HOJAS INFORMATIVAS
7
de diciembre de 2006
APGE en la Conferencia sobre
Inmigración de la Internacional Democrática de Centro
Avelino Mocache,
secretario general de APGE, está participando como invitado
especial en las reuniones de la Conferencia sobre Inmigración
que la IDC (Internacional Democrática de Centro) celebra en Las
Palmas. A esa reunión asisten representantes de todos los
partidos africanos miembros de la Internacional de Centro.
Mocache ha celebrado reuniones con diversos responsables del
Partido Popular español entre ellos el responsable de Relaciones
Internacionales, Javier Moragas. APGE es la única organización
ecuatoguineana que asiste a esta reunión.
Vista pública del juicio por el
intento de asesinato de Germán Pedro Tomo, Mayo
La vista pública del
juicio por el intento de asesinato de Germán Pedro Tomo, Mayo,
(junio 2004), tendrá lugar el próximo lunes, día 11, a las diez
de la mañana en la Audiencia Provincial de Madrid, calle
Santiago de Compostela nº 96. Está previsto que el juicio se
celebre en la sala 1, de la Primera Planta, aunque este dato
deberá confirmarse el mismo día 11. El metro más cercano es
Avenida de la Ilustración.
Los detenidos en los incidentes
del pasado viernes "serán llevados ante la justicia" dice el
primer ministro ecuatoguineano
El pasado
lunes tuvo lugar una reunión del primer ministro ecuatoguineano
Ricardo Mangué con la cúpula del ministerio de Educación
(Cristóbal Mañana a la cabeza) y buena parte de los maestros de
Malabo.
El objeto de la
reunión era analizar las causas de los incidentes del pasado
viernes y plantear algunas soluciones. Se manejaron ideas tan
originales como: "la mala educación de los jóvenes", "la
negligencia de los padres a la hora de asumir sus
responsabilidades" e incluso "el excesivo consumo de alcohol por
parte de los maestros".
Ricardo Mangué
anunció que los detenidos por los incidentes "iban a ser
juzgados" y que a partir de ahora no se interrumpirán las clases
con motivo de la celebración de algún acto público, salvo cuando
haya "una orden expresa de la Presidencia del Gobierno".
Se decidió que,
también a partir de ahora, se limitaría la existencia de bares
en las proximidades de los colegios.
No cabían esperar
análisis más profundos, ni medidas más serias por parte del
gobierno ecuatoguineano. Pensar que podrían incluir entre las
causas de esos incidentes la irritación de los jóvenes ante las
permanentes arbitrariedades y torpezas de un régimen sentido
como injusto, es simplemente pedir peras al olmo.
Digamos por último
que la reunión expresa la gravedad, imposible de ocultar, de lo
sucedido el viernes día 1 y contradice los intentos de esconder
la existencia de detenidos que, o bien había sido negada, o se
había querido disimular en los medios de comunicación
calificándolos como "elementos aislados que cometieron actos de
violencia contra la población".
"Guinea es
como Cuba: merece una política seria"
Juan José
Laborda, El País, 7 diciembre2006
"La reciente visita de Teodoro
Obiang Nguema a España ha estado acompañada de polémica. La
Junta de Portavoces decidió a las nueve de la noche suprimir su
visita al Congreso, oficialmente prevista para la mañana
siguiente. Dar un plantón semejante a un jefe del Estado no sólo
es una falta de consideración con los que mantuvieron las
entrevistas de trabajo o protocolarias con él, sino que nos
debilita, y mucho, ante otros países que estarán encantados de
ocupar nuestro puesto en Guinea Ecuatorial. Al parecer, el
presidente del Congreso suprimió la visita cuando varios
portavoces le anunciaron que pensaban leer un comunicado contra
Obiang durante su permanencia en la Cámara.
