DOCUMENTOS ASODEGUE "Obiang y las petroleras"

 

 

 

 

 

 

 

Obiang y las petroleras

   

                                   El diario Le Monde publicaba en su edición de 7 de enero de 1997 (pág. 14) una estadística  del Banco Mundial en la que Guinea Ecuatorial aparece a la cabeza de los países africanos en crecimiento del PIB. El incremento, superior al 15%, supone un salto importante sobre los valores del período iniciado en 1991, con aumentos medios del 6%, y desde luego con los del período 1979 a 1991 en los que había llegado a mostrar un signo descendente. 

            Pero el PIB, y su incremento, están lejos de medir en algún sentido el “bienestar” de los guineanos, refleja tan sólo la evolución de la producción petrolera en aquel país. 

            Han pasado casi veinte años del primer intento de explotación llevado a cabo por el grupo francés Elf a través de su filial gabonesa Petrogab y sobre todo del que representó la compañía GEPSA, en los primeros 80, sociedad mixta constituida a partes iguales por el gobierno de Malabo y la empresa española Hispanoil, que localizó el yacimiento Alba a cuarenta kilómetros al noroeste de Malabo. La empresa norteamericana Walter International retomaría en 1990 la concesión abandonada; CMS Nomeco, también norteamericana, adquirió más tarde las acciones de Walter. En 1991 inició la producción al ritmo de 3000 barriles/día en los pozos Alba-1 y Alba-2. 

            En junio de 1992 United Meridian Corporation, otra empresa estadounidense, firmó un contrato para operar en el llamado bloque B. UMC hizo sus primeros sondeos en 1994 con escasos resultados, hasta asociarse en 1995 con Mobil Oil (en una proporción 25% UMC - 75% Mobil) y localizar el campo petrolífero Zafiro (véase anexo 1, pág. 8) actualmente en explotación. 

            Desde el 19 de agosto pasado la producción de este yacimiento, constituido por nueve pozos pequeños ha alcanzado los 40.000 barriles/día. Mobil Oil parece dispuesta a invertir en Guinea 130 millones de dólares en el período en el que mantenga la explotación de estos yacimientos, que se calcula será de 7 a 9 años. El techo de producción para el campo Zafiro se ha estimado en 120.000 barriles/día. 

            El yacimiento Alba tiene unas reservas estimadas de 68 millones de barriles y su producción actual es de 8 a 12.000 barriles/día. En la primera semana de septiembre de 1996 finalizaron los trabajos de puesta en marcha de una nueva planta envasadora de gas, producido en este yacimiento y explotada también por la empresa Nomeco. Dichas instalaciones, situadas en la propia capital del país, Malabo, están destinadas al consumo interno y a la exportación hacia los países del entorno. 

            Los ingresos estimados para el Estado guineano por toda la actividad petrolera son de 51.112 millones de F.CFA en 1997, 65.436 millones de F.CFA en 1998 y 78.425 millones de F.CFA en 1999 (equivalencia 1 peseta = 4 F.CFA). 

            Ninguno de estos datos, con su indudable contundencia, ha modificado la vida de los casi 400.000 ecuato-guineanos que sin embargo están percibiendo ya las consecuencias de un hecho novedoso en la política guineana: la intervención de las compañías petroleras y especialmente de Mobil-Oil. 

            El estrechamiento de relaciones entre Mobil y el gobierno guineano se produjo a lo largo de 1995 en un período de profunda crisis política en el país, con muestras evidentes del desprecio por los derechos humanos del régimen del presidente Obiang. Entre los meses de febrero y agosto de 1995 permaneció encarcelado Severo Moto, líder de una de las más importantes formaciones opositoras, el Partido del Progreso (PP); en ese período fue dos veces juzgado, una de ellas por un tribunal militar junto con un grupo de civiles y de miembros de las fuerzas armadas, pertenecientes, se decía, a su partido político. Las debilidades de la acusación y la falta de garantías de ambos procesos fueron evidentes. Sólo la presión internacional evitó que se produjeran condenas a muerte. 

