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HOJAS INFORMATIVAS

10 de agosto de 2011

"Guinea Ecuatorial y sus presuntos criminales de guerra. Ute Ute, Florencio Mayie Elá Mangué"

del blog de Pedro Nolasco, en Periodistas en Español, España H24, 9 de agosto 2011

 

   Tiranía, dictadura, corrupción, crimen organizado, nepotismo, violación inmisericorde de los derechos humanos, libertades públicas y fundamentales... Son, entre otras, las notas más sobresalientes del régimen que rige Guinea Ecuatorial desde agosto de 1979. El país es un coto privado de la familia dominante, donde se registran indescriptibles atroces. El pasado día tres de agosto, el tirano celebró a bombo y platillo su trigésimo segundo aniversario de la llegada al poder. ¿Qué ocurrió realmente el día tres de agosto de 1979 en la entontes recóndita Guinea Ecuatorial? ¿Golpe de Estado o revuelta palaciega? ¿Asesinatos a sangre fría o ajuste de cuentas? “El juicio de Macías aún no ha terminado”,mantuvo hasta su muerte el abogado del dirigente depuesto, Eloy Eló Mvé-Mbengono.

 

 

   PEDRO NOLASCO [TESTIGO INCÓMODO]

   Francisco Macías Nguema Biyogo Ñaguendong, primer y único presidente electo democráticamente en Guinea Ecuatorial, muy pronto se emborrachó y se trasnochó. Entró en coma etílico hasta que fue detenido, torturado y ejecutado vilmente por orden de su sobrino y su mano derecha durante los once años que permaneció en el poder. Un poder que nunca ejerció, salvo durante los tres primeros meses tras la proclamación de la independencia, el 12 de octubre de 1968. El cinco de marzo, bebió vodka ruso, se emborrachó y entró en coma etílico irreversible hasta cuando es asesinado, junto a cinco de sus colaboradores, el 29 de septiembre de 1979, tras un juicio relámpago sin mínimas garantías procesales.

 

   Macías no logró despertarse de la coma irreversible porque su sobrino –presidente de facto –que hacía y desafía a su antojo desde el cinco de marzo de 1969, le envició con vodka y el ‘banga’ [cannabis índigo] muy abundante en el país, mientras desde Madrid el ‘rojo’ Antonio García Trevijano remataba la faena enviándole Dick, el whisky por excelencia de papáMacías. Cuando tenía que aparecer en público para arengar o viajar al extranjero, los médicos chinos le reanimaban con variados tratamientos.

 

   En 1974 se recluyó definitivamente en su poblado natal de Nzagayong-Esangui, donde se dedicaba a la pesca, caza y agricultura de subsistencia, teniendo como mano de obra a indefensos presos ‘¿políticos?’ que le hacía llegar su sobrino de todos los confines del país, en tanto como máximo jefe militar y administrador de las cárceles.

 

   Siempre con la ayuda de los chinos, el sobrino construyó una gigantesca prisión en Nzagayong, que tenía de paredes y techo barriles de alquitrán [Ndâ Mïliga]. No había forma de fugar ni aun invocando al Satanás.

En Malabo estaba el imponente Black Beach, de herencia colonial y una de las prisiones más peligrosas de África negra hasta la fecha. Allí, el sobrino se iba de juerga todas las noches y obligaba a los presos desfilar con machetes al ritmo de Mokom, baile tradicional fang. Era la antesala de la muerte.

 

   En Bata, la segunda ciudad más importante, las prisiones, todas de herencia española, se convirtieron en baile de los malditos. Los presos se pegaban a machetazos. Se calcula que murieron más de 50000, una cantidad similar o superior a los registrados en Black Beach.

 

   En definitiva, entre presos políticos –muertos o supervivientes y el número de exiliados – doblaba con creces el de guineanos que tuvieron que aguantar, con cansancio y desesperación, la dictadura de tío y sobrino.

