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HOJAS INFORMATIVAS
4 de diciembre de 2008
¿Angola puede liderar el Golfo de
Guinea?
Tras la
reciente cumbre de jefes de Estado de la Comisión del Golfo de
Guinea que tuvo lugar en Luanda, la revista angoleña Africa
21 en su número 23, correspondiente al 1 de diciembre,
ha publicado el artículo que sigue del que es autor Nicole
Guardiola. (Como siempre advertimos que el hecho de publicar un
articulo no quiere decir que estemos de acuerdo con él). El
artículo dice así:
"La crisis financiera,
con epicentro en los Estados Unidos, que se ha extendido por
todo el planeta, y la desaceleración del crecimiento económico
en los países mas desarrollados y en los países emergentes,
cubre de nubes sombrías el continente africano.
África es siempre la última región en recoger
dividendos de los ciclos de bonanza y la que más sufre cuando
llegan los tiempos difíciles. Sus exportaciones de materias
primas están resintiéndose ya de los efectos del debilitamiento
de la demanda por parte de los grandes consumidores. La quiebra
del precio del crudo es la más espectacular (el barril vale
menos de la mitad del precio alcanzado en el mes de julio).
Menos drástica, la bajada de los precios de otras materias
primas, incluyendo las agrícolas, puede revelarse finalmente
como más duradera.
Las importaciones también van a verse
afectadas. Pueden producirse atrasos, roturas de stocks e
incluso suspensión de contratos. Disminuirán las remesas de las
diásporas africanas en Europa y América del Norte, igual que las
inversiones extranjeras, bajo la forma de negocios o de ayudas
al desarrollo.

La unión hace la fuerza, como lo prueba la
rápida reacción de la Unión Europea y la aceptación por los
Estados Unidos de la convocatoria de una serie de cumbres
internacionales para analizar las causas del terremoto y
establecer las bases de un nuevo orden mundial que evite su
repetición.
Se invita a las economías más pujantes pero,
como siempre, África no estará representada, excepto, tal vez,
por África del Sur. Una vez más el continente negro es victima
de su débil organización e integración económica y política, que
le impide hacer oír sus reivindicaciones y defender los
intereses de sus poblaciones.
Quien tiene al Golfo
de Guinea tiene toda África
Al tomar la iniciativa de relanzar el Consejo
de Cooperación del Golfo de Guinea, - creado en 1999 por Nigeria
y Gabón - Angola ha mostrado tener una clara percepción de la
importancia geoestratégica de la región y de la necesidad de que
los africanos se organicen para defenderse. Acabó con la sede de
la organización y los gastos de su funcionamiento.
Pocos habrán prestado atención a la
noticia, empezando por las opiniones públicas de los países
directamente implicados. Los africanos, incluso los informados,
no se apasionan por la vida política de su continente. En el
caso que nos ocupa, ese desinterés ofrece un contraste chocante
con la atracción que el golfo de Guinea parece ejercer sobre el
resto del mundo.
Calificada como “zona de interés vital para
los EEUU”, en 2002, el Golfo de Guinea es blanco de redobladas
atenciones por las diplomacias europeas, la “vieja” Europa
(Alemania, Bélgica, España, Francia, Portugal, Reino Unido) y la
“nueva Europa” ex-comunista (Polonia, República Checa, Hungría),
en sintonía por una vez. Ha tenido una gran repercusión
mediática la “ofensiva china” y menos notoria ha sido la de otras
naciones asiáticas (India, Japón, Malasia, Corea). Brasil,
Israel y otros países árabes permanecen atentos a las
oportunidades de negocio en la zona. Y varios países africanos –
Libia, África del Sur, Marruecos – intentan reforzar su
presencia, aparentemente convencidos de la validez del viejo
adagio colonial según el cual, “quien tiene al Golfo de Guinea
tiene a África en la mano”.
Como consecuencia de este interés, pulula por
las capitales del Golfo una legión de actores extranjeros, con
las más variadas “misiones” y estatutos: hombres de negocio y
traficantes; funcionarios de instituciones internacionales y
organizaciones no gubernamentales; militares, consejeros y
espías; ideólogos, predicadores y predadores.