            En septiembre de 1995 tuvieron lugar las elecciones municipales en un ambiente de cierta tolerancia, que fueron ganadas por la coalición opositora POC (Plataforma de Oposición Conjunta) integrada por el ya citado Partido del Progreso, la Convergencia para la Democracia Social (CPDS) y otros partidos (Acción Popular, Alianza Democrática Progresista, etc). Las candidaturas de la POC triunfaron en 21 de los 27 municipios y en el resto fueron la segunda fuerza más votada, consiguiendo, en conjunto, el 65% de los votos emitidos. Los representantes de la comunidad internacional acreditados en Malabo reconocieron la victoria opositora. 

            Sin embargo el gobierno tras un dilatado proceso no admitió la victoria de la POC más que en 9 de los municipios, adjudicando al gubernamental PDGE los 18 restantes. A partir de la misma noche electoral se desató una oleada de detenciones sin precedentes por su número, que alcanzó todas las regiones, afectando a miembros de la oposición y a aquellos votantes que se habían decidido por la POC cuando el gobierno estimaba que deberían haberlo hecho por el PDGE. En los meses siguientes los concejales y alcaldes elegidos en las listas opositoras se convirtieron en blanco de amenazas, detenciones y malos tratos por parte de las fuerzas del régimen. 

            En estas mismas fechas, el 18 de mayo, el recién nombrado embajador guineano en USA, Pastor Micha, recibió públicamente instrucciones del Presidente Obiang en el sentido de sensibilizar a operadores económicos norteamericanos para que invirtiesen en Guinea Ecuatorial y para que “aumenten y se consoliden aún más las relaciones de amistad y cooperación ya existentes entre Washington y Malabo”. 

            Pastor Micha era hasta muy pocos días antes Secretario General del Ministerio de Minas y había intervenido desde febrero de 1990 en las negociaciones celebradas entre el gobierno guineano y las compañías petroleras con intereses en el país. Estas relaciones habían recibido una nueva formulación en el viaje realizado entre el 25 de abril y los primeros días de mayo de 1995 (coincidiendo precisamente una de las fases más agudas de la crisis de Moto) a Houston y Washington por una delegación en la que figuraban: Manuel Nguema, tío del Presidente Obiang y persona de su absoluta confianza; Juan Oló Mba Nseng, ministro de Minas e Hidrocarburos desde 1992 y hermano de la primera mujer de Obiang, Constancia Mangue, y Anatolio Ndong Mba, responsable de economía en el gobierno guineano. 

            Juan Oló y Pastor Micha han venido ocupando puestos de responsabilidad en el entorno de Obiang, siempre relacionados con el petróleo. Juan Oló ha representado la vía de entrada de las partidas de dinero procedente de Walter (y Nomeco) con destino al Estado guineano; estas partidas no tienen reflejo, sin embargo, en el Presupuesto Nacional guineano. 

            Pasado el verano del 95, a los pocos meses de que Micha ocupase las embajadas de Washington y Naciones Unidas, empezó a desarrollarse en Estados Unidos una campaña destinada a mejorar la imagen del régimen guineano; su hito más relevante fue la publicación de una página completa en el New York Times. La preparación de esta campaña la hacía la firma de relaciones públicas Black, Maneforth, Stone and Kelly, que había editado también unos folletos destinados a posibles inversores norteamericanos en Guinea y, otros, quejándose ante la administración USA por el cierre de su embajada en Malabo. Se quiere dar una imagen idílica de Guinea: un pequeño paraíso, libre de enfrentamientos tribales y con un régimen político estable. Los trabajos de esta empresa, que contaba con experiencias similares para líderes como Mobutu y Savimbi, estaban financiadas por Mobil, Nomeco y UMC. (ver Anexo  3).

            Las compañías petroleras corren también con los gastos, al parecer a cuenta de futuros ingresos del petróleo, de las dos embajadas guineanas en Estados Unidos.  

