Luchó con
las tropas británicas y fue
enviado
especial del servicio secreto MI-6.
En su primer trabajo tuvo que
introducirse en Hungría y ayudar a la
resistencia contra Alemania, pero el
rápido avance nazi precipitó su huida a
Yugoslavia en 1941. Poco después, fue
capturado por tropas italianas. Su
puesta en libertad fue parte de un
intercambio de prisioneros. En 1942, se
convirtió en jefe de la ejecutiva de
operaciones especiales en El Cairo.
En 1945 fue oficial de enlace con los
partisanos en Italia. En sus misiones
como mediador, Davidson se enfrentó al
dilema de con quién luchar, a pesar de
su nacionalidad y representación
británica.
Los oficiales ingleses llegarían a
denominarlo "peligroso", de
lealtad cuestionable por sus
controvertidas maniobras en el campo de
batalla.
En 1945 fue nombrado teniente coronel y
recibió la estrella de bronce. Trabajó
para el diario
The Times
como corresponsal en París de 1945-1947.
En 1984, produjo la serie de televisión
África que ganó el premio de oro en el
Festival Internacional de Cine y
Televisión de Nueva York.
A lo largo de su vida tuvo muchos
premios periodísticos y literarios. En
1960, el galardón Anisfield-Wolf por su
libro Ciudades Perdidas de Africa,y en
1970, la medalla de oro Haile Selassie
por su dedicación a la historia de
África. También fue honorario de la
Escuela de Estudios Africanos y
Orientales de Londres. Fue el primer
reportero en viajar con los guerrilleros
de Angola y Guinea-Bissau en lucha por
la descolonización de Portugal. Fue
vicepresidente del Movimiento
Antiapartheid (1969-1985) y
conoció a Nelson Mandela".

El académico nigeriano Owei Lakemfa ha publicado en el Jornal de Angola, con fecha de 5 de agosto, un artículo con el título El perfil y el legado de Basil Davidson en el que dice: "Basil Risbridge Davidson no fue un santo del tipo que sugiere la figura del héroe Ernesto Che Guevara. No fue un Tarzán deambulando por las selvas de África y tampoco el misionero de alguna extraña confesión religiosa que evangelizara el continente a costa de su tierra, su cultura, su sangre y su riqueza. No fue un neocolonialista, que en nombre del FMI o del Banco Mundial ofrecía todo tipo de recetas agotadas para las enfermedades africanas. Sobre todo, Davidson fue un intelectual comprometido que estudió y escribió honestamente sobre África y sus pueblos, sobre su historia ancestral y contemporánea, sobre sus ancestros, sobre lideres africanos convencidos tales como Samora Machel y delincuentes como Mobutu Sesse Seko. No fue un científico social desinteresado que estudió África a distancia, cuando nuestros pueblos vertían sangre en las guerras de liberación en Mozambique y en Guinea Bissau, estuvo físicamente en los campos de batalla. Los más de treinta libros que escribió no se inscribían en una vertiente teórica, sino que eran guías prácticas para muchos africanos; contribuyó a conformar la visión política de muchos jóvenes africanos en la década de 1970 a 1980. Abrió la mente de muchos africanos al rico manantial histórico, desde los tiempos precoloniales, pasando por el periodo de las guerras anticoloniales a los encarnizados combates por la liberación que implicaron a las fuerzas patrióticas del continente y a los representantes de Lisboa, Bruselas, París, Londres y Johannesburgo. Curiosamente, teniendo en cuenta sus antecedentes, Basil Davidson era una de las mas dudosas e improbables voces que cabía esperar se levantaran en favor de la concienciación y de la liberación en África. Era un teniente coronel del ejército inglés que combatió en la Segunda Guerra Mundial, colaborando con los movimientos de resistencia en Hungría, Yugoeslava e Italia. Llegó a ser espía británico y trabajó para el M15, especializándose en sabotajes; fue hecho prisionero y puesto en libertad en un intercambio de prisioneros con Italia. Basil Davidson que trabajó como reportero para muchos medios de prensa, decidió a partir de 1951, investigar sobre el continente africano. Su interés inicial fue la Europa del Esto pero más tarde se dedicó a África y fue en este continente donde dejó un legado para varias generaciones. Su primer encuentro con África fue en El Cairo, Egipto, a donde se había trasladado todavía como soldado y espía para resolver problemas logísticos de la resistencia eslava. El avión en el que viajó hizo escalas en la región de Bathurst (antiguo nombre de la ciudad de Lagos) y en un lugar que para él pasó a ser "un lugar del norte, un punto desconocido del mapa, fue todo lo que pude averiguar".