 

   ¿Cómo una persona en coma etílico puede dirigir un país durante once años? Macías deshizo de sus dos mujeres, que se convirtieron en simples damas de palacio, expuestas a los caprichos carnales de la guardia pretoriana, incluido su propio sobrino, quien más tarde le entregaría de ‘regalo’ a una diva ébano apodada ‘Nso Owon’ [pepita de cacahuete], que virtualmente hacía las funciones de primera dama, bajo la atenta vigilancia del sobrino.

 

   Un sobrino inepto pero listo como el hambre que, llegado el momento, vio claro que debía hacerse con el trono. Ya había desmantelado todo el Ejército, asesinando a los oficiales más importantes, encarcelando a unos y confinando a otros en sus poblados natales, de donde no podían moverse a más de un kilómetro de sus casas. Estos últimos, los encarcelados y confinados, son los que mandaría al frente para atrapar a su tío en su poblado natal, mientras él mismo quedó subrepticio en Malabo al bordo de un avioneta que le envió el presidente español Adolfo Suárez, para escapar en caso de fracaso de la revuelta palaciega.

 

   Los estrechos colaboradores y amigos de Macías, con quienes conquistó la presidencia de la República, habían sido eliminados paulatina y sigilosamente por el sobrino. La vía quedó libre para evitar cualquier tipo de resistencia.

 

   Vacío de poder

   Entre finales de 1977 y mediados de 1978, destacados miembros del extinto Secretariado Conjunto, la formación política que conquistó la independencia y se hizo con la presidencia del país, entre ellos, Job Obiang Mba, Alfonso Oyono, Jesús Ngomo N’nandong, Felipe Ondó Obiang Alogo [el único superviviente del grupo], empezaron a reunirse para debatir sobre la caótica situación del país y sobre todo, por el vacío de poder creado por Macías, afincado en su poblado desde 1974.

 

   En una de las reuniones, invitaron al sobrino, Teodoro Obiang, en tanto como viceministro de Defensa y Coronel de las fuerzas armadas. La idea del pequeño Comité del extinto Secretariado Conjunto, convertido desde 1971 en PUNT, Partido Único Nacional de Trabajadores, era viajar a Nzagayong para invitar a Macías a abandonar el poder y formar un Gobierno de transición con capacidad para retomar el espíritu de la Constitución de 1968.

 

   Fue la única reunión en que participó el sobrinísimo y en ella no voceó ninguna sola palabra. Caído el sol, ordenó la detención y ejecución de todos los participantes, excepto Felipe Ondó Obiang Alogo. Más tarde envía un telegrama a Nzagayong para informar a su tío que sus compañeros estaban orquestando un golpe de Estado contra él y va a proceder a su detención. ¡Qué iba a decir un pobre hombre en constante coma etílico! Pues que les detuviera y que fueran juzgados públicamente, cada uno en su región natal. El sobrino nunca le dijo que ya habían sido ejecutados y sus cuerpos arrojados al mar dentro de unos sacos.

 

   En 1978, poco antes de esa masacre de Black Beach, Macías renueva la vicepresidencia, inexistente desde hacía años y nombra a Bonifacio Nguema Esono Nchama vicepresidente de la República y ministro de Asuntos Exteriores. La decisión sorprende a propios y extraños. El sobrinísimo se escandaliza y vaticina menguado su poder. Visita al recién nombrado vicepresidente y le advierte que tiene instrucciones precisas de su tío de que él y Felipe estaban abusando de su poder y podría detenerlos en cualquier momento.

 

   Cuando el pequeño Comité del PUNT invitó al sobrino en su última junta, Nguema Esono ya era vicepresidente, pero no fue llamado porque se había creado en él la imagen de un delfín no consensuado y, por ende, no aceptado por los viejos barones del extinto Secretariado Conjunto. No obstante, Nguema Esono estuvo al corriente de la reunión a través de su más que amigo Felipe Ondó. El vicepresidente aprobó la idea.

