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HOJAS INFORMATIVAS
1 de diciembre de 2008
Obiang y el "Pocero"
"Parecía casi de ciencia
ficción, y de hecho, pocos eran los que creían que Francisco
Hernando, El Pocero de Seseña, acabaría exportando su modelo
de desarrollo urbanístico a África. Sin embargo, los
primeros pasos ya se han dado y todo apunta a que
próximamente empresario y político sellarán un beneficioso
proyecto para ambos. Francisco Hernando, El Pocero, y
Teodoro Obiang, presidente de Guinea Ecuatorial, cerrarán un
pacto.
Ambos han llegado a un
principio de acuerdo por el que han creado una empresa 50%
estatal y 50% propiedad de Hernando. Este es un primer paso
para que los sueños de El Pocero en aquellas tierras
comiencen a fructificar y, por otro lado, Teodoro Obiang
ofrecerá a los guineanos un desarrollo urbanístico que
apenas han visto por aquellas tierras.
Los desarrollos
Fuentes cercanas al
empresario han confirmado a El Economista que lo más
probable es que Francisco Hernando viaje la próxima semana a
Guinea Ecuatorial para firmar los nuevos proyectos. Las
negociaciones, que duran ya casi un año, se frustraron en
una ocasión en la que El Pocero iba a edificar 15.000
viviendas.

El Pocero
Sin embargo, en esta
ocasión parece ir todo viento en popa a toda vela. Las
conversaciones se mantienen directamente con el presidente y
precisamente por ello, los retrasos que se pudieran producir
en la firma se deberán a problemas de agenda de Teodoro
Obiang. Las mismas fuentes han asegurado que los proyectos
que inicie Francisco Hernando El Pocero, pueden ir desde
grandes urbanizaciones, como de la que el empresario ha
tenido que desprenderse en Seseña, hasta obra pública o
polígonos industriales.
El hecho de estar
pendientes unos desarrollos urbanísticos tan dispares se
debe a que en Guinea Ecuatorial hay mucho por hacer. "Si se
quieren hacer las cosas con lógica habría que montar
fábricas de cemento y de ladrillos porque no se puede estar
con un barco para arriba y para abajo" explican personas
cercanas al empresario. Y añaden que en el caso de Guinea
Ecuatorial habría que hacer mucha obra pública porque no se
pueden dejar unos bloques como los que él construye sin que
se pueda disfrutar de ellos por falta de infraestructuras.
Huida de España
Aunque el empresario
siempre se ha jactado de ser español y de pagar millones por
exhibir su bandera en los antiguos yates en los que se
paseaba, lo cierto es que su patria, desde hace varios años,
no le ha aportado las alegrías que posiblemente él esperase.
Por un lado, tiene varias
denuncias presentadas en el juzgado de instrucción número 4
de Illescas por diversos delitos entre los que se encuentran
el cohecho y la falsificación en documento público. Por otro
lado, el empresario ha tenido que enfrentarse a la crisis
inmobiliaria desprendiéndose de sus queridos bloques del
secarral de Seseña ante la imposibilidad de hacer frente a
la deuda contraída.
Aunque El Pocero siempre ha
negado que vaya a abandonar la ciudad que lleva su nombre,
Residencial Francisco Hernando, lo cierto es que poco le
queda por hacer allí. Los comerciales han sido despedidos y
50 empleados trabajan para finalizar los últimos bloques
para los que ha conseguido licencia de construcción".
Fuente: EcoDiario.es,
1 de diciembre 2008. Firma la noticia: Alejandra Ramón.
http://ecodiario.eleconomista.es/espana/noticias/894254/12/08/El-nuevo-socio-de-El-Pocero-el-gobierno-de-Obiang-en-Guinea.html
A:
¿Porqué
Obiang se siente tan atraído por este tipo de personajes?
"El pueblo tiene de todo"
Esta es la idea que
Filisberto Ntutumu, secretario general del PDGE, repite una
y otra vez en sus mítines por la región continental. Parece
que los ecuatoguineanos disfrutan de hospitales y una
sanidad eficiente, viviendas y un urbanismo saludable,
escuelas y un buen nivel de formación, empleo y sueldos
aceptables... Filisberto, como informábamos hace días ha
comenzado una gira por la región continental (la continuará
después por Bioko) que algunos creen preparatoria de la
campaña de las elecciones presidenciales.
