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CONSEJEROS ESPECIALES, COOPERACIÓN TÉCNICA,
ACUERDOS DE TODO TIPO
Activismo militar de Washington en África
BAJO LA
COBERTURA DE LA "GUERRA CONTRA EL TERRORISMO", LOS ESTADOS
UNIDOS HAN REFORZADO SU PRESENCIA EN ÁFRICA. CONSCIENTE DE SU
DEPENDENCIA EN MATERIAS PRIMAS ESTRATÉGICAS, WASHINGTON MULTIPLICA
LOS ACUERDOS POLÍTICOS Y MILITARES CON NUMEROSOS PAÍSES AFRICANOS
A FIN DE "GARANTIZAR" SUS APROVISIONAMIENTOS. EL
EJÉRCITO, LAS COMPAÑÍAS PETROLERAS Y LAS ASESORAS AMERICANAS EN
SEGURIDAD APROVECHAN LA OPORTUNIDAD. ANTE ESTE ACTIVISMO QUE SOCAVA
SU ANTIGUA ZONA DE INFLUENCIA, FRANCIA APARECE PASIVA.
Una investigación de PIERRE ABRAMOVICI (*)
Los
días 23 y 24 de marzo de 2004, los jefes de Estado Mayor de ocho
países (Chad, Malí, Mauritania, Marruecos, Níger, Senegal,
Argelia y Túnez) participaron por primera vez en una discreta
reunión en la sede del comando europeo del ejército americano (US-Eucom)
en Stuttgart. El encuentro, del que se dijo "carecía de
precedentes" y cuyos trabajos han permanecido secretos,
trató de la "cooperación militar en la lucha global contra
el terrorismo", centrándose en el Sahel, zona tampón
entre el Magreb y el Africa negra, entre las zonas petroleras del
norte y las del Golfo de Guinea.
En
unos pocos años el interés político y militar de los Estados
Unidos por África se ha incrementado considerablemente tal como
indica la visita del Secretario de Estado Colin Powell a Gabón y a
Angola en septiembre de 2002 (¡una hora en cada país!), el viaje
del presidente George W. Bush a Senegal, a Nigeria, a Botswana, a
Uganda y a África del Sur en julio de 2003, y la gira del general
Charles F. Wald, comandante adjunto del Eucom por diez países
(Ghana, Argelia, Nigeria, Angola, Suráfrica, Namibia, Gabón, Sao
Tomé y Príncipe, Níger y Túnez) dos semanas antes de la reunión
de Stuttgart.
Más
significativa es la participación indirecta de Washington, en marzo
de 2004, en una operación militar llevada a cabo por cuatro países
del Sahel (Malí, Chad, Níger y Argelia) contra el Grupo Salafista
para la Predicación y el Combate (GSPC). El número dos de esta
organización, Ammari Saïfi, conocido como "Abderrazak le
Para" habría sido detenido en mayo en el Chad (1). Y en junio
el ejército argelino anunció que había abatido a Nabil Sahraui,
el principal dirigente del grupo. El GSPC aparece en la lista de los
Grupos Islamistas Armados (GIA) elaborada por los americanos y es
sospechosa para Washington de mantener lazos con Al-Qaida. Se dio a
conocer secuestrando a treinta y dos turistas europeos en el Sahara
argelino, a principios de 2003. Era la primera operación de este
tipo en África y confirma la estrecha relación entre los Estados
Unidos y Argelia.
En
enero de 2004 el ejército norteamericano desplegó medios
considerables para apoyar la lucha de los ejércitos locales contra
el GSPC. Esta ayuda se organizó en el marco del programa de
asistencia militar Initiative pan-Sahel (PSI), operativa desde
noviembre de 2003 y dotada para 2004 con 6,5 millones de dólares.
Este programa tiene por objeto ayudar a Malí, Chad, Níger y
Mauritania a combatir "el contrabando, los criminales
internacionales y los movimientos terroristas".
