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9 de agosto de 2004

LOS DISTINTOS DISCURSOS DE OBIANG

   Obiang viaja mucho y habla mucho en las últimas semanas. Su discurso ha ido cambiando en el tiempo y haciéndose diferente, además, según se dirigiese a los guineanos o a la opinión pública internacional. A mediados de julio, coincidiendo con su viaje a Pretoria, el dictador guineano, hablaba claramente de aplicar la pena de muerte a algunos de los supuestos mercenarios detenidos en Malabo. Sin embargo, el día 21, coincidiendo con su viaje a París, respondía a una entrevista [hecha "a medida" de sus necesidades políticas] de François Soudan para Jeune Afrique, [JA L´intelligent - 4 agosto 2004] diciendo que no habrá ni penas de muerte en Malabo, ni extradiciones para los detenidos en Harare. Tras la publicación del informe del Senado norteamericano respecto a sus prácticas corruptas en la banca Riggs, Nguema Mbasogo ha decidido dejar de lado las baladronadas y adoptar unos razonamientos que, él y sus asesores, consideran moderados: " No disponemos en Malabo de una cárcel de alta seguridad en la que poder recibir a 70 detenidos", por lo que cada cual (Malabo y Harare) se hará cargo de "sus" respectivos mercenarios. "En Guinea Ecuatorial existe la pena de muerte, pero es para delitos consumados. Los detenidos en Guinea tenían intención de cometer delitos pero no llegaron a hacerlos"...

   El discurso "externo" de Obiang ha continuado moderándose a partir de esta fecha. En aquel momento [21 de julio] Obiang seguía señalando la complicidad en los hechos de marzo de los servicios secretos de nuestro país y decía que los medios de comunicación españoles, públicos y privados, estaban empeñados en una "campaña hostil" contra su gobierno. Según las respuestas a Jeune Afrique sus esperanzas estaban puestas entonces en Jacques Chirac de quien dice: "Es un amigo seguro".

   En realidad, tras el eco mundial del informe del Senado norteamericano, Obiang no necesita solamente "amigos", necesita "cómplices". Chirac estuvo lejos de ese papel y exigió al dictador que su país cumpliese con los reglamentos que rigen en el área del franco CFA, según los cuales las cuentas de esos estados no deben estar en la banca Riggs, como pretende Obiang, sino en la BEAC [Banco de los Estados del África Central]. Tampoco estuvo dispuesto a proporcionarle la coartada necesaria para que escenificase, una vez más, un enfrentamiento con la "antigua metrópoli".

   Vista la nueva situación, el día 2 de agosto, reunido con el senador Laborda, Obiang sacó del baúl el discurso del "amor a España" y quiso, otra vez, parecer moderado: "Las relaciones entre Guinea Ecuatorial y España están por encima de problemas coyunturales", afirmó. El embajador guineano llamado a Malabo deprisa y corriendo, volverá a Madrid con la misma rapidez.

   El carácter oportunista de todas estas manifestaciones se hace claro si se compara con lo dicho por Obiang en los festejos del 3 de agosto en Bata. No hay discursos moderados para "consumo interno". Las intervenciones de Obiang han sido tan agresivas como siempre cuando se ha referido a los partidos y personas disidentes con su política. Lejos de reconocer algún error, Ngema Mbasogo se ha manifestado "autocomplacido" con la situación de su país y ha evidenciado "una enorme ansia de poder" [son frases de la agencia France Press]. Las lecciones de moral que ha pretendido dar a sus conciudadanos son capaces de alterar los estómagos más tranquilos.

   Se trata, sin duda, de una operación demasiado simple y demasiado previsible para que pueda dar buenos resultados a Obiang y los suyos. El régimen guineano está muy lejos de controlar la situación. Es imposible que en los próximos tiempos no vuelva a tener dificultades con los países occidentales y con las compañías petroleras. Es imposible que su política de violencia hacia la gran mayoría de los guineanos no le conduzca a nuevos y graves problemas y a un aislamiento político cada vez mayor. Condenado a incurrir en nuevos y graves errores, el régimen guineano no saldrá de sus crisis. Las hará cada vez más profundas.

 

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