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8
de diciembre de 2003
LITERATURA
AFRICANA
DE
EXPRESIÓN ESPAÑOLA
Mbare
NGOM FAYÉ
Cuadernos
Centro de Estudios Africanos nº 3 (2003)
INTRODUCCIÓN
La
literatura africana de expresión española fue, hasta mediados de
los años noventa, la gran ausente del debate crítico y teórico en
torno a la literatura africana en general, o a las literaturas
hispánicas. Esta situación un tanto fuera de lo común se
reflejaba, y sigue reflejándose, y esperemos que por muy poco, en
las antologías o historias de las literaturas hispánicas,
publicadas tanto en España como en América Latina o en los Estados
Unidos de América, en menor medida, durante estas dos últimas
décadas. Esos textos y estudios han ignorado y, por ende, excluido
sistemáticamente de sus páginas a la literatura africana escrita
en lengua española. De la cuarentena de obras generales,
consultadas durante el período que va de 1977 a 1993, sólo hemos
encontrado dos breves referencias a la literatura africana en
español, siendo la excepción, claro está, Antología de la
literatura guineana publicada por Donato Ndongo en 1984.
En
España, por citar el ejemplo más cercano, este "olvido"
se puede rastrear desde los manuales de historia de las literaturas
hispánicas utilizados en las escuelas secundarias hasta las
cátedras de literatura hispánica de las distintas universidades de
la Península. Así lo expresaba el poeta Ciriaco Bokesa Napo en
1966: "Las literaturas africanas todas se expresan en esos
idiomas. Ahora bien el carácter vinculante del idioma y cultura
está más que estudiado desde el ángulo del inglés, del francés,
y, en menor grado del portugués. Pero lo español, en tierras
africanas y de plumas estrictamente africanas, queda en la memoria
de una cita apenas esbozada".
El
mismo ostracismo se da, salvo contadas ocasiones, en las antologías
e historias de la literatura africana escritas en lenguas
extranjeras europeas y publicadas tanto en el continente africano
como en las antiguas metrópolis durante el mismo periodo. Habiendo
consultado el mismo número de obras hemos podido comprobar que
sólo dos textos se refieren y, muy de refilón, a la literatura
africana escrita en español. El primero, Bibliografy of Creative
African Writting (1973) de Jaheinz Jahn, cita la novela de
Leoncio Evita Cuando los combes luchaban (1953). El segundo, Essais
d´histoire littéraire africaine (1984), de Alber Gérard
dedica exactamente dos líneas a Guinea Ecuatorial para resaltar que
Janheinz Jahn había omitido el nombre y la obra, según él, del
segundo autor con el que contaba el país en aquel entonces, pero
cuya identidad tampoco revela. Se da el caso de que revistas tan
prestigiosas y especializadas en el campo de los estudios literarios
africanos o estudios africanos en general, como Research in
African Literatures, publicado en los Estados Unidos; Présence
Africaine, en Francia; Etudes Littéraires, en Canadá,
por citar unas portadas de renombre, no han dedicado ni una sola
línea a la literatura africana en español durante el periodo
mencionado. En 1984, por ejemplo, la prestigiosa revista
internacional Jeune Afrique, con base en París, publicó un
número especial dedicado a la literatura africana, pero, igual que
en los casos anteriores, la literatura africana de expresión
española fue el gran ausente. La muy respetada revista Notre
Librairie tampoco se salva, ya que pese a haber publicado varios
números monográficos sobre las distintas "literaturas
nacionales" de Africa, ninguno contempla la literatura africana
en español. Al otro lado del Atlántico, mencionar la publicación
de un libro reciente, Postcolonial African Writers (1998),
compilado por Pareck y Jagne, que recoge las reseñas biográficas y
bibliográficas sobre sesenta escritores africanos de la
posindependencia, o poscolonia, como lo llaman los autores, sin
ninguna mención de los escritores africanos que se expresan en
español.
Afortunadamente,
la situación está cambiando, si nos guiamos por la atención que
está empezando a recibir dicha producción cultural últimamente.
En Estados Unidos dos acontecimientos claves marcaron un hito
extremadamente importante en los estudios de la literatura africana
en español. El primero es la publicación del número especial
monográfico de la revista Afro-Hispanic Review, dedicado a
literatura africana en español; y por otro, la celebración del
Congreso Internacional de literatura y cultura en torno al tema
reflexión, "Spain in Africa and Latin America: The Other Face
of Literary Hispanism" en la Universidad de Misouri en Columbia
en mayo de 1999. En España, el Primer Encuentro de Escritores
africanos en Lengua Española, reunido en Murcia del 27 al 29 de
noviembre de 2000, seguido días más tarde de las I Jornadas de
Literatura Hispanoafricana en Madrid, se sitúan dentro de ese marco
de creciente interés por la literatura africana en español.
EL
CONTEXTO
La
República de Guinea Ecuatorial, país cuya producción cultural nos
ocupa aquí, es la única comunidad política y nacional negra del
África subsahariana con herencia cultural hispana y, por ende, con
una literatura escrita en la lengua de Cervantes. Así lo resaltaba
el periodista, ensayista, historiador y novelista guineoecuatoriano
Donato Ndongo-Bidyogo, en una de sus intervenciones durante el
Primer Congreso de Estudios Africanos en el Mundo Ibérico,
celebrado en Madrid en 1991, al decir que la literatura guineana es
"la única expresión española en el Africa negra". Esta
afirmación del ilustre autor e intelectual guineano destaca, entre
otras cosas, el carácter único, al menos de momento, de esa
producción cultural. Si bien el francés, el inglés y el
portugués se hablan en más de un país africano, Guinea Ecuatorial
es, por ahora el único país del continente en tener el castellano
como lengua oficial y de transacción, y como vehículo de
expresión cultural escrito transétnico o transnacional. Siendo la
república Democrática Saharaui un doloroso caso aparte.
La
literatura africana escrita en español nace del encuentro de dos
tradiciones culturales, la primera, negroafricana y ágrafa, hunde
sus raíces en la tradición bantú y se nutre de la oralidad en sus
distintas modalidades, y tiene normas expresivas y estéticas más
flexibles y pragmáticas. En cuanto a la segunda, europea, importada
e impuesta, se basa en la escritura y sus normas rígidas. La
literatura africana de expresión castellana parte, pues, de esas
premisas, entre otras, a la par que participa de ambas tradiciones
culturales en su percepción y representación de la realidad.
Asimismo, el proyecto cultural africano nacido en esas
circunstancias está marcado por cierta hibridez cultural. Se erige,
pues, como el resultado de lo que el crítico canadiense Fernando
Lambert (1988), define como antropofagia cultural, un
fenómeno caracterizado por la fricción de dos proyectos textuales
y culturales. El encuentro e interacción, en este caso, se da entre
prácticas diferentes: el texto oral africano y el texto escrito
español, todo ello marcado por una relación dinámica en el
transcurso de la cual el texto africano acabó "devorando"
el texto europeo. Por lo cual, y siempre siguiendo a Lambert, quien
se refiere a la literatura francófona, pero cuyo análisis es
pertinente al tema que nos ocupa: "el texto literario
[guineano] producido en estas condiciones particulares, posee
características que los criterios de la crítica europea no han
conseguido describir de forma satisfactoria porque el modelo europeo
no es el único modela de referencia"(92).
En
vista de lo que precede, ubicaremos el producto cultural objeto de
este estudio, por ahora, dentro del marco general y a la vez
geográfica y culturalmente restrictivo, de lo que llamaremos
literatura hispano-negroafricana. Donato Ndongo prefiere la
definición más amplia de literatura hispanoafricana o literatura
africana hispanófona, porque según él, "Guinea es un país a
la vez hispánico y africano, y en esa identidad simbiótica radica
su originalidad, su esencia y la garantía de su autonomía. Al
fundirse los valores de la cultura adquirida, los hispánicos, con
los valores de la cultura heredada, los bantús – pues todos los
pueblos que componen nuestro Estado pertenecen a la cultura bantú,
lo cual no conviene que se olvide -, se operó en el espíritu del
guineano una transformación importante, (...) (pues son esas, no
otras, nuestras señas de identidad) que se ha ido estructurando en
una nueva cosmogonía (...). Hay guineanos que escriben, que pintan,
que esculpen; que trabajan, en definitiva, desde su perspectiva
hispanoafricana, para dotar a su país de ese dinamismo sin el cual
el progreso sería imposible".
