| |
|
HOJAS INFORMATIVAS
31
de enero de 2008
La justicia de Zimbabwe rechaza
las alegaciones de Simon Mann contra su extradición a Guinea
Ecuatorial. Su abogado recurrirá ahora al Tribunal Supremo de
ese país.
La
agencia EFE difundió en la tarde de ayer el despacho
siguiente: "El Tribunal Superior de Harare aprobó hoy la
extradición a Guinea Ecuatorial del mercenario sudafricano Simon
Mann, que está preso en Zimbabue desde el 2004, pero su abogado
anunció que apelará ante la Corte Suprema.
La decisión fue
anunciada por la jueza del Tribunal Superior Anna Gowora, que no
hizo comentarios al dar a conocer la sentencia, según pudo
comprobar Efe en la sala judicial donde se dio a conocer la
resolución.
Mann, de 54 años, ex oficial de
las fuerzas especiales del Ejército británico, está acusado de
encabezar la intentona golpista que en marzo de 2004 pretendía
derrocar al presidente de Guinea Ecuatorial, Teodoro Obiang
Nguema.
Fue apresado en la capital de
Zimbabue cuando, junto a un grupo formado por más de sesenta
personas, todas ellas con pasaporte sudafricano, hicieron una
escala en Harare para comprar armas, con destino final Malabo.

Simon Mann
El abogado de Mann, Johathan
Samkange, dijo a Efe que mañana, jueves, espera presentar un
recurso se apelación ante la Corte Suprema con el fin de evitar
que su defendido sea llevado a Malabo.
Un juez de primera instancia
aprobó el 9 de mayo del 2007 la extradición a Guinea Ecuatorial
de Simon Mann, pero su defensa recurrió después ante el Tribunal
Superior de Harare, y la decisión de esta corte se ha conocido
hoy.
En Zimbabue, Mann cumplió en mayo
pasado la condena que le fue impuesta tras ser detenido en
Harare por violar las leyes de seguridad de Zimbabue, intentar
tomar posesión de armas de guerra e intentar comprarlas sin los
certificados correspondientes.
Se suponía que, por estos cargos,
Simon Mann iba a ser liberado el 11 de mayo del 2007, pero las
autoridades judiciales dijeron que la fecha era un error, y
quedó libre dos días antes, aunque fue arrestado de nuevo a la
espera de la decisión sobre su extradición que había pedido
previamente el Gobierno de Guinea Ecuatorial.
En el juicio que se le ha seguido
en Zimbabue a raíz de la petición de extradición requerida por
el Gobierno de Malabo, la defensa de Mann ha sostenido que, de
ser enviado a Guinea Ecuatorial, no recibirá un juicio justo y
podría ser torturado.
El único precedente en este caso
es el juicio al que fueron sometidas en Malabo una docena de
personas entre guineoecuatorianos, sudafricanos y armenios, y
que fueron sentenciados a distintas condenas por su
participación en la intentona golpista.
Amnistía Internacional dijo que
ese proceso, que se cerró en noviembre de 2004, 'estuvo plagado
de violaciones a los derechos humanos', los procesados fueron
torturados y 'no se presentó en el juicio ninguna prueba que
corroborase las acusaciones'.
Hasta aquí el primer despacho de EFE sobre este tema. Un segundo
despacho, difundido también ayer, dice lo siguiente:
"El ministro
portavoz del Gobierno de Guinea Ecuatorial, Santiago Nsuebeya,
justificó hoy la decisión del Tribunal Superior de Harare de
extraditar el mercenario sudafricano Simon Mann, dijo a EFE que
'existen evidencias que justifican' dicha extradición.
Nsuebeya
manifestó que 'se trata de unos hechos probados que han tenido
el aval de la justicia' de Zimbabue y añadió que 'desde el
primer momento el asunto estaba claro, pues el gobierno y la
fiscalía no han inventado nada'.