Fútbol y política de
inmigración
El equipo femenino
de Guinea Ecuatorial ganó la Copa Africa al derrotar por 2-1
a la selección surafricana. Esta victoria deportiva ha
desencadenado una explosión de entusiasmo en las emisoras de
radio y televisión ecuatoguineanas (todas bajo control de la
familia Obiang). Según nuestras noticias hubo muy buena
asistencia a la final del campeonato que tuvo lugar el
sábado en Malabo. En general, nos dicen, las entradas a los
partidos han sido mayores en Malabo que en Bata y nuestras
fuentes atribuyen este hecho a que la policía de Bata hizo
coincidir la primera parte del campeonato con importantes
redadas contra los inmigrantes que residen en aquella
ciudad, muchos de los cuales habría desistido de asistir por
esa razón. La situación de los inmigrantes en Bata es
especialmente mala. La regularización de los documentos
costaba hace un año (diciembre 2007) en torno a los 150.000
cfas; más adelante pasaron a costar en torno a los 300.000 y
a mediados de este años estaban en los 500.000. Este es el
precio teórico porque según los propios inmigrantes hay
policías que llegan a pedirles 800.000 e incluso un millón
de francos cfas. Además, en muchos casos, el pago han de
hacerlo en mano a algunos de esos policías con lo que no
tienen nunca seguridad de que su documentación se haya
regularizado realmente o si su dinero ha pasado a engrosar
la mordida de estos "servidores del orden público".
La delimitación de fronteras entre
Guinea Ecuatorial y Camerún
La agencia
china Xinhua difundió el pasado viernes desde Yaundé el
despacho siguiente, del que es autor
Raphaël Mvogo: "
-- "La delimitación de la frontera marítima beneficia a los dos
países. Es una forma de prevenir conflictos. Los problemas de la
delimitación afectan a sus pretensiones sobre recursos pesqueros
y sobre los recursos del suelo y el subsuelo marinos” ha
manifestado el doctor Ruben Balock, jurista enseñante en la
Universidad Yaundé II a preguntas de Xinhua.
Del 9 al 11 de noviembre, Yaundé, la capital camerunesa, ha
acogido la cuarta sesión de la Comisión especial para la
delimitación de la frontera marítima entre Camerún y Guinea
Ecuatorial. Dos días han estado dedicados al trabajo de los
expertos y el último a la reunión ministerial.
Las delegaciones estaban encabezadas, por el lado camerunés, por
el ministro de Asuntos Exteriores, Henri Eyebe Ayissi, y, por
el lado ecuatoguineano, por el ministro de Estado encargado de
los Asuntos Exteriores, la Cooperación Internacional y la
Francofonía, Pastor Micha Ondo Bile.
"Es la continuidad de tres sentadas anteriores. Avanzamos. Lo
más importante es que los trabajos se desarrollan en un ambiente
de fraternidad y comprensión mutua. Algo que no es sencillo.
Debemos regular con seriedad, sin malentendidos, los problemas
de nuestra frontera común” declaró al final de este encuentro
Micha Ondo Bile.
"Es una iniciativa de los dos jefes de Estado, Teodoro Obiang
Nguema Mbasogo y su homólogo camerunés, Paul Biya. Ambas partes
han seguido sus recomendaciones para conseguir un final
favorable para todos, comprenden que nuestros dos países son
vecinos y hermanos”, añadió.
En el mismo tono se ha expresado la parte camerunesa en la que
el ministro delegado del Ministerio de Asuntos Exteriores,
encargado de relaciones con la Commowealth, Joseph Dion Ngute,
ha señalado la necesidad de “consolidar las relaciones de buena
vecindad”.
Es una actitud adecuada si se tienen en cuenta las crisis
diplomáticas que se han producido a veces entre estos dos países
del África Central. Como la que se da en este momento, tras la
repatriación forzada desde Yaundé, organizada por los
responsables diplomáticos ecuatoguineanos ayudados por dos
policías cameruneses, de un antiguo coronel del ejercito
ecuatoguineano, Cipriano Nguema Mba, refugiado en Camerún.
En opinión de Dion Ngute, el dialogo directo entablado en
2006 por las autoridades de Yaundé y de Malabo para la
delimitación de la frontera marítima común intenta precisamente
clarificar la situación jurídica de esta frontera.
En la apertura de las reuniones, Eyebe Ayissi insistió en “una
delimitación consensuada” tomando como base las indicaciones de
los dos jefes de Estado. Se trata concretamente, explicó, de
conseguir “una solución que tenga en cuenta los derechos y los
intereses de los dos países”.
Micha Ondo Bile estimó que el proceso debe acelerarse porque
“hay muchos proyectos de cooperación por realizar”.
Sin embargo, un experto cercano a las discusiones ha dejado
entender que se trata de un proceso delicado porque Camerún y
Guinea Ecuatorial comparten dos tipos de fronteras.