            En el mes de noviembre  el gobierno guineano puso en marcha una operación destinada a violentar el voto de los guineanos tomando como base la Declaración Jurada (ver Anexo 2). Se trataba de realizar un censo de miembros del PDGE a partir de un documento en el que se renunciaba, de hecho, a los derechos civiles en favor de la dirección de este partido. La organización del Estado guineano, imposible de distinguir de la del antiguo partido único, se puso al servicio de esta campaña a la que se vieron sometidos 85.000 ciudadanos. Esta relación de “afiliados” sirvió para alterar el censo electoral; muchos de los que se habían negado a figurar en ella, o no se les había propuesto incluirse por ser manifiestamente afines a la oposición, desaparecieron del censo. 

            El 11 de enero de 1996 de forma inesperada, y violando la Constitución guineana y la Ley Electoral, el Presidente Obiang convocó elecciones presidenciales para el 25 de febrero. La designación de candidatos, en las semanas siguientes, estuvo también llena de irregularidades. La Junta Electoral rechazó, pese a contar con todos los requisitos legales, la candidatura del arquitecto Amancio Nsé, militante del CPDS, que se presentaba por la coalición opositora POC, rota ahora tras la salida de la misma de Severo Moto. 

            Las primeras en votar fueron las compañías petroleras que, de nuevo a través de  Black, Maneforth, Stone and Kelly, asesoraron a Pastor Micha para la contratación de los servicios de la agencia Strategics Concepts, especializada en el marketing y asesoramiento de procesos electorales. Se trata de una agencia que funciona con el beneplácito de la administración norteamericana para estos temas tan “sensibles”. En el caso de Guinea Ecuatorial contó con el  asesoramiento de Sean M. Cleary, ex-embajador surafricano, en cuyo curriculum figuraban la organización de elecciones en algunos bantustanes bajo el régimen del apartheid. El trabajo de Strategics Concepts tuvo dos partes, una en Guinea y otra, que suponía una importante operación de marketing, en países que tienen relación con aquel país. La acción exterior de la agencia consistía en la invitación, con el estatuto de observador invitado, de un grupo importante de personalidades políticas estadounidenses, alemanas, francesas, portuguesas, españolas y de los países africanos del entorno así como de periodistas de los medios de comunicación de todo el mundo. Al margen de todos los precedentes y de lo verificable en la vida diaria del país, las compañías petroleras se decidieron a enseñar al mundo “el pequeño paraíso, sin enfrentamientos tribales y gobernado por un régimen estable” del que hablaba la publicidad por ellos financiada. En Guinea, Strategics Concepts subcontrató con la empresa inglesa Saladin un mecanismo relativamente sofisticado de comunicaciones que mediante una gran antena instalada en el Ministerio del Interior de Malabo y terminales telefónicos y de fax instalados en los 27 municipios del país permitiría recibir informaciones puntuales sobre el desarrollo de las votaciones y disponer de los resultados finales en las veinticuatro horas siguientes al cierre de las urnas. 

            El cuento de hadas se desvaneció la semana anterior a las elecciones cuando las denuncias de la oposición ante todas las irregularidades previas y la imposibilidad de desarrollar una mínima campaña electoral llevaron a la retirada de las cuatro candidaturas que intentaban competir con Obiang. La inmensa mayoría de las personalidades invitadas decidieron no asistir; al final únicamente lo harían ocho periodistas y 16 observadores electorales (la observación internacional habitual había desistido previamente tras un Decreto Presidencial de 6 de febrero, que le impedía desplazarse libremente y la colocaba bajo el control del Ministerio del Interior) . Estos 16 observadores especiales incluían representantes de Gabón, Camerún, la OUA, Chip Carter, hijo del ex-presidente USA Jimmy Carter, y los representantes (5) de la International Foundation for Electoral Systems ( IFES). 

