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HOJAS INFORMATIVAS
13
de febrero de 2007
"La economía política del petróleo en Guinea Ecuatorial"
Brendan McSherry (*)
RESUMEN: Este artículo
analiza la economía política del petróleo en Guinea Ecuatorial,
uno de los últimos y más importantes países productores de crudo
en África. Comienza con una breve historia del país y su
reciente experiencia de desarrollo con petróleo. El artículo
continúa integrando la experiencia de Guinea Ecuatorial en el
ámbito de los estudios que relacionan la abundancia de recursos
naturales por un lado, con una pobre trayectoria de desarrollo,
de autoritarismo y conflicto civil por otro. El artículo
concluye argumentando que el petróleo ha exacerbado patologías
ya presentes en la economía política de Guinea Ecuatorial,
allanando el camino para futuros problemas de subdesarrollo,
inestabilidad y gobierno autoritario, problemas todos ellos que
podrían verse aliviados en alguna medida de producirse cambios
en la política exterior de los Estados Unidos en esta región.
INTRODUCCIÓN
En Marzo de 2004 el gobierno de
Guinea Ecuatorial arrestó a diecinueve mercenarios acusados de
tramar un golpe de Estado en este diminuto, aunque rico en
petróleo, país africano. Entretanto, el gobierno de Zimbabwe
arrestaba a otros setenta mercenarios supuestamente en camino
desde Sudáfrica para apoyar el golpe. Capitaneados por el
mercenario sudafricano Mark du Toit y financiados por, entre
otros, Sir Mark Thatcher, los conspiradores esperaban sustituir
al Presidente Obiang Nguema por el líder opositor Severo Moto,
en el exilio desde hace largo tiempo. [1]
Este dramático giro de los
acontecimientos pone de manifiesto el renovado interés por esta
antigua colonia española de África Occidental. El reciente
descubrimiento de ricas reservas de petróleo en el lecho marino
de la costa atlántica del país, ha convertido ya a Guinea
Ecuatorial en el tercer productor de crudo del continente
africano, con una producción diaria estimada de 181.400
barriles. [2] El descubrimiento la ha convertido en objetivo de
inversiones foráneas procedentes de todo el mundo, y en especial
de Estados Unidos. El crecimiento económico ha sido el más
acelerado del mundo y el FMI [Fondo Monetario Internacional]
predice un impresionante índice de crecimiento del 45.1% para el
2005. [3] Este rápido crecimiento, unido a una población de
menos de 500.000 habitantes, ha elevado la renta media per
cápita hasta la asombrosa cantidad de 50.240 dólares, la segunda
más alta del mundo después de Luxemburgo. [4] La riqueza
petrolera de Guinea Ecuatorial podría transformar al país de su
condición de periferia en centro económico. No obstante de poco
se han beneficiado las clases populares del país, --la creciente
pobreza, la enfermedad y las desigualdades persisten. [5] La
esperanza de vida se ha estancado lamentablemente en los 49
años, mientras el desempleo supera el treinta por ciento. [6]
Las rentas generadas por el petróleo han consolidado el brutal y
autoritario régimen del Presidente Nguema, propiciando la
actividad criminal del que ya es uno de los estados más
perversos del planeta. El incremento de las tensiones étnicas y
regionales, la reciente trama golpista, y una intentona
semejante sucedida en 2003 apuntan a un aumento de la
inestabilidad política en los años venideros. [7]
Esta
combinación de paupérrimos resultados en lo que hace al
desarrollo del país, autoritarismo enquistado, e inestabilidad
política, reproduce las experiencias de otros países ricos en
recursos naturales a lo largo y ancho del planeta. La así
llamada “maldición de los recursos” (resource curse) ha
frustrado las esperanzas de muchos exportadores de materias
primas con bajas rentas y ha producido un amplio intento de
explicación de este, en apariencia paradójico resultado, en la
literatura académica.
Esta variada literatura puede
ayudar a explicar la difícil situación en que se encuentra
Guinea Ecuatorial, arrojando luz sobre lo que le deparará el
futuro –mayor subdesarrollo, pocas oportunidades para la
democratización, incremento de la inestabilidad política, y
violencia. Sin embargo, el mejor trabajo de la literatura sobre
la “la maldición de los recursos” reconoce que la economía
política del petróleo de Guinea Ecuatorial seguirá su propio y a
menudo idiosincrásico camino. El reducido tamaño de Guinea
Ecuatorial, la generalización de los delitos en las altas
esferas del gobierno, la peculiaridad de sus divisiones étnicas
y regionales, su pasado marcado por un autoritarismo
gubernamental extremo, su relevancia estratégica para los
Estados Unidos, y la situación de sus yacimientos de off-shore,
condicionarán de manera significativa la relación de este país
con la “maldición de los recursos”. En última instancia, la
difícil situación de Guinea Ecuatorial confirma los argumentos
centrales de la literatura académica sobre esta maldición y
proporciona un ejemplo extremo de los peligros que lleva consigo
un proceso de desarrollo basado en los recursos naturales en
estados frágiles.
Este artículo analiza la
economía política del petróleo en Guinea Ecuatorial desde la
perspectiva de la literatura académica de “la maldición de los
recursos”. Comienza con una breve historia del país y su
reciente experiencia de desarrollo basado en los beneficios
obtenidos del petróleo. El artículo continúa hasta integrar la
experiencia de Guinea Ecuatorial en el ámbito de los estudios
que relacionan la abundancia de recursos naturales por un lado,
con una pobre trayectoria de desarrollo, de autoritarismo y
conflicto civil por otro. Concluye argumentando que el petróleo
ha exacerbado patologías ya presentes en la economía política de
Guinea Ecuatorial, allanando el camino para futuros problemas de
subdesarrollo, inestabilidad y gobierno autoritario, problemas
todos ellos que podrían verse aliviados en alguna medida de
producirse cambios en la política exterior de los Estados Unidos
en esta región.
GUINEA
ECUATORIAL: DEL VILLORRIO TROPICAL AL KUWAIT DE ÁFRICA.
Guinea Ecuatorial ha sido hasta
hace bien poco uno de lugares más atrasados de África. Río Muni,
un pequeño fragmento del continente africano entre Congo-Brazaville
y Gabón, y la isla de Bioko integran este diminuto país de menos
de medio millón de habitantes. Durante la colonización española
las exportaciones de cacao dominaron la economía, mientras que
los extranjeros, en su mayoría españoles y nigerianos,
controlaban un reducido sector servicios. La inmensa mayoría de
los guineoecuatorianos mantuvieron su condición de agricultores
de subsistencia con poca o ninguna incorporación a la economía
de mercado. Los limitados servicios sanitarios y educativos,
unidos al poco desarrollo de sus infraestructuras fuera de las
principales ciudades, dejaron a la colonia en un estado de
manifiesto subdesarrollo. Así pues, el colonialismo no creó ni
un mercado nacional unificado, ni unas instituciones estatales
eficientes, dejando a la población ostensiblemente empobrecida.
[8]
Desgraciadamente, la
independencia fue el preludio de un período todavía peor,
marcado por la decadencia económica y una brutal dictadura.
Macías Nguema, primer presidente del país, llegó al poder en
1968 por medios más o menos democráticos, impulsando a
continuación la creación de uno de los regímenes más opresivos
del África poscolonial, solo comparable con el de Idi Amin en
Uganda. El gobierno de Nguema combinó las peores características
del caudillo latino americano y del Big Man africano,
centralizando el poder y alentando un peligroso culto a la
personalidad. [9] Puso en marcha un proceso clásico de purga de
la oposición, especialmente dirigida contra lideres
tradicionales e intelectuales. Su reinado de terror condujo a la
muerte o forzó al exilio a entre un tercio y la mitad de la
población del país. Además este proceso condujo al hundimiento
de su economía: la expulsión de los expatriados nigerianos y
españoles provocó una caída del 90% del PIB al desintegrarse
prácticamente la industria del cacao. [10]
Nguema hizo que la mayoría de
los puestos del gobierno fueran ocupados por miembros de su
familia y de su clan esangui, perteneciente a la etnia fang que
domina Rio Muni, el territorio continental. Discriminó
abiertamente a la etnia bubi, predominante en Bioko, y asesinó a
casi todos los políticos pertenecientes a la misma [11]. Esta
brutalidad y favoritismo generalizados alimentaron las tensiones
étnicas entre fangs y bubis, que conjuntamente constituyen el
noventa por ciento de la población del país, y también fomentó
divisiones entre los diferentes clanes fang. Dado que los fang
dominaban el área continental y los bubi la isla, aquellas
tensiones adoptaron un claro carácter regional. [12]
Con el paso del tiempo, Nguema
comenzó a asesinar a un número creciente de miembros de su
propio clan y de su familia, perdiendo así las simpatías de
incluso sus más fervientes seguidores. Teodoro Obiang Nguema,
sobrino de Macías, inició un violento y exitoso golpe de Estado
en 1979 y llegando al poder con la etiqueta de “libertador”. Su
régimen puso fin al reino del terror pero mantuvo el estado
policial y el aparato dictatorial puesto en marcha por Macías.
Obiang permanece en el poder hasta el día de hoy, mientras su
clan esangui ostenta un control casi absoluto del país. Los
grupos de derechos humanos lo describen reiteradamente como uno
de los más broncos dictadores del mundo, denunciando flagrantes
abusos de los derechos humanos y fuertes restricciones de las
libertades civiles y políticas. [13].