En
torno a 250 toneladas de material militar y 350 soldados fueron
trasladados a la región mediante un puente aéreo, de dos semanas
de duración, desde la base aérea de Rota, en España. Una vez las
tropas y los materiales sobre el terreno, se pusieron a su
disposición medios de protección aéreos a partir de las bases de
la Royal Air Force en Mildenhall y Lakenheath, en Gran Bretaña. La
protección del operativo movilizó también a elementos de 32º
grupo de operaciones especiales de la CIA. En las semanas previas,
miembros del 10º grupo de fuerzas especiales, con base en Stuttgart,
fueron enviados a la zona para supervisar el entrenamiento de las
tropas de Malí.
"El
PSI es una herramienta importante en la guerra contra el terrorismo
y ha hecho mucho para reforzar los lazos con una región a la que
habíamos ignorado durante mucho tiempo, y especialmente con Argelia
y con Malí, Níger y Chad" explicó el 23 de marzo el
coronel Víctor Nelson, responsable de este programa en la oficina
del Secretariado de Estado para la Defensa, encargado de los temas
relacionados con la seguridad internacional. "Pensamos desde
hace tiempo que si la presión sobre los terroristas en Afganistán,
Pakistán e Irak se hace demasiado dura para ellos, buscarán nuevos
sitios en los que trabajar y las regiones del Sahel y del Magreb
están entre estos sitios (2)".
Apenas
nueve meses después de la visita del presidente Bush, con la
conferencia de Stuttgart, la implicación militar norteamericana en
África se ha acelerado mucho, tras una pausa durante la pos-guerra
fría. Washington se ha hecho consciente de su dependencia respecto
a las materias primas que puede proporcionar el continente africano:
manganeso (para la producción de acero), cobalto y cromo,
indispensables para determinadas aleaciones (especialmente
utilizadas en la industria aeronáutica), vanadio, oro, antimonio,
flúor, gemanio... a los que hay que añadir los diamantes
industriales. La República Democrática del Congo (ex-Zaire) y
Zambia poseen el 50% de las reservas mundiales de cobalto; el 98% de
las reservas mundiales de cromo están en Zimbabue y en Suráfrica;
este último país concentra, además, el 90% de las reservas de
metales del grupo del platino (platino, paladio, rodio, rutenio,
iridio y osmio). La sed de Washington por el petróleo a principio
del milenio aumenta la importancia de países como Angola y Nigeria.
Tras
el fracaso de la intervención en Somalia, iniciada el 9 de
diciembre de 1992 y terminada el 31 de marzo de 1994, el presidente
William Clinton relanzó la política africana de Washington. Este
nuevo periodo de interés se hizo notar ya entre el 15 y el 18 de
marzo de 1999 cuando los Estados Unidos acogieron el primer
encuentro de los responsables de ocho organizaciones regionales
africanas, sesenta y tres ministros del continente y sus homólogos
norteamericanos. Celebrada en Washington, esta reunión tenía por
objetivo "reforzar la cooperación entre los Estados Unidos
y África" y "animar el desarrollo económico, los
intercambios comerciales, las inversiones, la reforma política y el
crecimiento económico reciproco en el siglo XXI (3)".
Aunque se hicieron referencias al terrorismo, a partir de los
atentados de 1998 contra las embajadas norteamericanas en Nairobi y
Dar es-Salaam atribuidos a Al-Qaida, la reunión trató en lo
fundamental de la adopción de una ley norteamericana sobre el
crecimiento y las posibilidades económicos en Africa (African
Growth and Opportunity Act, AGOA) y la ampliación de las
posibilidades de acceso de los productos africanos al mercado
norteamericano.