 

   Con la desaparición del pequeño Comité del PUNT, hecho del que se enteró casi tres meses después y sin otra persona en que fiarse sino de su amigo Felipe Ondó, ministro de su equipo de Gobierno, empezó a maniobrar cerca de estadistas africanos amigos de Macías para que visitaran el país y convencieran a Macías de abandonar el poder ante la inviabilidad política creada y la represión inmisericorde de los ciudadanos.

 

   Impaciencia y rebeldía de armeros de Bata

   Bonifacio no era partidario del uso de las armas para arrinconar a un presidente que ya de por sí estaba más que arrinconado en su poblado natal. Creía en una especie de negociación, de la renuncia del propio Macías. Formuló la idea de acudir a algún estadista africano muy próximo a Macías, como Ahmed Sekou Touré, de Guinea Conakry y en algunos barrones del PUNT que no ejercían en la administración, pero que habían influido mucho en la campaña electoral preindependentista. Macías se quedaría en su poblado natal y tendría privilegios de un expresidente de la República.

 

   Mientras el vicepresidente urdía todo eso con una idea a corto o mediano plazo, hacia mediados de 1979 un grupo de oficiales de la división de Bata que controlaba la principal armería del país, entre ellos, Félix Ondó Mba Nchama y Pablo Obama Eyang, se entrevistaron con él y le propusieron la necesidad de echar a Macías del poder mediante un golpe de Estado.

 

   Los armeros estaban preocupados por su futuro ante el goteo incesante de sus compañeros de armas y de la población en general. Más aún, estaban muy chocados por la enésima masacre de Black Beach. Ellos, como el resto de los guineanos, creían a pies juntillas que todas las muertes eran ordenadas directamente por Macías desde Nzagayong. La matanza registrada después de 1974 fue ordenada por el sobrino. Que él mismo se encargue de evocar la presunción de inocencia y si es capaz que ordene la revisión del juicio contra Macías.

 

   El vicepresidente apeló a los armeros a la paciencia y les dijo que era muy consciente de su preocupación y del rumbo político del país. No quiso revelarles su plan. Al parecer, los armeros no se contentaron con la respuesta del vicepresidente y comenzaron a fraguar su propia estrategia.

 

   Empezaron a sustraer armas ligeras de la armería. En tan poco tiempo, los armeros, que paralelamente ya habían formado una subdivisión dentro de la armada de Bata, acumularon tantas armas en tan poco tiempo como para emprender una ofensiva contra Macías. Pero se encontraron con una enorme dificultad. Ninguno de ellos estaba capacitado para dirigir el país. Necesitaban un líder que haría con los destinos de la nación una vez derrocado a Macías y por esa razón habían acudido al vicepresidente. Preocupados por una posible traición, no podían esperar más, porque si Macías y sobrino se enteran del robo de armas en el polvorín, sería su sentencia de muerte.

 

   El sobrino como último recurso

   Un Macías en constante coma etílico ya percibía algo, pero no tenía información nítida de lo que se avecinaba contra él. ¿A caso una invasión extranjera? Sí, ¡Guinea Ecuatorial va a ser invadido por España, pero si España invade Guinea, Guinea también invade España!, llegó a arengar a los suyos en una de sus últimas apariciones públicas, en julio de 1979.

 

   En Nzagayong se turnaban los consejos de poblados de Río Muni para trabajar en las fincas de cacahuete, piñas y tubérculos de Macías. Muchos de ellos terminarían en Ndâ Mïliga por alguna que otra razón.

 

   El caos se hizo dueño de la isla de Bioko, administrado por el Coronel y sobrinísimo. Black Beach ya era un auténtico matadero. Un lugarteniente del sobrino, el cabo Ondó Elá, jefe de la prisión, había desencadenado una caza de brujas en la población descontenta y el número de detenidos crecía como espumas del mar. Todos terminaban en Black Beach, bailando Mokom. Los presos que no querían rumbearse a machetazos, eran vilmente ejecutados. En todas las noches había juerga en Black Beach, que terminaba con la ejecución de numerosos presos y detenidos. El escándalo llegó a los oídos de Macías. Llamó a consultas al sobrino para pedirle explicaciones.

