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7
de noviembre de 2003
LA GLOBALIZACIÓN Y
LA INDUSTRIA PETROLERA: EL CASO DE GUINEA ECUATORIAL
Guinea Ecuatorial ha sido tradicionalmente un país exportador de
productos agrícolas hasta que se ha iniciado en sus aguas costeras
la extracción del petróleo en la década de los años noventa. Éste
representa hoy día el 90% de sus exportaciones totales. Una de las
consecuencias de esta actividad ha sido el enorme incremento del
producto nacional bruto, que creció un 76% en 1997 y un 20% en 1998
y 1999. Con otras palabras, que en muy poco tiempo ha dejado de ser
uno de los países más pobres del mundo para pasar a ser un país
de ingresos medios. No es de extrañar, por tanto, que este fenómeno
económico haya dado lugar a que economistas, organizaciones no
gubernamentales y organismos internacionales hayan publicado en
Internet multitud de informaciones al respecto.
El Departamento de Información sobre la Energía del gobierno de
Estados Unidos, que sabe mucho del asunto, afirma en septiembre de
2003 que "a pesar del rápido crecimiento en el producto
interior bruto hay pruebas sustanciales de que el gobierno se
apropia indebidamente de los ingresos derivados del petróleo, en
particular para gastos personales suntuosos. Además, el fracaso del
gobierno en destinar esos fondos para el muy necesitado desarrollo
de las infraestructuras del país, ha tenido como consecuencia una
escasa mejora de la economía y el bienestar social de la mayoría
de los ecuato-guineanos. Aunque el producto interior bruto se ha
duplicado en los últimos cinco años apenas ha habido un cambio
positivo en los indicadores sociales".
(http://www.oilsurvey.com/php/link.php3?CoId=200062&chosenCategory=290003)
Poco hay, pues que añadir a esta información tan concisa y tan
clara sobre el aumento de la riqueza y al mismo tiempo de la
desigualdad social del país, así que ni siquiera resulta necesario
acudir a otras fuentes más sensibles a los derechos humanos como
Global Witness, Amnistía Internacional, etc. Sin embargo, no todo
el mundo conoce estas páginas ni todo el mundo entiende de cifras e
indicadores económicos, así que aún hay espacio para mostrar qué
supone para la población ecuato-guineana la explotación de su petróleo
y gas a manos de compañías extranjeras, principalmente
estadounidenses: Marathon, ExxonMobil, Atlantic Methanol y Tritón,
por ejemplo.
Basta tomar el ejemplo de un trabajador ecuato-guineano cualquiera y
compararlo con su jefe estadounidense, para hacerse una idea de las
diferencias que los separan. El Sr. Jim Brown trabaja 28 días en
Guinea Ecuatorial y otros 28 en su casa de Alabama. El Sr. Amancio
Elá trabaja once meses seguidos antes de disfrutar de uno de
vacaciones. Entre medias están los técnicos - en su mayoría
filipinos -, quienes trabajan nueve semanas y descansan cuatro.
La diferencia en la cantidad de días que cada grupo nacional
trabaja no es nada comparada con la diferencia de los sueldos que
perciben unos y otros al final de cada mes. Los directores como el
Sr. Brown reciben entre 10.000 y 12.000 dólares estadounidenses,
eso sin contar con un bono de fin de semana, que asciende a unos 350
dólares. Antes de descender hasta el trabajador guineano están los
supervisores, o sea, los mandos intermedios entre unos y otros, que
cobran entre 7.000 y 8.000 dólares además del bono de 230 dólares.
Los conocidos como los "filipinos", es decir otros
expatriados, normalmente de Filipinas pero también de otros países,
que son técnicos y operarios especializados, cobran entre 1.800 y
2.000 dólares, con un bono de 50 dólares. Además realizan nueve
semanas de trabajo a las que siguen cuatro semanas de vacaciones, lo
que incluye un extra de 200 dólares para gastos de bolsillo y el
billete de avión de ida y vuelta entre Malabo y Manila. Los
directores y supervisores también cuentan con gastos de bolsillo
para las vacaciones y su correspondiente billete de avión de ida y
vuelta. Todos ellos reciben de modo gratuito manutención,
alojamiento y disponen de un servicio médico para urgencias y
cuestiones menores que no necesiten una evacuación a un hospital
convenientemente equipado, o sea, fuera del territorio de Guinea
Ecuatorial.
Por otra parte, a los trabajadores ecuato-guineanos se les paga el
mes de vacaciones y su sueldo varía de acuerdo con su preparación
profesional. Así, los técnicos, es decir, secretarias y
traductores, cobran - pero no en dólares- entre 1.200 y 1.300, los
conductores entre 670 y 900, los vigilantes entre 670 y 800 y las
trabajadoras de limpieza entre 300 y 470. Reciben una comida
gratuita al día pero no cuentan con alojamiento ni servicio médico.
No han oído hablar del bono ni de billetes a sus lugares de origen.