Más
discreta ha sido la progresiva puesta en marcha, desde mediados los
años 90, de un sistema muy coherente de asistencia militar. En
1996, Washington presentó la Fuerza de Respuesta a las Crisis
Africanas (ACRF). Poco después fue sustituida por la Iniciativa de
Respuesta a las Crisis Africanas (African Crisis Response Iniciative,
ACRI [4]). El objetivo oficial del ACRI es la instrucción en el
"mantenimiento de la paz" y en la "ayuda
humanitaria"; y los materiales que se proporcionan son del
tipo "no letal". En realidad, el ACRI está destinado a
modernizar y a adaptar las fuerzas armadas locales a las normas
norteamericanas, en especial ante la emergencia del terrorismo en
Africa. Intenta además, naturalmente, evitar otros desastres de
tipo somalí.
Operaciones clandestinas
Aunque el ACRI sea una creación del
Secretariado de Estado norteamericano, es el comando europeo (US-Eucom)
quien coordina los recursos militares, especialmente cuando se
refieren a las fuerzas especiales. Empresas privadas especializadas
del sector, como Logicon del grupo Northrop-Grumman o Military
Professionnal Resources Inc (MPRI), proporcionan apoyo logístico
(suministro de material o de "personal civil especializado").
MPRI es una empresa privada, consultora en materia de seguridad,
dirigida en la mayoría de los casos por antiguos oficiales
norteamericanos; trabaja con gobiernos del mundo entero, incluido
Irak.
Si el
ACRI hace ostentación de objetivos humanitarios, el coordinador de
sus programas de entrenamiento es el coronel Nestor Pino-Marina, un
antiguo oficial con un palmarés evocador: exilado cubano,
participó en el desembarco frustrado de bahía Cochinos en 1961;
veterano de las fuerzas especiales con actuaciones en Vietnam y en
Laos, perteneció durante la era Reagan a la Inter American Defense
Board y tomó parte en las operaciones clandestinas contra los
sandinistas al lado de los Contras nicaragüenses en los años 90.
Ha sido acusado de tráfico de drogas para financiar expediciones
armadas en América Central...
El
programa de instrucción del ACRI tiene por objeto desarrollar las
capacidades militares básicas, reforzar las formaciones de combate
e incrementar la capacidad de los estados-mayores. El núcleo
fundamental, titulado "mini-equipamiento, maxi-instrucción",
se organiza en torno a seis "ideas-clave":
estandarización, interoperatividad, formación de los instructores,
transparencia, apoyo, trabajo en equipo. Están previstas incluso
las normas de instrucción para programas impartidos por otros
países como Francia, Reino Unido o Bélgica y las normas para
cooperar con esos países.
Entre
julio de 1997 y mayo de 2000, el ACRI organizó la formación de
batallones (entre 800 y 1000 hombres) en Senegal, en Uganda, en
Malawi, en Malí, en Ghana, en Benin y en Costa de Marfil: el
Departamento de Estado proporcionó a más de 8000 hombres
equipamientos ligeros (generadores eléctricos, vehículos,
detectores de minas, material de visión nocturna...) y
especialmente instrumentos de comunicación. Este programa dispuso
de 30 millones de dólares para el periodo 2001-2002.
El
ACRI lleva a cabo también una serie de programas de asistencia
militar o civil desarrollados puntualmente por los Estados Unidos
desde el comienzo de los años 90 y gestionados por el Secretariado
para la Defensa. Su aplicación es especialmente notable en Malí.
Además,
en julio de 2001, 400 soldados senegaleses han seguido, en el marco
del ACRI, cursos de formación en "guerra psicológica".
Según el coronel Nestor Pino-Marina "se han empapado de las
doctrinas en uso en la Organización del Tratado del Atlántico
Norte(5)". Se han organizado también seminarios político-militares
para 65 oficiales a fin de "prepararlos para operaciones de
mantenimiento de la paz". El ejercicio ha culminado con la
simulación informática de una situación de crisis. El programa
Janus, base del ejercicio, fue diseñado por Logicon. El objetivo es
desarrollar siempre la capacidad de operación conforme a las normas
en vigor en el Pentágono e instalar equipos norteamericanos durante
periodos prolongados.