En
lo que nos toca, al optar por el marco conceptual identificado como
literatura hispano-negroafricana, nos mueven, sobre todo motivos
pragmáticos y metodológicos. Primero, al hacerlo así, queremos
enmarcar este proyecto dentro de un ámbito cultural y geográfico
muy específico: el área subsahariana de Africa; segundo, razones
teóricas y prácticas nos empujan a diferenciarla de la literatura
afro-hispánica que se sitúa dentro del área de producción
cultural latinoamericana. Pero todo ello, sin perder de vista las
posibles conexiones y experiencias culturales e históricas comunes.
En
los territorios de África bajo ocupación francesa, por citar el
ejemplo geográfico más cercano, los primeros textos escritos por
los habitantes del lugar en la lengua del colonizador empiezan a
aparecer en el período de entreguerras mundiales. En el Africa
occidental francesa, los primeros textos escritos por los
colonizados empiezan a aparecer poco antes de la Primera Guerra
Mundial. En 1912, se publica La bataille de Guilé, del
senegalés Amadou Duguay Clédor Ndiaye, seguida ocho años más
tarde, en 1920, de Les trois volontés de Malic, del
senegalés Amadou Mapaté Diagne. En 1925 sale Zobra, la femme du
mineur, del argelino Abdelkader Hadj Hamou, y en 1926, Force-Bonté,
del también senegalés Bakary Diallo. El advenimiento del
movimiento de la "Negritude" a partir de los años 30 en
París, aseguraría la consolidación, continuidad y transición de
esa incipiente producción cultural africana escrita en lenguas
europeas hacia lo que iba(n) a ser la(s) literatura(s) nacional(es)
o literatura(s) poscolonial(es).
A
diferencia de París, Madrid no era una ciudad cosmopolita y
multicultural. La Ciudad de las Luces era ya, desde principios del
siglo XX en adelante, un importante foco de irradiación cultural y
un lugar de encuentro, de interacción y de diálogo para artistas,
estudiantes, intelectuales, escritores africanos y de la diáspora
negra procedentes de las Antillas, de América latina y de Estados
Unidos. Madrid, en cambio, nunca llegó a asumir ni a desempeñar
ese papel para los guineanos u otros africanos, si es que los
hubiera entonces, radicados en España. Los pocos guineanos que
vivían en España, estudiantes en su mayoría, se encontraban
desperdigados por toda la Península Ibérica con muy limitadas
oportunidades de diálogo entre ellos. Donato Ndongo-Bidyogo se
encontraba en Cataluña, Pedro Crisanto Bueriberi en Madrid, Juan
Balboa Boneke en Granada, Anacleto Oló Mibuy en Albacete y Paco
Zamora en Madrid, por citar unos cuantos ejemplos. En otras
palabras, Madrid no fue un polo cultural aglutinador, y tampoco
existía en la capital del reino una poderosa y vibrante
infraestructura de irradiación cultural que galvanizara todo ese
talento, como lo hizo la revista Presence Africaine o la
editorial del mismo nombre, ambas fundadas por el senegalés Alioune
Diop en 1947 y 1949, respectivamente, en París. Si a ello sumamos
el aislamiento lingüístico de la colonia, la política de
contención y de sanitación ideológica a la que las autoridades
coloniales españolas habían sometido la entonces Guinea Española,
se entiende que muy escasa información sobre lo que ocurría en
otras partes del continente llegara a la colonia española.
Además,
la ausencia de cualquier clase de intercambios entre los territorios
africanos bajo ocupación europea impidió la circulación de
traducciones de textos de autores africanos, al menos al principio.
Durante la alta colonia, sólo un libro escrito por un negro, que
sepamos, fue traducido al castellano. Batouala. Véritable roman
nègre (1921). La traducción fue obra de José Mas Laglera, uno
de los escritores africanistas españoles más prolíficos de la
época. El aislamiento de los intelectuales guineanos limitó
sobremanera sus contactos con sus pares africanos y viceversa. Tanto
es así que podemos afirmar con certeza que ningún escritor
guineano participó en los grandes acontecimientos culturales de la
época: el Primer Congreso Internacional de Escritores y Artistas
Negros, celebrado en La Sorbona, en París, en septiembre de
1956, y el Segundo Congreso de Escritores y Artistas Negros de Roma
en abril de 1959.
En
los entonces "Territorios Españoles del Golfo de Guinea",
en cambio, los productos culturales escritos en español por
guineanos no aparecen hasta mediados de los años cuarenta, es
decir, casi treinta años después de sus hermanos de las zonas
francófona y anglófona. En cuanto a la literatura escrita por
mujeres, no llegaría al escenario hasta veinte años más tarde.
Cabe preguntarse, pues, sobre las causas de la aparición tardía de
la literatura de Guinea Ecuatorial escrita en español en las letras
mundiales, en comparación con la de otras latitudes en el
continente africano. En la Guinea Española, las primeras
manifestaciones culturales estaban circunscritas a la entonces isla
de Fernando Póo, hoy Bioko, entonces sede principal de la
administración colonial. La revista misional La Guinea Española
es, sin lugar a dudas, la primera plataforma de difusión de los
primeros proyectos culturales en español producidos por guineanos.
Publicada por los misioneros del Inmaculado Corazón de Maria en el
Seminario de Banapá en la entonces isla de Fernando Póo, el primer
número de La Guinea Española sale a la calle en 1903. La
revista era un instrumento de la ideología colonial española, como
reza el lema que aparece en la portada debajo de la cabecera.
"defensor y promotor de los intereses de la colonia".
Además de informar sobre la obra evangélica, la vida y la
economía de la colonia, La Guinea Española, tenía
secciones culturales como "Página literaria" y "De
nuestra biblioteca africanista". En el número 1165, del 10 de
enero de 1944, la revista anuncia un certamen literario para
"Plumas coloniales". "Con el presente número,
organizamos un concurso artístico literario, que pensamos proseguir
en años sucesivos, para estimular las muchas plumas coloniales que
con prestigio y decoro pueden figurar al lado de otras firmas
metropolitanas, y que no dudamos han de contribuir a divulgar y
exponer aspectos temas coloniales desconocidos o parcialmente
enfocados".
Huelga
decir que ningún habitante del lugar figuraba entre dichas
"plumas", y menos aún una pluma femenina. En el
número 1236, del 10 de enero de 1947, La Guinea Española
añade una nueva sección a su oferta cultural, "Historia y
Cuentos", abierta a los nativos: "Esta nueva sección que
hoy comenzamos, un exponente del pensamiento de nuestros indígenas
recogido tradicionalmente en cuentos, historias, narraciones,
refranes y cantos, contribuyendo de esta suerte a perpetuarlos y
divulgarlos. Además de nuestra labor personal y la
colaboración de los misioneros, confiamos en los alumnos del
Seminario, maestros, colegiales de la misión, de la Escuela
Superior Indígena y catequistas de nuestras reducciones que nos
enviarán el mayor número posible de "historias" sobre
cualquier tema"(13).
Esta
invitación ignora deliberadamente a las mujeres. Y de todos los
textos que se publicarían en la revista misional durante el citado
periodo, ninguna llevaba la firma de una mujer. Esta marginación,
junto con la situación de la mujer de la mujer de los espacios
públicos de transacción de la sociedad tradicional africana en
general, tendría una impacto significativo en la ausencia/presencia
de la mujer en el ámbito literario en Guinea Ecuatorial. Esa
invitación era, por lo demás, muy selectiva ya que se limitaba a
un grupo muy específico de individuos: los alumnos de las misiones
y de los seminarios, los misioneros y los maestros. Se dirigía,
pues, a unos individuos que vivían en un espacio controlado y
alienado. La respuesta fue masiva, ya que la revista recibió y
publicó 23 relatos entre los números 1236 y 1259. Estos textos no
se podían considerar como trabajos de creación cultural personal,
ya que eran recolecciones, recopilaciones, transcripciones y
traducciones al castellano del caudal literario del grupo étnico al
que pertenecían los "autores" que los habían
recolectado. Así lo reflejaba la revista puesto que el nombre del
"autor" iba seguido de su procedencia étnica,
"cuento bujeba", "historieta pamue",
"leyenda bubi" o "cuento ndowe", por citar unos
cuantos ejemplos. Por lo tanto, es un poco problemático calificar
de autores a esta primera hornada, al menos, en esa etapa temprana.