Un fuerte olor a
petróleo
El petróleo y el gas están, obviamente, en el
pensamiento de la mayoría, pero la región dispone también de
muchas otras riquezas codiciadas, en sus aguas, en los países
costeros y en los que, sin salida al mar, tienen los puertos del
litoral como vínculo comercial único o principal con el resto
del mundo. Diamantes, oro, recursos minerales varios y
estratégicos (uranio, manganeso, níquel, aluminio, cobre),
algodón, aceites vegetales, cacao, para no hablar de los
recursos piscícolas en proceso de agotamiento en otras regiones
del globo.

La madera es otro recurso que
está siendo explotado, por no decir objeto de pillaje, sin gran
consideración por los equilibrios ambientales del planeta o de
la biodiversidad, y tampoco por los intereses de las poblaciones
locales. La cuenca del Congo es, después de la Amazonía, la
segunda zona forestal humeda más importante del mundo y está
sujeta a los mismos peligros.
Con una producción de petróleo de 4,5
barriles/día en 2006, el Golfo de Guinea es, por sus reservas,
la segunda región petrolera del mundo y la que más rápidamente
se desarrolla. Todas las multinacionales del sector están
presentes tanto en la plataforma petrolera en Cabinda, Angola,
como una legión de pequeñas empresas especializadas en la
prospección de nuevos yacimientos. A los grandes productores más
antiguos (Nigeria, Gabón, Angola) se han unido en la última
década Guinea Ecuatorial y Mauritania y tal vez en el futuro Sao
Tome y Príncipe, Senegal y Guinea-Bissau. La entrada en
funcionamiento del oleoducto Chad-Camerún permite aumentar las
exportaciones del Golfo con la producción de los campos
petroleros chadianos y la que puede venir en breve de la
República Centroafricana. El proyecto de gaseoducto entre
Nigeria y el Mediterráneo deberá aumentar las exportaciones de
gas a Europa que se lleva a cabo en este momento por vía
marítima.
Las inversiones norteamericanas en la
industria petrolera ascendían a cinco mil millones de dólares en
2004 y no pasa un mes sin que en Houston, Londres o una de las
capitales del Golfo sirvan de sede de una conferencia sobre los
atractivos de este nuevo Eldorado.
A pesar, o tal vez por culpa de eso, la región
sigue sacando poco provecho de sus riquezas en términos de
desarrollo humano, infraestructuras y de equipamientos,
incluso los energéticos. Consume menos del diez por ciento del
petróleo y el gas que produce; exporta esencialmente crudo y
hasta los grandes productores importan gasolina y otros
productos refinados. Se ha dejado distanciar por otros
productores mundiales en la preparación de sus economías para
después del petróleo y ha agravado más allá de lo razonable su
dependencia respecto a un único producto que representa entre el
40 y el 90 por ciento de los ingresos de los Estados.
Los problemas de la integración regional
La necesidad de crear en África espacios
regionales económicamente integrados para potenciar el
desarrollo es un tema recurrente en los discursos sobre el
futuro del continente. Socios y donantes no se cansan de
exhortar a los Gobiernos africanos para que unan sus esfuerzos y
superen rivalidades y conflictos. El resultado más visible ha
sido una auténtica selva de organizaciones regionales,
subregionales o sectoriales, más o menos estables, con la
consiguiente dispersión y desperdicio de esfuerzos y recursos
financieros y humanos, siempre escasos. Los objetivos declarados
de la integración –uniones aduaneras y monetarias, libre
circulación de personas y bienes, infraestructuras
transfronterizas y armonización de las políticas de energía,
agua, salud, educación – quedan aplazados o avanzan muy
lentamente. La ausencia de propuestas concretas, ejecutables y
con beneficios reales para la vida cotidiana de las poblaciones
provoca el desinterés general y es motivo de escarnio entre las
elites africanas y los interlocutores extranjeros.
El Golfo de Guinea es un buen ejemplo de
estas prácticas aparentemente aberrantes. En este espacio
indefinido y con fronteras inciertas cohabitan dos
organizaciones intergubernamentales internacionalmente
reconocidas: la Comunidad de los Estados del África Occidental
(CEDEAO), fundada en 1975 y que reúne en la actualidad a 15
estados (Mauritania manifestó interés en integrarse en el grupo)
y la Comunidad de los Estados del África Central (CEAC), creada
en 1983 y que integra a diez estados (Angola entro en 1999 y
Ruanda salió en 2007).

CEDEAO
De las dos, la CEDEAO es la más avanzada, a
pesar de fuertes divisiones internas y de los conflictos armados
que afectaron a varios de sus miembros en la década de los 90.