Con Obiang, Guinea
Ecuatorial se convirtió en un modelo de estado criminal, con
muchas de sus más altas instituciones envueltas en una miríada
de conductas delictivas. Bayart, Ellis e Hibou, en su pionera
obra sobre la evolución hacia la criminalidad del estado
africano, catalogan a Guinea Ecuatorial como uno de los tres
únicos países de este continente merecedores desde el principio
del apelativo de “Estado criminal”, en la medida en que el
aparato del gobierno habría llegado a estar íntimamente
relacionado con actividades delictivas a gran escala. [14] La
obra de Robert Klitgaard Tropical Gangsters [Gángsters
Tropicales] describe el año que estuvo trabajando allí [en
Guinea Ecuatorial] para el Banco Mundial. Describe una población
terriblemente empobrecida gobernada por corruptos, y en última
instancia ineptos, gángsteres involucrados en una intensa
actividad delictiva y en abusos de los derechos humanos. [15]
Entre las ya conocidas “industrias criminales” que se
desarrollaron en Guinea Ecuatorial estaban el vertido de
desechos tóxicos, el tráfico de drogas, la pesca ilegal, el
contrabando de armas y de aeronaves, y el trabajo forzado de niñ@s.
[16]
A mediados de los años 90
Guinea Ecuatorial se había convertido en el prototipo de estado
criminal, manteniendo un sistema político autocrático, con
tensiones étnicas y regionales, al tiempo que continuaba
sufriendo un extremo subdesarrollo y violaciones de los derechos
humanos. El descubrimiento en 1995 de un campo petrolero
offshore por un centro de exploración de Mobil, el pozo
Zafiro, despertó grandes esperanzas de cambio. Desde entonces se
han encontrado yacimientos de petróleo en otros muchos
sitios de la plataforma continental tanto de Bioko como de Río
Muni, convirtiendo a Guinea Ecuatorial en el productor de
petróleo reciente más importante de África. El crecimiento
económico ha alcanzado un promedio del 41% anual, a la vez que
se ha producido un boom urbanístico en la capital, Malabo, así
como en las ciudades petroleras de Luba, en Bioko, y de Bata, en
el continente. Las empresas del sector energético han invertido
miles de millones de dólares en el país durante la pasada
década, y el vuelo semanal “Houston Express” enlaza directamente
Malabo y Texas. [17] Sin embargo, los beneficios derivados de
esta bonanza económica quedan en manos de una reducida elite,
sin que la mayoría de la población se beneficie del efecto
“goteo” (trickle-down effect). La industria del petróleo
sólo emplea a unas 10.000 personas, en su mayoría expatriados o
emigrantes provenientes de los EEUU, Nigeria, Filipinas, y
Camerún. Además, pocos de los beneficios derivados del petróleo
se han invertido en programas destinados a mejorar la calidad de
vida de la población, como ilustra un gasto medio en salud de
tan sólo un 1,23 % del PIB. [18] Evidentemente, el boom
petrolero ha contribuido muy poco a mejorar las condiciones de
vida de la mayoría de l@s ecuatoguinean@s.
Aunque para la mayoría de la
población del país poco ha cambiado, lo cierto es que el
petróleo ha enriquecido enormemente a la camarilla gobernante.
La dilapidación de los beneficios del petróleo en fastuosos
gastos personales ha crecido hasta alcanzar grotescas
proporciones. El propio Obiang ha comprado una multimillonaria
mansión en las afueras de Washington D.C. Su hijo Teodorín se ha
convertido en un habitual de Manhattan, Hollywood y Paris, donde
es conocido por conducir sus múltiples coches de lujo de un lado
a otro de los Campos Elíseos. Incluso ha fundado su propia
compañía discográfica radicada en Los Ángeles. Un escándalo
reciente de corrupción, en el que estaba involucrado el
washingtoniano Banco Riggs implicaba al banco y a Obiang en un
asunto de transferencia ilegal de millones de dólares de las
cuentas del tesoro público guineoecuatorial hacia cuentas
privadas. Además, la mayor parte del dinero que Obiang gasta
dentro del país va a parar a descomunales e insensatos
proyectos, tal como la construcción de una nueva capital, Malabo
2, en lugar de a la construcción de carreteras entre
poblaciones, nuevas escuelas, o nuevos hospitales. [19]
A pesar de este desastroso y
manifiesto record de violaciones de los derechos humanos,
corrupción y criminalidad, el gobierno de los Estados Unidos ha
trabajado de manera continuada para mejorar las relaciones con
Guinea Ecuatorial. En sus esfuerzos para reducir la dependencia
del petróleo de Oriente Medio, los Estados Unidos han invertido
mucho en África Occidental. Guinea Ecuatorial proporciona una
oportunidad de inversión especialmente atractiva para las
empresas norteamericanas (también para otras) dado que sus
dirigentes han concedido gustosamente condiciones mucho más
lucrativas que las de otros gobernantes africanos. De acuerdo
con un informe del FMI de 1999, por ejemplo, las empresas
petroleras disfrutaron del que es, con mucho, el más generoso
paquete impositivo, recibiendo además los dividendos más altos
por su participación en las distintas concesiones en la zona.
[20] El Presidente Bush, a pesar de las protestas de los grupos
pro derechos humanos, ha reabierto la embajada norteamericana en
Malabo y se ha reunido personalmente con el Presidente Obiang
para discutir la seguridad del petróleo en la región, mostrando
así la importancia que esta zona ha alcanzado para la política
exterior de los Estados Unidos. Actuando así, los Estados
Unidos se han abstenido, en sus relaciones con Guinea
Ecuatorial, de cualquier intento de promover tanto la
democracia como una más equitativa distribución de la riqueza.
Los recientes intentos de golpe de estado solo han conseguido
fortalecer la determinación de Estados Unidos de apoyar al
régimen, ya que la inestabilidad de la región en un futuro
podría afectar dramáticamente a la producción de crudo. La
expulsión, de acuerdo con premisas nacionalistas, de los
trabajadores extranjeros, por ejemplo, podría suponer una prueba
catastrófica para los intereses de los EEUU, así como para otros
países. Sin embargo, los EEUU deberían cambiar su política en
este ámbito, promoviendo la democratización y un desarrollo
económico más equitativo del país. [21]
El futuro de Guinea
Ecuatorial depende en gran medida del papel que jueguen factores
exógenos, tales como la ayuda norteamericana, el apoyo
extranjero a los intentos de golpe de Estado, y la magnitud de
los futuros descubrimientos de yacimientos petroleros. Por lo
demás, su particular experiencia historia condicionará de forma
determinante los efectos del petróleo sobre la economía, las
instituciones y la sociedad. No obstante, las muchas similitudes
existentes entre los distintos países exportadores de recursos
hacen necesario un análisis comparativo de la economía política
de los recursos naturales.
ABUNDANCIA DE
RECURSOS NATURALES Y POBRE DESARROLLO ECONÓMICO
Aproximaciones Económicas
La más antigua rama
dentro de la literatura sobre la “maldición de los recursos” se
centra en el estudio de la tendencia de los países con
abundantes recursos naturales a padecer un bajo crecimiento
económico y decepcionantes resultados en su desarrollo. Los
economistas latinoamericanos Hans Singer y Raul Prebisch fueron
dos de los primeros estudiosos en hablar de este asunto.
Argumentaron que los exportadores de materias primas padecen
deterioro de los términos de intercambio en el largo plazo.
Aducían que los precios de las materias primas en el mercado
mundial caen en relación con los precios de los bienes
manufacturados, ocasionando a los productores de materias primas
el deterioro de su balanza de pagos y bajo crecimiento
económico. [22] Los datos empíricos que sostendrían su alegato
no han resultado determinantes, habiendo estudios que muestran
esta disminución y otros que, sin embargo, señalan términos de
intercambio más estables. Cuddington y Wei, por ejemplo, no
encontraron apoyo para la hipótesis de Prebisch-Singer al llevar
a cabo un análisis estadístico de la misma. [23] Sapsford y
Balasubramanyan, en el otro extremo, si encuentran evidencias
que sostienen la hipótesis de Prebisch y Singer.[24] Desde los
años 80, sin embargo, los términos de intercambio se han
deteriorado en todo el mundo en relación a las materias primas,
alcanzándose un mayor consenso en relación con el hecho de que,
al menos durante este periodo de tiempo, el deterioro de los
términos de intercambio ha representado un grave problema para
muchos países.[25] Aunque el menoscabo de los términos de
intercambio no ha afectado todavía a la industria petrolera de
Guinea Ecuatorial, la economía esta concentrada hasta tal punto
alrededor de la producción de crudo que el futuro deterioro en
los término de intercambio resultará devastador para la economía
guineoecuatoriana.
Los economistas han
argumentado que la abundancia de recursos naturales puede tener
otros efectos negativos sobre las economías. Algunos han
sospechado que rápidas fluctuaciones en los mercados de materias
primas podrían fomentar la propensión de las economías
dependientes de dichos productos a ciclos de bonanza y quiebra
económica (boom and bust), así como a desalentar
la inversión privada. [26] En mercados volátiles como el del
petróleo, esto puede resultar especialmente problemático. Sin
embargo, tendremos que esperar a la próxima fluctuación en los
precios del crudo para ver si esto afecta a Guinea Ecuatorial de
un modo significativo, aunque todo indica que una drástica
reducción de los precios del petróleo devastaría la economía del
país, dado que el 90% de las exportaciones proviene del
petróleo. [27] La extremadamente volátil naturaleza de los
mercados del petróleo desde 1971 sugiere, con toda probabilidad,
futuras fluctuaciones, las cuales podrían resultar muy
peligrosas para el futuro de Guinea Ecuatorial a no ser que los
dirigentes del país puedan acometer políticas efectivas que
contrarresten dichos efectos.
Otro aspecto del
desarrollo basado en las rentas derivadas del petróleo que ha
recibido atención académica hace referencia a la escasa
vinculación entre el sector en auge y el resto de la economía.