¿Son éstas las principales diferencias? Según se mire, pero en
todo caso no son las únicas. Aunque los estadounidenses que
trabajan en "repúblicas petroleras" estén encantados con
su propio gobierno - tienen motivos para ello -, éste no les obliga
a subvencionar a su presidente. Sin embargo, a todos los
trabajadores ecuato-guineanos se les descuenta mensualmente de su
sueldo tres dólares para el Partido Democrático de Guinea
Ecuatorial (PDGE), el partido del gobierno y el único que cuenta
con este "apoyo" popular. Además el gobierno les retiene
el 20% del sueldo en concepto de impuestos del rendimiento del
trabajo, un 0.4% para el INSESO (Instituto de Seguridad Social) y
unos tres dólares y medio para protección al desempleo. No es que
los trabajadores disfruten de ni una sola de las prestaciones que
van asociadas a un estado social y democrático, sino que éste
sirve, como se ha visto que hacen notar los mismos que obtienen pingües
beneficios con esta injusticia, para satisfacer gastos suntuarios de
los gobernantes. El expolio que éstos llevan a cabo se completa
exigiendo a las compañías el 21% del sueldo de los trabajadores,
el cual por fortuna no se descuenta a éstos de momento.
Además, las empresas dan también al gobierno el 10% del valor de
la exportación petrolera (cualquiera que sea la cantidad que se
declara) al Estado ecuato-guineano para que éste proporcione a los
trabajadores ecuato-guineanos el equipamiento necesario: botas,
cascos, uniformes, etc. , ya que las compañías se lo proporciona
únicamente a sus trabajadores expatriados. Aún hay más: todos los
ecuato-guineanos que deseen trabajar en las empresas multinacionales
extranjeras han de pasar antes por las agencias de contratación
propiedad de los hermanos de Obiang: Armengol y Mba Nguema, por
ejemplo la MSS, Multi Service System, y el SENAVI: Servicio Nacional
de Vigilancia. En un país donde los opositores visitan la prisión
con tanta frecuencia como peligro para sus vidas, al gobierno no le
hace falta colocar carteles a la entrada de las oficinas de colocación
que digan "abstenerse opositores al régimen".
Las diferencias siguen acumulándose en otros ámbitos. Si hablamos
de la comida que consumen los expatriados hemos de abandonar la
esperanza de que los ecuato-guineanos reciban un beneficio por
vender sus productos y se creen puestos de trabajo en este sector:
la que consumen los expatriados la reciben de Camerún e incluso de
España. Si pensamos en las casas y otros edificios que usan esos
empleados durante su estancia y sus actividades en Guinea
Ecuatorial, por cierto en asentamientos alejados de la población
nativa, podemos olvidarnos del desarrollo de una industria nacional
de la construcción: se trata de unidades prefabricadas que
provienen de Francia.
Se puede pensar que, a pesar de las desigualdades salariales y de
condiciones laborales, los sueldos de los ecuato-guineanos en las
empresas multinacionales, mucho mejores que los de muchos de sus
compatriotas que cobran sueldos "nacionales" o sea muy
inferiores o que incluso viven por debajo del umbral de la pobreza,
significan para la economía nacional una ayuda semejante a la que
ofrecen muchos emigrantes, por ejemplo los marroquíes en España.
Pero hasta esto es una quimera: Atlantic Methanol contrata a 140
ecuato-guineanos; ExxonMobil a 200; Tritón a 180; Marathon a 250.
Incluso si se suman todos los trabajadores contratados por otras
empresas auxiliares de las petroleras, la cifra asciende a 500. En
definitiva, todo el sector y sus empresas asociadas dan trabajo en
la isla y el continente a entre 1.100 y 1500 empleados nacionales.
En comparación hay que saber que hay unos 6.000 estadounidenses. Si
se tiene en cuenta los sueldos y condiciones de unos y otros se ve
qué parte es la más beneficiada del maná de la globalización.
Si pasamos de los trabajadores de las multinacionales a todos los
habitantes de Guinea Ecuatorial, los dueños del petróleo, podemos
apreciar cómo la explotación de éste no es otra cosa que el
pillaje de una nación a manos llenas. El mayor beneficio se lo
llevan con su tecnología y su conocimiento los extranjeros. Para
que su robo se lleve a cabo sin necesidad de aplicar sanciones o
emprender una guerra como las que han reducido otro productor a la
miseria y al caos, Iraq, cuentan con la inestimable ayuda de un
dictador sin escrúpulos y sin inteligencia como se han visto pocos.
Él y su reducido grupo de familiares y relaciones firman en nombre
de la República de Guinea Ecuatorial las concesiones de explotación,
aunque las cifras relativas a las mismas no se dan a conocer. Todos
los saben, sin embargo se callan los que temen por su vida y los que
se llenan los bolsillos.
Tal y como está de consentida la dictadura de Obiang por los
gobiernos de los países a los que pertenecen las compañías
petroleras, parece que habrá que esperar bastante tiempo para verle
responder un día ante la justicia por la venta para su exclusivo
beneficio de su país a éstas. Todas ellas engañan a los ecuato-guineanos,
Obiang incluido aunque obviamente no le importa, porque ni publican
lo que le pagan por las concesiones, ni declaran el número real de
barriles que extraen, ni admiten controles sobre las consecuencias
ambientales, ni responden ante nadie de la miseria en la que viven
los verdaderos dueños de las riquezas naturales de Guinea
Ecuatorial.
La industria petrolera en este país africano enseña que la
globalización es el mayor engaño empleado por los poderosos del
nuevo milenio para explotar no sólo el petróleo sino también a
las mismas personas. ¿Cómo se explica si no que un estadounidense
viaje desde Alabama hasta Malabo sin necesidad de visado, se lleve
la riqueza del subsuelo, no responda ante nadie de lo que hace allí
y vuelva a su casa cargado de dinero mientras que un ecuato-guineano
no pueda hacer ninguna de estas cosas?
Agustin
Velloso es profesor de la UNED (Universidad Española de Educación
a Distancia)
Editado y
distribuido por ASODEGUE
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