La Unión Económica y Monetaria del África Occidental (UEMOA)
creada en 1994 reúne solo a ocho países de la CEDEAO: Benin,
Burkina-Fasso, Costa de Marfil, Malí, Níger, Senegal y Togo. Las
ex-colonias francesas disponen de una moneda única (el franco
CFA) y de un Banco Central común. Son países mayoritariamente
musulmanes. Guinea Bissau se adhirió a la UEMOA en 1997.
La Comunidad Económica y Monetaria del África
Central, creada en 1994 agrupa a seis de los miembros de la CEAC
(Camerún, Chad, Gabón, Guinea Ecuatorial, Republica del Congo)
pero está todavía en fase de arranque debido al estado letárgico
en el que entró la CEMAC poco después de su fundación.
En 1999 surgió una sigla más: la COPAX
(Consejo de Paz y Seguridad del África Central) basada en un
pacto de no agresión y asistencia política y militar suscrito
por miembros de la CEEAC y dotado de una fuerza de intervención
(FOMAC), que ha intervenido una sola vez en 2002, en la
República Centroafricana. En esas mismas fechas Nigeria y Gabón
lanzaron la Comisión del Golfo de Guinea (CGG), primera
tentativa de superar la división de la región en dos bloques,
frutos en gran parte de la historia colonial, haciendo
prevalecer el espacio marítimo como línea de unión entre los
países que ocupan la fachada marítima del África Occidental y
Central. Constituida por Angola, Nigeria, Camerún, Sao Tome y
Príncipe, Guinea Ecuatorial, Gabón, República del Congo y
República Democrática del Congo sólo empezó a existir en 2006
cuando Angola decidió implicarse más en el África Central y
hacer de ella uno de los ejes de su política africana.
Una cuestión de liderazgo o el problema de
Nigeria
Para que una integración tenga éxito no bastan
las buenas intenciones. Hacen falta objetivos claros y
movilizadores, y un liderazgo fuerte, algo que ha faltado en la
mayoría de las organizaciones africanas. Ha ido peor incluso
cuando el país que debía jugar el papel de locomotora para la
integración suscita desconfianza y oposición entre otros de sus
miembros. Es el caso de Nigeria que ha sido vista durante
décadas como el “lider natural” del Golfo de Guinea, con
vocación de constituirse en el policía de la región – se
comportó como tal en relación con sus vecinos en todas las
organizaciones de las que forma parte: Commonwealth, CEDEAO,
Unión Africana, NEPAD, AGOA.
Las dimensiones y el peso demográfico y
económico de Nigeria y su peso activo en la resolución de los
conflictos regionales y en otras partes del continente (Sierra
Leona, Liberia, Guinea Bissau, Darfur, Somalia, Sao Tomé y
Príncipe) justifican efectivamente su ambición de ser
considerada como una potencia en África, merecedora de un
asiento permanente en el Consejo de Seguridad de Naciones
Unidas. Pero, al mismo tiempo, la pésima gobernación, décadas de
golpes y dictaduras militares, corrupción endémica, limitarán
siempre su influencia y autoridad moral. La imagen que prevalece
es la de un país sin ley ni orden, en el que operan grandes
mafias especializadas en todo tipo de actividades delictivas:
contrabando, piratería, extorsiones, tráfico de armas, drogas y
seres humanos, que extienden sus redes a los países vecinos, al
resto del continente y al resto del mundo (emigración
clandestina a Europa, prostitución, compra y venta de niños).

Obasanjo
La restauración de la democracia en 1999 y el
carisma del Presidente Olusegun Obasanjo borraron esta mala
imagen y durante casi diez años Nigeria se benefició de la
benevolencia de Occidente. Sin embargo, la escalada de la
violencia en el Delta del Níger, los sangrientos conflictos
étnico-religiosos, el recrudecimiento del fundamentalismo
islámico y las protestas cada vez más vehementes de la sociedad
civil han hecho que saltase el barniz. Las elecciones de 2007 –
las más fraudulentas que se hayan realizado, según los observadores – han
puesto fin a las esperanzas de cambio. La Unión Africana y los
Estados Unidos han puesto de manifiesto su decepción. Según los
analistas del International Crisis Group la elección de Alhaji
Umar Musa Yar´Adua para la Presidencia tendrá consecuencias
nefastas para la región porque “reduce la capacidad de Nigeria
para gestionar sus conflictos internos, agrava las tensiones ya
violentas en el delta del Níger y relanza el separatismo en
Biafra, en el sureste del país, donde predomina la etnia Ibo.