Sin embargo, el ACRI no es mas que una faceta de
la creciente implicación militar de los Estados Unidos en África.
En 1999 se estableció el Centro Africano de Estudios Estratégicos
(African Center for Strategic Studies, ACSS), una rama de la
Universidad Nacional de Defensa del Pentágono. Esta institución
académica proporciona una enseñanza destinada a militares de alto
nivel, pero también a líderes civiles (responsables políticos o
asociativos, jefes de empresas, etc.). Los programas tratan de las
relaciones entre civiles y militares, de la seguridad nacional, de
la economía de la defensa, etc. En mayo de 2003, se escogió a
Malí para acoger a un seminario dedicado a la lucha contra el
terrorismo en la región: participaron en él Argelia, Chad, Malí,
Mauritania, Marruecos, Níger, Nigeria y Senegal. Estuvieron
también representadas Francia y Alemania.
Tras
los atentados del 11 de septiembre de 2001, los Estados Unidos han
incrementado sus inversiones militares en África. La "guerra
contra el terrorismo" les proporciona los pretextos necesarios.
Durante su gira africana de julio de 2003 el presidente Bush
afirmó: "No dejaremos que los terroristas amenacen a los
pueblos africanos, ni que utilicen África para amenazar al mundo
(6)".
Cuarenta y cuatro países implicados
En la primavera de 2002 la
administración Bush ha transformado ("reorganizado" dice
el Pentágono) el ACRI en Acota (African Contingency Operation
Training Asistence). Además del "mantenimiento de la paz y
la ayuda humanitaria" el Acota incorpora a partir de
entonces preparación ofensiva, destinada especialmente a unidades
regulares de infantería y pequeñas unidades del modelo de las
fuerzas especiales, y preparación para ambientes
"hostiles". Se dota a continuación a las fuerzas
africanas de material ofensivo estandarizado (fusiles de asalto,
ametralladoras, morteros, etc.). En Washington deja de hablarse de
armas "no letales" como en la época del ACRI y se
insiste en la cooperación "ofensiva": "Si las
fuerzas desplegadas en el marco del ACRI no se han enfrentado nunca
a una situación en la que su seguridad pudiera estar amenazada, las
fuerzas implicadas en el Acota, dado que entre sus misiones estará
imponer la calma, deberán estar preparadas para hacer frente al
peligro (7)".
El
Acota está ligado a los centros de formación militar del Joint
Combined Arms Training System (JCATS), calificados como "indispensables"
porque permiten mantener el nivel de cualificación y de
preparación militar. El primero de ellos se ha abierto en Abuja, en
Nigeria, el 25 de noviembre de 2003. Los JCATS están gestionados
por el MPRI y se basan "en la utilización de desarrollos
sofisticados de simulación inspirados en las condiciones que
existen realmente en los campos de batalla. (...) Nigeria y Canadá
son los dos únicos países que disponen de estos desarrollos JCATS
(8)". Según el coronel Victor Nelson, antiguo agregado militar
norteamericano en Nigeria, responsable de la Initiative pan-Sahel,
"es un medio barato de asegurar la formación de cuadros.
Incluso los países con pocos medios pueden recurrir a los
desarrollos JCATS. Se trata de reunir a su personal durante quince
días para practicar unos ejercicios de guerra, lo mismo que hacen
los militares norteamericanos del siglo XXI (9)".
Además
del Acota, cuarenta y cuatro países africanos participan en un
programa específico destinado a oficiales: el Programa
Internacional de Formación en el campo militar y de la educación (IMET),
que ha formado en 2002 a más de 1500 oficiales. Para los siete
países especialmente implicados (Botswana, Etiopía, Ghana, Kenya,
Nigeria, Senegal y Suráfrica) es coste total del IMET ha pasado de
8 millones de dólares en 2001 a 11 millones en 2003. Por último,
el Programa Regional para el Mantenimiento de la Paz en África (ARP)
incluye la formación en tácticas ofensivas y la transferencia de
tecnología militar. Entre 2001 y 2003, el ARP ha recibido una
financiación valorada en casi 100 millones de dólares.
