eran gente pacífica con la que se podía tratar, pero unos kilómetros al interior empezaba ya el África misteriosa y salvaje, con todos sus mitos espeluznantes y todas sus terroríficas leyendas. Y, sin embargo, esas tierras habían sido pisadas y recorridas por unos españoles que querían hacer patria, lo que no fue obstáculo para que fueran entregadas al dominio del pamue, rey y señor de aquellos bosques.

Pero un buen día, allá en la segunda decena de este siglo, un marino español que gobernaba la Colonia por aquel entonces, y que quiso dar claras muestras de la hombría y patriotismo que inevitablemente tiene que haber en el corazón de todo español que ponga sus amo res en las cosas del mar, organizó una expedición a través del continente que hubo de hacer época en los fastos de la Guinea. Fue algo así como aquella famosa visita y presencia de los buques de guerra norteamericanos en las aguas y en los puertos del Japón a mediados del siglo pasado. El Celeste Imperio tuvo que reconocer que unos hombres que poseen unos argumentos tan sólidos para sostener sus opiniones como son las torres de un acorazado, tenían razón indudablemente, y, en su vista, hizo dos cosas: abrir sus puertas al comercio... y construir barcos, para ver si alguna vez le tocaba tener razón. El pamue no llegó a tanto; se conformó con dejar paso a la civilización sin ulteriores consecuencias.

Roto el hielo y deshecho el encanto que guardaba con su velo impenetrable las regiones del interior, poco a poco primero, y con ritmo acelerado después, fueron apareciendo las fincas que acusaban la presencia del blanco.

Corrían entonces los años en que el café estaba de moda, y por esta razón, tanto por impulso espontáneo del agricultor como por el consejo de los organismos oficiales, los cafetales fueron jalonando las vías de penetración, y hoy constituyen el cultivo principal de la Guinea continental.

En efecto. La carretera de Bata a Ebebeyin es el lugar geométrico de producción de café en el continente, en su núcleo más importante. Allí están las zonas de Monte Bata, Mongó, Niefang, Ayantang y Mikomeseng. Y más tarde, una vez abierta la comunicación entre Niefang y Ebinayong, aparecen en esta región nuevas fincas de café.

Al sur de Bata, y a pocos kilómetros de esta capital, está Mofó, la finca de café de mayor extensión de todo el continente. Pasado el Benito, en la cuenca del río Aye, se encuentra otro núcleo cafetero, y luego, más abajo, fincas diseminadas y enclavadas en aquellos lugares de que hablábamos antes, y que fueron los primeros sitios donde los españoles hicieron labor colonizadora.

La participación del indígena en la producción de café de la Guinea continental fue casi nula hasta hace muy pocos años. En tiempos sólo había unas cuantas fincas en aquella región de la bahía de Corisco, donde se inició nuestra labor colonizadora. Después, empezada ya la penetración, los pamues han comenzado a plantar fincas pequeñas, situadas las más de las veces a lo largo de las vías de comunicación, y hoy su producción alcanza una cifra significativa dentro del volumen total, pero esta producción está de tal manera repartida por el interior, y es tan especial la psicología del indígena, que, por ahora, no es posible saber ni dónde están las fincas ni cuál es su extensión, ni si en el cultivo preside el buen juicio o el descuido propio del temperamento indígena.

En el continente no existe cacao de producción europea; todo él es indígena, producido casi exclusivamente en el rincón N. E. de la. Guinea; esto es, dentro de un cuadrilátero con los límites siguientes: el río Benito, desde su entrada en la Colonia por su frontera oriental, hasta Niefang; la carretera de Niefang a Mikomeseng y Ebebeyin, y la de Ebebeyin a Naork, hasta su encuentro con el Benito poco antes, de Asok.

En cuanto al aceite de palma, sólo se cultiva en Mangola —al sur de Benito—, en Cabo San Juan, y un núcleo secundario de escasa importancia en río Campo, al norte de la Guinea.

El capítulo de la yuca merece mención aparte. A partir de la iniciación  de la actual contienda, y por razones más o menos estrechamente ligadas con este conflicto, la producción y exportación de yuca de la Guinea ha alcanzado un volumen inesperado. Es cultivo de circunstancias que no es de esperar que se mantenga cuando cesen las actuales condiciones económicas del mundo, pero que de continuar tendría que ser sometido a un régimen de cultivo que impidiera que el bosque sufriera pérdidas difíciles de recuperar. En el momento actual, la producción de yuca está concentrada en los alrededores de Bata y en Niefang, como mercados más importantes.

Por último, y como en Fernando Póo, se producen y exportan en la Guinea cocos, nuez de kola, copra, etc., en cantidades insignificantes.