[28] Hasta ahora este problema ha causado constantes
dificultades a Guinea Ecuatorial. Puesto que la mayoría de las
inversiones que necesita la industria petrolera vienen de fuera,
la industria nacional no se ha beneficiado del boom, e incluso
la industria del sector servicios depende sobremanera de las
importaciones. La industria petrolera en Guinea Ecuatorial
continúa siendo, esencialmente, un enclave con escaso impacto
sobre el resto de la economía. Sin embargo, si este tipo de
economías con determinados enclaves económicos dinámicos
invierten correctamente las rentas derivadas de los recursos
naturales en otras áreas de la economía así como en
infraestructuras y en desarrollo humano, se podría generar
crecimiento en otros sectores o mejorar la calidad de los
servicios sanitarios y educativos. Teóricamente las enormes
rentas per capita derivadas del petróleo en Guinea Ecuatorial
deberían facilitar enormemente cualquiera de esas dos opciones
en comparación con países con una renta per capita derivada de
la exportación de recursos mucho menor. Sin embargo, como la
mayoría de productores de petróleo, Guinea Ecuatorial no ha
conseguido actuar de esta forma, dejando que la falta de
vínculos entre los sectores petrolero y no petrolero se
convierta en el principal problema económico para el país. Este
fracaso de los dirigentes ecuatoguineanos para implementar las
políticas adecuadas señala también la necesidad, respaldada por
de la literatura de la “maldición de los recursos”, de
incorporar tanto un análisis político como económico a los
estudios sobre el desarrollo basado en la explotación de
recursos naturales. [29]
La más conocida y
mejor estudiada variante de la literatura de la “maldición de
los recursos”, la teoría de la “enfermedad holandesa” (Dutch
Disease theory), pone todavía mayor énfasis en la
necesidad de integrar explicaciones económicas y políticas en
el análisis de los países exportadores de recursos naturales. La
“enfermedad holandesa” toma su nombre de las consecuencias que
el descubrimiento de petróleo tuvo para la economía de los
Países Bajos en las décadas de 1960 a 1970. Los recursos
petroleros encontrados condujeron a un boom de exportaciones,
pero la economía domestica pronto sufrió inflación y reducción
de las exportaciones de manufacturas, provocando un crecimiento
económico más bajo y el aumento del paro. El boom del petróleo
en las décadas de 1970 y 1980 produjo idénticos resultados en
países tan diferentes como Arabia Saudita, Nigeria y México.
Esta aparente paradoja acontece cuando el boom de exportaciones
provoca inflación y la consecuente apreciación de la tasa real
de intercambio. Esto hace a los productores del propio país,
pertenecientes a sectores diferentes a los de las materias
primas, menos competitivos y, por consiguiente, menos rentables.
Este declive en la pujanza de otros sectores de la economía es
la cruz de la "enfermedad holandesa".
Corde y Neary han
encontrado en sus análisis teóricos abundante apoyo que
confirma la hipótesis de la enfermedad holandesa. [30] Otros
estudios confirman empíricamente la influencia de la enfermedad
holandesa sobre los resultados económicos. En un exhaustivo
estudio estadístico, Sachs y Warner examinan 97 países durante
un periodo de diecinueve años, mostrando que estados que en 1971
mostraban un alto índice de exportaciones de recursos naturales
en relación a su PIB, habían experimentado unas tasas de
crecimiento inusualmente bajas en el periodo comprendido entre
los años 1971 y 1989. Explican este fenómeno, en buena medida,
como un efecto de la enfermedad holandesa [31]. Diferentes
estudios monográficos proporcionan también amplio apoyo a la
"enfermedad holandesa". Gelb, por ejemplo, documenta seis casos
de esta "enfermedad": Argelia, Ecuador, Indonesia, Nigeria,
Trinidad y Tobago, y Venezuela. [32] Una de sus monografías
muestra como Nigeria sufrió un caso extremo de la “enfermedad”
en los años 80. Picos en los precios del petróleo durante los
periodos de 1973-74 y 1979-80 propiciaron enormes ganancias
inesperadas para el gobierno, pero esta abundancia y sus
crecientes gastos concomitantes azuzaron la inflación, así como
un incremento del tipo de cambio y, consecuentemente, una
disminución del 90% en el sector no minero. [33] Gabón, vecino
de Guinea Ecuatorial en el Golfo de Guinea, también ha sufrido
la "enfermedad holandesa". Mientras el país ha desarrollado una
prospera industria petrolífera, otros sectores de la economía,
especialmente la agricultura, se han desmoronado mientras que la
desigualdad y la pobreza persisten. El crecimiento económico se
ha estancado. El cada vez más cercano fin de las reservas de
petróleo del país ha generado temor a un colapso económico casi
total en un futuro cercano a no ser que se encuentren nuevas
reservas. [34]
A pesar de la común
experiencia de la "enfermedad holandesa", muchos críticos han
argüido que este achaque afecta mucho más a economías
desarrolladas que a las subdesarrolladas, y que sus efectos
varían enormemente dependiendo del país. Benjamín et al., por
ejemplo, muestran que en Camerún la "enfermedad holandesa"
afectó a la agricultura pero no a la industria.[35] Ross por
otra parte arguye que políticas juiciosas pueden contrarrestar
la mayor parte de los efectos de la "enfermedad". [36] En
palabras de Terry Karl, “La enfermedad holandesa no es
automática. Su grado de desarrollo dependerá en buena medida de
las decisiones que se tomen desde la esfera publica”. [37] En
este mismo sentido, como Chaudhry apunta, la búsqueda de
estrategias sectoriales e industriales substantivamente
diferentes entre los diferentes países productores de petróleo
“desmiente la uniformidad de los resultados de la enfermedad
holandesa”. [38] Algunos países, incluido Irak, Malasia, Irán y
Argelia, han “contrarrestado las presiones contra la inversión
en bienes comerciables emprendiendo programas de
industrialización.”[39]
La experiencia de
Botswana pervive como un ejemplo admirable de cómo una
sana política económica puede prevenir la "enfermedad
holandesa", incluso en una economía pobre y altamente
minero-dependiente. En el momento de su independencia de Gran
Bretaña en 1966, Botswana siguió siendo uno de los países más
pobres y menos desarrollados de la Tierra. El descubrimiento
unos pocos años más tarde de los mayores depósitos de diamantes
del mundo impulsó un masivo boom exportador que hizo de Botswana
la economía de más rápido crecimiento mundial entre 1970 y 1990.
Sin embargo, en lugar de observar como el resto de la economía
se derrumba, decisiones políticas competentes permitieron rehuir
los peores efectos de la "enfermedad". El gobierno adoptó
políticas macroeconómicas efectivas para mantener la estabilidad
de los tipos de cambio. Para lograrlo se controló el gasto
público y se acumularon grandes reservas de moneda extranjera.
En lugar de pedir préstamos al FMI como la mayoría de los países
africanos, ahora mismo Botswana presta divisa fuerte al FMI.
[40] Del mismo modo Botswana consiguió mantener la
competitividad de su mayor empresa paraestatal, la Comisión de
la Carne de Botswana (Botswana Meat Commission), y ha utilizado
los ingresos gubernamentales de forma responsable en programas
sociales eficaces e infraestructuras, no en despilfarros. En
consecuencia, Botswana sigue siendo la economía y la democracia
con más éxito de África, treinta y cinco años después del
comienzo de la producción de diamantes. [41]
Mientras decisiones
políticas eficaces protegían a Botswana de caer en la
"enfermedad holandesa", la experiencia de Guinea Ecuatorial se
parece más a la de Nigeria. La inflación se ha disparado,
perjudicando el poder adquisitivo de las empobrecidas
poblaciones e impulsando una apreciación del tipo de cambio del
50%, sólo entre finales de 2001 y mediados de 2003. [42]
La producción de cacao cayó en un 30 % entre 1996 y 2001, pues
las inversiones se dirigieron rápidamente hacia el sector
petrolero y los incrementos en los tipos de cambio hicieron
menos competitivos a los productores de cacao. [43]
Unos términos de
intercambio cada vez más deteriorados y las fluctuaciones de los
precios crearán seguramente en el futuro serios problemas
a la economía de Guinea Ecuatorial, como ha sucedido en otros
países productores de petróleo. Algunos de estos efectos se han
manifestado ya. Sin embargo, aunque muchos países
“recurso-dependientes” se hayan mostrado incapaces de manejar
políticamente estos problemas, existen soluciones políticas
viables tanto para la posición de enclave de la industria
petrolera como para la "enfermedad holandesa". ¿Qué hace a los
países abundantes en recursos más proclives a los errores
políticos manifestados por Nigeria y menos tendentes de
responder a los booms de recursos del modo en que lo hizo
Botswana? La ciencia política ha tratado de esas anomalías en
mil y una formas, muchas de las cuales siguen siendo cruciales
en el caso de Guinea Ecuatorial.
Aproximaciones de la Ciencia Política
La ciencia política se ha centrado fundamentalmente en las
torpes decisiones políticas, las deficientes instituciones, o en
alguna combinación de ambas, para vincular recursos naturales y
decepcionantes resultados económicos. Especialistas en Oriente
Próximo, por ejemplo, han vinculado la naturaleza rentista de
las economías petroleras de la región con su, por lo general,
decepcionantes experiencias de desarrollo. Beblawi define el
estado rentista como aquel que obtiene el grueso de sus ingresos
de rentas externas, antes que de empresas productivas. [44]
Luciani traza una distinción similar “entre Estados de
‘asignación’ y Estados de ‘producciòn’, dependiendo de cual de
esas dos funciones – mera asignación o producción y reasignación
- sea la tarea fundamental del Estado.” [45] Mahdavy fue
el primero en tratar las peculiaridades del Estado rentista en
su análisis de Irán. [46] Argumentó que la riqueza derivada de
petróleo acorta la visión de futuro de los dirigentes y alimenta
la promoción de políticas económicas que favorecen la
estabilidad y el status quo en lugar de crecimiento e
industrialización. Otros autores afirman que las rentas del
petróleo convierten a los gobiernos en menos responsables y,
consiguientemente, menos sensibles a las necesidades reales de
la población. [47] Shambayati de manera similar argumenta que
impuestos bajos y amplios programas de asistencia pública les
sirven de escudo a los estados rentistas frente a las presiones
para que inicien programas de desarrollo eficaces. [48]
Guinea Ecuatorial constituye un
Estado rentista según la definición de Beblawi, ya que las
rentas del petróleo constituyen la mayor parte de la economía.