Hay, por una parte, “una frontera adyacente” que va de Bata a
Kyé-Ossi, y por otra, la isla ecuatoguineana de Bioko, muy
cercana a la costa camerunesa, hace que haya entre los dos
países dos modelos de frontera “enfrentados”, según este experto
que hace referencia al análisis del jurista camerunés Maurice
Kengne Kamga en su obra titulada “Délimitation maritime sur la
côte atlantique africaine", publicada en 2006 por las Editions
Bruylant y las Editions de l'Université de Bruxelles en Belgique.
Kengne Kamga menciona el hecho de que ambos países forman parte
del golfo de Guinea, una región en la que la delimitación de
fronteras se considera compleja debido a que “se solapan varias
zonas marítimas reivindicadas por distintos Estados”. Además de
Camerún y su vecina [Guinea Ecuatorial], están también
implicados Nigeria, Gabón y Sao Tomé y Príncipe.
Por otra parte, Guinea Ecuatorial solicitó personarse en junio
de 1999 en el marco del contencioso planteado entre Camerún y
Nigeria ante el Tribunal Internacional de Justicia (CIJ) de La
Haya en los Países Bajos, entre 1994 y 2002, respecto a la
península de Bakassi, para defender sus derechos e intereses.
De acuerdo con la Convención de Montego Bay de 1982 sobre
derecho marino, el Tribunal Internacional de La Haya, en su
resolución de 10 de octubre de 2002 reconociendo la soberanía de
Camerún sobre Bakassi (invadida en diciembre de 1993 por
Nigeria), dejó abierta la posibilidad de que Guinea Ecuatorial
negociase su frontera con Camerún.
De ahí las negociaciones en curso.
La Convención de Montego Bay establece en efecto que la
delimitación de las fronteras marítimas “entre estados con
costas adyacentes o situadas una frente a la otra debe hacerse
por vía de acuerdo, conforme al derecho internacional tal como
lo establece el artículo 38 del Estatuto del Tribunal
Internacional de Justicia, a fin de conseguir una solución
equitativa”.
Uno de los problemas de la delimitación de la frontera entre
Camerún y Guinea Ecuatorial es el de la explotación de las
riquezas descubiertas en sus aguas, entre ellas el petróleo, el
gas y los recursos pesqueros. Según Balock este proceso llegará
a permitir “una explotación tranquila”.
Otro problema lo constituye la prevención de contenciosos
como el que opuso en su momento a Camerún y Nigeria o incluso el
que dificulta actualmente las relaciones entre Guinea Ecuatorial
y Gabón respecto a la isla de Mbañé, reivindicada por los dos
países y que ha provocado una batalla jurídica ante el Tribunal
Internacional de Justicia.
Por último, decir que en opinión de los especialistas de
este proceso depende la delimitación definitiva de la frontera
marítima entre Camerún y Nigeria, algo que no se ha hecho más
que parcialmente".
"Elecciones, mediación y situación
de punto muerto en Zimbabue"
de Brian Raftopoulos, Real
Instituto Elcano, 26 de noviembre 2008
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ARI 119/2008
(traducido del inglés) - 26/11/2008 |
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Tema:
La mezcla de esperanza y
desesperación que siguió a las elecciones de marzo de
2008 en Zimbabue y la violencia que se desató tras éstas
dieron paso posteriormente a las nuevas posibilidades
ofrecidas por el acuerdo político firmado el 11 de
septiembre de 2008 por la Unión Nacional Africana de
Zimbabue-Frente Patriótico (ZANU-PF) y las dos facciones
del Movimiento para el Cambio Democrático (MDC)
lideradas por Tsvangirai y Mutambara, respectivamente.
Resumen:
Los múltiples aspectos de
la crisis en que se ha visto envuelta la política de
Zimbabue en el último decenio han agotado a las fuerzas
sociales a nivel nacional y han conducido a un acuerdo
político que, aunque no ha conseguido sacar del poder al
partido ZANU-PF, sí prevé un reparto de ese poder con
las dos facciones del MDC.
Análisis:
Las elecciones al
Parlamento, el Senado, el gobierno local y la
presidencia que tuvieron lugar el 29 de marzo de 2008
llevaron a la primera derrota electoral del partido en
el poder, la Unión Nacional Africana de Zimbabue-Frente
Patriótico (ZANU-PF), y de su presidente, Robert Mugabe.
Las dos facciones del Movimiento para el Cambio
Democrático (MDC), que se había dividido en octubre de
2005, obtuvieron una mayoría de 109 escaños en el
Parlamento, frente a los 97 escaños obtenidos por el
ZANU-PF; la primera ronda de la votación presidencial
otorgó al líder del MDC el 47,9% de los votos, frente al
43,2% de Mugabe. El resto de los votos fueron a parar al
disidente del ZANU-PF Simba Makoni. Sin embargo, el que
ninguno de los candidatos presidenciales consiguiera
obtener el 50% más uno de los votos hizo necesaria una
segunda votación. Los actos de violencia promovidos por
el Estado que precedieron a esa segunda votación a
finales de junio fueron de tal intensidad que ni
siquiera los defensores de Mugabe en el seno de la
Comunidad del África Meridional para el Desarrollo
(SADC) y la Unión Africana (UA) pudieron respaldar su
“victoria” electoral.
