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HOJAS INFORMATIVAS
22 de enero
de 2010
"Las cosas de aquí abajo"
del blogs de Tomás Ávila Laurel,
Fronterad, 17 de enero 2009
"Estos días el mundo
abrió sus ojos con el devastador terremoto que sacudió y hundió
Haití. Los efectos del mismo fueron especialmente duros en la
capital, Port Au Prince, y en los barrios aledaños. De la gente
misma de Haití no diremos nada de sus sentimientos, toda vez que
muchos están librando ahora una lucha a muerte por la
supervivencia. (Como se ve, esta frase casi es un oxímoron).
Ahora los habitantes de Haití no tienen sentimientos, y por eso
no es importante que hablemos de los mismos.
No pueden amar ni desamar, querer o malquerer si lo que está en
peligro es su supervivencia. ¿Quiere saber alguien por qué Port
Au Prince es especialmente castigada? La temblorosa verdad es
que no lo fue especialmente, sino que los efectos sentimentales
de una catástrofe se dejan sentir en las áreas habitadas, y la
capital lo era, hasta ayer antes de la explosión de la fuerza
interna de la tierra, en su límite extremo. Más de tres millones
de hombres y mujeres con sus niños. No es tiempo ahora de
preguntar por cómo surgió Haití, quiénes eran los que
esclavizaban a los hombres que consiguieron la libertad ni cómo
se comportó el mundo de los negreros cuando se enteró de que un
grupo de hombres escapados de los bucaneros fundó una república
independiente.
Y es que no son las únicas preguntas que quisiéramos hacer, sino
que nuestras dudas irían tras la verdad que esconde el hecho de
cómo una gente que fue tan valiente para escaparse de quienes
los consideraban carentes de alma fueron a parar bajo el nefando
yugo de Duvalier y familia. La cuestión, abordada con letras de
todos los colores, pequeñas y grandes, se puede apresar con
pinza de juguete si de dijera que los cimarrones que más tarde
fundaron la república negra de Haití eran hombres y mujeres
tratados como bestias, cuyos lomos se molían de sol a sol,
alejados por ley de la mínima instrucción básica que hiciera
lucir su sustrato humano básico.
Y como sin la ciencia no se rige una república, la sempiterna
miseria de Haití se debe a la incapacidad del esclavo para regir
sus propios destinos. Eso es lo que bramarían los hombres
cerriles en la abyección, quienes, desde sus cubiles dorados,
viendo el malvivir doloroso de los haitianos, dirían alzando el
dedo: “Lo dijimos en todas las lenguas que pudimos aprender,
estos son bestias, no pueden regirse por sí mismos. Cierto que
con nosotros sufrían el látigo y el garrote vil cuando lo
merecían, pero les dábamos de comer en un pesebre y dormían en
pajas calientes, al lado de nuestras bestias”.
Claro que los esclavos fugados o liberados no sabían leer ni
escribir, y estaban lejos de poseer la ciencia y la paciencia
para regir sus destinos si se multiplicaban tanto para tener
ciudades populosas como Port au Prince, pero la cuestión que se
debate es el sufrimiento de este pueblo, las atrocidades que
permitieron que se cometiera con ellos solamente porque se podía
decir que era un asunto interno, que eran negros que se comían a
otros de forma vergonzosa. Duvalier no es una potencia
extranjera, sino sangre de su sangre, y allá ellos con lo que
quieren de sí mismos.
Si se acaba este asunto aquí, tendrían razón los que esgrimieran
razones semejantes a estas, pero a sabiendas de que las
comparaciones son odiosas, y salvando diferencias, hemos de
recordar que el pueblo judío nunca fue considerado inculto. De
hecho, es un pueblo que tiene conocimientos del arameo, del
hebreo, del árabe y de la cábala, y conoce los arcanos más
ocultos de la humanidad, pero nunca se creyó que este saber es
suficiente para abortar las acechanzas de sus enemigos,
repartidos por toda Europa. De hecho, no se hubiera salvado de
la barbarie nazi si otras naciones no hubieran mediado en la
inhumanidad que con ellos cometían.
Desde que se consolidó la fuerza de las potencias intocables de la
ONU se constituyó la tontería esa de la injerencia en los
asuntos internos, de modo que si la cuestión que se trate no
pone en peligro la hegemonía de una potencia, cualquier abuso
era permitido. Con esta soberana tontería, el mundo se limitó a
mirar cómo los líderes camboyanos, con Pol Pot a la cabeza,
diezmaron a su población, a mirar de reojo cuando los
engalonados militares de Argentina y Chile se pasaban en la
comisión de sus fechorías contra su población o cuando Leónidas
Trujillo extendió sus cadenas sobre la población dominicana.