Afecta a la imagen internacional del país y el prestigio
personal de Obasanjo, reduciendo consecuentemente la
credibilidad de Nigeria para actuar en la promoción de la paz y
la democracia en África Occidental”.
Los ataques contra las instalaciones
petroleras y los secuestros de funcionarios extranjeros obligan
ya a grandes empresas como Shell a reducir la producción, las
inversiones se retraen y Nigeria empieza a ser vista como la
gran enferma de la región y una enferma contagiosa, capaz de
contaminar y desestabilizar todo el Golfo de Guinea. Con todo,
Nigeria es demasiado grande y su petróleo y su gas son demasiado
valiosos para abandonarla a su suerte. La CGG puede servir de
cuadro institucional para buscar una solución que incluya a la
propia Nigeria en la estabilización y la seguridad de la región.
Según el profesor Côsme Damián Awoumou, de la
Fundación Camerunesa de Ciencias Políticas, «en relación al
petróleo es evidente que el Golfo de Guinea necesita de una
política regional, siendo ilusorio soñar con un mecanismo tipo
OPEP que se ha revelado incapaz de responder a las expectativas
de las poblaciones en materia de buen gobierno y desarrollo
sostenible”. El académico camerunés defiende que la Comisión del
Golfo de Guinea debería respetar las competencias de la CEDEAO y
de la CEMAC y dedicarse, exclusivamente, a las actividades
petroleras y mineras y a las cuestiones relacionadas con el
Derecho del Mar, alejándose de la idea de un liderazgo único.
Angola, ¿líder alternativo?
Sin embargo, Occidente esta inquieto. Quiere
una solución fuerte, que incluya aspectos militares, para
proteger sus intereses, y a los Estados Unidos les gusta tener
un interlocutor preciso en vez de tratar con instituciones.
Están buscando un “lider alternativo” para el Golfo de Guinea.

Eduardo dos Santos, presidente de Angola, y Jacob
Zuma, presidente del ANC y candidato a la presidencia
surafricana
Estratégicamente situada a medio camino entre
África Austral y Central, Angola reúne varias de las condiciones
requeridas. Sus riquezas naturales – petróleo, diamantes y otras
– y sus Fuerzas Armadas, relativamente bien equipadas,
disciplinadas y aguerridas, hacen de Angola un aliado valioso.
Por otra parte, el Presidente José Eduardo dos Santos es un
“consejero” oído y respetado por sus pares africanos. Aunque
enemigo de todo protagonismo asociado al papel de “mediador”, es
reconocida su acción a favor de la paz y de la estabilidad en la
región. La diplomacia angoleña tiene pautada su acción por el
respeto al principio de no ingerencia lo que hace que no haya
sido acusada de “imperialismo” o pretensiones hegemónicas, como
les pasa a Nigeria o a África del Sur, a pesar de sus dos
intervenciones militares en los Congos, cuando Luanda consideró
que estaban en juego su seguridad e intereses nacionales
vitales.
Entre los productores africanos de petróleo,
Sonangol es una referencia y Angola un ejemplo que a muchos les
gustaría imitar, pese a las acusaciones de falta de
transparencia, corrupción o desvío de fondos públicos planteadas
por algunas onegés. Estas acusaciones, siempre rechazadas por
Luanda y nunca probadas, son cada vez menos frecuentes en las
instituciones internacionales que destacan los progresos
realizados.
Como empresa estatal Sonangol ha servido al
Gobierno como instrumento para una exitosa “diplomacia
económica”, a través del asesoramiento de países “hermanos” y de
participación en la industria petrolera de otros países
africanos y de Portugal. En el plano interno, ha ayudado a la
constitución de grupos privados angoleños, invirtiendo parte de
sus beneficios en otros sectores de actividad (banca, seguros,
transporte aéreo y marítimo, telecomunicaciones).
Superada con éxito la prueba de las elecciones,
Angola se perfila como el país más estable y con mejores
credenciales democráticas del África Central. De esta forma, es
previsible que aumenten las presiones para que asuma mayores
responsabilidades en el escenario político africano. Un regalo
“envenenado” en los turbulentos tiempos que se avecinan".
La página de Africa 21 es
http://www.africa21digital.com/
Editado y distribuido por ASODEGUE
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