Esta falta de apoyo en
África, y las manifestaciones de condena que desde hace
tiempo recibía de Occidente, aumentaron la presión a la
que se vieron sometidos los mediadores de la SADC,
encabezados por Thabo Mbeki, para encontrar una solución
política a la crisis. El 21 de julio de 2008, el ZANU-PF
y las dos facciones del MDC firmaron un memorando de
entendimiento en el que se comprometían a “encontrar una
solución verdadera, viable, permanente y sostenible a la
situación de Zimbabue”. El acuerdo también tenía como
objetivo: (a) el cese inmediato de la violencia y la
retirada y disolución de las milicias, los campamentos
paramilitares y los bloques ilegales; (b) la
normalización del entorno político; (c) el
restablecimiento del acceso de los organismos de ayuda
humanitaria al pueblo de Zimbabue para facilitarle
alimentos, servicios médicos y otros servicios críticos
en todo el país; y (d) un compromiso de no tomar ninguna
decisión que pudiera afectar a la agenda del diálogo,
como convocar el Parlamento o formar nuevo Gobierno.
El 24 de julio de 2008,
el ZANU-PF y las dos facciones del MDC reanudaron las
negociaciones que se habían interrumpido justo antes de
las elecciones de marzo, con la mediación del presidente
de Sudáfrica Thabo Mbeki. Las negociaciones se
abandonaron el 6 de agosto, con las siguientes
cuestiones aún por determinar: (a) la duración del
Gobierno de transición; (b) la forma y estructura de la
Constitución provisional; (c) cuestiones marco relativas
al nuevo Gobierno; (d) las atribuciones y obligaciones
del presidente y primer ministro en el Gobierno de
transición; y (e) el método y el nombramiento o la
elección del primer ministro y el presidente. Aunque los
mediadores sudafricanos habían elaborado una solución de
compromiso que preveía un reparto (entre el presidente,
el primer ministro y el Gabinete) de la autoridad
ejecutiva de un Gobierno incluyente, el MDC de Morgan
Tsvangirai consideró que esa solución seguía otorgando
demasiado poder a Mugabe como jefe de Estado. Para
Tsvangirai y su partido, cualquier acuerdo alcanzado en
el marco del memorando de entendimiento debía reflejar
los resultados de las elecciones presidenciales y
parlamentarias de marzo, lo cual situaría a Tsvangirai
como jefe de Estado interino hasta que pudieran
celebrarse otras elecciones presidenciales en el marco
de un proceso de reforma democrática avalado por un
referéndum.
Según el ZANU-PF,
Tsvangirai pedía demasiado de las elecciones de marzo,
que habían dejado la presidencia sin decidir. El partido
en el poder trataba, por tanto, de conservar la mayor
cantidad posible de poder con un Gobierno de unidad
nacional liderado por Mugabe en el que el Comando
Conjunto de Operaciones integrado por los jefes del
ejército, la policía y los servicios de seguridad
siguieran desempeñando un papel fundamental. En palabras
de uno de los negociadores del ZANU-PF, Patrick
Chinamasa:
“No hay nada que
justifique las exigencias de Tsvangirai. Quiere que el
presidente Mugabe se convierta en (el antiguo presidente
titular Canaan) Banana. Sin embargo, los resultados de
las elecciones del 29 de marzo no permiten justificar
esa exigencia. Lo que Tsvangirai pide es una
transferencia de poder, no un reparto”.[1]
La facción minoritaria
del MDC, liderada por Arthur Mutambara, respaldó la
postura negociada por el SADC, por considerarla
“básicamente un acuerdo de reparto del poder” que
reflejaba “los hechos sobre el terreno”, y se mostró de
acuerdo con los negociadores del SADC y de Mugabe en que
“ningún partido puede exigir que se le transfiera a él
el poder porque ningún partido ha conseguido una mayoría
absoluta que le permita exigirlo”.[2]
La cada vez mayor similitud entre la postura de la
facción minoritaria del MDC, por un lado, y el ZANU-PF y
la SADC, por el otro, fue resultado de diversos
factores, entre ellos el aumento de las tensiones y la
desconfianza entre las dos facciones del MDC desde que
éste se dividiera en octubre de 2005, la reducción de la
base de apoyo de la formación de Mutambara y la mayor
dependencia del proceso de mediación por el grupo de
Mutambara para afianzar su posición en un futuro arreglo
político. Los 10 escaños obtenidos por la facción
minoritaria del MDC en las elecciones de marzo también
le otorgaron una importante influencia sobre los dos
principales partidos políticos, puesto que tenía en su
poder los votos que podrían decidir la mayoría en el
Parlamento. Desde que comenzaron las negociaciones en el
marco del memorando de entendimiento de julio, el MDC de
Mutambara se fue sintiendo cada vez más molesto por lo
que consideraba un intento por la facción de Tsvangirai
de marginarlo en las negociaciones. Mugabe no tardó en
aprovechar esas tensiones para tratar de entablar una
relación más estrecha con el grupo de Mutambara,
debilitando así la posición negociadora de la oposición.