Son más bien intermediarios culturales.
El
trabajo de creación propiamente dicho no tardaría en
materializarse, ya que durante el proceso de interacción y de
transferencia, esos intermediarios descubrirían muy pronto lo que
es la autonomía del escritor y su libertad creadora. Empezaron,
pues, a transformar los textos originales al insertar elementos de
creación personal en los mismos modificándolos de forma
sustancial. Pero es menester resaltar, por otro lado, que la
operación de traducción no deja de ser en sí, y hasta cierto
punto, un proceso de manipulación. Con lo cual, pese a seguir
apoyándose en esa misma tradición oral, "poco a poco, de modo
apenas perceptible, fueron transformando la pura transcripción, la
traducción, en formas de creación autónoma, si bien aún ligadas
íntimamente a las fuentes originales".
LOS
ALBORES
Al
distanciarse parcial y momentáneamente del modelo narrativo
tradicional para crear un texto diferente y marcado por un sello
estilístico y estructural más personal, estos mediadores fueron
adquiriendo un perfil escritural más distintivo. A tal efecto,
fueron despojándose de su hábito de intermediarios para enfundar
el de creador, es decir, de autor. Esos autores perseguían también
un doble objetivo, por un lado, querían reclamar lo que el
filósofo de Benin, Paulín Hountondji ha llamado "Certificat
d´humanité" [Certificado de humanidad] al insertar un
discurso marcadamente etnográfico en su práctica narrativa. El
principal rasgo estilístico de ese texto, que se iba conformando
era la incorporación de elementos distintivos a nivel temático,
estilístico y estructural. Una de las constantes más destacadas de
ese texto era la descripción sostenida de los ritos, costumbres,
tradiciones, mitos y leyendas de los grupos étnicos de sus autores.
Por otra parte, dichos autores intentaban romper la estructura de
otredad donde les había instalado, en este caso, el discurso
colonial español.
Este
proyecto de recuperación y de reescritura es evidente en textos
como "La gallina y la perdiz" (1950), de Rafael María Nze,
"Biom y los hombres rudos" de Constantino Ocháa, "Kon,
el Blanco" (1961) y "Le va toco Buwe (Al fin vimos la
luz)" (1962), de Esteban Bualo Bokamba; "El topé del
leopardo", de José Esono; "Meyen, Meyene", de
Francisco Obiang; "Mientras la tumba brama en su selvática
canción" (1962) de Marcelo Asistencia Ndong Mba; y Cuando
los combes luchaban (novela de costumbres de la Guinea Española),
de Leoncio Evita Enoy; la primera novela escrita por un guineano.
Publicada en 1953, la novela es, como reconoce el propio autor,
"una novela etnológica de las costumbres de la tribu
combe". La anécdota da pie para una descripción muy detallada
de las costumbres y de los rituales de los combe. En este sentido,
la novela de Leoncio Evita, igual que los textos arriba citados,
sigue la tradición literaria que ha caracterizado los primeros
textos africanos escritos en lenguas europeas, lo cual ha llevado al
crítico francés Claude Wauthier a hablar de "narcisismo de la
literatura africana", ya que, según él, los africanos sólo
hablaban de ellos mismos. Si bien Evita se vale de la lengua
española para vehícular su discurso, la subvierte o, por usar la
expresión de G. Deleuze y F. Guattari (1975), "desterritorializa"
el castellano. Estrategia escritural que confundió a don Carlos
González Echegaray (1966) que escribió en el prólogo de la
novela: "En cuanto al estilo, he corregido algunas
construcciones excesivamente extrañas a nuestra sintaxis y algunos
errores de propiedad en la aplicación de los vocablos castellanos,
pero he dejado a la obra en su estilo propio, que a las veces puede
parecer en la forma, duro, y en el fondo, ingenuo, pero que es una
muestra estilizada del castellano medio, hablado por nuestros
negros"(11).
Y
más adelante, el prologuista vuelve a notar: "No deja de ser
curioso el hecho de la novela esté pensada y sentida "en
blanco", y sólo cuando la acción se desarrolla entre
indígenas, solamente, en parte, y como un espectador, el escritor
se siente de su raza" (12).
Pero
Konda Mossan Nabukpo (1990) afirma que, "al interpelar al
conquistador en la lengua que domina y habla con soltura, es decir
su propia lengua, los africanos estaban poniendo un límite a su
poder" (404).
En
efecto, y a partir de ese momento, dichos creadores tenían la
capacidad y el poder, según Bill Ashcroft de, "threatening the
exclusive claims of the center" [amenazar las reivindicaciones
exclusivas del centro]. La mera existencia del libro de Leoncio
Evita, o sea, como objeto físico, así como la de los otros
escritores guineanos, era ya de por sí un acto crítico, puesto que
ponía en tela de juicio la teoría colonial de la incapacidad del
negro para generar objetos culturales. José Mas Laglera, uno de los
africanistas más reputados de la época, expresa claramente esa
visión del mundo en el prólogo de la versión española de Batuala.
Verdadera novela de negros (1922), de René Maran, la primera
novela escrita por un hombre de raza negra en África. Y José Más,
traductor y prologuista de la novela, escribe: "La novela no
sólo era de negros, sino que estaba escrita por un individuo
perteneciente a esta raza. El caso me pareció insólito. Yo no
podía concebir que un negro del Congo tuviese aptitudes de
escribir. Sabía que, educándoles en Europa, llegaban a ser buenos
bailarines y que algunos hasta habían llegado a tocar la trompeta y
el violín con verdadero arte; pero de esto a describir paisajes y
estados de almas, había mucha distancia (...). René Maran no tiene
de negro más que el color de la piel" (III).
Cuestionando
esta visión maniquea de la realidad colonial, el propio Leoncio
Evita diría años más tarde que, "La situación colonial que
prevalecía cuando escribí mi novela, me dio un gran estímulo para
seguir escribiendo y ampliar mis conocimientos. Personalmente,
sentí gran satisfacción por abrir aquella pequeña brecha en el
"dique" del monopolio de la discriminación
intelectual" (Diálogos..., 32).
En
1962, Daniel Jones Mathama publica Una lanza para el boabí,
la segunda novela escrita por un guineano en la época colonial,
pese a que en una de las páginas interiores se atribuya
erróneamente "primera novela de la Guinea Española".
Relato autobiográfico, el texto de Jones Mathama, igual que los de
Bakary Diallo, Mapaté Diagne y Duguay Cledor citados más arriba,
defiende la situación colonial. El narrador critica despiadadamente
a los personajes nativos y sus costumbres mientras hace una
verdadera apología de la colonización española. En este sentido, Una
lanza por el boabí se enmarca dentro de la literatura
asimilacionista o de consentimiento.
Hacia
mediados de los años 60, una nueva generación de escritores
nativos hace su aparición en el escenario literario de la Guinea
española. Introducen un nuevo género: la poesía. Guinea y África
son su inspiración y su tema principal, como se puede apreciar en
los títulos "El león de África" (1964) de Juan Chema
Mijero; "Lamento sobre Annobón, belleza y soledad" (1967)
de Francisco Zamora Loboch, e "Isla verde" (1968), de
Ciriaco Bokesa Napo. Sus textos aparecen en órganos como Ébano,
Poto-Poto, Bantú, La Guinea Española y Guinea Ecuatorial,
como pasó a llamarse la revista en su etapa final.
