HOJAS INFORMATIVAS
13 de Enero de 2003
EL
HOMBRE ENFERMO DE ÁFRICA
El
próximo domingo, día 19, se celebrará la
ceremonia de investidura como presidente para un
nuevo mandato del dictador Teodoro Obiang Nguema.
Las declaraciones de los dirigentes guineanos
posteriores al 15 de diciembre oscilan entre dos
polos: aparentar, por un lado, que todo es
normal, actuar "como si no hubiese pasado
nada", pendientes de las reacciones de la
comunidad internacional y reflejar, por otro, la
frustración de unas elecciones que han estado
muy lejos del auto-homenaje que se había
preparado Obiang, del plebiscito abrumadoramente
favorable para el "candidato del
pueblo". Sin embargo, y en términos
estrictamente políticos, la enfermedad más
grave del régimen guineano no es ni el cinismo,
ni la frustración. La enfermedad fundamental es
su propia debilidad.
En realidad, el régimen guineano no existe como
tal. Sin base política suficiente (es incapaz de
ganar una sola de las elecciones que, cada poco,
tiene que convocar), carente de instituciones y
de futuro, el régimen guineano está cercano a
la ficción. En veinticuatro años de dictadura
Teodoro Obiang no ha querido formalizar de manera
alguna el juego político en su país. No nos
referimos a que no haya abierto las
"instituciones" a las formaciones
opositoras, es que no las ha abierto a sus
propios partidarios. La vida política de
cualquiera de ambos (partidarios e instituciones)
es un puro manejo de Teodoro Obiang Nguema. Desde
las medidas más importantes a las decisiones
cotidianas, nada sucede en la "Guinea
oficial" que no sea hechura del dictador. Su
"crepúsculo biológico" tiene reflejo
en el "crepúsculo político" de una
situación que, inevitablemente, no le
sobrevivirá.
Esta situación (y sus consecuencias) ha sido
siempre intolerable en términos morales pero
ahora se vuelve peligrosa en términos
políticos. La debilidad del régimen guineano
contrasta con las enormes riquezas que atesora el
país. Estamos diciendo que no tiene
instituciones el país destinado a convertirse en
la tercera potencia petrolera del continente
africano, el país en el que han invertido
millones de dólares algunas de las empresas
petroleras más importantes del mundo. El
"crepúsculo biológico" del dictador,
empeñado en cerrar cada vez más SU régimen,
amenaza con convertir la debilidad en vacío
político de consecuencias fáciles de prever...
La campaña electoral y las propias elecciones
del 15 de diciembre han reflejado claramente el
"déficit institucional" y democrático
guineano. Han demostrado la falta de capacidad
técnica y de voluntad política del régimen
para llevar a cabo un proceso electoral normal.
El régimen guineano no puede organizar en
solitario ni una elección más.
Esta situación puede tener varias salidas, pero
no vamos a referirnos ahora más que a una de
ellas. Una salida basada en la existencia real y
organizada de la oposición democrática en el
interior del país y en el reconocimiento de la
existencia de intereses en Guinea de una parte de
países e instancias multilaterales del primer
mundo.
Hay una parte de la opinión pública mundial que
cree que el primer mundo sólo se interesa por
los recursos naturales africanos e ignora la
situación institucional de esos países. Guinea
Ecuatorial puede dar oportunidades para
comprobarlo. La UE no puede volver a
desentenderse de un proceso electoral en Guinea
basándose en que el dictador guineano está
incumpliendo sus propias leyes. Los guineanos,
ante la situación que padecen, tienen derecho a
esperar que cualquier proceso electoral que se
celebre en su país, esté garantizado desde el
principio por aquellos países que tienen
intereses dentro de Guinea. Las administraciones
española, francesa y norteamericana, la UE y las
propias Naciones Unidas, deben asumir su parte de
responsabilidad en la reapertura del proceso
democrático en Guinea.
Los guineanos (todos los guineanos) que han
desafiado a la dictadura en esta campaña
electoral tienen derecho a que su existencia y su
esfuerzo sean reconocidos en términos políticos
por la comunidad internacional. Estos mismos
guineanos no merecen que se les condene a
participar nunca más en procesos electorales
claramente trucados o a soluciones mucho más
dramáticas para todos.
OACPDS-Madrid
13 enero 2003
Editado
y distribuido por ASODEGUE
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