El resultado de las
tensiones entre las dos facciones del MDC quedó de
manifiesto en la votación para elegir al presidente del
Parlamento que se celebró el 25 de agosto de 2008. Ambas
facciones presentaron candidatos rivales para el puesto.
La mayoría de los diputados del ZANU-PF votaron al
candidato de Mutambara, Paul Themba Nyathi. El candidato
de Tsvangirai, Lovemore Moyo, terminó ganando con votos
adicionales tanto del ZANU-PF como de la facción
minoritaria del MDC, lo que supuso un duro golpe para
dicha facción. En el proceso, Mugabe fue abucheado y
recibió pitadas durante su discurso en el Parlamento, lo
que le supuso una gran humillación y generó una breve
sensación de victoria. Sin embargo, la triste ironía de
ver cómo las dos facciones del MDC anteponían sus
problemas al problema mayor, el régimen de Mugabe, puso
de relieve las dificultades que siguen existiendo para
crear una política de oposición sólida en Zimbabue.
Ante los continuos
bloqueos del proceso de mediación, el MDC (Tsvangirai)
adoptó una triple estrategia contra el régimen de
Mugabe. En primer lugar, optó por rechazar las actuales
condiciones del acuerdo elaborado con la ayuda de Mbeki
y por presionar para que el proceso de mediación dejara
de estar liderado por la SADC y la UA y pasara a estar
liderado por la ONU. Esta postura concordaba con la
conocida desconfianza que la “diplomacia discreta” de
Mbeki suscitaba en el MDC y con las tensiones surgidas
entre Mbeki y la UE y EEUU en relación con el problema
de Zimbabue, ante la preferencia de éstos últimos por
presionar para que el Consejo de Seguridad de la ONU
adoptara una decisión sobre posibles sanciones al
Gobierno de Mugabe. Tanto la UE como EEUU dejaron claro
en reiteradas ocasiones que solo aceptarían un acuerdo
para Zimbabue que supusiera una pérdida decisiva de
poder para Mugabe. El MDC de Tsvangirai decidió adoptar
esta misma postura en su intento de desvincular la
iniciativa de negociación de la SADC. En segundo lugar,
quizá algo menos importante, el MDC aprovechó su control
de la asamblea legislativa para crear un centro
alternativo de poder contra el ejecutivo, bloqueando
cualquier intento de Mugabe de gobernar fuera de un
acuerdo más amplio. Y en tercer lugar, el MDC adoptó la
visión, algo fatalista, de que la economía en crisis
terminaría minando la capacidad de Mugabe para gobernar.
El primer aspecto de
esta triple estrategia tenía pocas posibilidades de
prosperar, dado que la UA seguía el ejemplo de la SADC
con respecto a la cuestión de Zimbabue, en particular
porque el grupo de referencia ampliado adscrito a la
mediación de la SADC había contado con representantes de
la UA. Por tanto, sería muy difícil que el presidente de
la UA, el presidente tanzano Kikwete, que se había
mostrado crítico de Mugabe, desvinculara a la UA de la
postura colectiva de la SADC. Por lo que respecta a la
ONU, era muy poco probable que China o Rusia,
especialmente en el contexto de la debacle de Georgia,
fueran a apoyar otro intento de Occidente de conseguir
una resolución del Consejo de Seguridad en que se
sancionara a Zimbabue. En la escena parlamentaria,
Mugabe ya había iniciado un proceso, tras las elecciones
de marzo de 2008, destinado a debilitar la posición de
mayoría del MDC mediante la detención de diputados del
MDC sospechosos de haber participado en actos de
violencia electoral.[3]
Con toda probabilidad, semejante estrategia se
intensificaría en caso de que la mediación se encallara
en un prolongado punto muerto.