 

   De paso a Bata, fue abordado ampliamente por los armeros que, al final terminaron por informarle de su plan. Los armeros amenazaron que les daba igual que estuviera o no de acuerdo, pero su propósito era irreversible. Un Obiang atónico sólo se limitó a decirles que esperan a que regrese de Nzagayong.

 

   Llegado a Nzagayong, Macías, en vez de recibirle como de costumbre, le invitó a pasear en una de sus fincas. Estuvieron más de cinco horas. En definitiva, Macías amenazó en destituirle de sus cargos y enviarle a prisión, porque tenía información pormenorizada sobre el infierno que había creado en la Isla.

 

   El sobrino, cabizbajo, de regreso a la isla, se reunió de nuevo en Bata con los armeros rebeldes y les prometió que en una semana les daría su opinión, claro, desde Malabo.

 

   Revuelta palaciega

   Los más renombrados oficiales habían sido reducidos desde hacía tiempo. Unos asesinados vilmente, otros encarcelados o confinados en sus poblados. El más importante que quedaba en libertad y para muchos el más carismático en la clase castrense era el oficial de marina Ute Ute, Florencio Mayie Elá Mangué.

 

   El sobrino acude a la Embajada del Reino de España y les informa que tenía decidido volver contra su tío antes de que éste acabe con él. La embajada se dirige al jefe de Gobierno español Adolfo Suárez. Este no sólo da visto bueno sino prepara un amplio dispositivo de seguridad que permitiría la fuga de Obiang en caso de fracaso. Le manda una avioneta en Malabo y estaciona algunos efectivos de la Guardia Civil en Douala, Camerún. La vía queda libre para derrocar a Macías.

 

   Más que bien instruido por la embajada de España, Obiang emprende una inusitada visita a todos los campamentos militares de la Isla, alertando a los militares de que Guinea Ecuatorial podría ser invadido por algún país vecino, que nunca mencionó. Mientras, todavía no se ha reunido con ninguna otra persona del entorno castrense, ni menos ha dicho nada a los armeros rebeldes.

 

   Sólo cuando puso en alerta máxima al ejército de la isla es cuando se reúne con Florencio Mayie y deciden excarcelar a los oficiales que se afinaban y languidecían en Black Beach.

 

   Tras un pacto de sangre entre ambos, Florencio Mayie viaja a Río Muni para alertar a la célula formada por los armeros en rebeldía, reunir a los oficiales confinados en el interior y sensibilizar a los jefes militares regionales. Unos días después los oficiales excarcelados, entre ellos, Eulogio Oyo Riqueza y Salvador Elá Nzeng, desembarcan en Bata con la tropa organizada en Malabo. El día del ataque se fija para el 17 de agosto. Pero un soplo a Macías precipitó las cosas y Florencio Mayie ordena el escuadrón a su mando en la madrugada del 3 de agosto. Comienza la carnicería, previo comunicado firmado por el sobrino desde Malabo y difundido por la radio estatal.

 

   Crímenes de guerra

   Está suficientemente demostrado que no hubo ningún signo de resistencia por parte de Macías quien, dos días después del comunicado de radio estatal, se adentró en la jungla. No hubo frente ni bandos enfrentados. Sin embargo, en Río Muni, concretamente, en Bata, se desencadenó una auténtica carnicería. Una caza de brujas. Brujas imaginarias de Mayie Elá y sus verdugos simplemente para derramar sangre inocente y dar apariencia de un estado de guerra frente a un régimen que él y su amigo Obiang constituían los principales esbirros durante los últimos cinco años.