Con todo, Guinea Ecuatorial difiere en aspectos sustanciales de
los estados rentistas del Oriente Próximo. En concreto,
sus extraordinariamente endebles instituciones gubernamentales y
la escasez de programas de bienestar social, hacen improbable
que el régimen de Obiang llegue a comprar la aquiescencia de la
población del mismo modo que Kuwait o Arabia Saudita. Además, el
carácter delictivo del aparato estatal ha permitido una
administración de las rentas todavía más corrupta que en Oriente
Próximo, lo que probablemente contribuya a mayores niveles de
oposición a la actual situación económica entre la población. La
naturaleza neopatrimonial del régimen de Guinea Ecuatorial, no
obstante, hace probable que cualquier intento de Obiang de
suprimir dicha oposición tome la forma de suntuosos gastos en
clientelismo, patronazgo y concesión de prebendas, antes que de
amplios beneficios para la mayoría. [49]
Aparte de su limitada
aplicabilidad a Guinea Ecuatorial, las teorías de los estados
rentistas adolecen de dos importantes defectos. Primero, como
Chaudhry sostiene legítimamente, “las teorías de los
estados rentistas se alejan mucho de los análisis empíricos
minuciosos de los casos actuales”. [50] No existen estados
rentistas puros y los así llamados muestran importantes
diferencias en sus resultados políticos y económicos. Además, a
pesar de tener su origen en la ciencia política, las teorías de
los estados rentistas siguen siendo demasiado economicistas. En
palabras de Okruhlik, “El marco de análisis de los estados
rentistas es restringido porque relega las opciones políticas a
un plano secundario, por detrás de las estructuras económicas.”
[51]
La combinación de
importantes
intuiciones en la perspectiva de los estados
rentistas y la
ausencia de evidencia empírica para sus afirmaciones ha
impulsado estudios más matizados sobre la conexión entre
recursos y desarrollo. Chaudhry, por ejemplo, postula que debido
a que los estados exportadores de crudo crean instituciones
extractivas endebles, carecen de la información necesaria para
formular e impulsar políticas de desarrollo eficaces. Además,
sin información adecuada a su disposición, el gasto público
vendrá determinado más por ideas relacionadas con las carencias
básicas que por una racionalidad económica. [52] Para Chaudhry,
la escasa consistencia de las organizaciones extractivas
debilita, en general, la calidad de las instituciones, la
integración nacional, la construcción del estado y, por último,
los resultados de sus políticas de desarrollo, conclusión a la
que llega basándose en la teorización clasica de Delacroix
sobre como los Estados distributivos diferirán sustancialmente
de los Estados “normales” en su proceso de formación
estatal.[53] Esta autora examina el desarrollo institucional de
la Arabia Saudita, productora de petróleo, y de Yemen,
exportador de mano de obra, demostrando, en concreto, el
acentuado deterioro de las organizaciones extractivas. [54]
Las casi inexistentes
organizaciones extractivas de Guinea Ecuatorial otorgan crédito
a las aseveraciones de Chaudhry. Con poco conocimiento de lo que
ocurre en las regiones remotas del país, es improbable que
Obiang y sus compinches pongan en marcha algún día
programas de desarrollo eficaces. Las débiles organizaciones
extractivas, sin embargo, preceden en el tiempo al boom
petrolero y, por tanto, no son consecuencia del mismo, aunque
este boom podría erosionarlas aún más, agravando el
atraso económico. En conjunto, las endebles instituciones de
Guinea Ecuatorial y las paupérrimas decisiones políticas han
convertido en extremadamente graves los problemas ("enfermedad
holandesa" y escasos vínculos con el resto de los sectores
económicos) del desarrollo ligado al petróleo.
Los antecedentes de
otros estados débiles de África sugieren que las instituciones
de Guinea Ecuatorial seguirán siendo raquíticas y su factura
política pobre. En Gabón, el crudo facilitó el crecimiento de
una economía de enclave (enclave economy) que aportó poco
al desarrollo de otras áreas fuera de la capital, Libreville.
Los dirigentes angoleños, en lugar de invertir las rentas del
petróleo en carreteras o en capital humano, han saqueado ni más
ni menos que 4.2 millones de dólares sólo en los últimos años.
[55] Nigeria sigue siendo el más claro ejemplo de los deletéreos
efectos del petróleo sobre las instituciones y las decisiones
políticas en África. En Nigeria, el petróleo jugó un papel
crítico en la creación de un estado predador bajo Babangida, que
allanó el camino del desastre económico. En vez de facilitar el
crecimiento de instituciones eficaces o buenas políticas, el
crudo permitió a Babangida gastar imprudentemente y dejar que
las instituciones se deteriorasen. [56] Es improbable que Guinea
Ecuatorial lo haga mucho mejor que esos otros estados petroleros
vecinos, especialmente si se tienen en cuenta las políticas
particularmente venales de Obiang y su circulo más próximo. A no
ser que las instituciones del gobierno cambien por completo, las
oportunidades de un futuro económico mejor parecen escasas.
Desgraciadamente, el desarrollo basado en el petróleo ha tenido
también efectos deletéreos sobre otras importantes
circunstancias políticas, a saber los niveles de democracia y de
estabilidad.
Abundancia
de Recursos Naturales y Autoritarismo
Una importante
corriente dentro de la literatura de la “maldición de los
recursos” arguye que la abundancia de recursos podría dificultar
significativamente el desarrollo democrático. Los defensores de
la tesis del Estado rentista han estado argumentando desde hace
tiempo que la abundancia de petróleo ha impedido el desarrollo
democrático en el Oriente Próximo. Otros muestran argumentos
similares referidos a estados con abundantes recursos naturales
de África y Asia Central. Ross ha mostrado que abundancia de
recursos naturales (especialmente petróleo) y democracia están
correlacionados de forma significativamente negativa. [57]
Lam y Wantchekon, “...manteniendo constantes el PIB, el capital
humano, la desigualdad en las rentas y otras posibles
variables,... encuentran una fuerte asociación, estadísticamente
significativa, entre dependencia de recursos naturales, medida
en función de la proporción de exportaciones de minerales y
petróleo respecto al conjunto de las exportaciones, y
autoritarismo.” [58] En esta misma línea Wantchekon encuentra
que un incremento del uno por ciento en la dependencia de
recursos, medida por el ratio de exportaciones en relación con
el PIB, conduce a un incremento cercano al ocho por ciento en la
probabilidad de autoritarismo. [59] Esta aplastante relación
estadística y la notable penuria democrática de países
abundantes en recursos naturales ha generado una especie de
consenso académico para el que, al menos en determinadas
circunstancias, la abundancia de recursos naturales puede
resultar enemiga de la democracia. Sin embargo, no se ha
establecido consenso alguno sobre los mecanismos causales que
vinculan recursos naturales y autoritarismo. La literatura
actual sobre el asunto está dominada por cuatro posibles
mecanismos vinculantes: el efecto rentista, el efecto de la
represión, el efecto de la modernización, y el efecto de la
autonomía frente a la presión internacional. [60]
Estudiosos de Oriente
Próximo se han basado frecuentemente en la noción de estado
rentista, o alguna variante afín, para explicar la falta de
democracia en esa región. Otros han empezado a aplicar
argumentos similares a otras regiones del mundo, especialmente a
África. Las teorías del estado rentista argumentan que el hecho
de que en estos países no se grave a la población con impuestos
frena el surgimiento de movimientos populares en favor de un
sistema representativo. Del mismo modo, la lluvia de dinero que
generan los recursos permite a las elites consolidar su poder y
comprar el beneplácito de las mayorías a través del gasto
público.
La literatura del
estado rentista hace hincapié en la íntima relación histórica
entre tributación y democratización, dándole la vuelta a la
conocida frase “no taxation without representation” ("sin
representación no hay tributación") y convirtiéndola en “no
representation without taxation” ("sin tributación no hay
representación"). Liberados de la necesidad de gravar a sus
poblaciones, los estados fiscalmente autónomos no sienten
ninguna presión desde abajo en favor de la democratización,
llegando a ser capaces de apaciguar el descontento a través de
gastos en subvenciones y programas de asistencia pública.
Huntington, por ejemplo, ha argumentado que “a niveles más bajos
de tributación, hay menos razones para la demanda pública de
representación” [61] Anderson, en este mismo sentido, arguye
que para países productores de petróleo “......tales ingresos
eximen al Estado de la responsabilidad ordinariamente exigida
por la apropiación nacional del excedente. En países como Kuwait
y Libia, el estado puede ser virtualmente autónomo respecto de
la sociedad, logrando la aquiescencia de la población a través
de la distribución en lugar de obtener su apoyo a través de
impuestos y representatividad.”[62]
] Mahdavy
había sido de los primeros en argumentar que los estados
rentistas mostrarían una limitada presión desde abajo para su
democratización.
Chaudhry se hace eco de esta opinión indicando que las demandas
populares pidiendo mayor participación política han surgido las
más de las veces como respuesta a la imposición de tributos.