Por lo que respecta a
la creencia de que la economía podría asestar el golpe
definitivo al Gobierno de Mugabe, está claro que la
mayor parte de la población de Zimbabue se enfrenta a la
perspectiva de una devastación continua de sus formas de
sustento como resultado de las desastrosas políticas del
régimen en el poder. Más allá de las ganancias obtenidas
por el capital extranjero en el sector extractivo y las
actividades de rentismo parasitario (rent-seeking)de
sectores de la elite gobernante, la mayoría de la
población activa, tanto del medio rural como del urbano,
se enfrenta a la probabilidad de una pobreza cada vez
mayor, por no decir una inanición masiva. La devastación
económica que se ha producido tiene tres características
sobresalientes. En primer lugar, la hiperinflación de
aproximadamente 10 millones por ciento ha acabado con
los ahorros y los ingresos de los trabajadores, en un
contexto de graves descensos de la producción y una
importante escasez de alimentos, electricidad,
combustible y bienes básicos. Como resultado de este
proceso, la mayoría de las transacciones clave de la
economía se han dolarizado, lo que ha generado rentismo
parasitario, especulación, transacciones
transfronterizas, dependencia de las remesas de dinero
procedentes del exterior y delincuencia.
En segundo lugar, se ha
registrado un enorme descenso del empleo en el sector
estructurado, con el consiguiente crecimiento del empleo
en el sector no estructurado. Entre los indicadores de
este proceso figuran los siguientes: (a) el descenso del
número de trabajadores con empleos en el sector
estructurado, de 1,4 millones en 1998 a 998.000 en 2004
(los datos actuales, de los que no se dispone,
probablemente mostrarían un descenso aún mayor); y (b)
la reducción del porcentaje del PIB representado por los
sueldos y los salarios, desde un promedio del 49%
durante el período previo al ajuste estructural en
1985-1990 hasta un 29% en 1997-2003. Además, la crisis
de la producción provocada por las ocupaciones de
tierras también ha supuesto un problema para las formas
de vida de los trabajadores, ya que la interrupción de
la producción y los ingresos en los sectores agrícola y
manufacturero han supuesto una enorme carga para la
reproducción de los hogares de los trabajadores.
En tercer lugar, la
economía ha experimentado un desplazamiento de mano de
obra cada vez mayor. Durante el período de ajuste
estructural, en la década de 1990, el volumen de
desplazamientos desde las ciudades hacia el campo
aumentó debido a las dificultades experimentadas por los
trabajadores para encontrar formas de sustento
sostenibles en las áreas urbanas. Esta tendencia se ha
visto intensificada por el mayor desplazamiento de
familias a partir de 2000 derivado de las ocupaciones de
tierras, la violencia electoral, las cada vez mayores
diásporas de mano de obra y los desahucios masivos que
se llevaron a cabo en las ciudades durante la Operación
Murambatsvina en 2005.[4]
La Operación, destinada a acabar con el sector
desestructurado en las zonas urbanas y reducir los
principales distritos electorales de la oposición, hizo
que unas 700.000 personas perdieran su forma de sustento
y generó un movimiento migratorio de mano de obra que
empujó a muchas personas a abandonar las ciudades o
encontrar un nuevo lugar en los espacios urbanos.
Aunque este enorme
deterioro de la economía redujo el apoyo del que
disfrutaba el régimen de Mugabe, también supuso un
desafío para la oposición. Un pilar fundamental del MDC
desde su creación a finales de la década de 1990 ha sido
el movimiento obrero. Sin embargo, esta base de
oposición se ha visto negativamente afectada por la
crisis anteriormente descrita, lo que a su vez ha
generado unas condiciones sumamente difíciles para la
movilización política, en varios aspectos. En primer
lugar, la reducción del empleo en el sector estructurado
ha provocado un descenso del nivel de sindicalización y
cuotas, lo que ha minado la capacidad de los sindicatos
para llevar a cabo actividades educativas y
organizativas para sus miembros. En segundo lugar, como
resultado de este descenso estructural y la mayor
agresividad de los ataques del Estado contra los líderes
sindicales, el movimiento obrero se ha vuelto más
defensivo estratégicamente y ha disminuido su capacidad
y voluntad de liderar amplias alianzas cívicas, como
hizo en el período comprendido entre finales de la
década de 1980 y 2000. En tercer lugar, las huelgas y
paros, que en la década de 1990 habían sido un
instrumento eficaz contra el Estado, cuando la economía
era más boyante, dejaron de ser estrategias viables de
movilización en el contexto existente de rápido descenso
de la mano de obra. La desestructuración del mercado
laboral ha hecho que los trabajadores pasen de prácticas
laborales y acciones de protesta normalizadas en la
esfera pública a estrategias más individualizadas y
delictivas de supervivencia. La progresiva regulación de
las relaciones laborales, que en su día fue uno de los
primeros logros del Estado poscolonial, se ha visto
reemplazada por una incertidumbre cada vez mayor en
torno a la organización del trabajo y la estructuración
de la mano de obra.