Pero el continente cuenta con otra fuente de riqueza que no posee la isla y que es de suma importancia. Me refiero a la producción forestal. El bosque ecuatorial que, como os decía el otro día, cubre con su manto casi todo el territorio de la Guinea continental, ofrece una inmensa variedad de especies en maderas ricas y de utilidad diversa, entre las que descuella por sus incomparables cualidades para el desarrollo y fabricación de tablero de contrachapado, el okume. En realidad, hoy no se conoce todavía la riqueza forestal de Guinea porque las dificultades de su estudio son, de momento, invencibles. Téngase presente que en nuestras latitudes el bosque se presenta, por regla genera!, en masas puras; se tiene un pinar o se tiene un alcornocal : Allí no; allí se encuentran reunidas y mezcladas en proporciones indescriptibles las más diversas especies de temperamentos más dispares, lo que convierte la ordenación de montes en empresa de titanes o poco menos. Así se comprende que la explotación forestal de la Colonia —iniciada hace veinte años escasos— no se haya ajustado de un modo ortodoxo a la buena técnica de la explotación de montes, y así se comprende también que las terribles dificultades de saca de madera en un país sin medios de comunicación adecuados, como no fueran fluviales, haya agrupado las concesiones forestales a lo largo de la costa y en las cuencas de los ríos importantes.

Prácticamente, la producción forestal está concentrada en el rincón S. O. de la Colonia. La zona comprendida desde los rápidos del río Benito, en Senye, hasta la desembocadura de este río; desde aquí, por la costa, hacia el sur, pasando por Etembue, Cabo San Juan y Calatrava hasta el Muni y Kogo, para subir después por el Manyani, comprende la casi totalidad de las concesiones madereras con un único núcleo secundario en la vertiente norte del Mbia, cerca del río Campo, cuya explotación puede decirse que no ha sido iniciada. 

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Bien; pero con esta rápida ojeada que hemos echado a la producción colonial, si bien pudiéramos contestar a la pregunta ¿qué produce la Guinea?, no nos permitiría hacerlo a esta otra no menos importante :¿Y cuánto produce ? Por eso, y para que esta segunda pregunta no se nos quede en el aire, voy a dar unas cuantas cifras a las que procuraré quitar la frialdad de los números que figuran en las. estadísticas, utilizando una unidad de medida apropiada.

Por ejemplo: ¿ Cuánto cacao exporta anualmente la Colonia ? Pues exporta una cifra tal que, transformada en chocolate corriente, permitiría que a cada español nos tocaran algo más de seis libras. Esta cifra no parece muy elevada, y sin embargo, como no todos los españoles toman chocolate, viene a cubrir las necesidades del mercado nacional.

¿ Y café ? Pues café se produce mucho menos; hasta el extremo de que, si hacemos lo mismo que con el cacao, nos íbamos a tener que conformar con un cuarto de kilo escaso por cabeza. Pongamos un. cuarto de kilo, que lo de escaso ya vendrá en el peso, y aclaremos que el café está en verde, no tostado.

Viene después el aceite de palma con 250.000 kilogramos anuales, de producción; lo que quiere decir que si nos lo repartieran en el racionamiento nos darían diez gramos por cabeza. Bien poquito es, corno veis, pero con lo malo que es de tomar, si algún día se les ocurriera, darlo como racionamiento, ¡bonitas cosas se iban a oír en la glorieta de los Cuatro Caminos!

Y queda la yuca, porque el resto de la producción: palmíste, cocos, banana, etc., son cifras enteramente despreciables. Pues aplicada a la yuca que se exporta la misma unidad del racionamiento, nos daría como medida un cuarto de kilo por cabeza al año. Verdaderamente, no vale la pena destrozar el bosque por tan poca cosa.

Estas son las cifras agrícolas. La de producción forestal es de cien mil toneladas al año aproximadamente.

 

 

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Con estos números que acabo de dar, que han sido los menos posibles y lo más "camuflados" que he sabido, tenemos completo el cuadro de la distribución de cultivos en la Colonia y de la importancia, actual de esos cultivos. Es decir: que ya podemos contestar a aquella, pregunta que hicimos al principio, tan interesada y egoistona en sí,. pero, al mismo tiempo, tan lógica y humana. ¿ Para qué sirve hoy la. Colonia? Pues sirve para dar a España todo eso que acabamos de ver  el cacao, el café, la madera, el aceite de palma...; una serie de productos que nuestra Patria necesita. Es verdad que España necesita otras muchas cosas que hoy no le da la Colonia, y que aun aquellas que en la Colonia se cultivan no bastan para cubrir las necesidades de la metrópoli. En realidad, no las podrá cubrir nunca, pues aun. cuando la Guinea fuera un prodigio de fertilidad y capacidad de producción —que no lo es— su limitadísima extensión superficial sería, el muro donde chocaran y vinieran por tierra las más optimistas ilusiones.