El avión, decía, "había hecho un vuelo, a baja altura, sobre paisajes, planicies y amplias extensiones de tierras desprovistas de población". Dabidson dice que salió ha dar un paseo: "En la distancia, pude ver imágenes de la presencia de una barrera estrecha y alta, el muro de una ciudad... había sido construida con barro y palos y rodeaba toda la ciudad perdida en aquel lugar de África que descubrí más tarde era la ciudad de Kano, con más de 700 años, si no más...y que no aparecía en ninguna historia del continente, al menos que yo conociera". Así creció su curiosidad por África. Sus estudios y trabajos sobre el continente iban a absorber los últimos dos tercios de los 95 años que marcarán su paso por la tierra, que comenzó el 9 de noviembre de 1914 y terminó el 9 de julio de 2010.
Al intentar demostrar que África tenía una rica historia pre-colonial, Basil Davidson escribió numerosos libros, que incluían estudios sobre los antiguos reinos de Egipto, de Kush, de Nok, sobre culturas e imperios de Malí, Ghana y Songhai. Todo esto se encuentra en libros como "La historia empezó en África" [Editorial Garriga, 1963], "Madre Negra" [Luis de Caralt, 1965], "Historia de África" [Folio, 1984]. [Citamos algunas de las obras de Basil Davidson publicadas en castellano y que todavía pueden encontrarse en librerías de nuestro país]
Davidson escribió sobre la ruptura de los imperios africanos, forzados a entrar en un ciclo de naciones-Estados, preguntándose si "debe África renovar la proliferación de naciones y las disputas nacionalistas... los pueblos africanos han seguido, en el pasado, su propio camino, y nada indica que no vayan a hacerlo nuevamente de forma constructiva y creativa". Pero África no siguió su viejo camino, sino que optó por lo que dictaron sus antiguas potencias coloniales. Davidson se sintió atormentado por esa perspectiva. Al analizar la tragedia del continente, especialmente en los años de 1970 a 1980, lamentó que "el declive de valores morales y políticos de los que se hablaba en nombre de África fuera tan rápido como generalizado". Al mismo tiempo que reconocía la inmensa autoridad moral de líderes como Julios Nyerere, Basil Davidson advirtió en dirigentes como Samuel Doe, de Liberia, Ibrahim Babangida, de Nigeria, Idi Amin, de Uganda, Jean Bedel Bokassa, de la República Centro Africana, y Macías Nguema de Guinea Ecuatorial lo que llegó a caracterizar como "un fenómeno excesivamente patológico que apareció en el periodo colonial y post-colonial representado por individualidades que tenían la autoridad y el carisma para llegar al poder, pero sin sabiduría para controlarlo. Tales figuras se aferraron al poder y surgió la ambición de quererlo por si mismo pero no por sus frutos". Uno de sus legados más duraderos fue la forma documentada como retrató la lucha por la libertad en las colonias portuguesas, las lecciones que supuso para África y lo que se puede aprender de la teoría de la guerra popular. Por ejemplo, describió una acción audaz llevada a cabo por combatientes del entonces PAIGC en el aeropuerto de Bissau, en un momento en el que las autoridades coloniales portuguesas habían fortificado las áreas circundantes del aeropuerto con zonas prohibidas y campos minados. El movimiento logró destruir aviones que estaban en la zona aeroportuaria, en los hangares, sin provocar pérdidas humanas. Una de las lecciones del ataque era que la invulnerabilidad estaba del lado de la guerrilla y no del lado colonial.
Basil Davidson defendía que "todas las guerras eran perversas", pero "una bien dirigida guerra de autodefensa - distinta de los actos terroristas - puede dar buenos resultados aún en circunstancias adversas".
El historiador británico defendía que una ideología de liberación no puede desarrollarse sin "la potencialidad de la concienciación de un pueblo, en un tiempo específico y en un determinado lugar". Basil Davidson con sus obras ha construido un importante legado no sólo africano sino para todo el mundo intelectual".
http://jornaldeangola.sapo.ao/20/0/o_perfil_e_legado_de_basil_davidson