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26
de mayo de 2003
El
boletín AFRICA ACTUAL, publicación del OPSAF (Observatorio
Permanente de las Sociedades Africanas) ligado al Centre d´Estudis
Africans de Barcelona incluye en su número 22 de abril de 2003
el artículo siguiente:
Cumbre
francoafricana: el fantasma del colonialismo se resiste a
desaparecer
Los días 20 y 21 de febrero tuvo lugar en París la cumbre
francoafricana, que periódicamente reúne al presidente francés
con los líderes de las antiguas colonias de Francia en África.
Como ya es habitual, representantes de países no francófonos también
asistieron a la reunión. La cumbre de este año estuvo marcada por
dos hechos: el intento del presidente Chirac de conseguir el apoyo
de los países africanos a la postura francesa en las Naciones
Unidas en referencia a la crisis iraquí; y las críticas por la
invitación y el buen recibimiento otorgados a diversos dictadores,
especialmente al presidente de Zimbabwe, Robert Mugabe.
El encuentro de París debe ser considerado como parte de un intento
más global por parte de Francia para reforzar sus lazos con el
continente africano y recuperar el tiempo perdido durante los años
90. Después del desastre de la intervención militar en Ruanda en
1994, y la participación, al menos indirecta, de los franceses en
la preparación del genocidio en aquel país, algunas de las políticas
tradicionales empezaron a cuestionarse. En 1997 la caída del
dictador congoleño Mobutu, estrecho aliado de Francia hasta el último
momento, reforzó los argumentos de los partidarios del cambio. El
gobierno de Lionel Jospin intentó reformar el Ministerio de
Cooperación, se retiró de algunas bases militares en la República
Centroafricana, y en 1999 se negó a intervenir en ayuda del
presidente Bedié en Costa de Marfil cuando se produjo un golpe de
estado que lo derrocó. Además, los tribunales empezaron a
investigar diversos casos de corrupción ligados a la financiación
ilegal de los partidos políticos franceses y sus conexiones con
numerosos dictadores africanos. Estos hechos coincidieron con una
cierta expansión de la presencia norteamericana en Africa, que
incluyó la instalación de un gobierno bien visto por los Estados
Unidos en Ruanda, o la presencia de asesores militares americanos en
Senegal o Malí en el marco de la Iniciativa Africana de Reacción a
las Crisis (Acri), impulsada por el presidente Clinton.
Ante estos acontecimientos, el presidente Chirac se había mostrado
siempre partidario del mantenimiento de los lazos tradicionales con
los gobiernos africanos. Chirac ha estado política e históricamente
relacionado con África, y ha sido acusado de haberse aprovechado de
las redes de corrupción en el continente. En los últimos tiempos
la política francesa parece indicar un cierto retorno a las viejas
prácticas intervencionistas, especialmente en el caso de Costa de
Marfil, donde se han enviado miles de soldados y se ha impuesto un
acuerdo de paz al gobierno de Laurent Gbagbo.
La cumbre del 20-21 de febrero pudo ofrecer la apariencia de un
cierto triunfo diplomático del Elíseo, sobre todo por el apoyo de
los países africanos a la postura francesa sobre Irak. Chirac, además,
prometió defender una congelación de los subsidios de la Unión
Europea (UE) a la exportación de productos agrícolas, reduciendo
así la competencia que representan para los países africanos.
Francia también pudo imponer la presencia de Mugabe en París, en
contra de la posición británica.
Pero, más allá de los gestos, la importancia práctica de la
cumbre todavía está por ver. La resolución sobre Irak habla de
mantener el conflicto dentro del ámbito de la ONU y de evitar la
guerra, pero esto ya había sido defendido por los países africanos
antes de la reunión, y no excluye que al final diversos estados con
fuertes lazos con los norteamericanos puedan aproximar sus
posiciones a las demandas de Washington. Los Estados Unidos, por
ejemplo, disponen de un amplio despliegue militar en Djibouti, país
en el cual se encuentra situada también una de las bases militares
francesas más importantes. La propuesta de Chirac de congelar los
subsidios para la exportación contrasta con la política francesa
de fuertes subvenciones a los agricultores europeos y es mucho más
tímida que el proyecto presentado por la Organización Mundial del
Comercio para eliminar totalmente estos subsidios en los próximos
nueve años. proyecto al que Francia se opone.
La presencia de un buen número de dictadores en París también ha
ayudado a perpetuar la imagen de Francia como un país más
tolerante con las violaciones de los derechos humanos y la mala
gestión económica, que intenta basar parte de su influencia en el
apoyo a gobiernos sancionados por la comunidad internacional.
Especialmente graves han sido los caos de Togo, que tiene las ayudas
de la UE bloqueadas desde hace años por culpa de los repetidos
fraudes electorales; o de Zimbabwe, país sancionado por la UE y
cuyos líderes tienen vetada la entrada en territorio europeo.
Francia impuso la presencia de Mugabe en la cumbre pese a las
sanciones que lo prohibían. Estas actitudes dificultan que la UE
muestre una postura común y creíble ante el continente africano.
La cumbre UE-Africa que debía celebrarse en Lisboa próximamente se
ha pospuesto de forma indefinida porque en este caso fueron la Gran
Bretaña y algunos países nórdicos los que amenazaron con
boicotearla si se invitaba a Zimbabwe.
Editado y
distribuido por ASODEGUE
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