Las protestas se multiplican por las calles de distintas ciudades de Nigeria, entre ellas las de Lagos, la más grande del país.

   Cinco días consecutivos de huelga general y un violento conflicto interno entre cristianos y musulmanes amenazan con paralizar al octavo exportador mundial de crudo, Nigeria. ¿Qué hay detrás de la inestabilidad de este gigante petrolero?

   Pese al anuncio de dos días de tregua durante el fin de semana, los sindicatos petroleros advierten que el lunes continuarán las protestas. Y la amenaza de un alto en la producción de crudo en uno de los mayores proveedores mundiales no se aleja.

   Los mercados miran con recelo a Nigeria desde hace semanas. Después de un jueves de incrementos en el precio del petróleo, este viernes, la tendencia al alza continúa.

   Pero, ¿qué está haciendo temblar al mayor productor de crudo del contintente africano?

   Tener una de las mayores reservas de petróleo no garantiza la riqueza y el bienestar de los habitantes de un país.

   Esta es una realidad que comparten varios países del mundo, entre ellos, algunos latinoamericanos. Pero estas semanas, esta situación aparentemente paradójica golpea con especial rigor a Nigeria.

   La tensión social y el temor a una posible guerra civil atenazan al país africano, el duodécimo productor y el octavo exportador de crudo a nivel mundial, que este viernes se enfrenta al quinto día de huelga general consecutivo.

   La chispa que desató las protestas fue la subida del precio de los combustibles. Sin embargo, los problemas de este estado miembro de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) son más complejos.

 

Paradoja del sistema

  

   La población nigeriana vive con una media de 2 dólares al día. Muchos de los hogares no tienen electricidad ni agua corriente.

   Pese a que las reservas petroleras nigerianas se mantienen estables en las últimas décadas, el país no cuenta con refinerías para procesar el petróleo, por lo que se ve forzado a exportar todo su crudo e importar gasolina y otros productos ya refinados.

   En este contexto, el gobierno del presidente nigeriano Goodluck Jonathan -que recibe el 80% de sus ingresos del petróleo- despertó la ira de los ciudadanos al eliminar, desde el 1 de enero, el subsidio a la gasolina vigente hasta ahora.

   Esta decisión se traduce en un considerable aumento del precio de los combustibles: de 40 a 95 centavos de dólar por litro de gasolina.

   Con esta subida, ha aumentado también el precio de los alimentos y el transporte, lo que deja a la población nigeriana en una situación muy delicada.

 

¿Un "Caracazo" africano?

 

   Los nigerianos exigen que el gobierno vuelva a aplicar el subsidio a la gasolina.

   La herramienta principal de protesta de los nigerianos ha sido la convocatoria de una huelga general que tiene al país prácticamente paralizado desde inicios de esta semana. Las escuelas, los organismos oficiales, los puertos y los aeropuertos están cerrados y las empresas tampoco pueden desarrollar su actividad con normalidad.

 

Manifestaciones en las calles

 

   Además, miles de personas han salido a las calles de las principales ciudades del país para manifestarse en contra de la medida del gobierno.

   Las autoridades gubernamentales y los economistas aseguran que la retirada del subsidio a la gasolina era una medida esencial para ahorrar millones de dólares anuales que se podrán invertir en proyectos de mejora de las infraestructuras del país.

 

Espiral de violencia

   Sin embargo, la subida de la gasolina no es el único problema que afecta a Nigeria, donde los enfrentamientos entre cristianos y musulmanes llevaron al país, según los analistas, al borde del conflicto civil.

   El más reciente ataque, atribuido al grupo islamista Boko Haram, dejó ocho muertos, entre ellos cuatro oficiales de policía, según explica el periodista de la BBC Mark Lobel desde Lagos.

   En un video reciente colgado en YouTube, el líder del grupo, Abubakar Shekau, reclama la responsabilidad de las últimas muertes y ataques contra cristianos y señala que son una venganza por los asesinatos de musulmanes producidos en estos años.

   En un país que se divide a grandes rasgos en un norte de mayoría musulmana y un sur predominantemente cristiano, grupos como el radical Boko Haram han encontrado un germen para azuzar un conflicto religioso que tiene también un importante componente social, dado que el norte es más pobre que el sur.

   Algunos analistas temen que la espiral de violencia vaya en aumento y derive en una situación similar a la del período de 1967 a 70, cuando el sureste del país intentó independizarse, y advierten sobre la amenaza de una guerra civil.