            La IFES  presentaría en marzo de 1996 un informe en el que se analiza con detalle el proceso electoral y ofrece un buen resumen de sus irregularidades; nos parece importante destacar las siguientes:

a) Irregularidades en la convocatoria  ( incumple la Constitución guineana  y la Ley Electoral).

b) La Junta Electoral Nacional está presidida por el Ministro del Interior, tiene su sede en el propio Ministerio y está controlada por personas designadas por el propio régimen guineano (la proporción de personas designadas frente a los representantes de la oposición es de 3 a 1).

c) Se limitaron drásticamente las posibilidades de desplazamiento por el país a los candidatos que se oponían a Obiang Nguema. Difícilmente puede hablarse de que realizasen una campaña electoral.

d) Se intentó impedir con distintos argumentos la retirada de los candidatos opositores en los días previos a las elecciones. Los resultados oficiales reflejaron porcentajes ínfimos de votos a estas candidaturas con el evidente ánimo de ridiculizarlas.

e) En fechas previas a las elecciones se defendió por las autoridades guineanas y por personas ligadas a la candidatura de Obiang, el voto público como una aportación a los modos democráticos; el día de las elecciones se impuso esta practica en un número muy importante de mesas.

El número de mesas aumento de forma considerable respecto a las elecciones municipales; situadas en la empresas, en los cuarteles, en distintas dependencias ministeriales etc., este incremento fue un método más de control del voto.

f) Anulación del censo electoral de las municipales. Confusión entre el censo y la relación de militantes hecha a partir de la Declaración Jurada. En la mayoría de las mesas no hubo una lista de votantes fiable; los partidos políticos no dispusieron del censo pese a haberlo solicitado reiteradamente (Pastor Micha había mentido en una carta dirigida al gobierno USA, de 2 de febrero de 1996, en la que aseguraba “los partidos políticos de la oposición han sido invitados a inspeccionar el censo electoral y presentar reclamaciones a la Junta electoral Nacional”).

“A IFES se le entregaron copias de dos listas de votantes diferentes de una misma mesa de votación, fechadas con una semana de diferencia entre sí. Las dos listas apenas si tenían algún nombre en común”.

g) No hubo observación internacional al rechazarse por parte de los representantes de la comunidad internacional en Malabo el decreto de 6 de febrero.

h) Respecto del escrutinio: “El hecho de que la cifra real de electores haya sido mayor que la de los electores inscritos ocurrió en todo el país”. “La cifra total de votantes representa 30.000 personas más que la cifra de electores inscritos que la Junta Electoral Nacional había proporcionado a IFES”. 

            La Junta Electoral vivió horas de angustia al tener que ofrecer los datos definitivos del recuento. En algunas de las fases el candidato Obiang obtenía el 99,9% de los votos, pero al rebasar la participación al número de electores inscritos el porcentaje de Obiang había de superar el 100% (de hecho en el distrito de Mongomo los datos daban el 107%). Finalmente en un último esfuerzo decidieron  atribuirle el 97,85% de los votos. 

            La sensación de ridículo alcanzó por primera vez los círculos más cercanos al “reelegido” Presidente y en las semanas siguientes se habló de “gobierno de concentración nacional” opción que, se decía, avalaban ahora las petroleras. Sin embargo, la recuperación no se hizo esperar, pronto volvieron a menudear las detenciones, los malos tratos y definitivamente el gobierno se formó con los sectores de la oposición más sumisa, con aquellos que de hecho habían apoyado la candidatura de Obiang. La represión apuntaba ahora como objetivo central al CPDS; las detenciones de Amancio Nsé y Celestino Bakale son las más significadas del período. 