África es un continente de puertas infranqueables, nadie sabe lo
que pasa aquí, de ahí que no queramos decir si Europa, y líderes
demócratas de Europa, estuvieron detrás de los delirios
megalomaníacos de Bedel Bokasa, Amín o Macías.
Pero si fueran simples delirios, poco importaría, pero no solamente
fue esto. Sabe Dios lo que nos dolió que semejantes seres se
sentaran sobre nuestros cuellos en busca de la sangre,
literalmente en muchos casos. Acá abajo, en la república de
Guinea Ecuatorial, el rey que reina sobre todas las cosas abrió
sus manos cuando se enteró de la desgracia haitiana y de su
fortuna mandó separar 2 millones de dólares para ayudar al
pueblo negro de la república de Haití. Bien; como no es la
primera vez que ejerce su liberalidad no va a ser ahora cuando
vayamos a hacer comentos sobre la misma.
Enhorabuena por el gesto y bienvenido cualquier dinero para ayudar
al pueblo hermano de Haití. Ya supimos de desembolsos en montos
considerables para amigos no empobrecidos precisamente o para
lacayos de adulación extrema. Además, es noticia pública lo de
sus dispendios en bienes inmuebles en tierras lejanas de las
nuestras. La cuestión capital en este gesto es la finalidad del
mismo. ¿Qué quiere el rey de aquí que la gente de Haití haga con
este billón de francos CFA? Claro que de no ser por la magnitud
del seísmo se nos antojaría una barbaridad. Y, efectivamente, y
para nuestros cálculos, 1 billón de francos CFA es una cifra que
raras veces oímos en las conversaciones de los ricos que
conocemos. Claro que será que no tenemos amigos millonarios,
pero 2.000.000 de dólaresx500 FCFA C/1 dólar= 1.000.000.000 de
FCFA es una barbaridad. ¿Habrá tendido este cheque para que los
habitantes de Port Au Prince compren coches de lujo? ¿Lo habrá
hecho para que hagan hoteles para recibir a los turistas? ¿Habrá
regalado este dinero para que los gobernantes hagan turismo por
Asia? Está claro que no será para allanar el terreno fracturado
por el terremoto, ni para adquirir ataúdes perfumados para
enterrar a los miles de muertos causados por la mano siniestra
de la Providencia. Tampoco creemos que nuestro rey manda este
dinero para que el jefe de allá lo meta bajo su cama o lo
reparta entre sus familiares y amigos para que luego lo ingresen
en paraísos fiscales, comunes en la zona caribeña.
Nuestro rey no manda un billón de francos CFA para que los
ministros mejor emparentados con René Preval adquieran con el
mismo mansiones en Malibú. Pensamos que esta cantidad respetable
de dinero ha sido desembolsada para que el pueblo alivie sus
penosas condiciones de vida. Que dejen de vivir en infectas
casas de hojalata, que dejen de hacer sus necesidades en los
ríos o bosques, que tengan agua potable, que tengan mejores
escuelas, y que puedan construir sus mercados y tenerlos limpios
de elementos que dañen su salud. Tenemos obligatoriamente que
ser reiterativos, y veraces, y decir que desde la punta Sur de
la isla de Bioko hasta el extremo norte de Malabo hay
comunidades humanas afectas por cotas similares de pobreza que
las de Haití.
Tenemos que decir que desde la costa de Bata hasta el lugar más
recóndito de la porción continental de la Guinea Ecuatorial hay
mucha gente que vive al límite de la supervivencia. Tenemos que
decir que los ciudadanos extranjeros que nos visitan pueden dar
fe de los montones de basura de nuestros mercados y calles, y de
las dificultades que tienen los nativos para encontrar agua,
agua de cualquier calidad. No vamos a ser cínicos y rogar que
nos ocurra una desgracia para que nuestro rey se acuerde de
nosotros. No vamos a ser cínicos para creer que se acordaría de
nosotros si sobre nuestras cabezas cayera la voluntad divina en
forma de un volcán.
Además, es de obligada humanidad desear que las naciones azotadas
por desgracias naturales encuentren la solidaridad
internacional. Lo que no entendemos es que el mundo de los
poderosos crea que porque seamos negros y no estemos siendo
azotados por terremotos visibles desmerezcamos una vida mejor".
http://www.fronterad.com/?q=node/575
Editado
y distribuido por ASODEGUE
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