"Guinea Ecuatorial entró en
el concierto de naciones como un país totalmente
desangelado de dirigentes y hombres con sentimientos y
sentido de Estado. Posiblemente haya ocurrido lo mismo
en otras partes, pero en nuestro caso los desastres
acompañaron aquella situación en una cantidad
descomunal, colocando la dirección y promoción de
aquella emancipación política, catalogable de autentica
escandalera, en manos de algunos de los más conspicuos
irresponsables del solar. Y así nos ha ido desde
entonces.
Tan es así que Nguema I
llegaba al poder en la creencia de que todo un país –no
importan ni el tamaño ni la población- era de su
heredad. Es decir, no tenía ni la más pijotera idea de
lo que era un Estado. Y como era de prever, cinco meses
bastaron para que se produjera la santificación y muerte
de los derechos adquiridos, del progreso, adjuntando al
pack la anulación de las voces de otras nacionalidades
internas y la de algunas zonas continentales
disconformes con el nuevo credo. Era aquella la ley de
la selva, administrada por un salvaje acompañado por sus
cachorros en marcha. El “nguemismo” había nacido y
acampaba entre nosotros. Hasta aquí, nada nuevo al
aparato.
Nguema II, o lo que es lo
mismo, TONM ha coronado treinta y un agostos con la
misma cantinela. Como dijo un experto en “guineología”,
su predecesor creó el terror y este lo administra
sabiamente para mantener el statu quo. Es el suyo un
terrorismo de nuevo cuño. Un terrorismo total que
impregna todas las esferas de la vida de los guineanos,
con especial mención para todos los que no comulgan con
su pensamiento único. Y para muestra un botón: el pasado
viernes ponía una nueva muesca a su máquina asesina
llevándose por delante a cuatro inocentes mientras,
según algunas fuentes, mandaba dictar horas después
una sentencia que había sido ejecutada con nocturnidad,
pasándose por el forro de sus caprichos toda la
legalidad supletoria y autóctona de su cortijo.
Asesinatos políticos de ex uniformados y civiles
sometidos a una pantomima jurisdiccional. Obiang en
estado puro.
Pero la novedad de estas
líneas no está tanto en las prácticas terroristas de
Obiang el Magnífico, que también, como en los pasos
gigantescos que va dando en la búsqueda de la
desintegración del país. Después de 31 años de
desgobierno, de demostraciones escandalosas de su
incompetencia, de intransigencias y contradicciones, el
Señor de la Guerra quiere seguir resistiendo como gato
panza arriba, insistiendo en dar más vueltas de tornillo
y retando la historia y la lógica. Y pedimos disculpas
por la auto cita, pero se nos hace imposible aguantar
la tentación de repetir que su nulidad es tan mayúscula
que, hasta copiando lo hace todo rematadamente mal. Le
delatan los hechos: discusiones familiares, un Congreso
extraordinario de su club de estómagos agradecidos, un
nombramiento extemporáneo para vice presidir la
apisonadora… son todas secuencias que apuntan en la
dirección de seguir la nueva moda africana, desde la
que pretende endosarnos un Nguema III conocido
mundialmente como el hijo tonto de su saga. Si su
inspiración le viene de la vecina república del Gabón,
debería tener en cuenta que Alí Bongo se formó en
Francia y es licenciado en Derecho por la Universidad de
Paris. Su primera promesa como mandatario fue anunciar
un combate abierto contra la corrupción y la
redistribución de las rentas de los resultados del
crecimiento económico de su país.
“Gran Patrón” igual que
Bongo junior, estuvo en Francia con dinero público. La
diferencia que no sabe ver Papá, es que mientras el
gabonés hincaba los codos ante códices, el guineano, su
hijo, se graduaba cum laude en delincuencia
nacional e internacional, especializándose de paso en
corruptelas que otros quieren eliminar, además de
conseguir un doctorado honoris causa con distintivo
especial de acaparador profesional de recursos ajenos de
un país para sus caprichos de bebé malcriado. Y lo que
es peor, si su padre ha necesitado 42 años para no
enterarse de lo que es un Estado, estamos seguros que
con el equipaje mental y profesional que esgrime, le
hará falta una eternidad para enterarse de lo que es la
administración de un villorrio. El “chico” es la
negación personificada del progreso, derrochador de
bienes y haciendas ajenos, populista de rastrillo,
filibustero político y heredero aventajado de la
incompetencia familiar.
Con un currículo tan
abultado para el candidato de la continuidad nguemista,
Guinea Ecuatorial está lista para que le sea cantado el
responso. El resto de comunidades que llevamos tiempo
bordeando el hartazgo, decimos NO. La colocación de un
irresponsable en posiciones preferentes para preservar
el régimen dictatorial que llevamos soportando desde
1968 de manos de una familia y algunos oligarcas,
empiezan a desbordar los límites de la paciencia y la
tolerancia.
Y Obiang está pinchando en
hueso si, como cree y quiere demostrar con los últimos
asesinatos étnicos –fíjense en la procedencia de los
ejecutados- pretende incubar esperanzas en su
alocada carrera de silenciar gritos o ahogar
iniciativas con la finalidad de dejar el camino expedito
a su sucesor. Aunque no se lo crea, sigue habiendo en
Guinea gente insobornable y le están creciendo los
enanos. Cada vez van surgiendo nuevas voces que nada
tienen que ver con aquellas legalidades regaladas a sus
hermanos para policromar el espectro. Son reclamos
justificados, con aires contestatarios y fundamentados
en hechos irrefutables: Guinea Ecuatorial tiene que
ser de todos y para todos. Los límites los podrá el
Derecho. Y en el viaje para recrear una nueva Guinea
Ecuatorial en donde cada uno organiza su casa y entre
todos formamos el todo, los “teodoros” no tienen sitio,
sobran. Aprovechemos para dar la bienvenida a Matomba
a Ndowe".