            Las compañías petroleras intentaron desmarcarse de la bochornosa operación electoral pero sin ir más allá que filtrar a los medios diplomáticos de Malabo y otras capitales cercanas su molestia por los “modos” del régimen guineano. A lo largo del año 96 han mostrado el mismo nivel de preocupación respecto a los fondos que entregan mensualmente al Presidente Obiang y cuyo destino final es desconocido. Por presiones suyas se convocó en el mes de octubre una Conferencia Nacional Económica; en principio se trataba de una iniciativa abierta a toda la sociedad para que aportase iniciativas sobre cómo y dónde gastar el dinero procedente del petróleo; más tarde y tras algunas declaraciones contradictorias de distintos miembros del gobierno el proyecto fue empequeñeciéndose y el diálogo nacional acabó en una perorata del Presidente Obiang plagada de lugares comunes y de amenazas para la población en general y para la oposición democrática en particular. Se anunciaron nuevas “sesiones” de esta Conferencia para 1997. 

            A lo largo de 1996 la oposición democrática ha intentado reiteradas veces entrar en contacto con Mobil Oil, UMC y Nomeco, recibiendo siempre la respuesta de que estas empresas “solo se relacionan con el gobierno”. 

            El entorno de Obiang aparece no sólo como el destinatario de los ingresos del petróleo sino como una instancia intermedia entre las empresas petroleras y la sociedad guineana capaz también de rentabilizar las nuevas demandas que la presencia de estas compañías supone: 

            Ya en 1994 se había creado la empresa SOGUIGAS (Sociedad Guineana de Gas) para comercializar el gas procedente de los yacimientos Alba; frente al proyecto inicial de Walter que implicaba la rápida difusión de este producto para el consumo doméstico a precios accesibles para un número importante de guineanos, la empresa SOGUIGAS (en cuyo consejo de administración aparecen Constancia Mongue, primera mujer de Obiang, su hijo Teodorín; las esposas de Pastor Micha y Juan Oló y otros familiares de altos cargos del Ministerio de Minas e Hidrocarburos) ha privilegiado el propio beneficio aumentando el precio de las bombonas hasta hacerlo superior al del gas butano en España (véase anexo 1, pág. 4). 

            La contratación del personal para las compañías petroleras se hace a través de la empresa APEGESA (Agencia para la Promoción del Empleo en Guinea Ecuatorial, Sociedad Anónima), cuyos principales accionistas son, nuevamente, Juan Oló y Pastor Micha acompañados de Carlos Nsé Nsuga (ex-ministro, natural de Mongomo como el Presidente Obiang y director de la Agencia de Seguridad para la Navegación Aérea, ASECNA). Esta empresa se queda con el 40% del importe de los salarios que pagan las petroleras a cada trabajador, al tiempo que impide la contratación a aquellas personas que no tienen el carnet del gubernamental PDGE.  

            Se han producido despidos de personas ligadas a la oposición democrática. En alguno de estos casos la empresa norteamericana ha comunicado al trabajador que “el Ministerio de Minas e Hidrocarburos solicita a la empresa su despido”. 

            Los contratos Mobil, Nomeco y UMC incluyen un capítulo denominado “Programa de formación del personal técnico del Ministerio de Minas” cuyo destino real es el pago de viajes a USA de familiares del Presidente y del ministro Juan Oló; cursos de inglés, de secretariado y gastos personales para personas relacionadas con Constancia Mangué que ocupan puestos en las embajadas de Guinea en USA, etc. 

            También en esos contratos aparece una cuenta denominada “Nuevas Generaciones” destinada a hacer partícipes a las generaciones futuras de los beneficios del petróleo una vez que se hayan agotado los yacimientos actuales; el destino de los fondos correspondientes está siendo el mismo que los de la cuenta citada anteriormente, y todas ellas se encuentran en números rojos. 

            Armengol Ondo Nguema, hermano del Presidente, ex-Director General de Seguridad y responsable (o cómplice) de las más graves violaciones de los derechos humanos cometidas en el país ha creado una “empresa de servicios” que proporciona guardas jurados para la vigilancia de las instalaciones de las compañías petroleras en Malabo (El “éxito” de esta empresa ha sido tal que la campañia SEGESA, que proporciona electricidad a la isla de Bioko la ha contratado para cortar el servicio a los morosos...). 