Cabe
resaltar de paso que la literatura guineana escrita en lengua
castellana ha seguido una trayectoria muy diferente en comparación
con el resto de las literaturas africanas. En la Guinea española,
los primeros escritores se estrenaron en la narración corta,
mientras que para los escritores francófonos, por citar el ejemplo
más cercano, la poesía fue el vehículo de expresión
privilegiado, al menos hasta después de la segunda guerra mundial.
En Guinea, la poesía en lengua española no aparece hasta los años
60, al menos ésta es nuestra conclusión provisional a falta de
otros datos. Tampoco hubo una literatura anticolonialista, como fue
el caso en la parte anglófona, francófona o lusófona, donde la
literatura y el movimiento nacionalista iban mano en la mano, una al
servicio del otro. Donato Ndongo-Bidyogo corrobora esta
circunstancia en una serie de textos críticos y de entrevistas.
LOS
AÑOS DEL SILENCIO
Guinea
Ecuatorial obtiene la soberanía política e internacional el 12 de
octubre de 1968, casi diez años después de la mayoría de los
países africanos, accediendo a una nueva realidad social, política
y económica, llamada poscolonial por los críticos, y que nosotros,
por su carácter problemático, denominamos posindependencia. Igual
que los otros países africanos, Guinea Ecuatorial se embarcó en la
construcción de un proyecto nacional viable que pondría a la joven
nación en la senda del desarrollo. La posindependencia africana se
convirtió en un caldo de cultivo que favoreció la aparición de
una heterogeneidad de discursos que ha llevado al crítico
camerunés Achille Mbembe a describir esa realidad, que él llama
poscolonial, como una pluralidad caótica, pero dotada de una
coherencia interna. Y Guinea Ecuatorial no fue una excepción. A los
seis meses de su investidura en la jefatura del Estado, Francisco
Macías Nguema, el presidente electo, denunció un supuesto golpe de
Estado y, aprovechando la oportunidad, suspendió todas las
garantías constitucionales e impuso una dictadura étnica.
Escudándose tras el discurso africanizante de la época, Macías
impuso un discurso monoétnico y excluyente. El crítico suizo Max
Liniger Goumaz lo ha denominado "afro-fascismo" y, en su
vertiente guineana, "nguemismo".
La
interrupción del proceso de legalidad constitucional y la
eliminación de los mecanismos de mediación entre el Estado y la
sociedad civil dejó a los actores e interlocutores sociales
(partidos políticos, sindicatos, etc...) sin representatividad ni
mensaje que transmitir dentro del marco de las instituciones del
Estado. El resultado inmediato fue un país enajenado, fragmentado y
traumatizado. Durante casi once años, el régimen de Francisco
Macías se dedicó a la persecución y eliminación sistemática de
los intelectuales (maestros, profesores y trabajadores de la
cultura) y opositores, creando un espacio determinado por lo que el
escritor kenyata Ngugi Wa Thiong´o (1984) describe como "the
Culture of Silence and Fear" (38). Guinea Ecuatorial se
convirtió en un "gulag africano", realidad que describe
el narrador en la novela El párroco de Niefang (1996), de
Joaquín Mbomio Bacheng: "Salir con una barca a alta mar era
considerado por el régimen de Macías como un acto de subversión
que atentaba contra la seguridad del Estado. Por eso se mandó
destruir todas las embarcaciones desde Mbonda hasta Río Campo, y
desde Cuche hasta Corisco. Nada podía navegar. Se prohibía a toda
la población del Litoral el acceso a su propio espacio
marítimo" (37).
Como
"sujeto poscolonizado" – como diría el crítico
camerunés Achille Mbembe (1992) – el guineano seguía confinado a
los márgenes. Como pasara durante la situación colonial, su
espacio de práctica se volvió a restringir a la periferia. La
"etnización" del Estado y la consiguiente instauración
de un universo en el que sólo el discurso nguemista tenía
autonomía, mutiló la cultura. La realidad guineana pasó a ser
representada desde la perspectiva reduccionista del llamado
"clan de Mongomo". El objetivo del nguemismo era controlar
y despolitizar los espacios públicos de transacción como primer
paso hacia la conversión de los otros actores sociales en seres sin
voz e invisibles. Fue un período de verdadera sequía cultural, ya
que ni una sola obra salió de las prensas guineanas, salvo, claro
está, los panfletos laudatorios del régimen nguemista. Es la
"época del mutis", en palabras del poeta guineano Ciriaco
Bokesa Napo (1989) que añade: "Durante la etapa macista.
¡Qué escozor en el paladar!, el silencio era la elocuencia de los
bravos, dentro del territorio nacional. Entonces sólo valía quien
sabía callar, haciendo de su experiencia en silencio un catalizador
de temas para el futuro literario"(96).
En
cuanto a Donato Ndongo-Bidyogo, lo llamó los "años del
silencio": "(...) no hubo ninguna manifestación literaria
dentro de Guinea Ecuatorial, por la sencilla razón de que se
perseguía a todo el mundo, fundamentalmente a aquellos que
pudiéramos llamar intelectuales, y el simple hecho de hablar
español era castigado con la cárcel. No digamos escribir: muchos
guineanos murieron porque en cualquier registro domiciliario se les
encontraron apuntes en español... De modo que las únicas
manifestaciones literarias de Guinea Ecuatorial durante aquel
período se produjeron en el exilio".
En
otras palabras, la letra impresa se convirtió en arma letal que se
volvió en contra de aquellos mismos que la generaban: los
escritores (o "pistolágrafos", como diría el malogrado
escritor congoleño Sony Labou Tansi). El régimen de Macías
prohibió la importación de prensa y libros en español o
procedentes del extranjero. El narrador sin nombre de Los poderes
de la tempestad, la última novela de Donato Ndongo, lo vive en
carne propia. Cuando el narrador, acompañado de su esposa y de su
hija, llega al aeropuerto de Malabo, su equipaje es sometido a una
minuciosa inspección que casi acaba con él en la cárcel:
"Al
final habló el jefe:
-
Abre
la maleta grande(...)
-
Obedecí.
El baúl estaba lleno de libros.
-
¿Qué
es eso?
-
Preguntó
el jefe con una cara cada vez más sombría.
-
Libros,
camarada miliciano.
-
¿No
te han dicho que está prohibido introducir propaganda
subversiva en Guinea Ecuatorial?"(25)
Los
300 volúmenes que contenía el baúl fueron confiscados.
La
falta de espacio objetivo que aprehender dio lugar a una doble
circunstancia en el terreno de la producción cultural. Dentro del
territorio nacional, el discurso hegemónico-étnico nguemista se
adueñó de la realidad, instaurando un monólogo político y
cultural. En el exilio surgió el discurso de la resistencia
cultural guineano, que pretendía romper la muralla de silencio que
se erigió entorno a Guinea Ecuatorial. Desde una conciencia
periférica, marginal y precaria, el discurso de resistencia
ofreció voces y miradas alternativas, describiendo, desde la
distancia y discontinuidad territorial del exilio, el trauma
histórico, social y cultural que vivía Guinea Ecuatorial. En otras
palabras, la diáspora convirtió la precariedad y la marginalidad
en espacio y en plataforma de resistencia desde la cual se intentó
abrir una brecha en esa cultura monolítica. El discurso de la
diáspora guineana topó con muchos obstáculos en su intento por
salir a la luz pública. Con lo cual no llegó a alcanzar de forma
efectiva a los sectores ajenos a este circuito periférico.
La
poesía fue instrumento de expresión principal del discurso de
resistencia cultural en el exilio. Sus temas predilectos eran la
nostalgia u "orfandad de tierra", como lo llama Juan
Balboa Boneke, y la tematización del exilio. El tema de la orfandad
de tierra se expresa en evocaciones nostálgicas de Guinea
Ecuatorial como un espacio remoto y prohibido, pero idealizado a
través de la descripción de espacios naturales otrora cotidianos y
fácilmente reconocibles por los desplazados, tales como la vegetación,
los ríos, las playas y el clima. Así se manifiesta en poemas como Nostalgia
rebolana, Quiero vivir, Nostalgia (playa de Boloko),
de Juan Balboa Boneke, y en Nostalgia de mi tierra, de Pedro
Cristino Bueriberi Bokesa.
