DOCUMENTOS ASODEGUE ABRIL 2003

 

 

 

 

 

 

 

 

1 de abril de 2003

 CULTURA, DERECHOS HUMANOS Y PETRÓLEO EN GUINEA ECUATORIAL

    El sábado 15 de febrero de 2003 se inauguró el Centro Cultural Españolen la ciudad de Malabo, capital de la República de Guinea Ecuatorial. El edificio no sólo es vistoso, también resulta funcional y bien acondicionado para sus fines. A primera vista la obra posee un indudable interés para los habitantes de Malabo y en alguna medida también para los del resto del país.

    A tenor de las palabras del máximo representante del gobierno español en el acto de inauguración, el Secretario General de la Agencia Española de
Cooperación Internacional, que estuvo acompañado por el ministro delegado de Cultura y Turismo y por el ministro de Asuntos Exteriores, ambos de Guinea Ecuatorial, cabe esperar que sea un lugar donde se impulsen las manifestaciones culturales de ambos pueblos, ya que hizo hincapié en que el centro es la casa que acoge a ambas comunidades y que está principalmente al servicio de los ecuato-guineanos. Por su parte, el Ministro de Asuntos Exteriores contestó al discurso del Secretario de Estado recalcando en dos o tres ocasiones que el nombre del centro, que sustituye al anterior, el Centro Cultural Hispano-Guineano, no debería haber omitido esta dualidad.

    Al margen del significado político de ambas intervenciones, que aprecian fácilmente los conocedores de las relaciones entre los respectivos gobiernos, se puede prestar atención a un hecho desapercibido que tenía lugar al mismo tiempo a unos pocos centenares de metros del Centro Cultural y que plantea graves dudas sobre la voluntad de uno y otro gobierno para dar plena satisfacción a los fines que se proponen con esta nueva obra de la cooperación española en su antigua colonia.

    En el centro de la Seguridad Nacional de Guinea Ecuatorial, bajo el férreo mando de un hermano del presidente de este país, se presentó un profesor universitario español con seis libros de estudio y la carta de un colega dirigida a su doctorando, un ecuato-guineano encarcelado junto con otras 55 personas tras la celebración del juicio que tuvo lugar en junio de 2002 contra los opositores a la dictadura de Teodoro Obiang. Allí solicitó un permiso extraordinario para visitar a ese preso y hacerle llegar los libros, además de para hablar sobre el avance de su tesis y sus necesidades educativas y personales.

    El jefe de la Seguridad Nacional se negó completamente a acceder a la petición, no quiso ni dialogar sobre la misma y terminó por quedarse con los libros sin ofrecer garantía alguna sobre su destino, además de amedrentar al profesor y rechazar tajantemente su propuesta de presentar la misma petición por escrito y demorarla para otra ocasión más favorable.

    Amnistía Internacional (AI) considera que este licenciado en España y doctorando en una universidad española, así como el resto de encarcelados, son presos de conciencia, es decir, que lo han sido injustamente, ya que no han cometido ningún crimen, menos aún han empleado o animado la violencia política. Están presos por ser opositores (AI: Guinea Ecuatorial. Una parodia de juicio para aplastar a la oposición: AFR 24/014/2002). Algunos han muerto en prisión, a los demás se les tortura de varias maneras y sus condiciones de vida son inhumanas, así que no es de extrañar que su educación, aunque es un derecho humano, sea denegada sin miramientos.

    Cuesta creer que un régimen dictatorial que encarcela así a los jóvenes más brillantes que le quedan, pues muchos se han ido al exilio para evitar ese destino infeliz, pueda ofrecer un horizonte cultural digno de ese título. También cuesta creer que el gobierno español, que conoce sobradamente esta situación, pueda ofrecer una esperanza a esos presos y al resto de ecuato-guineanos algo más libres, o sea, los que están fuera del penal de Black Beach en Malabo y otros en la zona continental del país, con la apertura del Centro Cultural Español.

    Hace dos años, el 16 de Octubre de 2001, Obiang pronunció un discurso en el II Congreso Internacional de la Lengua Española, celebrado en Valladolid, al que había sido invitado por el gobierno español. Además de realizar algunas declaraciones protocolarias y emitir algunas frases manidas sobre valores culturales y solidaridad entre los pueblos hispano-hablantes, dijo que "en la actualidad, Guinea Ecuatorial está desempeñando un papel importante en el continente africano, en especial, en el ámbito cultural, después del descubrimiento de petróleo en el año 1991".

    Hay que preguntarse si la promoción por parte de España de la cultura en Guinea Ecuatorial pasa por invitar a Obiang a participar en congresos de
la lengua y por el establecimiento de un centro cultural en un país en el que no existe la libertad de prensa ni de edición, en el que sus escritores se han marchado al exilio, en el que manifestar una sencilla opinión contraria al régimen puede llevar a la cárcel a su autor, en el que no hay librerías ni bibliotecas públicas, en el que no existe la libertad de cátedra, en el que un estudiante no puede recibir libros en la prisión. ¿Cómo va el centro cultural a ser la casa de los ecuato-guineanos si éstos no pueden hablar, escribir, enseñar ni crear nada con libertad? Ni siquiera muchos universitarios pueden visitarla por estar presos o exiliados. ¿Qué contribución a la cultura puede realizar Obiang además de leer un discurso que está del todo alejado de la realidad?