La estrategia
americana en África podría resumirse en dos ideas fundamentales:
por una parte, acceso ilimitado a los mercados clave, a las fuentes
de energía y otros recursos estratégicos, y por otra, asegurar
militarmente las vías de comunicación, en especial las que
permiten trasladar las materias primas hacia los Estados Unidos.
"Lo que el pueblo americano recuerda de la guerra del Golfo
es que es mas fácil dar un puntapié en el trasero a las gentes del
Oriente Próximo que hacer los sacrificios necesarios para limitar
la dependencia americana respecto del petróleo importado",
decía ya James Schlesinger, secretario de Estado de energía con el
presidente James Carter, durante el décimoquinto Consejo mundial de
la energía celebrado en septiembre de 1992.
Lo que
interesa a los Estados Unidos es el petróleo africano (10). Y, el 5
de septiembre de 2002, Colin Powell, procedente de Johannesburgo
donde había participado en la Cumbre de la Tierra, viajó a Luanda
(Angola) antes de ir a Libreville (Gabón) –dos países
productores de petróleo. Los expertos están de acuerdo al afirmar
que, en el plazo de los diez próximo años, el continente africano
se convertirá, detrás del Oriente Próximo, en la segunda fuente
de petróleo, y quizás también de gas natural, de los Estados
Unidos. Al menos mientras las "cosas se calman".
Dos
vías estratégicas están en el centro del pensamiento militar
norteamericano: en el oeste, el oleoducto Chad-Camerún; en el este,
el oleoducto Higleig- Port Sudan. Y se habla de un proyecto de
oleoducto que enlazaría Chad y Sudan.
En
julio de 2003, un intento de golpe de estado en Sao Tomé y Príncipe,
pequeño estado rico en reservas de petróleo, asociado con Nigeria,
precipitó la intervención de Washington en el archipiélago.
Apenas tres meses más tarde, empresas petroleras, especialmente
norteamericanas, ofrecieron más de 500 millones de dólares para la
exploración en aguas profundas del Golfo de Guinea, que comparten
Nigeria, Guinea Ecuatorial y Sao Tomé y Príncipe. El doble de lo
que estos países pensaban obtener.
Dentro
de esta operación, el ejército norteamericano ha anunciado un
programa de ayuda a las reducidas fuerzas de seguridad locales. Se
está estudiando la instalación de una base militar. El Congreso
norteamericano y la administración Bush han declarado formalmente a
esta región de "interés vital" para los Estados
Unidos. Washington ha preparado muy bien el terreno mediante el
departamento de Estado y el departamento de Defensa: el general
Carlton W. Fulford, comandante en jefe del Eucom, se trasladó a Sao
Tomé en octubre de 2002 para estudiar la posibilidad de instalar
una jefatura regional en África del Oeste, y el MPRI forma a los
guardacostas de Guinea y de Angola.
Competencia con los antiguos colonizadores
Los
Estados Unidos intentan asociarse con todos los países africanos
con los pretextos más diversos. Así, los norteamericanos afirman
que el ejército surafricano sería incapaz de llevar a cabo una
acción de envergadura porque una parte "significativa" de
sus efectivos está, según ello, infectada por el VIH. Pretoria
necesitaría por tanto del apoyo masivo de Washington para reforzar
a estos elementos debilitados. De esta forma, Suráfrica se dispone
a integrarse en el programa Acota. Curiosamente, todos los soldados
surafricanos no deben estar enfermos dado que miles de ellos son
empleados en Irak como "complementos civiles" por
parte de empresas privadas.
