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HOJAS INFORMATIVAS
18
de enero de 2006
Otra carta
para Mugabe
Manuel
Nguema Mba estuvo ayer en Harare para entregar a Mugabe una
carta personal de Obiang. Lo dice el diario The Herald,
de esa ciudad, en su edición de hoy, día 18. Mugabe recibió al
conocido torturador ecuatoguineano acompañado por Michael
Nyambuya, uno de los ministros de su gabinete. Tampoco ha
trascendido el contenido de esta carta.
La bronca
continua
El estilo
de los últimos discursos de Obiang es la bronca. Bronca a los
funcionarios, bronca a las empresas extranjeras, bronca a
quienes pedimos el boicot a los productos de las petroleras
americanas que le sostienen y bronca, y amenazas, a la
oposición democrática ecuatoguineana.
La
última bronca ha sido para los jueces. El pasado lunes se
celebró en Malabo la apertura del año judicial y, según la
agencia France Press, el dictador ecuatoguineano afirmó:
“La independencia judicial no implica la impunidad de los jueces
cuando desnaturalizan el concepto de justicia”. Más adelante
“denunció la « ambición » de determinados magistrados « por los
bienes materiales » que conducen « a la corrupción
administrativa y a la falta de transparencia “. Añadió: “No se
puede ser a la vez juez y parte en un mismo asunto”(…) “¿Cómo
pueden administrar justicia quienes tienen intereses en
determinados negocios ? » y terminó advirtiendo: “Es necesario
actuar con rigor contra quienes se mueven en la impunidad” y
“desnaturalizan la acción de la justicia ».
Nadie
deben entender que estamos ante las palabras de un reformador,
ni que ahora, en los últimos tiempos, ha empeorado la situación
de la justicia en Guinea Ecuatorial, de la que, por cierto,
Obiang es el máximo responsable. Desde hace años se suceden los
informes de distintas instancias internacional sobre las
deficiencias del sistema judicial ecuatoguineano. Una de las
últimos fue el de la asociación internacional de abogados BAR
en el que se hablaba, pero en otro sentido, de la falta de
independencia de los jueces: se señalaba la supeditación
al jefe del estado, como una de las principales lacras del
sistema. Otros diagnósticos han hecho referencia a deficiencias
estructurales y a la escasa formación de los jueces. La
cooperación francesa y la española han intentado en un buen
número de ocasiones mejorar esta situación. Ha sido en vano,
Obiang y los suyos han querido que todo quedase en palabras...
El
dictador guineano ha adoptado últimamente la costumbre de
trasladar a los medios de comunicación los problemas del país,
que son ya imposibles de ocultar, con la intención de achacar
culpas y responsabilidades a otros y, en general, para hablar en
vano, pues tras sus discursos no hay ningún plan realista de
mejora, ni la voluntad de arreglar nada. Treinta años después de
llegar al poder, de controlar al país con mano de hierro hasta
los últimos detalles y haberse enriquecido de forma
desproporcionada, no cabe responsabilizar a otros de lo que pasa
en Guinea. Los responsables son ellos: Obiang y su familia.
Más sobre las advertencias de
Obiang a las empresas extranjeras con inversiones en Guinea
El
corresponsal de Jeune Afrique en Malabo, Pascal Airault,
ha publicado (15 de enero) en la página de
L'intelligent/Jeune
Afrique con el título
"Dura lex sed lex" el artículo siguiente: "El
presidente confirma el decreto que obliga a las empresas
extranjeras a abrir su capital a accionistas nacionales.
«Todas las empresas que se establezcan en Guinea Ecuatorial
deben admitir socios nacionales… Aquellos que no acepten
nuestra política deberán irse a otro país. El gobierno debe
también exigir a estas grandes empresas que inviertan una
parte de su dinero en el desarrollo y la construcción del
país». La declaración del presidente ecuatoguineano, Teodoro
Obiang Nguema, el 3 de enero, ante la televisión nacional, ha
creado una situación molesta en los estados mayores de los
grupos extranjeros. Dicha declaración confirma un decreto
presidencial de septiembre de 2004, aún no aplicado, que
obliga a las empresas extranjeras, o creadas por extranjeros,
a abrir su capital hasta un 35% como mínimo al accionariado
ecuatoguineano. Los operadores económicos ven en este texto
una voluntad nacionalizadora, y de estorbar por tanto la
libertad de empresa. “Pidiendo a las empresas extranjeras que
den participación a socios locales, queremos favorecer las
inversiones productivas nacionales y la creación de empleo
para nuestros compatriotas », se defiende Melchor Esono Edjo,
secretario de Estado del Tesoro y el Presupuesto. Un argumento
que no convence a los operadores económicos extranjeros, en
especial a las petroleras americanas que garantizan la
extracción del oro negro ecuatoguineano. Ni ellos, ni sus
subcontratistas se muestran partidarios de abrir su capital
hasta un 35% a las personas físicas o a las empresas
nacionales. Igualmente afectadas, las empresas extranjeras de
obras públicas no tienen tampoco intención de plegarse a tales
acuerdos de participación: “Este texto es un monstruo jurídico
y una aberración que va contra las reglas de la Comunidad
Económica y Monetaria del África Central [Cemac]", explica un
hombre de negocios instalado en Malabo.
