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17 de diciembre de 2004   

La venganza de Obiang contra Cipriano Nguema Mba podría estarse cobrando victimas mortales

   Los episodios más duros de la represión desatada en Río Muni están teniendo como víctimas a familiares de Cipriano Nguema Mba, teniente coronel y habilitado del ejército guineano que huyó del país en diciembre del año pasado. Las noticias procedentes de Guinea hablan del maltrato recibido por sus cuatro hermanas, pero hoy los rumores se refieren a la muerte de Narciso Engonga Mba, de 70 años, vecino de Esongsi-Ncodjeñ y tío de Cipriano. La muerte habría sido causada por las torturas dirigidas por Armengol y Antoñito, hermanos ambos del dictador, y el cadáver habría sido enterrado en Bata, sin entregarlo a la familia. 

 

Entre el miedo, la venganza y la "represión preventiva"

   Hace dos días cuando el dictador guineano hacía "footing" en Bata, pasó cerca de un cuartel y decidió subir a casa de un militar, pariente suyo, que vivía en los alrededores. Se encontró allí a un curandero, natural del África Oriental. Obiang interpretó que el curandero suponía un riesgo para él y tomó medidas contra su pariente, de nombre Elá Bee, que ha sido trasladado al penal de Black Beach.

   El dictador guineano ha desatado desde el 13 de octubre una nueva oleada represiva que hay que situar entre la permanente sensación de miedo que le atenaza, la venganza ante el alejamiento del régimen de personas hasta hace poco identificadas con él y una operación política, que podemos llamar de "represión preventiva", consecuencia de su creciente aislamiento, y destinada a adelantarse a cualquier movimiento opositor entre los círculos militares. La situación es especialmente crítica en la región continental en la que la presencia militar es agobiante, en la que se han producido la mayoría de las detenciones (civiles y militares) y donde circulan rumores alarmantes sobre posibles eliminaciones físicas llevadas a cabo en la zona de Río Campo (al norte de Bata).

   Durante mucho tiempo hemos dicho desde nuestra organización que el régimen guineano, dejado a sí mismo, acabaría en un enfrentamiento entre las  distintas facciones de la familia Obiang (Teodorin que, por cierto, ha vuelto a casa por Navidad, y su madre por un lado y los hermanos de Obiang por otro). Parecería, sin embargo, que tras aparecer unidos en el informe de la banca Riggs se hubiera establecido entre ellos una solidaridad de delincuentes. Desde hace meses han desaparecido estos enfrentamientos [algunos círculos indican, sin embargo, que Obiang y Armengol habría discutido en algún momento por una cuenta corriente situada en El Cairo con un saldo de 150 millones de CFA] y el conflicto se habría hecho ahora más claro con sectores que formaron parte en su momento del llamado "clan de Mongomo" y que llevan bastante tiempo alejándose de él. Los últimos acontecimientos parecen indicar que Obiang y los suyos creen poder sobrevivir "anticipándose" a cualquier movimiento político surgido en estos ámbitos, aplastando no cualquier oposición, sino cualquier germen de oposición susceptible de aparecer en ellos, practicando "represión preventiva".

   Las detenciones y las amenazas contra CPDS tienen poco que ver con todo esto. Cada poco, los "altos dirigentes del régimen" quieren testar el apoyo con el que esta organización cuenta en el exterior. La presencia de CPDS en las instituciones del país carece de importancia para Obiang y los suyos, no le merecen el menor respeto. La única relación que la dictadura guineana entiende con la oposición democrática es la de la agresión, la de la emboscada permanente.      

 

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