[63] Crystal por otro lado arguye que la riqueza generada por
el petróleo en Kuwait y Qatar obvió cualquier necesidad de
gravar a la burguesía mercantil, que a su vez abandonó cualquier
demanda de participación política. [64] El argumento de Crystal
tiene una especial relevancia dada la tendencia de la ciencia
política occidental a conectar la emergencia de la democracia
con la auge de una clase media mercantil. [65] Otra variedad del
vínculo impuestos-representación destaca la habilidad de los
estados rentistas para gastar una gran cantidad de dinero en
subvenciones y en otros programas que podrían, en efecto,
comprar la aquiescencia de la población. [66]
Muchos países
africanos productores de petróleo han seguido un curso
similar, utilizando los ingresos provenientes del crudo para
promover sus redes de patronazgo y, de esta forma, aplastar a la
oposición. Los líderes de la República Democrática de Congo,
Gabón y Angola, por ejemplo, han demostrado ser capaces de
consolidar sus regímenes autocráticos a través del patronazgo
político. Leonard y Straus arguyen que estas “economías-enclave”
son la base del gobierno autocrático en el continente ya que
centralizan los recursos estatales y facilitan el patronazgo. De
acuerdo con ellos, “la base de un enclave económico permite la
perpetuación en el largo plazo de gobiernos autocráticos debido
tanto a que dichos enclaves son de por sí susceptibles de
predación estatal como a que a que no dependen de una extensa
productividad para su subsistencia. De esa manera, la función
principal del estado puede ser la distribución de subvenciones
privadas....” [67] No es de extrañar que muchos de los más
longevos dictadores de África, desde Bongo en Gabón a Mobutu en
Zaire, fueron también lideres de “estados-enclave”.
Guinea Ecuatorial,
de forma muy similar al caso de Angola y de la República
Democrática de Congo, tiene todavía que desarrollar
instituciones extractivas eficaces, pero sus ingresos de petro-dólares
desincentivan, ciertamente, el desarrollo futuro de estos
recursos. Además, su reducida población y sus enormes reservas
de crudo deberían hacer bastante fácil que Obiang y sus
compinches consolidarán aún más su gobierno por medio de las
subvenciones y del gasto público. [68] Aunque los petro-dólares
probablemente liberarán al gobierno de las necesidades
impositivas, está todavía por ver si el país comienza a
gastar dinero en programas sociales y otros proyectos con
capacidad para comprar el beneplácito de las mayorías, o no.
Hasta el momento el gasto permanece abismalmente bajo, aunque la
creciente oposición al régimen podría forzar al gobierno a
incrementar sus gastos en servicios y patronazgo. Ciertamente
existe la posibilidad de que se produzca un efecto rentista en
Guinea Ecuatorial, a través del cual la ausencia de impuestos y
un abundante gasto público por parte del gobierno pudieran
desalentar el desarrollo de movimientos que reivindiquen la
democracia. [69]
En el corto plazo es
improbable, sin embargo, que Guinea Ecuatorial desarrolle
políticas distributivas similares a los estados rentistas del
Oriente Próximo o a otros enclaves africanos, debido a la
extrema penetración y generalización de los comportamientos
delictivos dentro del propio Estado. Obiang continuará
canalizando las rentas del petróleo hacia negocios ilícitos
antes que distribuyéndolas. Esto podría incentivar la oposición
de las masas al régimen, generando una amplia presión desde
abajo para su democratización. Sin embargo, si tales presiones
llegan a tomar cuerpo, no es probable que sean beneficiosas para
la democracia. Si lo necesita, Obiang tendrá acceso a inmensos
recursos en subvenciones capaces de comprar el apoyo de grupos
sociales clave (al estilo de la hipótesis del estado rentista).
Además, las transiciones a la democracia en casos extremos de
gobierno dictatorial -como Guinea Ecuatorial– raramente generan
estabilidad democrática. [70] Por tanto, una transición
promovida por las propias masas tendría pocas oportunidades de
éxito. En este caso, sería más probable que engendrase aún más
autoritarismo, debido en especial a las posibilidades que
ofrecería de acceso al poder de algún autócrata. El
prácticamente ilimitado acceso recursos por parte de Obiang
podría permitirle, además, levantar enormes aparatos represivos
destinados a desalentar a los movimientos de democratización.
La represión ha
servido como mecanismo de vinculación entre abundancia de
recursos y autoritarismo también en otros países exportadores de
materias primas. [71] Algunos de estos países son capaces de
levantar aparatos represivos lo suficientemente fuertes como
para aplastar todos y cada uno de los movimientos democráticos
y/o desalentar a las masas de seguir persiguiendo tales
aspiraciones. Irak bajo Saddam Hussein, la República Democrática
del Congo bajo Mobutu Sese Seko, Arabia Saudita bajo la Casa de
Saud, entre otros, ofrecen vívidos ejemplos de esta posibilidad
en el mundo real. Por supuesto, no todo régimen abundante en
recursos ha seguido este camino de represión. Botswana utilizó
su riqueza mineral para mejorar las capacidades del estado,
construir infraestructuras, desarrollar programas de alivio de
la pobreza y acumular reservas de divisas fuertes para evitar la
"enfermedad holandesa". El ejemplo de Botswana muestra la
importancia de la historia política a la hora de perfilar los
resultados del boom de los recursos en distintos países.
Botswana era una joven pero efectiva democracia, con un pasado
marcado por un relativamente benigno y no agresivo legado
colonial, estabilidad poscolonial y un liderazgo sagaz y
responsable, cuando se descubrieron diamantes. [72] La República
Democrática del Congo, en el extremo opuesto, tuvo un largo
pasado de salvaje explotación colonial (incluso para los
estándares africanos), conflictos étnicos, e improductivas
instituciones estatales cuando Mobutu llegó al poder. [73]
La historia de Guinea
Ecuatorial, desgraciadamente, se parece mucho más a la de la
República Democrática de Congo que a la de Botswana. El régimen
colonial español, entonces bajo un agonizante franquismo, dejó
en el poder a uno de los más brutales y temidos dictadores del
África poscolonial, Macias Nguema. Nguema gobernó con puño de
hierro, asesinando y forzando al exilio a más de un tercio de la
población del país. Macias representaba el estereotipo de
dictador endémico en el África de aquel momento, aunque él llevó
su autoritarismo más lejos que nadie. [74] Gobernó el país como
si fuera su hacienda personal, haciéndose llamar “Líder de
Acero”, “El Único Milagro de Guinea Ecuatorial”, y “Presidente
Vitalicio”. Corrían rumores de que Macias practicaba la brujería
e incluso el canibalismo. Lo hiciera o no, en general la gente
creía que lo hacía y vivían en un ambiente en el que su persona
generaba un extremo terror. Aunque el régimen de Obiang Nguema
ha resultado ser menos brutal que el de Macìas, aún sigue siendo
uno de los más opresivos del mundo. [75]
Este historial de
represión y autoritarismo no ha disminuido desde el
descubrimiento del petróleo. Persisten los continuos abusos de
los derechos humanos y la represión. Si acaso, la recién
descubierta riqueza del gobierno ha incrementado su capacidad
represiva. El penal de Black Beach, en Malabo, ha conseguido una
singular reputación por sus prácticas de tortura extrema y
violencia a raíz de que se publicaran las acusaciones de abusos
practicados a los detenidos por el intento de golpe de 2003.
[76] La represión, por consiguiente, continúa impidiendo el
progreso hacia la democracia en Guinea Ecuatorial.
Una tercera posible
conexión entre recursos naturales y autoritarismo es lo que Ross
llama el “efecto anti-modernización” (anti-modernization
effect), que tiene sus raíces en la teoría de la
modernización. [77] Sugieren muchos estudiosos que el
crecimiento económico y la industrialización generan la
formación de una amplia clase media, una mentalidad “moderna”,
mayor educación, mejores niveles de vida y, consecuentemente,
exigencias de democracia. [78] Este argumento ha sido a menudo
utilizado para explicar la falta de democracia en muchos de los
países pobres del mundo y su crecimiento en el opulento
Occidente. Esta idea ha cobrado un renovado impulso en los
últimos años, especialmente debido a estudios estadísticos que
mostraban una enorme correlación entre democracia y altos
ingresos per cápita y otros. Przeworski et al., por ejemplo,
encuentran una clara correlación entre riqueza y consolidación
democrática, aunque no con transiciones a la democracia. [79]
Los vínculos entre modernización y democratización siguen sin
estar claros. No obstante, muchos estudiosos sospechan que
existe alguna afinidad entre niveles de crecimiento y
democracia.
Si la abundancia de
recursos naturales puede obstaculizar el desarrollo, como muchos
estudios sugieren, entonces, de acuerdo con la teoría de la
modernización, también puede obstruir la democracia. Ross apoya
estadísticamente esta hipótesis. [80] La aplicación de este
argumento al caso de Guinea Ecuatorial se fundamentará en el
papel que juegue el petróleo promoviendo o obstaculizando el
desarrollo económico. Hasta ahora, el lamentable historial de
continua pobreza, decadencia agrícola y escasa creación de
empleo, no presagia nada bueno en relación con la posibilidad de
una futura democracia, si es que es cierto que existe una
estrecha relación entre desarrollo y democracia. La educación y
la salud han mejorado sólo marginalmente, a causa de las escasas
inversiones en estos sectores. La industrialización todavía está
por llegar, la escasa clase media que se ha formado es
fundamentalmente foránea (por ejemplo cameruneses y nigerianos),
y la modernización de la economía no parece estar teniendo
lugar. [81]
Un cuarto posible
vínculo entre abundancia de recursos naturales y autoritarismo
descansa en el efecto de la autonomía [capacidad de hacer oíos
sordos] frente a la presión internacional a favor de la
democracia. Englebert y Boduszynski, por ejemplo, muestran que
las transiciones africanas a la democracia han tenido lugar la
mayor parte de las veces en estados pobres en recursos y
dependientes de la ayuda externa. Arguyen que cualitativamente
estas democracias son endebles, y, lo que es más,
fundamentalmente instrumentales, por ejemplo cuando los
regímenes se democratizan para apaciguar los anhelos de las
organizaciones internacionales de distribución de ayuda. Por
otra parte, Estados ricos en petróleo y minerales, han sido
capaces de evitar la democratización gracias a esa abundancia en
recursos. [82] Esto es aplicable con total seguridad al caso de
Guinea Ecuatorial, en la medida que los petro-dólares han
obviado la necesidad de ayuda al desarrollo, acorazando, por
consiguiente, al régimen frente a la presión externa. Si EE.UU.
y otros países que actualmente invierten en el petróleo del país
cambiaran sus políticas, exigiendo medidas democratizadoras por
parte del régimen de Nguema, esto podría cambiar drásticamente.