Otro punto que
exaspera a los operadores de obras públicas [en francés: BTP,
Construcción y Obras Públicas] es el que se refiere al reparto
de beneficios. El nuevo decreto establece que del 5 al 10% de
los beneficios netos deberán destinarse a los accionistas
nacionales. Para los empresarios extranjeros se trata, ni más,
ni menos, que de un acto de “predación”. Pese a las reacciones
que suscitó este decreto, las autoridades organizaron dos
reuniones, en junio y julio últimos, en Malabo para preparar
su aplicación. El Primer Ministro convocó entonces a estos
encuentros a todos los operadores petroleros y a sus empresas
subcontratistas. “Nos dijeron claramente que la empresa
nacional ecuatoguineana de petróleo (Gepetrol) llamaría
pronto a nuestra puerta para pedirnos que le abriésemos
nuestro capital. No tenemos intención de hacerlo”, ha indicado
un operador, amparándose en el anonimato. Los estados mayores
de las grandes empresas han puesto en movimiento sus baterías
de abogados y sus gabinetes de asesores para examinar las
debilidades del texto legal y responder a las autoridades.
Tras de una reunión de crisis entre Exxon Mobil y sus
subcontratistas, los operadores han desarrollado tres
argumentos fundamentales: el texto no es compatible con el
tratado de la OHADA [ en español : Organización para la
Armonización del Derecho Mercantil en África] ; es
anticonstitucional, porque ha sido adoptado por decreto y no
ha pasado por el Parlamento; por último, las primas subirán
espectacularmente cuando los aseguradores sepan que hay
empresas ecuatoguineanas que participan en el capital.
Consultoras especializadas en auditorias y en el asesoramiento
de empresas instaladas en Malabo, en especial Ernst & Young y
PricewaterhouseCoopers, han iniciado un trabajo de lobbying
ante las autoridades para que echan marcha atrás o, al menos,
modifiquen el texto. Para muchos, el nuevo decreto fue
elaborado a toda prisa en los meses siguientes al intento de
golpe de estado. “Es un texto ante todo político. Es una
reacción basada en criterios de seguridad ante los
acontecimientos de marzo de 2004, señala un diplomático.
Parece difícilmente aplicable, inspira temor a todo el mundo.
Pase lo que pase, las inversiones extranjeras directas [IDE]
podrían resentirse”. Malabo es, sin embargo, un destino muy
atractivo. Las IDE alcanzaron 1.700 millones de dólares en
2004, frente a 323 millones en 2002, colocando así al país
entre los principales beneficiarios de flujos de inversiones
entrantes del África subsahariana. La mayoría de las
inversiones se dirigen al sector petrolero.
Las declaraciones
televisadas del presidente expresan, en todo caso, su voluntad
de echarle un pulso a las empresas petroleras americanas que
negociaron contratos leoninos en los años noventa (el porcentaje
de participación del Estado en los beneficios era de alrededor
del 5%) y de llevar ese pulso a los medios de comunicación. De
entrada, su puesta en guardia se ha visto precedida a finales de
diciembre por una emisión de la Radio-Televisión ecuatoguineana
(RTVGE), portavoz muy oficial del poder y habitualmente poco
crítica, denunciando sin tapujos la “mala distribución de las
riquezas” petroleras. Los últimos invitados a La Tertulia,
difundida cada semana, no se mordieron la lengua y criticaron la
extrema pobreza en la que vive la inmensa mayoría del millón de
habitantes de Guinea Ecuatorial. “El sector del petróleo ha
arruinado a todos los demás. En lugar de distribuir los
beneficios para promover el crecimiento de otros sectores como
la agricultura, [...] algunos han preferido guardarse el dinero
en los bolsillos”, afirmó sobre todo Santiago, un agricultor.
Malabo ha recuperado ahora el sentido de la negociación y hace
jugar la baza de la competencia extranjera, especialmente china,
con el riesgo de irritar a la Casa Blanca".
Editado
y distribuido por ASODEGUE
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