El
segundo eje temático de ese discurso de resistencia cultural gira
en torno al exilio como experiencia solitaria, alienante, dolorosa y
traumática. El exilio se manifiesta como un angustioso desarraigo
geográfico, económico y cultural, marcado, en muchos casos, por la
falta de comunicación interpersonal y la crisis de identidad, como
lo expresa Juan Balboa Boneke en su ensayo ¿Dónde estás
Guinea? (1978): "¿Quién soy yo? Se me ha arrancado de lo
que era mi realidad, mi experiencia, mi cultura (...). Ni soy de
aquí, ni soy de allá. Y cuando me descubro a mí mismo resulta que
para mis hermanos (mi pueblo), soy un extraño. Sigo sintiéndome
extraño en esta sociedad porque no acaba de sentirme comprendido,
porque no acabo de comprender" (11).
La
situación de incomprensión y de desarraigo que sufre el exilado es
recogida también por Francisco Zamora Loboch en El prisionero de
la Gran Vía (1984):
Si
supieras
que
no me dejan los días de fiesta
ponerme
el taparrabo nuevo
donde
bordaste mis iniciales
temblándote
los dedos de vieja.
Si
supieras
que
tengo la garganta enmohecida
porque
no puedo salirme a las plazas
y
ensayar mis gritos de guerra. (131)
El
exilio aparece como espera, esperanza, y búsqueda de identidad
dentro de un espacio exiguo y ajeno. También es vagancia y errancia,
como escribe Juan Balboa Boneke en ¿Dónde estás Guinea?:
"[Oh!
Guinea Patria mía
hoy
gimes y lloras de dolor,
A
voz en grito clamas
Y
lloras tu esclavitud,
en
tus hijos buscas tu Libertad
pero...éstos,
dónde están?]
Oh!
Guinea errante
Guinea
del exilio, ¿dónde estás?
Y
qué haces para tu madre salvar?" (103-04)
Y
María Nsué Angüe en Alfa y Omega (1984):
"Allá
en lejanas tierras
de
mi perdida infancia
duerme
un viejo amigo
en
negra fosa"(100)
El
exilio es también un espacio de tensión, de experiencias
solitarias, dolorosas y trágicas, como puede leerse en Morir en
el exilio (1987), de Anacleto Oló Mibuy:
"Padre:
Ha
muerto un guineano más.
No
importa sexo, tribu,
Circunstancias,
lugar.
Ha
muerto. Guineano,
hermano,
paisano
que
se apaga en un día,
y
como todos
con
la marca del exilio;
con
la soga de la nostalgia.
Y...
mueren para no volver
ni
a Guinea ni a la miseria" (34);
y
en El silencio de la nostalgia (1984), del mismo autor:
Hay
un silencio violento.
Una
nostalgia elocuente.
Hay
un silencio anochecido,
noche
de muertes blancas;
silencio
mudo de varios lutos,
sin
crespones negros (116-17).
La
agresión al cuerpo guineano, su mutilación y destrucción
sistemática es otra constante de ese discurso. Aparece en poemas
como "Epitafio" (1984), de Donato Ndongo-Bidyogo;
"Vencedores y vencidos" (1982), de Juan Balboa Boneke;
"Libertas"(1984), de Anacleto Oló Mibuy, entre otros
textos.
El
poemario Ceiba (1978), de Raquel Ilonbé, es el único texto
de ese período que no encaja del todo dentro del marco del discurso
de resistencia cultural descrito. Aunque la mayoría de los poemas
del libro fueron escritos entre 1966 y 1977, la situación de Raquel
Ilonbé, de su verdadero nombre Raquel del Pozo Epita, es diferente.
De padre español y de madre guineana, Raquel Ilonbé fue llevada a
la Península Ibérica al cumplir un año de edad. Allí se casó y
pasó toda su vida entre las ciudades de Burgos y Madrid, donde
falleció en 1992. Raquel Ilonbé no sufrió los rigores del exilio
en carne propia, ni los vivió con la misma intensidad dramática
que el resto de la diáspora. Además, Raquel Ilonbé pudo realizar
varios viajes personales a Guinea Ecuatorial durante el primer
nguemismo sin ser inquietada. En todo caso, Raquel Ilonbé puede ser
considerada, al menos cronológicamente, como la primera pluma
femenina de la literatura africana escrita en español.
La
prosa, de ficción y de no ficción, es el otro medio de expresión
y de denuncia que utilizó el discurso alternativo. Pero a
excepción de la colección de relatos Nueva narrativa guineana,
ese discurso adoptó el ensayo como forma de expresión y de
denuncia.
En
1977, Donato Ndongo Bidyogo publica Historia y tragedia de Guinea
Ecuatorial, un libro donde repasa la historia de Guinea
Ecuatorial desde la época colonial hasta la dictadura de Francisco
Macías. En la última parte, titulada Los años del silencio,
Donato Ndongo hace un análisis exhaustivo de la situación en
Guinea Ecuatorial bajo el terror nguemista y describe las difíciles
condiciones de vida del ciudadano guineano tanto dentro del país
como en el exilio.
¿Dónde
estás Guinea? (1978), Juan
Balboa Boneke, hace un repaso de la realidad socio-histórica y
política del proceso que llevó al advenimiento de la dictadura de
Francisco Macías. El libro es también una reflexión sobre el
nguemismo y sus consecuencias sobre la decadencia de la identidad
propia y de la política y social del ser guineano y de su realidad.
Juan Balboa aboga por la reconciliación como primer paso hacia la
construcción de un proyecto nacional común y plural.
En
1985, Eugenio Nkogo Ondó publica El problema humano, una
colección de 23 ensayos escritos entre 1973 y 1977, donde recoge la
experiencia traumática y dramática del exilio y de la diáspora.
Sin embargo, el texto de Nkogo Ondo no se limita al drama guineano,
sino que contempla también la realidad del Africa subsahariana en
los años setenta, a través de la tragedia de otros exiliados
africanos cuyas circunstancias eran parecidas a las suyas.
Reflexiona sobre una experiencia común (un "dolor común"
como diría el congoleño Pius Ngandu Nkashama), la del
desplazamiento, de la vagancia, de la dislocación y de la búsqueda
constante.
Nueva
narrativa guineana (s.f.),
es el único texto narrativo de este periodo. Fue publicado junto
con un pequeño poemario titulado Poetas guineanos en el exilio,
y ambos libros vieron la luz, según Donato Ndongo, "con el fin
de recaudar fondos para uno de los movimientos políticos
antimaciísta". Esos libros representan el mejor y más patente
testimonio del discurso de resistencia antimaciísta. Nueva
Narrativa consta de cuatro relatos cortos: El Sueño, de
Donato Ndongo-Bidyogo; La travesía, de Francisco Abeso
Nguema; La última carta del Padre Fulgencio Abad, C.M.F., de
Maplal Loboch, y Bea, de Paco Zamora Loboch. Los cuatro
relatos tratan de la testerritorialización, de la separación
involuntaria o forzosa de la tierra natal.
HACIA
LA MADUREZ
El
tres de agosto de 1979, el llamado "golpe de libertad",
puso fin al régimen tiránico de Francisco Macías. Era el tiempo
de la esperanza. Así lo recoge Juan Balboa Beneke en su poema
"Tres de agosto 1979" (1987)
"Y
florecieron las sonrisas
y
la brisa de esperanza
que
refrescó los hogares
camino
de un futuro
aún
por imaginar" (49)
En
los años 80, mientras "los espíritus se estaban
serenando", en palabras de Donato Ndongo Bidyogo, Guinea
Ecuatorial se embarcó en lo que parecía ser un proceso de
redefinición y de reconstrucción de un proyecto nacional viable,
plural e incluyente. El 6 de junio de 1982, en una ceremonia de
entrega de galardones a artistas e intelectuales guineanos y
extranjeros celebrado en el Estadio de la Paz, el Presidente Teodoro
Obiang afirmó: "La cultura debe ser considerada en mi Gobierno
como prioridad absoluta, ya que sin ella el pueblo de Guinea
Ecuatorial no podría asumir positivamente el proceso de la
Reconstrucción y Reconciliación Nacional".