La jueza del Tribunal Superior
Anna Gowora de Zimbabue, anunció hoy que Mann, de 54 años, ex
oficial de las fuerzas especiales del Ejército británico, preso
en Zimbabue desde 2004, será extraditado a Guinea Ecuatorial,
mientras que el abogado de Mann, Johathan Samkange, ha señalado
que mañana, presentará un recurso de apelación ante la Corte
Suprema con el fin de evitar que su defendido sea llevado a
Malabo.
La fiscalía ecuatoguineana acusa
a Mann de los delitos de 'atentando contra la vida del
presidente, la forma de gobierno, terrorismo y tenencia de
explosivos'.
El pasado mayo, el Fiscal General
del Estado, José Olo, reveló a EFE que a pesar de que los
delitos contra Mann son castigados con la pena máxima, 'en el
caso de Simon Mann, hemos hecho un compromiso formal para que no
se le condene a muerte, aunque podrá tener otra pena de
privación de libertad'.
Simon Mann fue arrestado el 7
marzo del 2004 en el aeropuerto internacional de Harare cuando
acudió para recibir a un grupo de hombres que llegaban en avión
desde Sudáfrica para hacer una escala con destino final Guinea
Ecuatorial.
El 9 de marzo de 2004, las
autoridades ecuatoguineanas informaron de la desarticulación de
un grupo de mercenarios que estaba coordinado con el grupo
inmovilizado en Harare, la capital de Zimbabue, con la finalidad
de participar en una intentona golpista.
Olo relató en el juicio que los
mercenarios tenían la misión de ir a la sede de la Presidencia y
asesinar a Teodoro Obiang, mientras que otro grupo tenía
previsto llegar a la antigua colonia española con el líder del
Partido del Progreso y autodenominado presidente de Guinea
Ecuatorial en el exilio, Severo Moto, para instalarlo en el
poder.
Los seis armenios condenados a
penas de 20 años cada uno por 'utilizar con fines
desestabilizadores' un avión Antonov 12, fueron indultados el
pasado junio por el Jefe de Estado ecuatoguineano.
Cuatro sudafricanos condenados en
noviembre de 2005 por la misma intentona golpista, todavía
permanecen en la cárcel de Black Beach, entre ellos, el ex
teniente del Ejército sudafricano Nick Du Toit, condenado a más
de treinta años de prisión como presunto cabecilla del grupo de
mercenarios que se encontraba en Malabo".
La información sobre este tema de The Herald, diario
progubernamental de Harare, puede leerse en
http://allafrica.com/stories/200801300734.html. (No aporta
nada nuevo sobre lo dicho por EFE).
AFP ha difundido también un despacho en inglés, en términos
similares, que puede leerse en
http://www.africasia.com/services/news/
A:
Este interminable proceso de Simon
Mann nos obliga a repetir, una vez más, nuestra posición sobre
este asunto: Simon Mann es un delincuente internacional, jefe de
una agrupación de mercenarios, participantes en varias guerras
habidas en el continente africano y responsable por tanto de
algunos de los ejemplos de muerte y desolación más graves
habidos en África en las últimas décadas.
Simon Mann organizó
y, en parte, protagonizó un intento de invasión de Guinea
Ecuatorial cuya finalidad era lograr el control de los
yacimientos petroleros de este país por parte de intereses
británicos. Contó para ello con el apoyo, en unos casos
explicito y en otros más discreto, de políticos conservadores y
de agentes económicos afincados también en Londres. Dentro de
sus objetivos se incluía la eliminación física del dictador
ecuatoguineano y su sustitución por un dirigente de exilio. Se
trataba de dar un barniz "democrático" a una operación ajena por
completo a los intereses y a la libertad de los ecuatoguineanos.
Como es
suficientemente conocido todo aquello fracasó y Mann acabó en
una cárcel de Harare donde continúa hasta este momento. ¿Debe
ser extraditado a Guinea Ecuatorial? Nosotros creemos que no.