Un cambio en esta política parece, sin embargo, poco probable,
mientras altos funcionarios del gobierno de los EE.UU. sigan
promoviendo la idea de que lo mejor para el futuro de la
democracia en Guinea Ecuatorial es el desarrollo económico
basado en el petróleo. Por consiguiente, podemos prever que en
el caso de Guinea Ecuatorial persistirá el efecto de la
autonomía frente a la presión internacional. [83]
Puede que al
autoritarismo existente en Guinea Ecuatorial contribuyan todos
estos efectos, esto es, el rentista, el de la represión, el de
la modernización y el de la autonomía frente a la presión
internacional. En concreto, la represión parece que con toda
probabilidad continuará dificultando el desarrollo democrático
en el país. A pesar de que ninguno de estos mecanismos sea el
responsable del surgimiento del régimen autoritario, todos ellos
han fomentado probablemente su desarrollo, indicando que el boom
del petróleo en Guinea Ecuatorial ha exacerbado los problemas
políticos del país. Lo que es más, la riqueza del petróleo tiene
el potencial de provocar todavía otro problema añadido para el
país, la inestabilidad política.
Recursos
Naturales y Conflicto Violento
Una tercera variante
de la maldición de los recursos vincula abundancia de recursos
con conflictos violentos e inestabilidad política. La reciente
intentona golpista en Guinea Ecuatorial pone de relieve la
particular importancia de esta literatura para comprender los
actuales acontecimientos en el país. Muchos estudiosos destacan
la tendencia a que se den conflictos étnicos y regionales en
estados ricos en recursos. Otros enfatizan los incentivos que,
para grupos rebeldes, suponen las inmensas rentas generadas por
los recursos. La forma que, de llegar a darse, adopte en el
futuro esa inestabilidad política provocada por el crudo, es
algo que aún está por ver. Las tensiones entre fangs y bubis, la
división entre la isla y el continente, y las enormes
desigualdades inducidas por el desarrollo basado en el petróleo
plantean, sin embargo, graves amenazas para la estabilidad del
país.
Muchos especialistas
en Oriente Próximo argumentan que los estados distributivos
están destinados a sufrir conflictos raciales, étnicos,
religiosos o regionales de gran alcance. Delacroix, por ejemplo,
afirma que "La base organizativa de la oposición en un estado
distributivo no puede ser la clase. Por lo tanto, tendrán que
activarse otras estructuras de solidaridad. Las estructuras
alternativas son, por defecto, las estructuras tradicionales.
Cuanto más recientemente se haya incorporado a la economía
mundial, más disponibles tendrá sus estructuras sociales
tradicionales. Así pues, un estado distributivo gobernando una
sociedad recientemente incorporada experimentará un máximo de
desafíos tribales, étnicos y religiosos". [84]
Chaudhry, en su
análisis de Arabia Saudi y Yemen, hace hincapié, de modo
semejante, en la propensión de los booms de recursos (y de los
labor remittance booms[1])
a institucionalizar y a exacerbar los conflictos primordiales.
[85] Para Shambayati, los conflictos no clasistas que
surgen son a menudo de naturaleza ideológica, como evidenció la
ascensión del Islamismo a lo largo de todo el Oriente Medio y,
especialmente, en Irán. [86] Sintetizando todos estos
argumentos, Okruhlik afirma que “Los ciudadanos que cuestionan
la desigual distribución de las rentas, la malversación de
recursos y los hábitos derrochadores de los representantes del
estado, han podido encontrar acomodo en identidades islámicas,
de ámbito regional y privado. El estado ha reforzado las
identidades sociales.” [87]
Watts, en su análisis
sobre la política del petróleo en Nigeria, subraya el papel
tanto de los estados como de las empresas multinacionales, en el
reforzamiento de las identidades sociales. Para Watts, "La
presencia y actividades de las compañías
petroleras.......constituyen un desafío para las formas
consuetudinarias de autoridad en la comunidad, para las
relaciones interétnicas, y las instituciones locales del estado,
que se plantea a través de las disputas por la propiedad y por
la tierra llevadas a cabo mediante formas de movilización y
agitación populares. Estas luchas políticas están animadas por
el deseo de obtener acceso a (i) las rentas de las empresas y a
los ingresos por indemnizaciones, y (ii) a los “petro-rentas”
estatales mediante la captura de recursos (a menudo de forma
fraudulenta) a través de la creación de nuevas instituciones
estatales de ámbito regional y/o local". [88]
El informe de Watts
sobre la violencia étnica endémica en la región del Delta del
Níger y la represión por el gobierno central de los movimientos
que reivindican la justicia medioambiental, étnica y económica,
muestra el explosivo potencial de entornos ricos en recursos
pero pobres e institucionalmente débiles, para la aparición de
manifestaciones de violencia étnica.
El potencial del
petróleo para exacerbar tensiones étnicas y regionales plantea
una seria amenaza para Guinea Ecuatorial. El país tiene una
larga historia de conflictos étnicos entre los bubis y los fangs.
El hecho de que la mayoría de los beneficiarios del desarrollo
basado en el petróleo sean fangs ha acuciado una creciente
animosidad entre los bubis, especialmente porque la mayoría de
los yacimientos de petróleo del país se encuentran más próximos
a Bioko que a Río Muni. El movimiento secesionista ha crecido en
Bioko y entre los exiliados bubsi en España. Mientras Guinea
Ecuatorial continúe su camino de crecimiento económico poco
equitativo, los riesgos de violencia étnica y regional no harán
más que aumentar. [89]
La literatura
reciente sobre guerras civiles y étnicas subraya a menudo
los efectos de la abundancia de recursos naturales sobre los
conflictos. Collier y Hoeffler, por ejemplo, encuentran que
estados excesivamente dependientes de sus recursos naturales
afrontan un riesgo mucho más alto de guerra civil que estados
pobres en recursos. Hacen hincapié en la codicia de los grupos
rebeldes como principal motivación para el conflicto civil,
frente a las quejas de naturaleza política y económica. En su
análisis, el acceso a recursos para financiar sus alzamientos y
la perspectiva de una gratificación económica establece la
conexión entre abundancia de recursos y violencia. [90] Fearon y
Laitin, usando diferentes baterías de datos, encuentran que los
países exportadores de petróleo, pero no de otras materias
primas, tienen mayor tendencia a sufrir una guerra civil. Más
que enfatizar el "afán de lucro" por encima de las ‘protestas’,
concentran su análisis en los factores que conducen a la
insurgencia. Recursos que pesan poco pero de gran valor, como
petróleo, diamantes, coca y opio promueven la guerra civil al
hacer más fácil para los rebeldes su financiación. [91] Fearon
arguye que el petróleo, al debilitar las instituciones
estatales, fomenta la decadencia del estado y, en consecuencia,
la rebelión, un descubrimiento este que más tarde encontró apoyo
en un análisis econométrico realizado por Humphreys. [92] Los
hallazgos de Fearon y Laitin, Fearon, y Humphreys, todos ellos,
apuntan a la complejidad de la relación entre recursos y
violencia. Los recursos por sí solos no instigan la guerra, pero
pueden contribuir a la violencia de muchas maneras.
Englebert y Ron
llegan más lejos y constatan la naturaleza condicional de la
relación entre materias primas y conflicto. En su análisis de la
guerra civil en Congo-Brazaville, por ejemplo, muestran que
aunque el petróleo contribuyó a la guerra, sin embargo no fue
causa suficiente para instigar la violencia. Además, argumentan
que la naturaleza externa de sus reservas de crudo (situadas en
mar abierto) circunscribió el conflicto a la capital dado que
únicamente el control del estado podría hacer que los rebeldes
se hiciesen con los ingresos del petróleo. [93] Este tipo de
análisis de Englebert y Ron sugiere que cualquier conflicto
sobre recursos en Guinea Ecuatorial se concentrará también, muy
probablemente, en la capital, dado que todos los recursos del
país están en mar abierto [offshore]. Únicamente un
control completo del estado aseguraría el dominio sobre las
rentas del petróleo en Guinea Ecuatorial, convirtiendo el
control del estado, y no el de determinadas regiones, en el
objetivo primordial de cualquier guerra que tenga como objetivo
hacerse con las rentas del petróleo. Las dos últimas intentonas
golpistas tenían como objetivo el control de Malabo, lo que
viene a presentar más evidencias respecto a esta tesis.
Ross presenta otro
posible mecanismo a través del cuál el petróleo puede promover
la inestabilidad en Guinea Ecuatorial: lo que él llama “futuros
botines” (booty futures) –la venta de derechos de
explotación futura sobre recursos naturales. [94] Ross plantea
que el mercado de estos futuros beneficios podría ser exclusivo
de África, pudiendo constituir una de las explicaciones de
la preponderancia de guerras civiles y golpes de estado en el
continente. Ross califica la intentona golpista del 2004 en
Guinea Ecuatorial como un ejemplo de golpe instigado por un
“booty future”, a través del cual los autores habrían recibido
ofertas por los futuros beneficios derivados del petróleo. Las
extraordinariamente grandes reservas de crudo de Guinea
Ecuatorial, y la probabilidad de futuros hallazgos, hace
plausible que la posible venta de “futuros botines” animen otros
golpes de estado y, posiblemente, puedan inducir el
derrocamiento del gobierno.