            Es evidente que la importancia económica de estas prácticas es mucho menor que la apropiación directa de los ingresos del petróleo,  pero tampoco debe minimizarse en un país en el que no se ha desarrollado ni un sólo sector de actividad empresarial y en el que la oferta de empleo viene siendo un método más de control social. La presencia de las modernas compañías norteamericanas no parece, de momento, alterar esa situación. 

            Sin embargo, ningún observador, ni tampoco ninguna fuerza política salvo quizás el propio Obiang, parece creer que no vayan a producirse cambios en Guinea. Las condiciones de vida de la población, el nivel de ineptitud y de despilfarro de los grupos dirigentes parecen demasiado escandalosos para poder mantenerse en un país de 350.000 habitantes, en el que van a ingresarse anualmente más de 100 millones de dólares (véase Anexo 5). Guinea ha dejado también de ser indiferente a sus países vecinos (Nigeria anuncia ya un contencioso por el yacimiento Zafiro. Véase Anexo 4). 

            ¿Cuáles son las posibles alternativas para Guinea Ecuatorial? 

            En los últimos años ha ido conformándose una oposición madura, de evidentes concepciones democráticas y de cuya implantación dan buena idea los resultados de las elecciones municipales. Acusada de “oposición radical” por el Presidente Obiang, ofrece, por el contrario, la única alternativa para un cambio democrático y pacífico. 

            Frente a ella pueden detectarse también en la sociedad guineana los primeros síntomas de procesos socialmente muy peligrosos. Los continuos rumores sobre enfrentamientos violentos en el entorno del Presidente denotan que el liderazgo de Obiang sobre su propio clan es mucho más débil de lo que suele creerse y que las ambiciones de algunos de los hoy segundones empiezan a activarse a la vista de las nuevas riquezas y de lo que entienden como un reparto caprichoso de las mismas. Esta segunda vía es, sin duda, mucho más violenta y más azarosa que la anterior. A la hora de valorarla no debería olvidarse que las últimas tragedias africanas han nacido de la descomposición de un régimen dictatorial... 

            Mobil Oil parece querer presentarse, según sus propias palabras, como “un rayo de sol” para Guinea (Anexo 6). Nada en su comportamiento de estos años parece recordar  tan angelical papel. La democracia y los niveles de bienestar que persigue la sociedad guineana no serán una consecuencia del petróleo sino de su propio esfuerzo y el de la solidaridad de los pueblos y países amigos. La experiencia de Guinea Ecuatorial habla claro del comportamiento de determinadas empresas multinacionales en nada incompatibles con regímenes dictatoriales y que llevan a los pueblos a plantearse si contar con determinados recursos naturales es una bendición o una maldición. 

                                                                                           Enero 1997 

LAS RIQUEZAS DE UN PAÍS NO DEBEN UTILIZARSE NUNCA CONTRA LA LIBERTAD DE SU PUEBLO.                                                                 

 

RELACIÓN DE ANEXOS 

. Anexo 1: ¿Bendición o maldición?. La producción de petróleo en Guinea                          Ecuatorial. Voces de Guinea Ecuatorial nº 7. Madrid. Octubre 95 

. Anexo 2: Declaración Jurada 

. Anexo 3: Oleaginoso. Africa Confidential. Londres. 29 marzo 96 

. Anexo 4: Nigeria/Guinea Ecuatorial. Disputa por los límites del petróleo. This                  Day. Lagos. 2 septiembre 96 

. Anexo 5: El boom petrolífero hace gestos a un pequeño estado africano. Financial          Times. 29 octubre 96 

. Anexo 6: Guinea Ecuatorial: un rayo de sol. Jeune Afrique. nº 1866. Paris.                         15 octubre 1996 

. Anexo 7:  Carta a Mobil Oil de partidos, sindicatos y ONGs. Respuesta de Mobil Oil.   

 

[Los enlaces con los Anexos no están disponibles por el momento. Lo estarán en unos pocos días. 21 junio 2006]   

 

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