En
realidad, Suráfrica interesa a los Estados Unidos por su posición
estratégica. Durante la guerra fría, Pretoria abrió sus bases a
las fuerzas armadas norteamericanas, permitiendo a Washington
controlar el Océano Indico entre África y la base militar de Diego
García. Era también una pieza indispensable en la lucha contra los
movimientos de liberación africanos sospechosos de estar cercanos a
Moscú. En 2001, el embajador de los Estados Unidos, Cameron Hume,
afirmaba que los surafricanos y los norteamericanos "compartían
una identificación similar a la democracia, a la economía de
mercado y a la búsqueda de un porvenir mejor para todos(11)".
La
intervención militar de los Estados Unidos en África comienza
naturalmente en las zonas de influencia tradicional de las antiguas
potencias coloniales, en especial las de Francia. Esta competencia
es evidente en Yibutí, uno de los países más pobres del planeta,
desértico y sin recursos. Un país, a priori, sin interés... salvo
por su situación estratégica. Se trata efectivamente de una
posición avanzada en una zona marítima por la que transita la
cuarta parte de la producción mundial de petróleo (sin contar la
proximidad geográfica al oleoducto sudanés) y que está bien
situada también en la banda estratégica Sahel-Cuerno de África
cuya "seguridad" interesa a Washington. Si Francia
mantiene allí su principal base militar en el extranjero, Camp
Lemoine, Yibutí se ha convertido en una base norteamericana
permanente (12).
Segundo
comandante del Eucom, el general Charles F. Wald pasa mucho tiempo
en África. En marzo de 2004 visitó once países en una semana
(Marruecos, Argelia, Nigeria, Angola, Suráfrica, Namibia, Gabón ,
Sao Tomé, Ghana, Níger y Túnez). En el curso de una conferencia
de prensa celebrada en Washington con periodistas africanos,
señaló que los Estados Unidos y Francia tenían muchos intereses
comunes, tras de lo cual indicó que "hay países
francófonos que tienen lazos antiguos e históricos con Francia
(...) Los franceses podrían estar implicados también en este
marco"(13). Una forma poco elegante de repartir las tareas
y de fundamentar la presencia política de Washington en África.
(*) Periodista francés.
1. Anunciada
por Chad el 18 de mayo, la detención solo ha sido confirmada por
Alemania remitiéndose a fuentes chadianas.
2. Jim
Fisher-Thompson, "La iniciativa pan-Sahel favorece la
cooperación entre los países del Sahel y del Magreb",
Servicio de Información del departamento de Estado de los Estados
Unidos, Washington Files.
3. Reunión
ministerial Estados Unidos-África. Una asociación para el siglo
XXI, www.usinfo.state.gov/regional/af/usafr/frenchmn/frsked.htm
4. Véase
Philippe Leymarie "Washington à la recherce d´espaces vierges
en Afrique", Le Monde diplomatique, marzo de 1998.
5. Charles
Cobb Jr, "Brigade Level Peacekeeping Exercise Begins", www.allafrica.com.
10 de julio de 2001.
6. Servicio
de Información del departamento de Estado de los Estados Unidos,
Washington Files, 16 de julio de 2003.
7. Jim
Fisher-Thompson, "Los Estados Unidos ayudan a formarse a
militares nigerianos", Washington Files, 3 de diciembre de
2002.
8. Jim
Fisher-Thompson, op. cit.
9. Programa de Información Internacional del
departamento de Estado. Washington, 26 de marzo de 2004.
10. Véase
Jean-Christophe Servant, "Offensive américaine sur l´or noir
africaine", Le Monde diplomatique, enero 2003.
11. Servicio
de Información del departamento de Estado de los Estados Unidos,
Washington Files, 1º de noviembre de 2001.
12. Véase
Phjilippe Leymarie "Djibouti entre superpuissance et
superpauvreté", Le Monde diplomatique, enero 2003.
13. Servicio
de Información del departamento de Estado de los Estados Unidos,
Washington Files, 8 de marzo de 2004.
Editado y
distribuido por ASODEGUE
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Julio
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