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HOJAS INFORMATIVAS
2
de febrero de 2004
LA PEOR
MEDIDA POSIBLE
Parece
confirmado el desplazamiento de los barcos españoles a medio
camino del viaje entre España y Guinea Ecuatorial pero
manteniendo la capacidad de observación, y de intervención,
en el Golfo de Guinea. Se trata, en nuestra opinión, de la
peor de las medidas posibles. Es la peor porque pone de
manifiesto lo que hemos venido denunciando desde hace años:
el "hombre" del gobierno español en Malabo, a
despecho de los análisis de algunas de las corrientes políticas
de la oposición guineana, es Teodoro Obiang.
La entrada en Guinea de una fuerza armada de 500 hombres, con
una capacidad operativa infinitamente superior a la del ejército
guineano, pertenecientes además al ejército español era en
lo que hace al gobierno español un error gravísimo, pero abría
perspectivas inesperadas para el pueblo guineano. ¿Qué
hubiera sucedido si, llegadas las tropas a Guinea, se hubieran
encontrado con manifestaciones pacíficas de la gran mayoría
de los guineanos pidiéndoles el derrocamiento de Obiang y su
asistencia, su protección [la de los militares españoles] a
unas elecciones libres?
LA CRISIS
PERMANENTE DEL ESTADO GUINEANO
Los últimos
anuarios militares indican los siguientes efectivos para el ejército
guineano: 1300 hombres en total; 1100 pertenecientes al ejército
de tierra, 120 a la marina y 100 a la aviación. No existe
marina que merezca tal nombre. El ejército de tierra tiene en
torno a veinte vehículos blindados. La aviación dispone de
dos helicópteros y dos aviones de transporte (que por cierto,
se dedican a transportar todo tipo de mercancías personales
de los prebostes del régimen). La disciplina y la moral de
combate son inexistentes. ¿Es esto un ejército?
Hasta ahora sabíamos que en Guinea Ecuatorial, siendo el
tercer país del Africa subsahariana en producción de petróleo,
la sanidad tiene un nivel de calidad ínfimo y que a la mayoría
de los guineanos les da más miedo el hospital que la propia
enfermedad (de hecho los altos funcionarios del país y del
partido gubernamental, PDGE, se hacen tratar en instituciones
sanitarias fuera de Guinea); la enseñanza es absolutamente
ineficiente y en ella todo se vende, y todo se compra, a la
hora de las calificaciones. Unas recientes estadísticas
difundidas por la agencia France Press, relativas a la situación
de la vivienda en Africa del Oeste, indican que el 80% de los
guineanos viven en lo que en francés se denomina un "bidonville",
es decir, un barrio carente de todo tipo de servicios. Más
del sesenta por ciento de la población vive en condiciones
inferiores al nivel de la pobreza. Si habitualmente hay
barrios enteros en Malabo que padecen durante horas cortes del
fluido eléctrico, ¿qué pasará en el resto del país? No
existe una red de carreteras que merezca tal nombre.
Por un informe reciente de la International Bar relativo a la
situación de la justicia, sabíamos que los tribunales
guineanos dictan sentencia pendientes de la opinión del jefe
del estado; que se incumplen, no sólo las recomendaciones
internacionales sobre el funcionamiento de la justicia, sino
las propias leyes guineanas. Los motivos de la reciente dimisión
del Presidente del Tribunal Supremo apuntan en el mismo
sentido: no existe en Guinea una justicia independiente.
Sabíamos también que el fraude electoral reiterado coloca a
las instituciones representativas fuera del alcance de los
partidos de la oposición democrática. El parlamento guineano
es y ha sido siempre monocolor bajo la dictadura de Obiang.
Todos sus escaños están ocupados por miembros, o paniaguados,
del partido gubernamental, el PDGE.