Este debilitamiento del
movimiento obrero, y de la cultura de organización y
movilización obrera que lo caracterizaba, llevó al
Congreso de Sindicatos de Zimbabue (ZCTU, por sus siglas
en inglés) a realizar llamamientos urgentes a la
comunidad internacional para que interviniera en la
crisis de Zimbabue. En un informe sobre una declaración
formulada en 2008 por el presidente del ZCTU a este
respecto se señalaba lo siguiente:
“El Sr Matombo
dijo que muchos de sus miembros reciben demasiadas
agresiones de las fuerzas de Zimbabue como para poder
organizarse de forma efectiva. Ése es el motivo de que
vaya a presionar a su grupo para que apoye una mayor
intervención internacional, a pesar del daño a corto
plazo que un bloqueo u otro tipo de acción podría
ocasionar a los pobres del país”.[5]
Dado el grave
debilitamiento de esta base fundamental de la
organización del MDC, no es de extrañar que surgiera una
compulsión casi desesperada por considerar la economía
un aliado activo en la lucha contra el régimen de
Mugabe. Lo que equivalió a una admisión de la menor
capacidad de la oposición para movilizar políticamente a
nivel nacional se fue traduciendo cada vez más en una
categórica afirmación de la capacidad de una crisis
económica para completar la tarea de una resistencia
exhausta. En varios informes se señaló el carácter
generalizado de esta idea. Se informó que Morgan
Tsvangirai había dicho que la rápida espiral económica
descendente de Zimbabue “terminaría por obligar a Mugabe
a transigir”,[6]
una opinión compartida por el importante líder cívico
Lovemore Madhuku, que declaró:
“Mugabe tendrá
muchas dificultades para gobernar sin una mayoría (en el
Parlamento), pero ése no es su verdadero problema. Su
principal e insalvable problema es el desmoronamiento de
la economía. No tiene margen de maniobra”.[7]
El propio Mugabe era
consciente de este argumento y no tardó en vincularlo a
su opinión de que formaba parte de una estrategia de
“cambio de régimen” auspiciada por Occidente. En su
opinión:
“… los británicos
han prometido al MCD que las sanciones serán más
demoledoras y que nuestro Gobierno caerá en seis meses”.[8]
Sin duda, entre la
opinión y la comunidad de donantes existía la opinión
generalizada de que el lamentable estado de la economía
de Zimbabue resultaba insostenible y de que su
desastroso deterioro no tardaría en afectar a la
capacidad de Mugabe para mantenerse en el poder. Sin
embargo, también resultaba evidente que la crisis estaba
beneficiando a determinados sectores clave de la elite
gobernante, en especial a la principal base de apoyo de
Mugabe, el ejército. Tampoco se disponía de información
suficiente sobre los mecanismos de supervivencia de los
pobres de Zimbabue y los distintos tipos de relaciones
económicas resultantes de la crisis que permitirían
subsistir a la economía, aunque a unos niveles
deplorables de subsistencia. Por tanto, al predicar una
estrategia de cambio basada en buena medida en el
deterioro económico se corre el riesgo de infravalorar
peligrosamente la constante capacidad de un régimen
autoritario para mantenerse.
Acuerdo
político
En vista del análisis anterior, no es de extrañar que
la mediación de Mbeki llevara a la firma de un acuerdo
político por los principales partidos el 11 de
septiembre de 2008. En vista de las escasas opciones de
que disponían los principales actores políticos de
Zimbabue, Mbeki utilizó una combinación de esas
limitaciones y de las presiones ejercidas por las
fuerzas regionales e internacionales en favor de un
cambio para presionar en favor de un acuerdo político.
El acuerdo que se firmó finalmente reflejó las tensiones
existentes entre un partido en su día dominante obligado
a aceptar un reparto del poder y un partido opositor
incapaz de reunir el poder de influencia necesario para
arrebatar el poder de forma contundente al partido
gobernante.
Entre los principales
aspectos del acuerdo cabe destacar los siguientes:
-
Mugabe seguirá siendo el presidente,
con dos vicepresidentes del ZANU-PF.
-
El nuevo cargo de primer ministro
será ocupado por el líder de la oposición Morgan
Tsvangirai, con dos viceprimeros ministros, uno de
cada facción del MDC.
-
Habrá 31 ministros, 15 nombrados por
el ZANU-PF, 13 por el MDC de Tsvangirai y tres por
el MDC de Mutambara, y 15 viceministros, ocho del
ZANU-PF, seis del MDC de Tsvangirai y uno del MDC de
Mutambara.
-
El Gabinete estará presidido por
Mugabe, con Tsvangirai como presidente adjunto, y
será responsable de “evaluar y aprobar todas las
políticas gubernamentales y los programas conexos”.