¿ Quiere esto decir que en Guinea ya está todo hecho y que sola nos queda dormitar tranquilamente bajo el dulce sopor tropical? Nada. de eso; en la Colonia queda mucho, muchísimo, por hacer, pero también hay ya cosas hechas, y lo que yo quiero es dejar bien sentado que las posibilidades de Guinea serán siempre modestas, y que los que piensen que aquellas tierras son inagotablemente ricas darán pruebas de que nunca han sentido la terrible caricia del sol al cruzar un "bikoro" en un viaje a pie a través del bosque ecuatorial.

Pero bueno —me diréis—. Vamos a cuentas. ¿ Qué se puede hacer, en definitiva, en Guinea?... Teóricamente, mucho. Y digo mucho, porque en la isla, por ejemplo, con excepción de la parte norte, que está cultivada por completo, el resto no tiene en explotación más que una faja costera. Queda, pues, mucho terreno disponible, tanto para los cultivos típicos —cacao, café, etc.— como para nuevas producciones: el quino, el ricino, el estrofanto, la iboga, la cola y la coloncoba. o chaulmoogra africana; todas ellas plantas medicinales que prospe ran maravillosamente en la Colonia, según atestiguan experiencias ya realizadas en el Servicio Agronómico, con excepción del estrofanto, cuyo cultivo ha fracasado a pesar de que se da espontáneamente en el bosque, pero se insiste nuevamente y es de esperar que con éxito.

El quino es planta que necesita cierta altitud sobre el nivel del mar, circunstancia que se da en Fernando Póo favorabilísimamente por cuanto queda una extensa zona entre los Picos de Santa Isabel y San Joaquín, que todavía no ha sido puesta en producción. El ricino prospera donde quiera que se plante, incluso lamido por el mar. Y en cuanto a la chaulmoogra, es planta de sumo interés colonial, porque de ella se obtiene el antileprol, medicamento para combatir la lepra, plaga terrible que causa tremendos estragos en Guinea. En la actualidad se recoge como producto espontáneo del bosque, pero es de desear que su cultivo se extienda y pueda la Colonia satisfacer su propia demanda de antileprol y la de la metrópoli. Otras muchas plantas medicinales se encuentran, sin duda alguna, entre las especies botánicas de la Guinea que los pamues conocen y utilizan, pero cuyas propiedades terapéuticas son todavía desconocidas para nosotros. Aquí tiene la Farmacognosia un amplísimo campo de investigación, en el que seguramente encontraría lisonjeros éxitos.

Y si pasamos de las plantas medicinales a otras como el ilang-ilang, eí franchipán y el country-tea, de las que se obtienen excelentes esencias, muy solicitadas, habremos incrementado las posibilidades de la Colonia para nuevos cultivos, pues tanto desde los puntos de vista climatológico como agronómico, la Colonia se muestra particularmente propicia para su cultivo, especialmente con la primera de las plantas citadas: el ilang-ilang, de la que se pueden obtener altos rendimientos económicos.

También figura el tabaco entre las plantas que pueden cultivarse con éxito. Las experiencias hasta ahora realizadas han dado resulta­dos muy halagadores, hasta el punto de poder competir por su calidad con los de fama mundial reconocida.

Otro cultivo de interés extraordinario, sobre todo desde el punto de vista nacional, y que en la Guinea se consigue perfectamente, es el de la Hevea para la obtención del caucho. En la actualidad —como os decía antes— la producción de látex es muy pequeña, y casi todo el caucho que viene a la Península procede de lianas silvestres y se recoge en el bosque. Este sistema es bueno únicamente para salvar un momento de crisis como el que atravesamos, pero la realidad es que, con él, lo que se consigue es arruinar la fuente que tenemos, porque como la recogida la hacen los indígenas, y los indígenas en el bosque producen el mismo efecto que un toro furioso en una cacharrería, en lugar de sangrar las lianas para obtener el látex, cortan la liana... y adiós fuente. Por eso interesa a España contar cuanto antes con plantaciones de Heveas cultivadas con técnica y método.