No
estamos seguros de si fue una coincidencia o no, pero se inició lo
que podría calificar de renacimiento cultural. Fue un proceso doble
y simultáneo que ocurría en dos lugares distantes y diferentes:
España y Guinea Ecuatorial. El primero se originó en España
coincidiendo con el proceso democrático español. Durante el mismo,
la diáspora guineana no sólo gozaba de mayor libertad de
movimiento y expresión, sino que se vio sometido a menos trabas de
parte de las autoridades españolas, pero sin recibir ninguna clase
de apoyo. Fue, pues, dentro de ese contexto que empezó lo que el
novelista argelino Mouloud Mammeri denomina "l´itinéraire de
la lucidité", un proceso de autodescubrimiento y de
autocomprensión enfocado hacia la recuperación de esa realidad
dislocada. Los primeros textos del primer posnguemismo empiezan a
aparecer a principios de los años 80. El ciclo español se inicia
hacia 1981, con la publicación de Leyendas guineanas, de
Raquel Ilonbé, una colección de relatos tradicionales recolectados
por la autora en sus viajes a Guinea Ecuatorial. Durante los mismos,
recorrió todo el territorio nacional, según ella, "en busca
de sus raíces". El libro, dedicado "a todos los niños
guineanos y a los de los cinco continentes", auguraba un futuro
muy pometedor para la literatura infantil en Guinea Ecuatorial, pero
no ha sido el caso. Luego siguieron dos poemarios: O´Boriba (El
exilado) (1982) y Susurros y pensamientos comentados. Desde
mi vidriera (1983) ambos de Juan Balboa Boneke, donde el autor
recoge la larga experiencia del exilio. Juan Balboa, dicho sea de
paso, dedicó casi toda su obra a explorar distintos aspectos del
exilio.
En
1984, sale Antología de la literatura guineana, de Donato
Ndongo-Bidyogo, libro que marca un hito insoslayable para cualquier
estudioso de la literatura hispano-africana, ya que representa el
primer esfuerzo sostenido y sistemático de recogida de la
producción cultural guineana desde la época colonial hasta la
independencia. El crítico congoleño Wilfrid Miampika afirma que la
publicación de esta antología marca el nacimiento de lo que define
como "literatura posible", por poner la primera piedra de
lo se podría llamar una "literatura emergente" en
palabras de Donato Ndongo-Bidyogo. Un año más tarde, María Nsué
Angüe publica Ekomo, la primera novela escrita por una mujer
guineana, aunque no la primera novela de Guinea Ecuatorial como
afirma el Profesor Vicente Granados. Ekomo es una novela que
ha despertado un gran interés entre los críticos, y nos parece que
es también una de las primeras obras, si no la primera, de la
literatura hispanoafricana en ser traducida a otro idioma. En 1987,
sale un texto clave: Las tinieblas de tu memoria negra, de
Donato Ndongo-Bidyogo porque es la novela que ha sido objeto del
mayor número de estudios de la literatura hispanoafricana. Las
tinieblas... , dicho sea de paso, es la primera entrega de una
trilogía cuya segunda parte, Los poderes de la tempestad
salió en 1997, es decir, 10 años más tarde. Si bien Las
tinieblas..., que tiene todas las características de un Bildungsroman,
explora la situación colonial a través de la mirada inocente de un
niño, Los poderes de la tempestad, en cambio, examina la
realidad guineana durante lo que el autor llama "los años de
desgobierno de Macías". En resumen, resaltar que la
producción literaria de Donato Ndongo está marcada y dominada por
un sólo tema, según él: "la búsqueda de las señas de
identidad del guineano. Creo, que necesitamos saber quiénes somos y
por qué somos como somos".
En
el año 1999 fue uno de los más prolíficos, ya que salen los
poemarios Löbëla, de Justo Bolekia Boleká, primera
incursión de este profesor universitrio e investigador en el
terreno de la literatura, y Memorias de laberinto, de
Francisco Zamora, también su primer poemario, aunque es menester
recordar que el autor lleva escribiendo desde los años 60,
explorando géneros tan dispares como la narración corta, la
poesía, la música y el ensayo. Ese mismo año, se publica La
Carga novela corta de Juan Tomás Avila Laurel, y en el 2000, Cenizas
de Kalabó y Termes, la primera novela de José Siale Djangany,
un texto con fuertes matices autobiográficos en la línea de textos
anteriores escritos por otros autores. Y más recientemente (2002), Nadie
tiene buena fama en este país, de Juan Tomás Avila Laurel.
El
ciclo español está en auge debido al "descubrimiento",
por fin, de las literaturas del sur por las editoriales españolas.
El
otro ciclo tiene su foco en el Centro Cultural Hispano-Guineano de
Malabo, fundado a principios de los años 80. La misión del centro
es, entre otras, "la activación de la vida cultural,
artística, folklórica, educativa de nuestro país", es decir,
promover actividades y difundir la cultura guineana e hispánica en
el país y en el extranjero. Además de organizar un amplio abanico
de actividades culturales, el Centro dispone de una editorial y
publica dos órganos, Africa 2000, que ya no circula, y El
Patio, dirigido por Juan Tomás Avila Laurel. La revista Africa
2000 ha jugado un papel primordial en la promoción y difusión
de la literatura guineana escrita en español. Por un lado, dio a
conocer en Guinea Ecuatorial la obra de los escritores del exilio y
la de aquellos cuya trayectoria literaria se inició fuera del
país. Por otra parte, sirvió de trampolín a los escritores
noveles que estaban dando sus primeros pasos narrativos o líricos
al abrirles sus páginas. Ese es el caso del malogrado narrador
Antimo Esono Ndongo, de los poetas Carlos Nsue Otong, Gerardo Behori
Sipi, Jerónimo Rope y de los narradores y novelistas María Caridad
Riloha, Desiderio Mbomio y Joaquín Mbomio Bacheng.
Junto
a ellos, se podía encontrar a veteranos de la pluma, pero
desconocidos en el país, como Anacleto Oló Mibuyi y María Nsué
Angüe entre otros. La editorial del Centro, fundada por Donato
Ndongo Bidyogo (Director adjunto del Centro Cultural
Hispano-Guineano de 1985 a 1995), ha desempeñado un papel de suma
importancia en dar a conocer la literatura guineana tanto dentro
como fuera del país. Para dar cabida a los distintos y diversos
intereses intelectuales que iban surgiendo en el escenario cultural,
se crearon diferentes series editoriales llamadas
"colecciones". La "Colección Poesía", por
ejemplo, publicó varios poemarios y antologías, entre las cuales
destacan Sueños en mi selva (1987), de Juan Balboa Bonete, Voces
de espumas (1987), de Carioca Bobeas Nao; Requiebros
(1992), de Juan Balboa Bonete, y más recientemente, Poemas
(1994), de Juan Tomás Avila Laurel y Album Poético (1995).
De Jerónimo Rope Bomabá. La "Colección Relatos",
empezada en 1994, cuenta con Adjá-Adjá y otros relatos
(1994), de Maximiliano Ncogo, y Relatos (1999/2000), de
María Nsue Angüe. La "Colección Narrativa", la más
amplia, incluye tanto a autores guineanos como extranjeros. Entre
las obras publicadas dentro de esta colección destaca El Tambor
(1990), de Iñigo de Aranzadi, un bello libro para niños, y
diríamos que para adultos también; las novelas El párroco de
Niefang (1996) y Huellas bajo la tierra (2000), de
Joaquín Mbomio Bacheng, y El esqueleto de un gigante (1999),
una novela corta un tanto singular, ya que tiene dos autores, un
camerunés, Roberto Marie Johlio, y un español Pablo Viñales. El
último título de esta colección es El desmayo de Judas
(2001), de Juan Tomás Avila Laurel. Finalmente, la "Colección
ensayos" muy extensa y variada y la "Colección literatura
popular" cuyo primer título, Rusia se va a Asamse, de
Juan Tomás Avila Laurel, salió en 1998.