Los dirigentes de
Guinea Ecuatorial se enfrentan con numerosos obstáculos si
esperan evitar una inestabilidad política futura. La tendencia
de los países con abundantes recursos, particularmente los
productores de petróleo, a padecer altos niveles de violencia
política y de conflicto étnico, la actual distribución
radicalmente desigual de los beneficios del petróleo, y la larga
historia de conflictos entre fangs y bubis y entre Bioko y Río
Muni podrían combinarse hasta conducir al país a una situación
de algún tipo de violencia política. La reciente intentona
golpista es una prueba de esta posibilidad. Por otra parte, la
naturaleza externa de las reservas petrolíferas del país sugiere
que las tentativas de extender la violencia se centrarán en la
capital del país, con el objetivo de ganar el control absoluto
del gobierno, como ocurrió en Congo-Brazaville. Como
anteriormente hemos señalado, no es probable que dichos intentos
para hacerse con el control del estado desencadenen una
transición a la democracia. Más bien, y casi con toda
probabilidad, incitarán a una mayor represión por parte de
Obiang de no tener éxito y a más inestabilidad y autoritarismo
de tenerlo.
CONCLUSIÓN
Guinea Ecuatorial se
ha convertido ya en uno de los países productores de petróleo
con renta per cápita más alta del mundo. Sin embargo, la mayoría
de los guineo-ecuatorianos viven en una lamentable pobreza bajo
uno de los peores dictadores de África. La literatura de la
maldición de los recursos sugiere que esos problemas
persistirán, si es que no empeoran, mientras el país continúa
desarrollando su industria petrolera. Además, la proclividad de
los productores de petróleo a padecer conflictos étnicos y
regionales arroja una sombra de duda sobre la futura estabilidad
del país. Aunque el crudo ha estado extrayéndose solo durante
una década, todas las señales indican que Guinea Ecuatorial
está, de hecho, dirigiéndose hacia mayores fracasos de sus
políticas de desarrollo, autoritarismo, e inestabilidad
política, reivindicando de está forma las conclusiones de la
literatura de la maldición de los recursos.
La excepcional
situación política y económica del país, sin embargo,
condicionará la economía política del petróleo en formas que
quizá difieran de las prescripciones generales de la literatura
de la maldición de los recursos. El reducido tamaño del país y
sus abundantes reservas de crudo podrían permitirle seguir un
camino de desarrollo que reporte más ingresos a la población a
través de servicios públicos y sociales a gran escala. El actual
régimen no muestra signos de estar interesado en esta idea,
aunque una creciente oposición de la población podría forzar
esta opción. Es más probable, sin embargo, que el amplio
caeracter delictivo del aparato estatal Guineo-Ecuatoriano
exacerbe los problemas del crecimiento basado en el petróleo
incitando a la elite dirigente a ocuparse en actividades incluso
menos productivas o redistributivas que las que tienen lugar en
la mayoría de los petro-estados. La división regional y étnica
del país entre bubid y fangd probablemente inducirá a que el
conflicto siga esos derroteros, en tanto que las dos líneas de
división se solapan y también coinciden con diferencias en el
acceso a los ingresos derivados del petróleo. La naturaleza
externa (de offshore) de las reservas de crudo indica
además que las guerras civiles vinculadas a los recursos en
Guinea Ecuatorial con toda probabilidad seguirán un patrón
similar a las acaecidas en Congo-Brazaville, donde el petróleo
está también en la plataforma continental en oposición a
Nigeria, donde el crudo está tanto en la plataforma continental
como tierra adentro en el Delta del Níger.
Las cada vez más
estrechas relaciones entre los EE.UU. y Guinea Ecuatorial
constituirán un último, y quizás especialmente importante,
factor para determinar el futuro de la economía política del
país. Los intereses estratégicos de EE.UU. en la región han
impulsado, hasta ahora, un intento por mejorar las relaciones
entre los dos países y asegurar la estabilidad, de modo que se
mantenga sin interrupciones la producción de petróleo. Los EE.UU.
han mirado hacia otro lado en relación con los abusos en materia
de derechos humanos, la conducta delictiva, y la brutalidad del
actual régimen a cambio de un cómodo acceso al petróleo. Guinea
Ecuatorial, no obstante, sigue siendo tan dependiente de los
inversores norteamericanos como los EE.UU. lo son de su
petróleo. Consecuentemente, un genuino intento por parte de los
EE.UU. de promover un patrón de desarrollo más equitativo o el
progreso de los derechos políticos y civiles, podría,
probablemente, tener bastante éxito. El gobierno de los EE.UU.
podría, con bastante facilidad, hacer uso de su ventaja
económica para obligar a Obiang a aceptar la democratización y/o
los resultados de un desarrollo más equitativo. Por ejemplo, los
EE.UU. podrían fácilmente condicionar la firma de contratos
petroleros a cambios en las políticas y controlar minuciosamente
dichos cambios. Los EE.UU. podrían también ofrecer efectiva
seguridad al régimen junto con estos incentivos económicos para
forzar el cambio. El reducido tamaño y las abundantes reservas
de crudo de Guinea Ecuatorial implican que incluso con meras
reformas se podrían mejorar las vidas de los
guineo-ecuatorianos. Desgracidamente, sin embargo, ningún cambio
se observa en el horizonte, acrecentando así la probabilidad de
que Guinea Ecuatorial continuará abandonándose a su actual
camino de delitos, corrupción y autocracia.
_______________________________________________________________________
La palabra remittance, podría hace referencia al dinero
que trabajadores emigrantes envían a sus familiares. En este
sentido, el aumento de los sueldos en el sector objeto del boom
parece que propiciará también el incremento de las sumas
enviadas, aumentando las diferencias de ingresos entre quienes
reciben esas crecientes cantidades y quienes no. [Nota del
traductor]
[1] Mark du Toit es
un antiguo miembro de Executive Outcomes (EO), el infame, y
ahora desaparecido, grupo mercenario. EO ha actuado, con gran
éxito, a lo largo de todo el continente, en especial en la
guerra de Liberia en los años 1990. EO estaba compuesta de los
restos del Batallón Búfalo, ejército paramilitar sudafricano que
luchó en Namibia y Angola durante los años 1970 y 1980. Du Toit
es conocido por sus estrechos vínculos con muchos antiguos
miembros del Batallón.
[2] Economy of
Equatorial Guinea, 2001 estimate, http://www.appliedlanguage.com/country_guides/equatorial_guinea_country_economy.shtml
[3] “The World’s Most
Repressive Societies,” Freedom House, http://www.docuticker.com/2005/04/worst-of-worst-worlds-most-repressive.html
[4] The CIA World
Factbook, 2005, http://www.cia.gov/cia/publications/factbook/geos/ek.html
[5] Para la discusión
pormenorizada de la persistencia de estos problemas, vèase Terry
Karl and Ian Gary, The Bottom of the Barrel: Africa’s Oil-Boom
and the Poor, Catholic Relief Services, 2003.
[6] Human
Development Report, 2004.
[7] “The World’s Most
Repressive Regimes,” 2004.
[8] Max Liniger-Goumaz,
Small is Not Always Beautiful: The story of Equatorial Guinea,
Rowman and Littlefield, Savage, MD, 1989.
[9] Samuel Decalo,
“African Personal Dictatorships,” The Journal of Modern
African Studies, Vol. 23, No. 2, June 1985.
[10] Geoffrey Wood.
“Business and Politics in a Criminal State: The Example of
Equatorial Guinea,” African Affairs, 103/413, Royal
African Society, 2004.
[11] Decalo, 1985.
[12] Liniger-Goumaz,
1989.
[13] Ibid.
[14] Francois Bayart,
Stephen Ellis and Beatrice Hibou, The Criminalization of the
State in Africa, Indiana University Press, 1999.
[15] Robert Klitgaard,
Tropical Gangsters: One Man’s Experience with Development and
Decadence in Deepest Africa, Basic Books, 1990.
[16] Para una
detallada narración de estas actividades ilegales, vèase Wood,
2004. Para un relato un tanto obsoleto, vèase Bayart, et al.
[17] Ken Silverstein,
“U.S. Oil Politics in the ‘Kuwait of Africa,’” The Nation,
April 4, 2002; http://www.thenation.com/doc.mhtml?i=20020422&c=1&s=silverstein
[18] Ibid.
[19] Peter Maas, “A
Touch of Crude,” Mother Jones Journal, http://www.motherjones.com/news/feature/2005/01/12_400.html,
January/February, 2005.
[20] Ibid.
[21] Véase la
Conclusión.
[22] Raul Prebisch,
The Economic Development of Latin America and its Principal
Problems, U.N., Lake Success, N.Y., 1950; Hans Singer. “The
Distribution of Trade between Investing and Borrowing Countries,”
American Economic Review, 40, 1950.
[23] John Cuddington
y Hong Wei. “An Empirical Analysis of the Prebisch-Singer
Hypothesis: Aggregation, Model Selection and Implications,” en
Hans Singer, et al, Export-led Growth versus Balanced Growth
in the 1990s, New World Series, Vol. 13, Delhi, 1998.
[24] Por ejemplo,
David Sapsford y V.N. Balasubramanyan. “The Long-Run Behavior of
the Relative Price of Primary Commodities: Statistical Evidence
and Policy Implications,” World Development, 22,
no. 11, November 1994.
[25] Eduardo
Borensztein y Carmen M. Reinhart, "The Macroeconomic
Determinants of Commodity Prices," IMF Staff Papers, 41, June
1994; Michael Bleeney y David Greenaway, “Long-Run Trends in the
Price of Primary Commodities and in the Terms of Trade of
Developing Countries, Oxford Economic Papers, Vo.. 45.,
No. 3, July 1993.
[26] Ragnar Nurkse,
Equilibrium Growth in the World Economy, Harvard
University Press, Cambridge, 1961.
[27] Jedrzej George
Frynas, “The Oil Boom in Equatorial Guinea,” African Affairs
103 (413), 2004.