Es muy cierto que no se puede pensar en que la Colonia abastezca de caucho en cantidad suficiente para cubrir las necesidades del mercado, como también lo es que la obtención de semillas de rendimiento elevado tropezará con serias dificultades. No importa; lo que interesa es que España pueda contar con una cierta cantidad que le permita atender a sus más apremiantes obligaciones, y esto, Dios mediante, se podrá conseguir en Guinea,

Por contraposición con estos productos de que acabo de hablar, el algodón no parece que sea fácil de cultivar en la Colonia, pues la gran humedad y las grandes lluvias características del clima, hacen muy problemática su recolección. Climatológicamente, Annobón es el único sitio que ofrece mejores perspectivas, si bien tiene el grave inconveniente de su pequeña extensión.

Algunas plantas para la obtención de fibras, como el sisal y el abacá, se encuentran en período de experimentación, sin que pueda emitirse un juicio todavía sobre la conveniencia o inconveniencia de su cultivo.

Forestalmente, el futuro de la Guinea no será, en esencia, muy distinto del presente, pues seguirán explotándose las mismas especies con igual o alguna mayor intensidad, según las posibilidades que ofrezca el conjunto de la Guinea desde el punto de vista forestal, y que son aún desconocidas. Porque lo primero que hay que hacer para poder decidir con fundamento sobre esta cuestión es saber la cantidad de madera que tenemos y en qué sitios de la Guinea se encuentra, con tal densidad que haga ventajosa y económica su explotación. Mientras esto no se consiga y tengamos un mapa forestal, siquiera sea suficientemente aproximado, se andará un poco a ciegas y expuestos, por lo tanto, a graves contratiempos. La Colonia necesita una Ordenación total de sus montes, de tal manera que siempre se pueda sacar y siempre tengamos madera, y siempre tengamos bosque, sin olvidar ni un solo momento que la riqueza y fecundidad de aquellos territorios se puede medir exactamente por el manto forestal que la cubra, y que destrozar el bosque y arruinar la Colonia son palabras distintas que tienen el mismo sentido.

Con lo que llevo dicho, con esa rápida, pero bastante completa revista que acabamos de pasar a lo que es el presente y a lo que puede ser el futuro de nuestros territorios de Guinea, podría darse por terminada esta conferencia, y yo dejaría de abusar de vuestra atención; pero si así lo hiciera, os marcharíais a vuestras casas con un concepto equivocado sobre lo que aún se puede hacer en la Colonia. Y es que todo lo que os he dicho es verdad, pero no es toda la verdad. Es verdad que, climatológicamente y agronómicamente, en la Colonia se pueden ampliar los cultivos típicos actuales y producir más cacao, más café, más aceite de palma, etc. Es verdad, igualmente, que se pueden cultivar con éxito otros muchos productos: el ilang-ilang, el country-tea, el ricino, el tabaco, el quino, la chaulmoogra; así como numerosos frutos: aguacates, chirimoyas, pinas de América, ananás, toronjas, naranjas, limones, mangostanes, papayas, etc. Pero hay también otra verdad que es lúgubre en vez de ser sonriente como estas otras, y que constituye el insalvable y grave obstáculo con que tropieza la expansión económica de Guinea. Este obstáculo decisivo, esta verdad limitativa de las otras verdades, es la falta angustiosa ,de la mano de obra.

La Colonia está, por desgracia, muy despoblada. Según los últimos cálculos, no sé si optimistas o pesimistas, porque el censo no merece una excesiva confianza, se pueden cifrar sus habitantes en unas 150.000 almas. ¿Cree alguien que de esta cifra se podrían sacar los cuarenta o cincuenta mil braceros que pudiera necesitar la isla para ponerla en plena producción, mas otros tantos por lo menos en el continente? Bien claro está que no; luego necesitamos que vengan de territorios vecinos como ya vinieron en épocas anteriores y continúan todavía viniendo, aunque sea en las actuales dosis homeopáticas. ¿ Pero podrán venir todos los que necesitamos? ¿Y si no permiten la emigración las demás potencias que tienen colonias próximas a la nuestra porque no quieren o porque también ellos tienen falta de bra­zos? Porque no se puede olvidar que la población de África decrece en proporciones aterradoras. En el Gabón, por ejemplo, ha pasado de 1.200.00 habitantes a 400.000 en poco más de veinte años. Nosotros, gracias a Dios y al esfuerzo conjunto de administradores, médicos y misioneros, vamos conservando nuestra población; pero en otras regiones se ha dado la voz de alarma. ¿Se piensa bien en lo que eso significa? ¿Será verdad aquella frase de un inglés ilustre que dijo que los pueblos de África que habían soportado tres siglos de comercio de esclavos no aguantarían ni un siglo de civilización...?.