El
único libro que no encaja dentro de esta periodización es El
reencuentro. El retorno del exilado (Ediciones Guinea, 1985) de
Juan Balboa Boneke, la primera incursión de este poeta en el
terreno de la novelística. Ediciones Guinea, fundada por el
gobierno de Teodoro Obiang Nguema, forma parte de la estrategia del
poder para controlar la producción y circulación de ideas. La
creación de Ediciones Pángola, del Centro Cultural
Hispano-Guineano a finales de los 90, es muy importante para la
labor de difusión de la literatura hispanoafricana. Hasta la
actualidad dicha editorial ha publicado una serie de textos
inéditos en ficción, y ensayos como el poemario Historia
íntima de la humanidad (1999); el ensayo histórico El
derecho de pernada (2000) y Awala cu Sangui (2000), todos
de Juan Tomás Avila Laurel. Ediciones Pangola debería quizás
diversificar su oferta bibliográfica con la publicación de obras
de otros autores.
El
teatro es un género que ha recibido muy poco apoyo y menos aún
atención crítica. Si bien ha habido expresiones teatrales
vigorosas en Guinea Ecuatorial a partir de los años 70, con las
representaciones pioneras de grupos o asociaciones culturales como
el Grupo Afro-Bantú y, más tarde, el Grupo Arena Blanca, el Grupo
Don Pastor, el Grupo Esaa y el Grupo Luna loca, el teatro no ha
tenido el mismo auge que la novel o la poesía. Quizás sea ésta
una de las razones que ha mantenido a muchos escritores alejados de
este género. José Siale Djangany, por ejemplo. Ha escrito varias
obras teatrales inéditas en francés, español y en lenguas
nacionales, pero no han llegado a ser publicadas. Sin embargo, el
esfuerzo de algunos autores está dando frutos, como el caso de
Pancracio Esono, que ha publicado La tortuga y el rayo, de
Trinidad Morgades Besari, con Antígona; Los hombres
domésticos (1993) de Juan Tomás Avila Laurel, y La sombra
de un sueño (1999), de Bienvenido Ivina Esua, lo cual parece
indicar un renovado interés por este género literario.
La
literatura escrita por mujeres es, sin lugar a dudas, la gran
ausente, al menos por ahora, del tremendo auge de la literatura
hispano-negroafricana. Si bien hay autoras como María Nsue, que han
explorado distintos géneros como la novela, el relato corto y la
poesía, o María Caridad Riloha, con el cuento, o Trinidad Morgades
Besari, que se ha adentrado en un terreno poco pisado como el teatro
con su obra Antígona, aún queda bastante camino por
recorrer pero confiamos que no será por mucho tiempo.
UNA
NUEVA GENERACIÓN
En
la actualidad, dos generaciones de escritores conviven en el espacio
literario africano hispano. Por un lado, está la generación del
exilio, que Juan Balboa llama la "generación perdida",
cuya experiencia literaria contempla dos procesos de alienación
violenta: la de la época colonial y la de las dos dictaduras
nguemistas. La mayoría de sus integrantes aún viven y escriben
desde el exilio. En cuanto a la otra generación, es la de la
segunda República. Sus integrantes no vivieron en carne propia los
horrores de la primera dictadura nguemista; sin embargo, intentan
sobrevivir bajo la realidad autoritaria de lo que Juan Balboa llama Obiangnguemismo.
Los textos de estos autores empiezan a aparecer en los años 90 y su
escritura explora una problemática diferente, como se puede
apreciar en los libros de autores como Maximiliano Ncogo o Juan
Tomás Ávila Laurel, ambos integrantes del "nuevo costumbrismo
nacional" o "nueva narrativa nacional". En poesía,
los escritores de esta generación hacen incursiones en nuevas
sendas líricas, al tiempo que exploran con fuerza, atrevimiento y,
cómo no, riesgo, las distintas posibilidades del lenguaje poético,
llegando hasta límites imposibles, como lo ilustran los poemas de
Justo Bolekia, Gerardo Behor Sipi, Carlos Nsue Otong, Jerónimo Rope
o el mismo Juan Tomás Ávila Laurel.
En
el rebufo de estas dos generaciones de escritores,
guineoecuatorianos todos, empieza a emerger un tercer grupo de
creadores: el de los africanos radicados en España por las
vicisitudes de la vida; dichos autores escriben en español, pero no
son de Guinea Ecuatorial. Proceden de otros países del continente y
de distintas realidades culturales e históricas. Sus experiencias
se intersectan en el uso de una lengua común y ajena: el
castellano. Dentro de este contexto, podemos mencionar al camerunés
Robert Marie Johlio, autor de la novela corta El esqueleto de un
gigante (1999), que nos introduce en el mundo tradicional de su
tierra natal. Johlio no vive en España, sino en Camerún, donde
ejerce las funciones de inspector de enseñanza de lengua española.
Inongo Vi-Makomé, en cambio, es un novelista, ensayista y narrador
camerunés radicado en Barcelona desde hace muchos años. Se
trasladó a la ciudad condal para efectuar estudios de medicina
cuando era muy joven. Autor prolífico, su obra se puede dividir en
tres áreas expresivas: la novela, los relatos para niños y el
ensayo. De su extensa bibliografía destacaremos la novela La
rebeldía (1997) y el ensayo España y los negros africanos
(1990). Colaborador asiduo de la prensa catalana sobre temas de
inmigración, Vi-Makomé es el único escritor africano cuya obra ha
sido traducida al euskera.
Autores
como Abdel Hamed Beyuki o Mohamed El Gheryb, en cambio, nos
presentan otra visión de África, la norteafricana. Los libros de
estos autores giran, en su mayoría, en torno a la experiencia
migratoria de los marroquíes en España. Asimismo, textos como La
transición en Marruecos (2000), de Abdel Hamid Beyuki; Dormir
al raso (1993), de Mohamed El Gheryb y las obras de teatro, El
diablo de Yudis (1994), de Ahmed Daoudi y Ardor, de
Nouman Aoraghe, se enmarcan dentro de esta nueva corriente de la
literatura africana escrita en español. La practica escritural de
estos autores está marcada por lo que el crítico Réda Bensmaïa
llama el "nomadismo", una practica cultural que fluctúa
entre distintas expresiones literarias coetáneas que, en algunos
casos, llegan a intersectar.
En
escritores como Robert Marie Johlio e Inongo Vi-Makomé, este
movimiento se da al menos entre tres prácticas literarias
paralelas: dos en lenguas de préstamo, el francés y el español,
marcadas por la hibridez, y otra en lengua vernacular y oral, el
Bamileké en el caso de Johlio, y el Batanga, para Vi-Makomé,
caracterizada por su movilidad y versatilidad. Asimismo favorece la
interacción entre distintas plataformas literarias como el cuento,
el canto, el mito, la poesía y los refranes. En el caso de los
escritores maghrebíes que se expresan en español, este movimiento
interactivo y fluctuante contempla cuatro espacios lingüísticos y
literarios: la creación en árabe culto, que recoge la experiencia
de la nación árabe-islámica; la del árabe vernacular y oral,
como el berber, marcada por el pragmatismo, la flexibilidad y la
movilidad, y que contempla las grandes gestas y los mitos de la
historia del pueblo y el imaginario árabe. Y por último, la
literatura que se expresa en las lenguas de préstamo como el
castellano y el francés. Por lo tanto, estos creadores culturales
ya no se pueden, ni deben, identificar meramente como alguien que
escribe o que sólo sabe escribir en castellano, en este caso, sino
como un individuo que realiza un vaivén cultural, escritural y
estético polivalente entre expresiones literarias diferentes y
contemporáneas.
Esta
nueva realidad cultural nos lleva pues, a replantear y a ampliar,
claro está, el marco conceptual que propusiéramos al principio de
este trabajo. Por lo tanto, junto a la propuesta de "literatura
hispanoafricana" de Donato Ndongo, queremos sugerir también la
de "literatura africana hispana" para describir la
producción cultural de todos los escritores africanos que usan el
castellano como vehículo de expresión artística.
