HOJAS INFORMATIVAS
18 de enero
de 2010
Un formalismo
legal
La
ratificación en sus puestos de la practica totalidad de los
miembros del gobierno ecuatoguineano ha cerrado "el proceso
electoral" que se iniciaba en los primeros días del pasado
noviembre. Ha sido un proceso electoral caracterizado por su
apresuramiento y por la premeditación de sus múltiples
irregularidades. En el inicio de campaña el candidato-dictador
afirmó (5 de noviembre en Bata) que aquello (la campaña y las
propias elecciones) era "un formalismo legal porque todo estaba
asegurado". ¿Había (hay) un plan especial del dictador que
"justifique" tantas prisas? Con todas las precauciones del caso
(Guinea es el paraíso de la arbitrariedad) pensamos que no, que
el "mensaje" esta precisamente en las formas. Una de las
características de todas las dictaduras es la banalización de la
política, en realidad, la imposibilidad de la política.
["Haga usted lo que yo, no se meta en política" decía
Franco a algunos de sus ministros]. El
objetivo de Obiang es aparecer como una figura indiscutible,
decidida previamente a cualquier contienda política, a cualquier
proceso electoral.
Obiang ha sido, efectivamente, reelegido y repite el mismo
gobierno que tenía. ¿Es esto un éxito? Lo es en un sentido:
Obiang y su cuadrilla ganan tiempo, se aseguran un nuevo periodo
de apropiación de las riquezas del país. No lo es en el sentido
político: ninguno de los problemas del país se solucionan con
esta "victoria electoral" que lleva consigo el aumento del culto
al dictador, acentúa el monolitismo del régimen y hace que
repita uno de los equipos ministeriales más inútiles de la
historia del país. Las últimas elecciones se recordarán también
porque han dado expresión política al cansancio que buena parte
de la población siente ante la dictadura (la abstención real ha
sido muy alta) y han mostrado los límites de la estabilidad del
"sistema". El dictador no solo necesita ganar, necesita hacer
del pucherazo una condición permanente. Se siente inseguro ante
la posibilidad de conseguir resultados normales. Necesita
resultados superiores al 90% de los votos, unos resultados que
cualquier observador imparcial sabe que son mentirosos. Hace
unos días un dirigente guineano nos decía "Obiang no aceptará
nunca vivir en Guinea como un ciudadano normal". Es cierto pero
su problema es mayor todavía. Obiang no aceptará nunca vivir en
Guinea como un dirigente político normal. Sólo una dictadura
como la actual es aceptable para él.
La comunidad
internacional ha tenido una actitud doble ante el proceso
electoral ecuatoguineano. Por un lado se ha consolidado la
"coalición" de organizaciones no gubernamentales que actúan en
los foros internacionales denunciando los manejos del dictador,
por otro, los gobiernos históricamente interesados en Guinea han
permanecido en silencio o han mostrado actitudes complacientes
para con el dictador. En el silencio ha estado la administración
Obama "distraída" en el largo proceso de designación de un nuevo
embajador. En la complacencia se sitúan una parte de los
políticos españoles con el ministro Moratinos a la cabeza (unas
recientes declaraciones suyas vuelven a insistir en la política
de "compromiso constructivo", formulada por primera vez por los
gobiernos del Partido Popular hace ya casi diez años y que no ha
cosechado ni un sólo éxito) y que cuenta con el apoyo de
significados opositores como Gustavo de Arístegui que ha viajado
recientemente a Malabo para echar incienso al dictador pese a su
escandaloso comportamiento político. Esta división no favorece
la causa de la democracia en Guinea Ecuatorial pero es difícil
de evitar ante la contumacia de quienes parecen decididos a
actuar como un lobby pro-Obiang.
En cualquier caso,
las bazas fundamentales se van a jugar dentro de Guinea, en la
comprobación de si la oposición democrática es capaz de
organizar en torno suyo a la mayoría de la sociedad
ecuatoguineana. Un proceso tan difícil y arriesgado como el que
ha venido desarrollando en los últimos años que le permitirá
consolidarse como una alternativa real capaz de dirigir con
éxito al país en un perspectiva de democracia y prosperidad.
Editado
y distribuido por ASODEGUE
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