Ya veis cómo sobre aquel bello panorama del futuro se ha presentado un nubarrón que nos ha dejado sin horizonte. A simple vista, de primera intención, el problema se ha planteado en estos términos : O vivir siempre en la Colonia de los braceros que quieran o puedan venir de las colonias vecinas, o sacar cuantos hombres se pueda de nuestra propia población, sea como sea. La primera solución jamás permitiría desarrollar un plan de explotación integral de la Colonia, porque no sabríamos con exactitud un dato fundamental: ¿ de cuántos hombres puedo disponer? La segunda sí lo permitiría, porque sabríamos con lo que podríamos contar... Pero, atención, señores, porque acabamos de asomarnos a uno de los más negros y profundos abismos de la colonización...

Fijaos bien. Decíamos que para poder incrementar la riqueza de la. Guinea; para poder servir con más amplitud a la Metrópoli de algunas cosas de las que anda tan necesitada, la mejor solución era coger todos los hombres útiles entre nuestros indígenas y ponerlos a trabajar. Muy bien; pero ¿ quieren ustedes decirme en qué se diferencia esto de la esclavitud? ¿No es esto un trabajo forzado? ¿Hay alguien que tenga autoridad moral para obligar a trabajar a otro en beneficio de tercero? ¿Es que las naciones civilizadoras tienen derecho a exigir que los pueblos colonizados trabajen en beneficio de ellos ?

¿Qué os parece el abismo? ¿Era negro y profundo como yo había anunciado?... No es el momento ni la ocasión de desarrollar este tema, pero aunque parezca que me he metido en un lío muy gordo os diré que todas esas preguntas se pueden contestar satisfactoriamente a la luz de los principios de la moral cristiana, porque como el Cristianismo es la única verdad, de ahí tienen que salir todas las demás verdades. Pero volviendo a nuestro cuento, que es lo que de momento importa, resulta que como para resolver el problema de la expansión económica de la Guinea habíamos previsto dos caminos: el de obtener braceros de otras colonias y el de sacarlos de nuestra propia población, y ya hemos visto adonde hemos ido a parar, hay que renunciar al sistema de colonización europea para el porvenir; respetar la colonización europea actual, con sus posibles ampliaciones "sin estridencias", y pensar en una colonización indígena para el mañana.

¿Y qué es colonización indígena? Pues es conseguir que el indígena trabaje una pequeña finca, que venga a ser como un patrimonio familiar; enseñarle a cultivar bien para que el fruto que obtenga se pueda presentar en el mercado en las condiciones debidas, y elevar su nivel de vida por medio de un trabajo honrado en el seno de la familia.

Pero esto que se enuncia tan fácilmente y con tan pocas palabras es tremendamente revolucionario para la ancestral psicología del indígena y para su milenaria costumbre, porque llegar a esa situación significa convertir en sedentario al que por tradición de siglos es nómada; hacer un agricultor de quien nunca se dedicó a ningún cultivo porqué lo considera quehacer propio de mujeres, y dar un sentido a. la familia de obligaciones y deberes mutuos, y de mutuo amor, que está muy lejos y por encima de la manera de ser y de sentir del negro. Es educar al indígena, en una palabra, y formar un hombre nuevo más útil para sí, para los suyos y, en definitiva, para sus semejantes. Es llevar el concepto de solidaridad por deber a quien sólo se sintió solidario por temor; es llevar el orden adonde reina el caos, y es poner unos hombres, una sociedad y un pueblo que camina hacia su muerte en el sendero de una nueva vida.

Y aquí tenéis cómo al plantearse una cuestión económica hemos venido a dar en una cuestión política, que viene a traducirse en otra espiritual, lo que, si bien se mira, nada tiene de extraño, puesto que el hombre es un compuesto indivisible de espíritu y materia, de donde se sigue que todo cuanto quiera hacerse con el hombre habrá de ser hecho pensando conjuntamente en la materia y en el espíritu, y sin olvidarnos de dar a cada cual la importancia que su jerarquía exige. Sólo así, y precisamente así, los que tenemos el deber de mirar por el bienestar de aquellos hombres y de aquellas tierras, podremos orientar nuestra conducta de tal modo que nos permita esperar el mañana sin inquietudes ni pesadumbres, aun en medio de este mundo desalentado y enloquecido, porque tenemos fe en que todo se le ha de dar a quien busque en la tierra el reino de Dios.

Y que El nos ayude en esta tarea para el mejor servicio de Espa­ña. Que otro mejor servicio para mi Patria que el de llevar la ley moral a la Colonia yo no lo concibo.

 

[ El texto reproduce la edición de 1945 publicada por la Dirección General de Marruecos y Colonias y está incluido en el curso sobre el "África Española"]

 

Editado y distribuido por ASODEGUE

 

 

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