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HOJAS INFORMATIVAS
26
de abril de 2005
El derecho
de los opositores guineanos a organizar golpes de estado desde
España
Bastó que en las conclusiones del viaje a Guinea del
ministro Moratinos se criticase el intento de golpe de estado
de marzo de 2004 y la intención española de controlar a
algunos de sus supuestos organizadores para que buena parte
del exilio guineano empezase a hablar de falta de libertad, de
excesivo control en sus actuaciones. La verdad es que ni en
los últimos meses, ni en ningún otro momento, que nosotros
recordemos, la oposición guineana en España ha visto
limitada sus actividades. Los opositores guineanos se reúnen
libremente entre sí y con los españoles o extranjeros que
quieren, publican, hacen declaraciones, se organizan y viajan
dentro y fuera de España sin otra limitación que sus propias
posibilidades. No tenemos noticia de prohibición alguna.
¿De qué se trata entonces? Aparentemente (insistimos que
aparentemente) se estaría limitando el derecho de los
opositores guineanos a organizar golpes de estado desde España.
Dicho así podría parecer que los exilados políticos
guineanos no han hecho otra cosa en los últimos tiempos. Sin
embargo, nada más lejos de la realidad. Una parte importante
del exilio no cree en este procedimiento, otra lleva años
hablando de golpes de estado pero sin pasar de ahí y solo un
grupo muy reducido ha recurrido efectivamente a ellos.
Personas bien informadas indican que estos últimos han
llegado a participar en siete (u ocho) intentonas de golpe en
el periodo comprendido entre 1994 y 2005, lo que demostraría
una gran afición por este método, pero una escasa habilidad
a la hora de manejarlo.
Cabe la posibilidad de que todo esto pudiera enjuiciarse desde
el punto de vista de los derechos, pero nosotros creemos que
se ve más claro desde las obligaciones, y entre las
obligaciones de quienes quieran preparar un golpe de estado
está, de manera imprescindible, la discreción (en realidad,
el más estricto secreto, la búsqueda del "factor
sorpresa") ante las autoridades guineanas y la voluntad
de no crear problemas al país anfitrión (al país desde el
que se actúa), en varios de estos casos, España. Una notable
característica de la mayoría de las siete (u ocho)
intentonas guineanas ha sido su publicidad. Sus autores no sólo
no han ocultado sus intenciones, sino que han hablado de ellas
abiertamente, así como de detalles precisos tales como
fechas, plazos...
En realidad, buena parte de los guineanos que hablan de golpes
de estado tampoco enfocan esto desde el punto de vista de los
derechos. Lo que buscan es una obligación. La supuesta
obligación española (de esta administración o de cualquier
otra) de apoyar los intentos de golpe o, más incluso, la
obligación española de desplazar del poder, mediante un
golpe de mano, al dictador Teodoro Obiang Nguema.
Detrás de estos planteamientos está la idea, anticuada y
poco democrática, de que debe ser España quien designe a un líder
guineano para que encabece la transición en su país y que
debe utilizar (España) cualquier procedimiento hasta
instalarlo en en la Presidencia de Guinea.
De esto es de lo que se quejan, en realidad, los opositores
guineanos que hablan de golpes de estado y la insatisfacción
por lo que consideran un "incumplimiento" por parte
española está en la base de buena parte de los
comportamientos de aquellos otros opositores que han
llegado a organizarlos.
¿Decimos que las autoridades españolas deben hacer caso a
esta parte del exilio guineano? Evidentemente no. Creemos que
las autoridades españolas deben explicarse mejor ante estos y
el resto de los guineanos y, como hemos dicho muchas veces,
deben encabezar a la "comunidad internacional" hacia
un pacto (implícito o explícito) con la oposición democrática
guineana que permita una transición democrática y pacífica;
una transición en la que se de la palabra no a este, o a
aquel, dirigente guineano sino al pueblo guineano en su
conjunto.
Sin embargo, estamos en estos días a la espera del desenlace
de la "desaparición" de Severo Moto. Si llegara a
confirmarse su muerte y la complicidad en ella del régimen
dictatorial de Teodoro Obiang Nguema, si se trata de un crimen
de Estado, las autoridades españolas deberían abandonar
su táctica de "pequeños pasos", de ir avanzando
"pasito a pasito" [una táctica que no ha dado un
solo fruto en dos meses]. Habríamos entrado, en nuestra opinión,
en una fase decisiva. Democrática y pacífica, pero que
exigiría una solución inmediata, urgente.
Editado
y distribuido por ASODEGUE
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