Es la primera vez que sucede
algo así en 30 años de democracia. Las Cámaras parlamentarias
españolas han recibido a personalidades políticas mucho más
discutibles moralmente que Obiang. Se ha alterado una prolongada
política de colaboración entre los poderes del Estado en asuntos
diplomáticos, y hay que sentirlo, porque además la excepción ha
sido con Guinea Ecuatorial, donde la política exterior española
ha de ser inteligente y delicada. Porque, como Cuba o como el
Sáhara, ese pequeño país africano que habla nuestro idioma forma
parte de nuestra historia y de nuestros sentimientos. Si
queremos corregir errores del pasado, la democracia española no
puede actuar a impulsos esporádicos. No es momento de reproches,
pero creo que el incidente parlamentario con Obiang ha tenido
mucho de irreflexivo, si es que no se ha perdido todo lo logrado
en los últimos cinco años. No es ninguna novedad saber que en
ese país africano los estándares de respeto a los derechos
humanos y de seguridad jurídica dejan mucho que desear. Yo
estuve en Guinea Ecuatorial en mayo de 2002, cuando el líder
opositor Plácido Micó fue injustamente encarcelado, y hoy ese
dirigente socialdemócrata es miembro del Parlamento nacional
guineano. Desde aquel año, dos Gobiernos españoles han
conseguido algunos avances, de los que soy testigo, y muy
modestamente, actor de los mismos. En el año 2004 viajé tres
veces por encargo de los Gobiernos de Aznar y de Rodríguez
Zapatero, y en dos de ellos trasladé a Obiang mensajes de los
presidentes del Gobierno.
En esta ocasión, el pasado
miércoles 15 de noviembre, visité a Obiang en el hotel en que se
hospedaba en Madrid. El motivo de mi entrevista ha sido el mismo
que me llevó a Malabo y a Bata en 2004: que las relaciones con
España mejorarán más cuanto mejor sea el cumplimiento de los
principios democráticos por parte del régimen guineano, y para
ello queremos incrementar la presencia de España en Guinea. Por
eso le expuse a Teodoro Obiang la intención de un grupo de
personas interesadas por su país en crear una fundación que
sirva para que la sociedad española conozca Guinea como se
merece, y la sociedad guineana vea que en España preocupan sus
problemas e ilusiones por vivir con más justicia y con una
democracia real.
Es posible que el incidente
producido durante su reciente visita ocasione un retroceso en la
posición de España en Guinea Ecuatorial. Obiang ha acreditado su
capacidad para asumir el papel de víctima ante la antigua
potencia colonizadora. Mi opinión es que hay dos países que
tienen posibilidades de influir en el futuro de Guinea: los
Estados Unidos, por sus grandes intereses energéticos, y España,
que cuenta, todavía, con la simpatía de la población, que sigue
hablando castellano a pesar de estar inmersos en un área donde
Francia, a veces con un descarado realismo político, cultiva sus
intereses económicos con ayuda de su cultura. Es significativo
que Pastor Michá, su actual ministro de Asuntos Exteriores, se
denomine también "y de la francofonía".
Disponemos de una potencialidad
única para que Guinea vaya hacia la democracia, pero la
oposición democrática guineana corre siempre el riesgo de ser
acusada de complicidad con España, cuando ocurren incidentes
como el del Congreso. Si he mencionado la irreflexión de los
gestos parlamentarios contra Obiang, me estoy refiriendo a que
la única vez que ha sucedido algo así ha afectado a un jefe de
Estado de una antigua colonia, con un inevitable paternalismo
racista, lo que no ha pasado desapercibido para los guineanos,
políticamente diversos, con los que he hablado. Grave sería que
los platos rotos del acto protocolario no celebrado con los
diputados los pagasen los opositores al Gobierno de Obiang
amigos de España.
Guinea es como Cuba, desde la
perspectiva de lo que significa España para sus sociedades. Y
para España, que Cuba y Guinea avancen hacia la democracia
gracias a nuestra contribución servirá para que nuestra
autoestima como país digno se incremente. ¿No estábamos de
acuerdo en mantener un diálogo exigente con Fidel Castro y su
régimen, incluyendo asuntos como el respeto a la oposición -que
allí no está en el Parlamento, sino exiliada, en prisión o
vigilada- y garantías para las inversiones españolas? No hace
falta leer un breviario sobre la globalización para caer en la
cuenta de que si no existen vínculos económicos, difícilmente se
puede condicionar la marcha de un país, sea éste Cuba o Guinea.
Pero mientras en Cuba nuestra presencia y nuestra atención son
muy importantes y permanentes, en Guinea apenas tenemos una
incipiente y raquítica presencia de la sociedad civil española,
y pasados los ecos de ruidos como los de la visita, volveremos a
olvidar que Guinea nos exige una política seria y sólida".
Juan José Laborda es senador
por Burgos en el Partido Socialista Obrero Español (PSOE). Ha
sido Presidente del Senado.
Editado
y distribuido por ASODEGUE
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