    Por otro lado, hay que pensar que si se trata de prestar un servicio a los ecuato-guineanos en el ámbito de la cultura, lo que realmente necesita Guinea Ecuatorial con urgencia no es un centro cultural. El apoyo para el logro de la libertad y el establecimiento de una democracia verdadera es seguramente mucho más conveniente hoy día para el desarrollo cultural del país a medio y largo plazo, que la apertura de un centro cultural y la oferta de actividades variadas en manos de extranjeros, todo ello destinado a la minoría de habitantes de Malabo que tiene acceso al mismo.

    ¿De qué sirve que Obiang hable de un papel importante de su país a partir de 1991? De nada, sólo son palabras. Peor aún, tienen un efecto nocivo. La única televisión, controlada por él mismo, emite una y otra vez discursos como el de Valladolid y los actos en los que Obiang participa junto a otros jefes de Estado y de gobierno. Esas imágenes, pura propaganda, le dan una apariencia de respetabilidad en el exterior, que no tiene en su país, y le ayudan a mantenerse en el poder. Resulta evidente que los "actos culturales" del tipo que sean, si no se llevan a cabo en un ámbito de libertades democráticas, lejos de contribuir a la promoción de la cultura, contribuyen a la promoción de la dictadura.

    En el discurso de inauguración pronunciado por las autoridades de Guinea Ecuatorial, se solicitó la apertura de más centros como el de Malabo. Lo que en palabras más o menos solemnemente pronunciadas en actos protocolarios aparece como un deseo de mayor colaboración cultural y por ende como un deseo de incrementar las buenas relaciones entre dos países, tiene desgraciadamente otra interpretación menos altisonante pero más cercana a la verdad. Dicho lisa y llanamente, lo que el gobierno de Guinea Ecuatorial pide es que los gobiernos y las empresas de países que extraen beneficios de la explotación de los recursos naturales del país, empleen aunque sea una mínima fracción de los mismos en obras de tipo social y cultural, a pesar de que dicha financiación le corresponde por entero a él y a nadie más. ¿Para qué valen los beneficios del petróleo entonces si no es para sufragar todos los gastos sociales, centros culturales incluidos?

    Si el gobierno de Guinea Ecuatorial consigue que sean otros los que paguen algunas de las facturas que tendría que pagar, tanto mejor para sus ministros y altos cargos, que pueden seguir con su rapiña despiadada, esto es, el acaparamiento de todos los beneficios que no se llevan las empresas extranjeras. Se trata del reparto de las riquezas de un país entre los que las explotan, los extranjeros principalmente, y las elites nacionales que les facilitan el acceso a esas riquezas a cambio de mantener a la población a raya, lejos de aquellas y encarcelada si llega el caso, o sea, si piden lo que les corresponde porque es suyo. Toda la operación consiste en lucrarse con las comisiones de los derechos de explotación y dejar a la población abandonada a su suerte confiando en que las organizaciones no gubernamentales y las agencias de cooperación extranjeras inaugurarán dispensarios, escuelas y centros culturales. Mientras tanto, las cifras del petróleo son desconocidas, se mantienen en secreto, no se puede hablar de ellas bajo pena de prisión.

    Aunque no se conoce de momento con exactitud la fortuna de Obiang y de sus familiares allegados, se sabe que transfiere a Estados Unidos enormes cantidades de dinero derivadas de los contratos de explotación firmados con empresas petrolíferas y madereras. El precio de una de las mansiones adquiridas por Obiang en Maryland asciende a 2.6 millones de dólares, según escribe Ken Silverstein en Los Angeles Times el 20 de enero de 2003, en su artículo titulado "¿Se guardan en cuentas secretas de un banco de Estados Unidos los millones del petróleo de Guinea Ecuatorial?" ¿Cuántos centros culturales como el español recién inaugurado puede construir en su país el dictador con los dineros de las casas que compra en Europa y América?

    Si se piensa en los miles de millones de dólares que genera el petróleo y se admite que pertenecen al pueblo de Guinea Ecuatorial, la verdadera política cultural no ha de ser otra que la de alentar y dar cauce a la creación artística e intelectual que produzca el pueblo, en lugar de inaugurar centros culturales pagados por el gobierno de otro país. Claro está que España no es la única que tiene una "política cultural" de este tipo, otros países también realizan las suyas en Guinea Ecuatorial. Por su lado, las grandes compañías petrolíferas inauguran centros de formación y de otro tipo. Pero eso no le ha de servir a España de coartada: la política cultural no se hace a base de conciertos, de exposiciones de fotografía, de representación de obras de teatro, de conferencias. La cultura de un país no se impulsa desde el exterior.


    Afortunadamente, la cultura de un país no se puede encerrar en las prisiones en el interior. Sabemos lo que hace el gobierno de Guinea Ecuatorial con sus ciudadanos. ¿Qué hace España por ellos si ni siquiera consigue entregar unos libros a un estudiante?

 

    (Artículo del profesor de la UNED Agustín Velloso que aparecerá en el número de abril de la revista Mundo Negro) 

 

Editado y distribuido por ASODEGUE

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