[28] Albert Hirschman,
The Strategy of Economic Development, Yale University
Press, New Haven, 1958.
[29] Véase, por
ejemplo, Michael Ross, “The Political Economy of the
Resource Curse,” World Politics 51, January 1999.
[30] Max W. Corden
and S. Peter Neary. “Booming Sector and Deindustrialization in a
Small Open Economy,” Economic Journal, 92, December 1982.
[31] Jeffrey Sachs
and Andrew Warner, “Natural Resource Abundance and Economic
Growth,” NBER Working Paper Series, 5398, 1995.
[32] Alan Gelb, ed.
Oil Windfalls: Blessing or Curse, Oxford University Press,
New York, 1988.
[33] Henry Bienen,
“Nigeria: From Windfall Gains to Welfare Losses,” in Gelb,
1988.
[34] Sven Wunder,
“When the Dutch Disease Met the French Connection: Oil,
Macroeconomics and Oil in Gabon,” CIFOR-CARPE-USAID Report,
Center for International Forestry Research, Jakarta, 2003.
[35] Nancy C.
Benjamin, Shantayanan Devarajan and Robert J. Weiner, “The
‘Dutch Disease’ in a Developing Economy: Oil Reserves in
Cameroon,” Journal of Development Economics 30, January
1989.
[36] Ross, 1999.
[37] Terry Karl.
The Paradox of Plenty: Oil Booms and Petro-States,
University of California Press, Berkeley, 1997, p. 5.
[38] Kiren Aziz
Chaudhry. The Price of Wealth: Economies and Institutions in
the Middle East, Cornell University Press, Ithaca and London,
1997, p. 187.
[39] Ibid, p. 5.
[40] Maria Sawaff and
Moortaza Jiwanji, “Beating the Resource Curse: The Case of
Botswana,” Environmental Economics Series, Paper No. 83,
World Bank, Washington D.C., 2001.
[41] Abdi Ismail
Samatar, An African Miracle: State and Class Leadership in
Botswana Development, Heinemann, 2002.
[42] Frynas, 2004.
[43] El descenso de
la producción de cacao precedió a la "enfermedad holandesa", si
bien la "enfermedad holandesa" apareció al haberse exacerbado el
declive de la industria. Para inversiones en el sector
petrolero, vèase, “Oil Boom puts Equatorial Guinea on economic
fast-track,” Reuters Alert-Net, 2001, http://www.alertnet.org/thefacts/reliefresources/255187.htm
[44] Hazem Beblawi,
“The Rentier State in the Arab World,” in Luciani ed., The Arab
State, University of California Press, Berkeley, 1990.
[45] Giacomo Luciani,
“Allocation versus Production States: A Theoretical Framework,”
in Luciani ed., The Arab State, University of California Press,
Berkeley, 1990, p. 71.
[46] Hussein Mahdavy.
“The Patterns and Problems of Economic Development in Rentier
States: The Case of Iran,” en M.A. Cook, ed., Studies in the
Economic History of the Middle East, Oxford University Press,
London, 1970.
[47] Lisa Anderson.
“The State in the Middle East and North Africa,” Comparative
Politics, 20, 1987.
[48] Hootan
Shambayati. “The Rentier State, Interest Groups and the Paradox
of Autonomy: State and Business in Turkey and Iran,” Comparative
Politics, 26, April 1994.
[49] Michael Bratton
y Nicolas van de Walle, Democratic Experiments in Africa:
Regime Transitions in Comparative Perspective, Cambridge
University Press, New York, 1997.
[50] Kiren Chaudhry,
The Price of Wealth: Institutions and Economies in the Middle
East, Cornell University Press, 1997, p. 187.
[51] Gwenn Okruhlik, “Rentier Wealth, Unruly Law, and the Rise
of Opposition: The Political Economy of Oil States,” Comparative
Politics, Vol. 31, No. 3, April 1999.
[52] Kiren Aziz Chaudhry. “The Price of Wealth: Business and
State in Labor Remittance and Oil Economies,” International
Organization, 43, 1989; Kiren Aziz Chaudhry. The Price of
Wealth: Institutions and Economies in the Middle East,
Cornell University Press, Ithaca and London, 1997.
[53] Jacques Delacroix. “The Distributive State in the World
System,” in Studies in Comparative International Development,
Vol. 15, 1980.
[54] Chaudhry, 1989 and Chaudhry 1997.
[55] Nancy Birdsall y Arvind Subramanian, “Saving Iraq From Its
Oil,” Foreign Affairs, Vol. 83, No. 4, July/August 2004.
[56] Peter Lewis, “From Prebendalism to Predation: The Political
Economy of Decline in Nigeria, The Journal of Modern African
Studies, 34, 1, March 1996.
[57] Michael Ross. “Does Oil Hinder Democracy?” World Politics,
53, April 2001.
[58] Ricky Lam and Leonard Wantchekon. “Political Dutch
Disease,” Working Paper, November 2002, p. 2.
[59] Leonard Wantchekon. “Why Do Resource Dependent Countries
Have Authoritarian Governments?” Journal of African Finance
and Economic Development, Vol. 5, No. 2, 2002.
[60] Véase Ross 2001 y Englebert and Boduszynski, 2005.
[61] Samuel P. Huntington, The Third Wave: Democratization in
the Late 20th Century, Norman University of Oklahoma Press,
1991, p. 65; en Michael Ross, “Does Taxation Lead to
Representation?” British Journal of Political Science, 34, 2004,
British Journal of Political Science, 34, 2004.
[62] Anderson, 1987, p. 10.
[63] Chaudhry, 1989.
[64] Jill Crystal, Oil and Politics in the Gulf: rulers and
merchants in Kuwait and Qatar, New York: Cambridge
University Press, 1990.
[65] Vèase, por
ejemplo, Barrington Moore. Social Origins
of Dictatorship and Democracy: Lord and Peasant in the Making of
the Modern World, Beacon Press, Boston, 1966.
[66] Ross, 2001; Gwenn Okrulhik. “Rentier Wealth, Unruly Law and
the Rise of Opposition: The Political Economy of Oil States,”
Comparative Politics, Vol. 31, No. 3, April 1999.
[67] David Leonard y Scott Straus, Africa’s Stalled
Development: International Causes and Cures, Lynne Rienner,
2003.
[68] Se puede probar
que Guinea Ecuatorial es, de hecho ,de todos los estados
situados fuera del Oriente Medio, el más rentista de todos
ellos. Sao Tomè y Principe, otro micro estado en el Golfo de
Guinea, es el único que podría competir con Guinea Ecuatorial en
este aspecto. Aunque la producción de crudo acaba de empezar en
este último país, sus enormes reservas en offshore, y su
todavía más reducida población podrían hacer de Sao Tomé el país
más rico en petróleo (en renta per cápita) de la Tierra.
[69] Karl, 2003; Silverstein, 2004.
[70] Michael Bratton y Nicolas van de Walle, Democratic
Experiments in Africa, 1997.
[71] Ross, 2001.
[72] Samatar, 1999.
[73] Pierre Englebert, State Legitimacy and Development in
Africa, Lynne Reinner, Boulder CO, 2001.
[74] Robert Jackson and Carl Rosberg, Personal Rule in Black
Africa: Prince, Autocrat, Prophet, Tyrant, University of
California Press, Berkeley, 1982.
[75] Liniger-Goumaz, 1989.
[76] Silverstein, 2004.
[77] Ross, 2002.
[78] Sobre la importancia de las clases medias, vèase Barrington
Moore, 1968. Sobre la importancia de los valores modernos vèase
David Lerner, The Passing of Traditional Society: Modernizing
the Middle East, Free Press, Glencoe, Il, 1958.
[79] Adam Przeworski, Michael E. Alvarez, Jose Antonio Cheibub y
Fernando Limongi. “What Makes Democracies Endure?” en Larry
Diamond and Marc F. Plattner, ed., The Global Divergence of
Democracies, Johns Hopkins Press, Baltimore and London,
2001.
[80] Ross, 2001.
[81] Wood, 2004; Frynas, 2004; Silverstein, 2004.
[82] Pierre Englebert y Monica Boduszynski. “Poverty and
Democracy in Africa,” Oldenborg Working Paper 2005/1, 2005.
[83] Maas, 2004;
Silverstein, 2004.
[84] Delacroix, 1980, p.
11.
[85] Chaudhry, 1989.
[86] Shambayati, 1994.
[87] Okrulhik, 1999, p. 300.
[88] Michael Watts. “Resource Curse? Governmentality, Oil and
Power in the Niger Delta,” Geopolitics, 2005, p. 54.
[89] Silverstein, 2004; Frynas, 2004; Wood, 2004.
[90] Paul Collier y Anke Hoeffler, Greed and Grievance in
Civil War, World Bank Paper, October, 2001
[91] James D. Fearon and David Laitin, “Ethnicity, Insurgency
and Civil War,” American Political Science Review 97, February
2003.
[92] James D. Fearon, “Why Do Some Civil Wars Last So Much
Longer Than Others?” Journal of Peace Research, 41, 3,
March, 2004; Macartan Humphreys, “Natural Resources, Conflict
and Conflict Resolution: Uncovering the Mechanisms,” Journal of
Conflict Resolution, 49 (4), August 2005, 508-537.
[93] Pierre Englebert y James Ron, “Primary Commodities and War:
Congo-Brazzavile’s Ambivalent Resource Curse,” Comparative
Politics, October 2004, 61-81.
[94]
Michael Ross, “Booty Futures,” Unpublished Working Paper, May 6,
2005, available at http://www.polisci.ucla.edu/faculty/ross/
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REFERENCIAS:
Abdi Ismail Samatar, An African Miracle: State and Class
Leadership in Botswana Development, Heinemann, 2002.
Albert Hirschman, The Strategy o |