La dinámica del último juicio del Cine Marfil (mayo-junio de
2002) puso de manifiesto un mecanismo endiablado mediante el
cual la dictadura de Obiang fuerza a sus propios cargos políticos
a renovar fidelidad a la familia Obiang cada vez que la
"Seguridad" se inventa un intento de golpe de estado
(cada dos años, aproximadamente). En el gobierno y en toda la
administración guineana prima siempre, de manera abrumadora,
la fidelidad frente a la eficiencia...
Ahora sabemos [tenemos la evidencia de] que el ejército
guineano es incapaz de cumplir con su misión fundamental:
garantizar las fronteras del país. En realidad, ¿podría ser
de otra forma en un ejercito desmoralizado que ve como sus
mandos son detenidos, ninguneados y torturados tras la
denuncia de un personaje tan impresentable como "Teodorín",
el delfín del dictador? La parafernalia del régimen guineano
tiende a presentarlo como una dictadura militar. No es así.
Se trata de una dictadura clánica disfrazada de militar. En
el ejército guineano no existe carrera militar. No se
asciende tomando como base los conocimientos y la propia
capacidad. Todos los generales pertenecen a la familia de
Obiang. No existe disciplina. Un cabo puede mandar más que un
capitán si su relación es estrecha con Obiang y los suyos.
Los militares se ven obligados a realizar buena parte de sus
misiones sin proveerse de proyectiles [de balas, para
entendernos], sus mandos (Obiang el primero) no se fían de
ellos. Hasta ahora la gran mayoría de los militares (en torno
a un 80%) eran oriundos de la región de Mongomo, lo que
durante tiempo se había considerado como una garantía para
el dictador. Ultimamente, desde que buena parte de los
movimientos opositores tienen su origen en Wele-Nzas, el
distrito de Mongomo, las cosas parecen haber cambiado...
¿Hay alguna institución que alcance a todo el país con un mínimo
de eficiencia? La institución con una red más tupida en todo
el país es, sin duda, la policía política. Esa amalgama de
policías, "soplones", algunos mandos militares,
miembros del PDGE y, en bastantes casos, autoridades
tradicionales alcanza sin duda los puntos más recónditos de
Guinea. Un cazador, miembro de la seguridad y del PDGE, puede,
en una de las zonas más inaccesibles de la isla de Bioko,
considerar peligrosa, para la seguridad del estado, una
ceremonia religiosa. Los bubis que participan en ella serán
detenidos, torturados, y a algunos de ellos se les cortarán
las orejas. En un poblado de la región continental de Río
Muni, cercano a la frontera con Gabón, un "soplón"
puede denunciar, sin pruebas, a la mayoría de sus vecinos por
supuesta militancia en una grupo político opositor. Todos
ellos serán detenidos y la mayoría de los jóvenes serán
torturados ("colgados") por la policía. Aunque su
funcionamiento no pueda considerarse un modelo de eficiencia,
la Seguridad guineana está presente en todos los poblados del
país.
Esta es una visión rápida del estado guineano tras ser
parasitado durante casi veinticinco años por la familia
Obiang. ¿Cuánto tiempo podrá sobrevivir en estas
condiciones? ¿Podrá mantenerse siendo, él mismo [el estado
guineano], un parásito de la comunidad internacional? ¿Dónde
está la esperanza de un posible cambio?
Las practicas de corrupción de la familia Obiang son
suficientemente conocidas. Tienen más de quinientos millones
de dólares en cuentas corrientes particulares situadas en los
Estados Unidos. Es un dinero que procede de las compañías
petroleras y deberían haber sido ingresados en cuentas del
estado guineano.
¿Merece la pena que el ejército español desplace efectivos
para proteger a estos personajes? ¿Cabe la estabilidad política
en Guinea con Obiang, o sólo puede hacerse contra Obiang o
sin Obiang? ¿Hemos llegado a una situación en la que es
posible un acuerdo de la comunidad internacional para exigir
la celebración en ese país de unas elecciones libres? ¿Qué
papel debe corresponderle a España en todo esto?
Pensamos que la actual situación es una buena oportunidad
para buscar respuesta a todas estas preguntas.
Editado
y distribuido por ASODEGUE
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