Las leyes internacionales prohíben la extradición de cualquier
persona a un país en el que pueda ser objeto de tortura o corra
riesgo de muerte. Este es el caso de Mann en Guinea Ecuatorial:
no será sometido a un juicio justo (no existen juicios justos en
Guinea) y será objeto de malos tratos y torturas como ya lo
fueron los mercenarios detenidos en Malabo en 2004 (y algunas
otras personas que nada tenían que ver con el intento de
invasión).
¿Por qué se ha
llegado a esta situación? La extradición de Mann responde al
deseo de venganza del dictador ecuatoguineano y a su influencia
creciente entre los dirigentes zimbabwanos. Obiang aparece como
uno de los escasísimos apoyos con los que cuentan en todo el
mundo Mugabe y los suyos. No sin problemas, el petróleo de
Guinea Ecuatorial contribuye a reducir la escasez crónica que
padece Zimbabwe. Pero Simon Mann es ciudadano británico y cuenta
con importantes relaciones en su país de origen. Su extradición
a Black Beach no mejorará las relaciones entre el gobierno de
Harare y su antigua metrópoli...

Obiang y Mugabe
Volviendo a Guinea
Ecuatorial, ¿que consecuencias puede tener la extradición de
Mann para la dictadura de Teodoro Obiang? En nuestra opinión,
ninguna buena. Un gobierno que no encuentra el momento para la
visita de un relator de Naciones Unidas contra la tortura,
tampoco soportará bien la presencia de decenas de periodistas y
observadores de un nuevo "juicio-chapuza" que desvelará ante el
mundo entero los mecanismos últimos de funcionamiento del
régimen ecuatoguineano. Ellos (Obiang y los suyos) sabrán donde
se meten...
La oposición
democrática solo podrá obtener beneficios (el descrédito y el
desenmascaramiento internacional de la dictadura ecuatoguineana)
de esta larguísima pelea entre malhechores.
Obiang
visitará Uruguay en la primera quincena de febrero
El diario uruguayo El
País indica en su edición de hoy que el dictador
ecuatoguineano visitará su país a partir del día 6 del próximo
febrero.
"Kenia: La
violencia nace de la desigualdad social"
La agencia IPS difundió el
pasado día 29 desde Nairobi el reportaje siguiente del que es
autor Najum Mushtaq: "No sólo el presunto fraude electoral y las
rivalidades étnicas han llevado la violencia a Kenia. La
desigualdad económica es un elemento que promete mantener vivo
el enfrentamiento interno.
"Debemos encarar los temas fundamentales que están en la raíz
de los disturbios, uno de ellos es una distribución más
equitativa de los recursos. Si no lo hacemos así, veremos como
esto se repite cada tres o cuatro años", declaró Kofi Annan, el
ex secretario general de la Organización de las Naciones Unidas
(ONU) que intenta mediar en el conflicto.
Este martes, Annan instó al presidente Mwai Kibaki y al
líder opositor Raila Odinga, que denunció la existencia de
fraude en las elecciones de diciembre, a "hacer todo lo posible"
para devolver la paz al país. Prometió una "hoja de ruta" para
las negociaciones.
La reunión se produjo tras la muerte del diputado Mugabe
Were, del opositor Movimiento Democrático Naranja, que ha
encendido una nueva oleada de enfrentamientos provocando al
menos siete muertos en Nairobi.
Más de 1.000 personas perdieron la vida y al menos otras
250.000 han debido abandonar sus hogares por la violencia que se
desató después de que Kibaki se adjudicara la victoria en los
comicios.

Aun en el caso de que Kibaki, que pertenece a la
mayoritaria etnia kikuyu, y Odinga, representante de los
minoritarios luos, lleguen a un acuerdo para compartir el poder,
las causas crónicas de la violencia tribal, políticas y
económicas permanecerán como una amenaza potencial.
"La caracterización del conflicto como un problema étnico es
una visión simplista. El acceso a la tierra, la vivienda y al
agua son los motivos reales, enmascarados por las diferencias
tribales y disparados por las rivalidades políticas", señaló un
cooperante danéss. "Existe un innegable componente de clase",
agregó.
