NOTICIAS ASODEGUE

 
   

 

 

 

HOJAS INFORMATIVAS

 

8 de febrero de 2005

¿Pedro Nsue Elá está en Madrid?

  Informaciones del exilio guineano nos indican que Pedro Nsue Elá, teniente coronel de la Policía guineana y Notario-Asesor Jurídico de la "Seguridad" de aquel país, que intentó el pasado día 1 de febrero, junto con otras cuatro personas asaltar el domicilio del exilado Cándido Elá Eyang, residente en Granada y al que, al parecer busca la policía española, estaba a primera hora de la tarde en la embajada de Guinea en la madrileña calle de Claudio Coello.

   Según estas mismas noticias, la embajada guineana en Madrid cuenta con un creciente dotación policial. Son personas que viajan a España como cualquier otro ciudadano, desarmados y sin declarar su condición de policías. Una vez aquí, la embajada les dota de armamento (pistolas) y con ellas realizan su "trabajo". No nos consta que la embajada guineana haya declarado a las autoridades españolas la existencia de este alijo de armas.

   Las autoridades guineanas están embarcadas en una operación de acoso a determinados grupos de exilados. El pasado día 4 pudo confirmarse que Juan Ondó Abaga, militar exilado en Benin desde 1997 había sido secuestrado por sicarios del régimen y trasladado a Black Beach. Hay otras dos personas más que han llegado a Black Beach en las mismas fechas y por el mismo método.

 

 

¡Salvar a Togo!

(Pius Njawe, Le Messager, Douala, 7 de febrero)

   Si las fuerzas vivas de África – tanto del interior como de la diáspora – no se movilizan para “salvar a Togo”, darán el visto bueno a un practica que corremos el riesgo de ver institucionalizada por todas partes. Si es así, no sería extraño ver algún día a un Ali Ben Bongo ocupar el poder tras la muerte de Omar Bongo, o a Franck Biya convertirse en jefe del Estado camerunés tras la desaparición de Paul Biya...

   Ha caído el  prototipo de los dinosaurios que reinan como dueños y señores en buena parte del África francófona. Para siempre. El general Eyadéma había conseguido crear en la imaginería popular el mito de lo imperecedero. Se insiste hoy en afirmar que estaba enfermo desde hace años, lo que le ha exigido hospitalizarse de forma recurrente durante los últimos meses. Pero en vida, nadie se había atrevido a decir que padecía de algo. Puede garantizarse incluso que si algún editorialista hubiera publicado el viernes que tenía alguna enfermedad, habría sido detenido y llevado a prisión. Sin embargo, nada se oculta a la muerte...

 
   Sí, Eyadéma ha caído. Para siempre. Golpeándole de forma tan repentina la muerte acaba de recordar que esta raza de dinosaurios que durante décadas ha vencido a la democracia y a sus defensores, está probablemente en vías de desaparición. Recuerda, pues, a estos “inmortales” que, más allá de los golpes de estado, de la contestación y de otros métodos utilizados para derribar a los dictadores en el poder, hay una vía divina, contra la que no pueden ni los estados mayores más sofisticados, ni los brujos más experimentados, ni el orden más poderoso.

   Sí, Eyadéma ha caído. Para siempre. Sin embargo, con sesenta y nueve años, este hombre había dispuesto de 38 años de poder no compartido, aplastando cualquier intento de contestación, aniquilando a cualquier fuerza progresista, destruyendo toda posibilidad de alternancia y descartando del ámbito del gobierno todo dialogo contradictorio, todo debate democrático. Eyadéma era el hombre de poder, el hombre del poder, todo el poder; era el hombre-Dios de Togo. Incluso las  esperanzas de debate democrático que suscitó la apertura, a principio de los años 90, en África no consiguieron montar la mayonesa política en su país, aunque consiguieran extenderse como mancha de aceite allí donde la democracia parecía guillotinada. Eyadéma permaneció inamovible. Se mantuvo sordo a los gritos del pueblo, con el apoyo oculto de una Francia cuyos dignos representantes pueden alardear, en nombre de no se sabe de que pacto, de “ser amigos personales” del general-presidente. Sin embargo, hoy ese hombre ya no está. Ha abandonado el poder. O mejor, el poder le ha abandonado inopinadamente

   Sí, Eyadéma ha caído. Para siempre.  Cuando el sábado por la noche se supo la noticia, las voces de toda África – pese a esa moral universal que querría que no se desease la muerte de nadie, pero que se honre a los muertos – se han alzado para gritar esperanza. En distintas intervenciones, parecían manifestarse en estos términos: “por fin, la democracia”. Sin embargo, sus esperanzas han durado poco más que el tiempo que tardaron en decirlo. El entusiasmo ha cesado ante esa modalidad de golpe de estado de la que los africanos son maestros. Desafiando la disposición constitucional que prevé que el presidente de la Asamblea nacional tome el poder en este tipo de circunstancias – el tiempo necesario para organizar una elección presidencial a la que no puede concurrir como candidato -  el estado mayor de las fuerzas armadas ha entronizado, como si de una dinastía se tratase, a  Eyadéma hijo que, en el gobierno del padre, ocupaba el puesto de Ministro de Equipamiento y Telecomunicaciones... Y el modelo  Kabila se ha repetido… aunque el padre de quien dirige hoy los asuntos de la República Democrática del Congo (Rdc) pretendiera reorganizar las instituciones para poner en marcha el proceso democrático en su país. Aquí la situación es peor. Porque en la Rdc no había prácticamente Constitución. Además, el presidente había sido asesinado, ¡lo que no es lo mismo!.

   Sí, Eyadéma ha caído. Para siempre. Aunque el ejército quiera perpetuar su reinado dictatorial a través de su hijo, argumentando que el presidente de la Asamblea nacional estaba fuera del país en el momento en que le llamaba el destino. Una argucia que no ha conseguido convencer a nadie: se trata, ni más ni menos, que de un golpe de estado.

   ¡No! Esto no es admisible en el África en el que todo el mundo parecía decir “damos una última oportunidad a quienes han atentado contra la democracia para que corrijan de una u otra forma”. En este contexto, en el que los espíritus retorcidos quieren perpetuar el mal-gobierno generalizado, los africanos deben alzarse como un solo hombre para denunciar con la última energía ese caos que se quiere  organizar deliberadamente. Ante nuestros ojos está presente el caso de la Rdc que muestra lo que podría pasar mañana en Togo, si  no lo impiden las fuerzas progresistas haciendo que triunfe finalmente la Constitución.

   ¡No! Sería inadmisible. El pueblo togolés y el África democrática están heridos, sorprendidos por esta teatralización de mal gusto. Todo el mundo espera que se trate de un sueño. Sin embargo, cuando se ve la movilización del ejército, el acto de pleitesía  de su estado mayor ante el nuevo hombre fuerte, cabe dudar de que pueda ser un sueño. Admitirlo sería tragar demasiada quina para que no tenga consecuencias. Si las fuerzas vivas africanas – tanto del interior como de la diáspora – no se movilizan para “salvar a Togo”, darán por buena una practica que amenaza por generalizarse por doquier. Y mañana no sería ya sorprendente ver a un Ali Ben Bongo tomando el poder en Gabón tras la muerte de Omar Bongo, o un Franck Biya convertido en Jefe del Estado camerunés tras la desaparición de Paul Biya. Lo mismo podría suceder en Guinea Ecuatorial o en Chad.

   ¡No! ¡Hay que acabar con el blasfemo dentro del huevo!

Editado y distribuido por ASODEGUE

Índice Noticias