 

   En las dos semanas que prácticamente duró la búsqueda de Macías, el ejército comandado por Mayie Elá, Oyó Riqueza, Elá Nzeng, Obama Abhia [primo hermano de Mayie Elá], Ondó Mbá Nchama y Obama Eyang, sólo por citar los más destacados, convirtieron la ciudad de Bata en un campo de concentración y de exterminio. Los asesinatos fueron innumerables, que hasta cavaron fosas comunes para enterrar a las víctimas. Víctimas inocentes, indefensas. Hubo saqueo, pillaje y extorsión. Violación de mujeres y de niñas.

 

   Han pasado treinta y dos años y nadie quiere hablar del tema. Los que dirigieron la revuelta palaciega del tres de agosto de 1979 cometieron atrocidades dignas de crímenes de guerra, que les convierten en presuntos criminales de guerra. La revuelta no tuvo dos bandos, como se ha mantenido hasta la fecha. Macías no ofreció mínima resistencia y por tanto la asonada hubiera sido incruenta, sin baja alguna.

 

   Cuando Macías escuchó el comunicado de radio nacional, se deshizo de su reducida escolta. Nguema Bituga, su sobrino, sería la primera víctima. Fue abatido vilmente cuando, acompañado tan sólo de dos militares, intentó llegar a Bata para confirmar la noticia.

 

   Macías emprendió camino a la jungla en un intento de alcanzar las fronteras de Gabón o Camerún, pero se perdió en medio del bosque, hasta cuando fue visto por campesinos del poblado de Nnoankieñ-Obuk, que avisaron a los militares.

 

   Los criminales de guerra [que ellos mismos defiendan la presunción de inocencia] guineanos se sitúan bajo el siguiente orden:

  1. Florencio MAYIE ELÁ MANGUÉ

  2. OBAMA ABHIA [fallecido]

  3. Salvador ELÁ NZENG

  4. Eulogio OYÓ RIQUEZA

  5. Félix ONDÓ MBÁ NCHAMA

  6. Pablo OBAMA EYANG

   En lo que respecta a Teodoro Obiang, realmente no se le puede encasillar en la lista de los criminales de guerra. Sus delitos son todavía más graves: crímenes de lesa humanidad, corrupción, traición a la patria, violación sistemática de los derechos humanos, crímenes organizados, tráfico de droga, blanqueo de dinero, etc.

 

   Juicio de teatro

   Macías rogó a sus captores, entre ellos, el oficial Pedro Motú Mamiaga [asesinado vilmente en 1995], que no le mataran. Que no era responsable de todo lo que ocurría en el país. Que quería entrevistarse con su sobrino. Una entrevista que nunca aceptó Obiang. A pesar de no haber ofrecido resistencia alguna cuando fue hallado en su escondrijo, uno de los militares le disparó en el brazo. Es capturado y conducido a Malabo. En menos de un mes, juicio y ejecución, junto a cinco de sus colabores, entre ellos, el exvicepresidente Miguel Eyegue Ntutumu. ¿Qué prisa tenían en enjuiciar a Macias y ejecutarlo? El juicio de Macías aún no ha terminado.

 

   Los primeros once años de la independencia de Guinea Ecuatorial representan una de las páginas más nefastas y sangrientas de la historia de África negra. ¿Macías fue el único responsable? Después de treinta y dos años, gran parte de los guineanos saben que no, que hasta su intervención e influencia en los crímenes registrados, sobre todo, después de 1974, fue casi nula.

 

   Consejo Militar Supremo

   Tras la captura de Macías, un grupo de militares comandado por el difunto Pedro Motú Mamiaga, Marcelo Mba Nsue [en el exilio desde hace décadas] y los paramilitares Gregorio Engono (ENDANG) y Carmelo Owono (CONA) [éstos dos últimos asesinados por el régimen en 1982] se atrincheró en Bata y acordaron que la revuelta aún no había terminado. Que el protagonista del comunicado era tan responsable como su tío sobre la deriva del país y por tanto, también había que deshacerse de él.