Citemos
a Donato Ndongo-Bidyogo (1998) a modo de conclusión: "La
literatura hispoafricana (...) está llamada a ser el tercer
vértice del eje afro-hispano-americano, que configura hoy la
geografía lingüística de nuestro idioma común. A poco que se
estimule, cumplirá su papel en la tarea de revitalizar la lengua y
cultura en español, que ya no pueden ser comprendidas si las
desgajáramos del aporte negro, como demuestran las obras de
Nicolás Guillen, Manuel Zapata Olivella, Adalberto Ortiz o
Nicomedes Santacruz" (9).
Cerrando
quisiéramos señalar que la literatura africana hispana es ya,
desde hace tiempo, "una literatura real", por usar la
expresión de Wilfrid Miampika, o, en palabras de Donato Ndongo-Bidyogo,
"literatura a pesar de todo"; es decir, dinámica,
creativa y original. Si bien la mayoría de los creadores aún viven
en la precariedad y la marginalidad del exilio, forzado o
voluntario, siguen reflexionando, desde la atalaya de esa periferia,
sobre el ser africano. Dicha producción cultural es un eslabón muy
importante de la literatura africana por su carácter de puente
cultural entre África (negroafricana y árabo-berbere), Europa y la
diáspora afro-hispanoamericana.
________________________________
(1) Queremos
resaltar aquí dos excepciones: la Universidad de León, donde los
estudios sobre la literatura africana en español y la africana en
general van abriéndose camino gracias a los trabajos de la
profesora Marta Sofía López Rodríguez, que es una de las
organizadoras del evento académico las Jornadas Africanistas. La
Universidad de Vigo organiza periódicamente un congreso sobre
Estudios Poscoloniales, durante el cual se da cabida a la literatura
africana en español. Y finalmente, resaltar la labor extraordinaria
llevada a cabo en este sentido por el Centro de Estudios Africanos
de la Universidad de Murcia.
(2) Prólogo. Diálogos
con Guinea [Mbare Ngom, Faye]. Madrid, Labrys 54. 1996.
(3) Jacques Chévrier
(Coordinador) "Grands Ecrivains d´Afrique Noire et du Magreb",
Jeune Afrique PLUS nº 7, Mai 1984.
(4) Volumen 19, Número 1, (Primavera
2000), en torno al tema: "Guinea Ecuatorial: textos y contextos
culturales e históricos".
(5) El congreso, auspiciado por el "Institute
for Languages of the African Diaspora" de dicha universidad,
tuvo lugar del 11 al 15 de mayo de 1999 en la ciudad de Columbia en
el estado de Missouri. Hace poco, la revista Notre Librairie dedicó,
por fin, algunas páginas a la literatura africana en español, con
un estudio introductorio sobre dicha producción cultural, una
entrevista a Donato Ndongo-Bidyogo y una reseña a la versión
francesa de Ekomo, de Maria Nsue. Ekomo es, que
sepamos, la primera novela africana hispana traducida a otro idioma,
el francés en el caso que nos ocupa. Las Tinieblas de tu memoria
negra, de Donato Ndongo, se está traduciendo también al
francés, y aparecerá próximamente en Ediciones Gallimard.
(6) El congreso de Murcia fue organizado
por el Centro de Estudios Africanos de la Universidad de Murcia,
cuyo director es Donato Ndongo-Bidyogo; el de Madrid fue auspiciado
por el Colegio Mayor Nuestra Señora de Africa, y tuvo lugar los
días 1 y 2 de diciembre de 2000. También, destacar la salida del
número monográfico de la revista Extramuros, "Al Sur
del Sahara" (nums, 15-16. Diciembre 1999) que incluye a
escritores de Guinea Ecuatorial.
(7) En 1975, el reino de Marruecos organizó la llamada
"Marcha Verde" que culminó con la ocupación
"pacífica" de esta otrora colonia española, y, desde
entonces, este territorio está bajo ocupación militar marroquí.
(8) La literatura guineana, una realidad emergente, Mundo
Negro, núm 274 (febero 1985): 23
(9) Creemos que tampoco hubo representación guineana en
los dos grandes congresos panafricanos, Paris 1919 y Manchester
1945, organizados por el norteamericano W.E.B. Du Bois.
(10) Donato Ndongo-Bidyogo, Introducción,
Antología de la literatura guineana, Madrid, Editora
Nacional, 1984: 22.
(11) Mbaré Ngom Fayé, Op. cit., p. 33.
(12) La represión nguemista creó una de
las mayores diásporas del África de la "primera
independencia". Escribe Donato Ndongo Bidyogo: "(...) han
salido del país 160.000 personas, en su mayoría jóvenes. Esta
cifra adquiere su verdadero significado si tenemos en cuenta que,
según las estimaciones más corrientes, Guinea Ecuatorial tiene una
población de 300.000 habitantes.".
"10 años de un régimen impopular", Mundo
Negro, núm. 204, Oct. 1978: 33-37.
(13) Véase M. Djibril y Ch. Koume, "Guinea
Ecuatorial. El gulag africano". Mundo Negro, año XIX,
núm 204, Octubre de 1978: 30-32.
(14) Correspondencia epistolar del autor desde Malabo,
Guinea Ecuatorial, con fecha del 22 de octubre de 1992.
(15) En enero de 1971, el gobierno español
declaró Materia reservada a toda información relativa a
Guinea Ecuatorial, la ley estuvo vigente hasta octubre de 1976.
(16) Francisco Abeso es el seudónimo usado
por Donato-Ndongo Bidyogo en algunos de los primeros textos que
publicó.
(17) Donato Ndongo-Bidyogo, "La literatura guineana:
una realidad emergente", Mundo Negro, num. 274 (Febrero
de 1985): 23-25.
(18) El título de la versión francesa de Ekomo es, Ekomo,
au coeur de la foret guinéenne, 1995.
(19) Verónica Pereyra, "Donato Ndongo: el grito del
África profunda", Pueblos del Tercer Mundo, num 279.
Nov, 1997: 41.
(20) Esta editorial tuvo una vida muy corta
y se dedicó sobre todo a publicar libros escritos por los allegados
al poder. Queremos recordar que cuando Juan Balboa publica su
novela, era Consejero Presidencial. Después sería miembro del
gabinete ministerial del gobierno de Teodoro Obiang Nguema. [Para
completar la información sobre Juan Balboa Boneke, decir que acabó
rompiedo con el régimen de Obiang y hubo de regresar al exilio en
el que vive desde hace ya varios años. Nota de Asodegue]
(21) Este es el caso de
"Pretérito Imperfecto", obra teatral de Juan Tomás Avila
que no ha llegado a ser publicado.
(22) Entre los
textos para niños escritos por Inongo citemos, Akono y Belinga:
el muchacho negro que se transformó en blanco, 2ª edición,
(1993); Bemama, cocos monstruos (1993); La boda del
elefante (1993); Los cuatro amigos (1993); Singui y
Etoli (1994), y Danga y el tambor (2002).
(23) Laa obra de teatro Ardor, de Nouman
Aoraghe, fue representada en Toledo.
(24) Réda Bensmaïa. "Territoires de la
francophonie", Le francais a l´université, nº 4 (4e semestre
2002):5.
(25) En este caso, estamos parafraseando a
Bensmaïa, que se refiere a los escritores francófonos como "celle
ou celui qui écrit ou ne peut écrire qu´en français". 5
OBRAS
CONSULTADAS
Balboa
Boneke, Juan, O´Boriba (El exiliado), Mataró, Agrupación
Hispana de Escritores, 1982.
-,
Sueños en mi selva. Antología poética. Malabo, Ediciones
del Centro Cultural Hispano-Guineano (CCHG), 1987.
-,
Susurros y Pensamientos comentados; Desde mi vidriera. Palma
de Mallorca, Imprenta Politécnica, 1983.
-,
¿Dónde estás Guinea?, Palma de Mallorca, Imprenta
Politécnica, 1978.
Bensmaïa,
Réda, "Territoires de la francophonie", Le Français
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distribuido por ASODEGUE
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