"Sólo un grupo social salió a la calle para protestar contra
el fraude electoral: los más pobres entre los pobres, los
parados y los sin tierra. Los que participan de la violencia
pertenecen a una única clase social", dijo Millicent Ogutu, que
trabaja para una empresa mediática con sede en Nairobi.
Los barrios marginales han sido los focos de violencia en
Nairobi y este cuadro se ha repetido en otras zonas del país.
"¿Ha visto a alguna persona de clase media de cualquiera
de las etnias gritando consignas contra Kibaki o contra Odinga?",
nos pregunta Raphael Karanja, un periodista radial.
"Los que protestan son los que tienen una equivocada fe en
el poder del sufragio y creen de verdad que su voto puede dar
lugar a un cambio que conduzca a mejores políticas económicas
que alivien sus problemas de falta de tierra, vivienda y agua
potable", argumentó.
La mayoría de los manifestantes pertenecen a las etnias luo
y klenjin, mientras que el mayor número de víctimas de la
violencia han sido kikuyos. Pero esta línea divisoria racial
oculta patrones históricos de desigual distribución de los
recursos en Kenia.
El problema fundamental es la distribución de la tierra. "El
Estado ha mostrado una escandalosa parcialidad a favor de una
tribu, a costa de todas las demás, cuando el país logró la
independencia y las parcelas abandonadas por los británicos
fueron distribuidas entre la población local", señaló un
profesor de economía de la Universidad de Nairobi, quien no
quiso revelar su nombre porque ser empleado gubernamental.
Los kikuyos se apoderaron de la mayor parte de la tierra,
incluso en áreas que jamás habían ocupado, porque controlaron
el primer gobierno tras la independencia, que les otorgó un
tratamiento preferencial y créditos para comprarla.
"Esto hizo que familias kikuyu consiguieran tierras en zonas
tradicionalmente ocupadas por otras tribus, especialmente en el
fértil valle del Rift, la zona con más violencia electoral desde
que se introdujo en Kenia el sistema multipartidista en 1962",
afirmó el profesor de economía.
Las elecciones de 2007 no han sido las primeras
fraudulentas, ni las primeras en generar violencia al conocerse
los amañados resultados. Lo mismo ocurrió en 1992 y, en mayor
escala, durante y después de los comicios de 1997.

La vivienda y el acceso al agua potable son otros dos temas
de peso en las zonas donde viven los más pobres, y están
directamente relacionados con la corrupción.
"La brecha entre la pequeña minoría rica y la mayoría de
pobres se ha ampliado tanto en los últimos años que, incluso si
un ciudadano común tiene recursos y quiere construirse una casa
decente, encuentra trabas burocráticas a cada paso que no puede
superar si no soborna a los funcionarios corruptos", señaló
Ogutu.
No hay barrios de clase media en Nairobi. Sólo sofisticadas
viviendas o áreas marginales.
"Los ricos se han vuelto súper ricos y han adoptado una
cultura de consumo desenfrenado, con grandes y costosos
automóviles y casas aún más grandes y caras. Por otra parte, los
pobres se empobrecieron más. La clase media se redujo, con unos
pocos que han logrado un ascenso social y una mayoría que
sobrevive al borde del abismo económico y social", afirmó el
profesor.
Los pobres pensaban que la democracia les permitiría
influir en las políticas gubernamentales. Odinga aumentó sus
expectativas haciendo campaña como el "candidato del pueblo" y
como el "campeón de los pobres". Recibió votos de miembros de
todas las etnias.
"Tras la transición pacífica de 2002, la mayoría de los keniatas
creyeron que podrían provocar otro cambio con su voto, eso
explica la pacífica participación sin precedentes en las
elecciones de diciembre del año pasado", comentó Ogutu.
"Esa fe ha sido irreparablemente dañada. Puede haber una
frágil y momentánea paz, pero no cambiará nada para ellos.
Volverán a las calles más pronto o más tarde", concluyó".
Editado
y distribuido por ASODEGUE
Índice Noticias
|
|
|