 

   Zarparon del puerto de Bata a bordo del buque nacional Acacio Mañé Elá, armados hasta los dientes con el propósito de desembarcar en Malabo al día siguiente y emprender una ofensiva para capturar al sobrino.

Mientras el barco surcaba el océano atlántico, uno de los asistentes a la reunión, bajo el pretexto de viajar por avión como avanzadilla, resultó que era un somatén. Llegó a Malabo e informó al hipotético Consejo Militar Supremo sobre lo que avecinaba. Obiang ordenó bombardear el barco una vez atracado en el puerto de Malabo. Pero un grupo de oficiales rechazó la idea y propuso la negociación. Así ocurrió. Cuando atracaron en el puerto de Malabo, Florencio Mayie Elá subió a bordo para negociar con ellos y convencerles a que depusieran las armas y participaran en el Consejo Militar Supremo para elegir a sus miembros. No opusieron resistencia, pero advirtieron a Mayie que sólo él podía ser presidente del Consejo Militar Supremo.

 

   La primera y única reunión del Consejo Militar Supremo a penas duró cinco horas. Félix Ondó Mbá Nchama fue el primero en tomar palabra y sugirió que el autor del comunicado fuese el presidente de la junta militar. La propuesta fue aceptada sin oposición, salvo que el mismo Obiang propuso que para disipar las discrepancias y favorecer la transición política en dos años, la presidencia del Consejo sería rotatoria cada seis meses.

Los primeros seis meses, como era de esperar, serían presididos por él mismo. Le sucedería Florencio Mayie Elá; a éste, Eulogio Oyó Riqueza y por último Salvador Elá Nzeng. Este fue el principal acuerdo del Consejo. Transcurrido dos años, devolverían el poder a los civiles mediante elecciones libres y transparentes, como preveía la Constitución de 1968.

 

   Sorpresa. No había transcurrido ni dos meses, cuando el país se inundó de sicarios enviados por el Rey Hassan II, por mediación del presidente gabonés Omar Bongo. En menos de dos años, 1981, Obiang deshizo de todos sus máximos colaboradores, sobre todo, quienes aparecen en la lista de los criminales de guerra. Fueron designados embajadores y cesados fulminantemente de sus cargos castrenses.

 

   El plan del exvicepresidente

   Nguema Esono, de haber convencido a los armeros rebeldes, su plan hubiera sido viable. No anticipó las consecuencias y minimizó la preocupación de los rebeldes. El plan de Bonifacio era el más idóneo, el que hubiera retomado el rumbo político del país acorde a la Constitución de 1968. Pero los guineanos no entienden de planes, viven al día, tónica predominante hasta nuestros días. No se puede recuperar el pasado, pero éste puede servir para mejorar el presente y proyectar el futuro.

 

   Después de treinta y dos años, el país se encuentra hundido en las mismas huestes de Macías. No ha cambiado nada, excepto el petróleo. Por ello, el plan de Bonifacio sigue más que vigente. Corresponde pues a los verdugos del tres de agosto de 1979 llamar a consultas a Obiang y obligarle a abandonar el poder y favorecer una efectiva transición democrática en el país. De lo contrario, corren el riesgo de pasar a la historia como criminales de guerra que deben ser perseguidos y enjuiciados por el Tribunal Penal Internacional. Los guineanos de buena voluntad deberían pensar en ello y acusar ante instancias penales occidentales a dichos verdugos que, en la actualidad, no gozan de ninguna inmunidad y viajan frecuentemente al Reino de España para hacer tratamientos médicos. La Audiencia Nacional del Reino es competente.

 

 

   Nota de la Redacción

   Es un relato más que resumido y breve sobre la revuelta palaciega de 1979. Lo dicho merece un tratado histórico que llegará en su momento.

 

   http://www.periodistas-es.org/index.php?option=com_content&view=article&id=13723:&catid=71:memoria-historica

 

Editado y distribuido por ASODEGUE

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