-
El primer ministro presidirá un
Consejo de Ministros que supervisará “la formulación
de las políticas gubernamentales por parte del
Gabinete” y “se asegurará de que las políticas
formuladas sean aplicadas por la totalidad del
Gobierno”.
-
Se acordará una nueva Constitución en
el plazo de 18 meses como culmen de un proceso que
incluirá a la opinión pública de Zimbabue y que
terminará en un referéndum.
-
La aplicación del acuerdo estará
supervisada por un Comité Mixto de Supervisión y
Aplicación integrado por cuatro altos cargos del
ZANU-PF y por otros cuatro de cada una de las
facciones de MDC.
El acuerdo dejó muchas
áreas sin definir, como la relación entre la autoridad y
la capacidad de decisión del Gabinete y el Consejo de
Ministros o qué ministerios concretos se asignarían a
cada uno de los partidos. Este último problema sigue
retrasando la aplicación del acuerdo, puesto que el
régimen de Mugabe persiste en sus esfuerzos por
conservar el control de los ministerios clave en materia
económica y de seguridad. Sin embargo, el acuerdo
debería entenderse en gran medida como un campo de
batalla en que ambos partidos continuarán su lucha por
hacerse con el poder estatal, en una situación en que el
partido en el poder aún mantiene la ventaja de controlar
los medios de coerción. El ZANU-PF es un partido
político mucho más débil que tras las elecciones de
2005, pero el MDC sigue sin ser lo suficientemente
fuerte como para ejercer su hegemonía sobre el Estado.
Algunas figuras clave
de la sociedad civil han expresado opiniones críticas
sobre el acuerdo. El ZCTU advirtió:
“Un Gobierno de
unidad nacional es una subversión de nuestra
Constitución nacional. Sólo debería establecerse una
Autoridad de transición encargada de conducir a Zimbabue
hacia unas nuevas elecciones, libres y justas, que,
esperemos, no sean impugnadas por los partidos”.[9]
Además, para el
presidente de la Asamblea Constitucional Nacional el
acuerdo suponía “una capitulación del MDC”. Sin embargo,
está claro que ninguna de estas fuerzas sociales tiene
la capacidad necesaria para oponerse a este proceso, y
de hecho la alternativa propuesta por el presidente de
la Asamblea Constitucional, “volver a las trincheras y
ejercer presión”, es más una vuelta a lo que podría
haber sido que una valoración realista de los problemas
actuales.
Conclusión: En el momento
de elaborarse este documento, sigue sin aplicarse el
acuerdo firmado por las principales formaciones
políticas el 11 de septiembre de 2008, parado por una
disputa sobre la distribución de los cargos
ministeriales. El hecho de que el acuerdo se vea
envuelto en semejante disputa es otro reflejo de que, a
menudo, este tipo de luchas por el Estado poscolonial se
consideran juegos de suma cero en que el acceso al
Estado es la condición sine qua non para el
empleo, la influencia política y la acumulación futura.
Para el partido en el poder, el peligro de perder el
control de este recurso amenaza con deshacer las
estructuras de rentismo parasitario y especulación que
se han convertido en el rasgo dominante de las fortunas
de la elite política. En el caso del MDC, el calor del
poder del Estado ha incrementado la sensación de que no
puede mantenerse un período prolongado de oposición en
el actual contexto de deterioro económico.
Brian
Raftopoulos
Director de investigaciones del Solidarity Peace
Trust, Sudáfrica
[1] Jason Moyo y Mandy Rossouw, “MDC: Brown’s Trojan
Horse?”, Mail and Guardian, 22-28/VIII/2008.
[3] “Zanu (PF) ‘plots’ to seize parliament”,
Business Day, 1/IX/2008.
[4] La palabra “Murambatsvina” significa en
shona “sacar la basura”, que es como a menudo se
refería el partido en el poder a la base de apoyo
urbana del MDC.
[5] Margaret Coker, “Powerful South African
labour group ponders how hard to press Mugabe”,
Wall Street Journal, 9/VII/2008.
[6] Basildon Peta, “Mugabe advised to quit talks”,
Cape Times, 22/VIII/2008. En las
declaraciones de otros líderes de la oposición y
comentaristas políticos pueden encontrarse otras
afirmaciones de fe de este tipo.
[7] Dumisani Muleya, “Mugabe to call new cabinet,
dealing new blow to talks”, Business Day,
28/VIII/2008. Piers Pigou también presenta este
argumento en “Malice in Blunderland”, Molotov
Cocktail 05, septiembre-octubre de 2008.
[8] Jason Moyo, “Mugabe prepares for next move”,
Mail and Guardian, 29/VIII/-4/IX/2008.
[9] Declaración del ZCTU, Harare, 16/IX/2008.
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Editado y distribuido por ASODEGUE
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